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Correo del Maestro Núm. 91,diciembre 2003

El origen prehispánico de las posadas

Amaranta Leyva

En México son las tradiciones las que nos van indicando el paso del año, su fugacidad y su perennidad cíclica. Aquí seguimos celebrando –desde la Conquista– el nacimiento del Niño Dios a través de las posadas, las fiestas tradicionales de fin de año, las pastorelas, los villancicos, el pavo, las piñatas, la colación, el ponche, etc. Pero, ¿cuál es el origen y la evolución de esta celebración? Al menos las posadas se celebran en México desde hace 398 años, es decir, desde antes de la época de la Nueva España.

Los antiguos mexicanos celebraban en estas épocas el advenimiento de Huitzilopochtli y lo hacían con muchas y diferentes fiestas y rituales que ocurrían en el Panquetzaliztli, la última veintena del calendario azteca, que comprendía del 17 de diciembre al 5 de enero. Probablemente los franciscanos, en su tarea de evangelización, al ver que coincidía con la celebración europea de la Navidad, hicieron que concordaran las fechas y sustituyeron los personajes de esta celebración indígena. Así, las fiestas, danzas, carreras y rituales que conmemoraban el nacimiento del Niño Sol, coincidieron con el nacimiento del niño Dios.

Hoy permanece como tradición el peregrinaje de María y José en su camino a Belén. Esta representación se conforma de nueve posadas, que inician el 16 de diciembre y culminan el día 24, la noche del nacimiento de Jesús. Coincidencia o no, este peregrinaje nos recuerda un ritual que ocurría en Anáhuac.

Cada año, en el primer día del Panquetzaliztli se realizaba una ceremonia en honor del dios  Huitzilopochtli, el Niño Sol, para conmemorar su nacimiento el 21 de diciembre. La ceremonia comenzaba con una carrera encabezada por un corredor muy rápido que cargaba en los brazos una figura de Huitzilopochtli hecha de amaranto y que llevaba en la cabeza una bandera (pantli) de color azul (texuhtli). La carrera se iniciaba en la Gran casa del Sol (Huey Teocalli) y llegaba hasta Tacubaya, Coyoacán (Coyohuacan) y Churubusco (Huitzilpochco). Detrás del portador de esta imagen corría una multitud que se había preparado con ayuno.

Otra celebración que se hacía en esos días –y que le da nombre a este mes– es aquella en la que se ponían unas banderitas (pantli) de papel amate a todos los árboles frutales y plantas comestibles como zapotes, capulines, aguacates, guayabos, nopales, magueyes, etc. El día de la fiesta se sahumaban todos los árboles y se les ofrendaban tortillas (tlaxcalli) y pulque (meoctli) a fin de agradecerles sus frutos, que fueron alimentos durante el año. Esta celebración se asemeja al momento de las posadas cuando se rompe la piñata y se reparte la colación y el ponche. Pero era el día del solsticio de invierno, el 21 de diciembre, cuando el Sol había llegado hasta su máximo desplazamiento hacia el sur, cuando se celebraba el nacimiento del Huitzilopochtli. Para entonces el Sol ya había recorrido la bóveda celeste y había muerto el 20 de diciembre. Se decía que el Niño Sol se iba al Mictlán, lugar de reposo o de los muertos, donde se transmutaba en forma de colibrí para regresar al origen. Coincidentemente, el 24 de diciembre era el día en que el Sol resurgía en Malinalco –al sur– (Huitzilopochtli significa colibrí del sur), acarreando consigo una gran cantidad de danzas y fiestas que se empatan con la Natividad.

Misas ‘de aguinaldo’

Representación del nacimientodel dios
Huitzilopochtli (Códice Florentino).
www.rose-hulman.edu/~delacova/ florentine-codex.htm

Se sabe que las posadas comenzaron en el pueblo de San Agustín Acolman, a 40 kilómetros de Teotihuacán, cuando, en 1587, fray Diego de Soria obtuvo del papa Sixto V un permiso en el que permitía la celebración en Nueva España de unas misas llamadas ‘de aguinaldo’, del 16 al 24 de diciembre, y que se llevaban a cabo en los atrios de las iglesias. Entre estas misas se acostumbraba intercalar pasajes y escenas de la Navidad. Como atractivo se agregaban a la celebración luces de bengala, cohetes, piñatas, cantos y villancicos.

En el siglo XVIII, Carlos III prohibió estos cantos y fiestas. A través de un bando se prohibieron de tajo las fiestas en el atrio de la iglesia.

El bando decía claramente que se prohibían las fiestas en atrios y lugares públicos, pero al no mencionar las reuniones privadas, la gente comenzó a organizarse para reunirse en las casas. Así fue como surgieron las posadas, una en cada casa. A la muerte de Carlos III, cuando quisieron volver a poner en práctica aquellos cantos, muchos se habían perdido y olvidado. Las fiestas se retomaron en las iglesias, pero la costumbre de hacerlas en casa persistió y se fortaleció.

A las posadas se fueron agregando diversos elementos, como ofrecer a los invitados alimentos que variaban dependiendo de cada región; el baile, incluido ya en tiempos de la colonia, y la petición de aguinaldo encargada a grupos de niños y jóvenes. Pero así como se fueron agregando elementos, el religioso fue debilitándose. Ahora las posadas son más una manifestación pagana y muy propia de la cultura mexicana, aunque con un trasfondo religioso.

La organización de estas fiestas varía según la región del país. En varias poblaciones de Jalisco, por ejemplo, las posadas se celebran en las calles, las cuales previamente se adornan con hilos de heno y faroles. En Guanajuato se sigue arrullando al Niño Jesús y se sigue cantando la letanía del Ora pro nobis. En otras poblaciones se sustituyen los tradicionales peregrinos de barro por elementos vivos. Lo más importante de las posadas es que logran reunir al barrio o la comunidad ya que, por el hecho de ser repartido cada día entre una familia o un grupo de familias, entran en competencia amigable y, sobre todo, en un mayor esplendor de alegría navideña.

ACTIVIDAD

Estampas navideñas en papel amate

¿Cómo se celebran en tu comunidad las posadas? ¿Cómo participan los niños, los jóvenes, los abuelos? ¿Se siguen cantando villancicos y letanías? Una manera de recordar juntos, alumnos y maestro, las celebraciones que comenzarán dentro de poco es a través de la pintura de un amate.

El amate, como las posadas, tiene también su origen en la época prehispánica. Para preparar el papel los artesanos quitan las cortezas a los árboles del amate (amatl) –que son grandes y largas fibras– y las dejan remojando en tinajas con cloro. Cuando las sacan, son unas marañas de raíces que separan en montoncitos y que colocan sobre unos tablones rectangulares. Entonces, con una piedra, comienzan a golpear el montoncito para aplanarlo y compactarlo hasta formar una lámina delgada. Cuando esta lámina se seca se desprende del tablón un papel delgado de forma rectangular, que es lo que conocemos como papel amate.

¿Qué figuras y colores abundan en los amates? ¿Qué estilo de pintura se utiliza? ¿Hay temas recurrentes en los amates? ¿Qué animales se pasean por ellos? Las pinturas de los amates retratan, justamente, la vida cotidiana de México en diferentes regiones. Plasman, también, las tradiciones y costumbres mexicanas, entremezclando lo prehispánico con lo moderno.

Al tratarse de una pintura que podríamos considerar naïf1, la profundidad del lienzo se da de otra manera, en orden ascendente sin que el tamaño de las figuras se altere con la profundidad. Si observamos con atención, las figuras se pasean de abajo hacia arriba según su importancia dentro de la historia del lienzo. Si se trata de una boda, quienes estarán en la parte inferior y en el centro del papel serán los novios. Los niños que juegan en la fiesta pueden estar cerca de la Luna, tocando las estrellas sin problemas.

Manos a la obra

En el salón de clases el trabajo puede comenzar con la elaboración del papel amate; sin embargo, es fácil encontrar ya hechos los rectángulos de este papel, como si se tratara de una cartulina para comenzar a dibujar.

Para ello se necesita:

. 1 pliego de papel amate por alumno

. pinturas vinílicas de varios colores

. recipientes con agua

. trapos para limpiar el pincel

La sesión propuesta se aboca a un tema: el rescate de las tradiciones, en especial la de las posadas.

Para iniciar la sesión se recomienda promover una plática con los alumnos sobre la historia del origen de las posadas en México que terminará en una investigación de cómo se celebran hoy en día las posadas en el barrio de cada alumno. ¿Cómo se celebran en casa las posadas?, ¿quiénes intervienen?, ¿cómo se llevan a cabo?, ¿quiénes participan en la organización?, ¿qué elementos se rescatan como tradicionales?, ¿qué letanías o villancicos conocen?

A continuación se les propondrá hacer una pintura en amate con el tema sugerido. Los alumnos podrán elegir entre pintar alguna posada en la que hayan participado y que recuerden especialmente por alguna razón; pintar la tradición de las posadas que se acostumbran en su barrio o región; ilustrar con algún episodio de la historia contada sobre las posadas, o hacer una comparación entre las celebraciones en la época prehispánica y hoy. El tema y los elementos son bastante amplios y lo serán más si se ha contado la historia de la evolución de estos festejos decembrinos.

Los alumnos observarán con el maestro algunos ejemplos de pinturas en papel amate, las formas de las figuras, los colores, la disposición del espacio, etc. Una vez que se hayan estudiado las pinturas, ya sea que inviten a algún artesano o que el maestro o los propios alumnos lleven una muestra, comenzarán a pintar. Al terminar el trabajo, los alumnos podrán montar una exposición como preámbulo al inicio de las fiestas navideñas.

 

1 Representación sencilla, casi infantil, de la realidad.

 

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