El 12 de septiembre del año 57617 a.C., los neandertales
que poblaban el continente europeo fueron testigos de
una luminosa aparición en el firmamento prehistórico:
el planeta Marte más grande y brillante que de costumbre.
Casi 60 mil años después, el 27 de agosto del año que
corre, poderosas lentes de los más importantes observatorios
del mundo, aficionados con telescopio en mano y demás
mortales con o sin gafas –algunos frente al televisor–
podremos ver el espectáculo que nuevamente ofrecerá el
cielo: el mayor acercamiento de Marte a la órbita de la
Tierra.
El astro estará a tan
sólo 56 millones 760 mil kilómetros de nosotros (cuando Marte desaparece de
la bóveda celeste significa que se ha alejado de la Tierra hasta 400 millones
de kilómetros), y los editores de diarios y revistas no han dejado pasar la
ocasión para hacer un recuento de los múltiples intentos del hombre por acercarse,
aun con la imaginación, al planeta rojo.
La revista ¿Cómo ves?
no es la excepción, y en su edición de agosto ofrece como tema de portada
un interesante artículo del ingeniero y constructor de telescopios José de
la Herrán, quien además de tener una larga trayectoria en la divulgación de
la ciencia, es jefe del Departamento Técnico de la Dirección General de Divulgación
de la Ciencia de la unam.
A primera vista
Cuenta De la Herrán que en
el año de 1941, él y su padre construyeron un telescopio reflector con el
único fin de comprobar una teoría que conmocionó al mundo a finales del siglo
XIX: la presencia de canales de irrigación en la superficie marciana que hicieron
considerar como probable la existencia de una civilización inteligente.
El responsable de ese
hallazgo, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli (1835-1920), “dibujó
y publicó planos detallados de sus observaciones… pero otros astrónomos no
encontraron rastro de los canales al observar Marte con sus telescopios, lo
que fue causa de una fuerte controversia” (p. 11).
El debate estuvo acompañado
del progresivo convencimiento de la gente sobre la vida
en Marte, tanto que, alrededor de los años treinta, la
transmisión radiofónica en Estados Unidos de una versión
del cineasta Orson Welles (El ciudadano Kane) a
la novela La guerra de los mundos, de H.G. Wells
–donde “los marcianos deciden apoderarse de
nuestro planeta y eliminarnos con su rayo de la muerte”–
provocó que mucha gente huyera despavorida creyendo que
se trataba de una invasión real.
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Planisferio de Georges Fournier
utilizado por E. López y F. Escalante para
identificar accidentes marcianos. |
Pese a que José de la
Herrán jura que vio los canales con su telescopio casero (porque sí los vio),
“imágenes de Marte tomadas por la astronave automática Mariner 4 en
1965 revelaron que en realidad no existían los canales y que su observación
en los telescopios terrestres se debía a diversos efectos de alineación de
detalles sobre el planeta… ligada a efectos de difracción en la óptica de
ciertos telescopios” (p. 12).
Encuentros cercanos
Pero una teoría que es echada
por tierra sólo excita la curiosidad de los científicos, y prueba de ello
son las misiones espaciales que desde 1962 –con el intento de sobrevuelo del
Sputnik 22- han hecho posible obtener toda clase de información sobre
la atmósfera y el suelo del planeta. "Ahora contamos con mapas de la superficie
de Marte tan detallados como los de la Tierra, con datos sobre la atmósfera
marciana, su composición, presión, temperatura y las tormentas de arena y,
lo más importante, información que indica la existencia de agua bajo la superficie."
(p. 12).
Justo ahora están en camino
la nave Mars Express, lanzada por la Agencia Espacial Europea, y el
robot inteligente Mars Rover 2, cuyo amartizaje se tiene proyectado
para enero del 2004.
De estas expediciones
se espera saber por qué no se ha encontrado agua en la superficie, si existieron
en el pasado especies vegetales, animales y, lo más fascinante, si existió
vida inteligente.
Para De la Herrán no hay
ninguna razón por la que el planeta no haya podido albergar en el pasado “vida
compleja”, es decir algo más que organismos unicelulares, sobre todo al saber
que los mares de Marte superan el mito fantástico, pues la información recabada
fundamenta su remota existencia.
Un idilio ancestral
Marte se hace más visible cuando
está en oposición con la Tierra y esto sucede cada 780 días (casi dos años).
Entonces, una pelota de color anaranjado rojizo, borrosa en las orillas y
con unas cuantas manchas oscuras se posa en el cielo para luego desaparecer.
Esta bola de fuego y sangre en la negrura fue para los griegos heraldo
de catástrofes. Lo entronizaron como dios de la guerra y le llamaron Ares.
En el artículo de De la Herrán se cuenta cómo cuando el planeta se acercaba
a Antares –la estrella más brillante de la constelación Scorpius– los griegos
temían las peores calamidades para los hombres, pues el bélico dios podía
montar en cólera y pelear contra su rival (‘antares’ significa ‘antimarte’).
A la vuelta de los siglos,
el escritor británico Herbert George Wells (1866-1946) contribuyó con el mito
de que los males vendrían de Marte al publicar en 1898 su novela, arriba citada,
La guerra de los mundos.
De otro modo, el norteamericano
Ray Bradbury (1920) en sus Crónicas marcianas se atrevió a imaginar
un planeta Marte habitado no por seres monstruosos y sanguinarios, sino por
criaturas sensibles y reflexivas: “Los marcianos somos nosotros”, dijo alguna
vez.
Lo cierto es que la fascinación
por lo desconocido sigue siendo materia prima de artistas y científicos. Dioses,
protozoarios, criaturas superdotadas o seres melancólicos siguen a la espera
de que una nave tripulada lleve buenas nuevas de la vida en la Tierra.
Ciencia a la mano
Cerca de cumplir cinco años
en el mercado, la revista ¿Cómo ves? renueva el esfuerzo por acercar
con un estilo directo y ameno los más recientes descubrimientos y avances
en el campo científico. Con un tiraje de 17 mil ejemplares mensuales, se ha
convertido en el instrumento de divulgación con mayor aceptación en México,
lo que hace evidente la importante labor que realiza la Dirección General
de Divulgación de la Ciencia de la unam como responsable de esta publicación.
Además del artículo sobre
Marte, la edición de agosto reconstruye el origen del llamado ‘mejor amigo
del hombre’, el perro, y su llegada a tierras americanas; también presenta
una novedosa técnica para matar bacterias a través del sonido; la doctora
Alejandra Bravo, investigadora del Instituto de Biotecnología de la unam,
habla en entrevista acerca de su fórmula para aniquilar biológicamente –sin
el uso de pesticidas– a las larvas del mosquito transmisor del dengue y salvar
así a miles de personas de esta enfermedad. El químico y premio Nobel mexicano
Mario Molina comparte para los lectores de ¿Cómo ves? la experiencia
de haber recibido este reconocimiento y su incansable labor por mejorar la
calidad del aire en la Ciudad de México.
Bibliografía sugerida
LÓPEZ, Elpidio
y Francisco J. Escalante, El planeta Marte, Imprenta
Aldina, México, 1963.
STATZ, Mario, Marte, Barcelona, Seix Barral, 1980.
STANLEY, Kim, Marte rojo, Barcelona, Minotauro, 1996. |
| * Reseña de ¿Cómo ves? Revista de
divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional
Autónoma de México, Año 5, Núm. 57. Agosto, 2003.
($15.00). Informes y suscripciones: (55) 56227297,
de lunes a viernes de 10:00 a18:00 horas. |