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Correo del Maestro Núm. 87, agosto 2003

Por amor a Marte*

Celina Orozco Correa

El 12 de septiembre del año 57617 a.C., los neandertales que poblaban el continente europeo fueron testigos de una luminosa aparición en el firmamento prehistórico: el planeta Marte más grande y brillante que de costumbre. Casi 60 mil años después, el 27 de agosto del año que corre, poderosas lentes de los más importantes observatorios del mundo, aficionados con telescopio en mano y demás mortales con o sin gafas –algunos frente al televisor– podremos ver el espectáculo que nuevamente ofrecerá el cielo: el mayor acercamiento de Marte a la órbita de la Tierra.

El astro estará a tan sólo 56 millones 760 mil kilómetros de nosotros (cuando Marte desaparece de la bóveda celeste significa que se ha alejado de la Tierra hasta 400 millones de kilómetros), y los editores de diarios y revistas no han dejado pasar la ocasión para hacer un recuento de los múltiples intentos del hombre por acercarse, aun con la imaginación, al planeta rojo.

La revista ¿Cómo ves? no es la excepción, y en su edición de agosto ofrece como tema de portada un interesante artículo del ingeniero y constructor de telescopios José de la Herrán, quien además de tener una larga trayectoria en la divulgación de la ciencia, es jefe del Departamento Técnico de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la unam.

A primera vista

Cuenta De la Herrán que en el año de 1941, él y su padre construyeron un telescopio reflector con el único fin de comprobar una teoría que conmocionó al mundo a finales del siglo XIX: la presencia de canales de irrigación en la superficie marciana que hicieron considerar como probable la existencia de una civilización inteligente.

El responsable de ese hallazgo, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli (1835-1920), “dibujó y publicó planos detallados de sus observaciones… pero otros astrónomos no encontraron rastro de los canales al observar Marte con sus telescopios, lo que fue causa de una fuerte controversia” (p. 11).

El debate estuvo acompañado del progresivo convencimiento de la gente sobre la vida en Marte, tanto que, alrededor de los años treinta, la transmisión radiofónica en Estados Unidos de una versión del cineasta Orson Welles (El ciudadano Kane) a la novela La guerra de los mundos, de H.G. Wells –donde “los marcianos deciden apoderarse de nuestro planeta y eliminarnos con su rayo de la muerte”– provocó que mucha gente huyera despavorida creyendo que se trataba de una invasión real.

Planisferio de Georges Fournier utilizado por E. López y F. Escalante para
identificar accidentes marcianos.

Pese a que José de la Herrán jura que vio los canales con su telescopio casero (porque sí los vio), “imágenes de Marte tomadas por la astronave automática Mariner 4 en 1965 revelaron que en realidad no existían los canales y que su observación en los telescopios terrestres se debía a diversos efectos de alineación de detalles sobre el planeta… ligada a efectos de difracción en la óptica de ciertos telescopios” (p. 12).

Encuentros cercanos

Pero una teoría que es echada por tierra sólo excita la curiosidad de los científicos, y prueba de ello son las misiones espaciales que desde 1962 –con el intento de sobrevuelo del Sputnik 22- han hecho posible obtener toda clase de información sobre la atmósfera y el suelo del planeta. "Ahora contamos con mapas de la superficie de Marte tan detallados como los de la Tierra, con datos sobre la atmósfera marciana, su composición, presión, temperatura y las tormentas de arena y, lo más importante, información que indica la existencia de agua bajo la superficie." (p. 12).

Justo ahora están en camino la nave Mars Express, lanzada por la Agencia Espacial Europea, y el robot inteligente Mars Rover 2, cuyo amartizaje se tiene proyectado para enero del 2004.

De estas expediciones se espera saber por qué no se ha encontrado agua en la superficie, si existieron en el pasado especies vegetales, animales y, lo más fascinante, si existió vida inteligente.

Para De la Herrán no hay ninguna razón por la que el planeta no haya podido albergar en el pasado “vida compleja”, es decir algo más que organismos unicelulares, sobre todo al saber que los mares de Marte superan el mito fantástico, pues la información recabada fundamenta su remota existencia.

Un idilio ancestral

Marte se hace más visible cuando está en oposición con la Tierra y esto sucede cada 780 días (casi dos años). Entonces, una pelota de color anaranjado rojizo, borrosa en las orillas y con unas cuantas manchas oscuras se posa en el cielo para luego desaparecer. Esta bola de fuego y sangre en la negrura fue para los griegos heraldo de catástrofes. Lo entronizaron como dios de la guerra y le llamaron Ares. En el artículo de De la Herrán se cuenta cómo cuando el planeta se acercaba a Antares –la estrella más brillante de la constelación Scorpius– los griegos temían las peores calamidades para los hombres, pues el bélico dios podía montar en cólera y pelear contra su rival (‘antares’ significa ‘antimarte’).

A la vuelta de los siglos, el escritor británico Herbert George Wells (1866-1946) contribuyó con el mito de que los males vendrían de Marte al publicar en 1898 su novela, arriba citada, La guerra de los mundos.

De otro modo, el norteamericano Ray Bradbury (1920) en sus Crónicas marcianas se atrevió a imaginar un planeta Marte habitado no por seres monstruosos y sanguinarios, sino por criaturas sensibles y reflexivas: “Los marcianos somos nosotros”, dijo alguna vez.

Lo cierto es que la fascinación por lo desconocido sigue siendo materia prima de artistas y científicos. Dioses, protozoarios, criaturas superdotadas o seres melancólicos siguen a la espera de que una nave tripulada lleve buenas nuevas de la vida en la Tierra.

Ciencia a la mano

Cerca de cumplir cinco años en el mercado, la revista ¿Cómo ves? renueva el esfuerzo por acercar con un estilo directo y ameno los más recientes descubrimientos y avances en el campo científico. Con un tiraje de 17 mil ejemplares mensuales, se ha convertido en el instrumento de divulgación con mayor aceptación en México, lo que hace evidente la importante labor que realiza la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la unam como responsable de esta publicación.

Además del artículo sobre Marte, la edición de agosto reconstruye el origen del llamado ‘mejor amigo del hombre’, el perro, y su llegada a tierras americanas; también presenta una novedosa técnica para matar bacterias a través del sonido; la doctora Alejandra Bravo, investigadora del Instituto de Biotecnología de la unam, habla en entrevista acerca de su fórmula para aniquilar biológicamente –sin el uso de pesticidas– a las larvas del mosquito transmisor del dengue y salvar así a miles de personas de esta enfermedad. El químico y premio Nobel mexicano Mario Molina comparte para los lectores de ¿Cómo ves? la experiencia de haber recibido este reconocimiento y su incansable labor por mejorar la calidad del aire en la Ciudad de México.

 

Bibliografía sugerida

LÓPEZ, Elpidio y Francisco J. Escalante, El planeta Marte, Imprenta Aldina, México, 1963.
STATZ, Mario, Marte, Barcelona, Seix Barral, 1980.
STANLEY, Kim, Marte rojo, Barcelona, Minotauro, 1996.

 

* Reseña de ¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México,  Año 5, Núm. 57.  Agosto, 2003. ($15.00). Informes y suscripciones: (55) 56227297, de lunes a viernes de 10:00 a18:00 horas.

 

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