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Correo del Maestro Núm. 87, agosto 2003

Lecturas y escritos pedagógicos de Elodia Romo Vda. de Adalid

Oresta López

Para mi maestra Carmen Castañeda,

con gratitud y cariño.


Introducción

La historiografía de la educación en México poco ha recuperado la participación de las mujeres en la obra educativa. A nivel de las regiones, apenas se están dando los primeros pasos para superar esa historia de bronce que ha tomado como sujetos protagonistas a los ministros y a los funcionarios de la educación, generalmente varones, que trascendieron por ser de manera simultánea diputados, autores de leyes, fundadores de escuelas, autores de libros y hasta caciques de maestros. La perspectiva de colocar en un primer plano a estos notables ha velado la labor de una gran cantidad de mujeres maestras que trabajaban en la edificación cotidiana de la vida educativa, por ello, desconocemos mucho de sus concepciones pedagógicas y de sus ideas para dirigir la educación. 

En la historiografía de la educación de Michoacán1 poco se ha dicho y menos aún reconocido la obra de la profesora Elodia Romo Vda. de Adalid, fundadora de la primera escuela práctica pedagógica y autora de las primeras conferencias y publicaciones con prescripciones pedagógicas modernas. Una innovadora de la educación que sacudió al magisterio moreliano de 1901 a 1910, y que ha sido apenas enunciada en los estudios de historia de la educación de la región.

En este olvido coinciden varios elementos: en primer lugar, en su época, su labor fue solitaria, en medio de un ambiente hostil del magisterio moreliano y la desconfianza abierta de sus colegas mujeres que también participaban en la formación de maestras. La prensa local le dio muy poca cobertura a sus ideas y a sus obras, quizá por ser mujer y por no ser michoacana. Estos elementos, aunados al fenómeno de autoinvisibilidad inducida por las maneras de urbanidad de las mujeres intelectuales decimonónicas,2 constituyen los elementos exactos para garantizar el olvido.

La crisis en que se encontraba la educación primaria y secundaria en Michoacán durante el Porfiriato ha sido señalada por varios autores (Covarrubias, 1875. Romero Flores y Bremauntz, años cincuenta; Rodríguez, 1994; Figueroa, 1998; Cedeño, 1999, etc.). En mi investigación he podido confirmar estas afirmaciones y además identificar que se presentaba una deserción de los maestros varones frente a una mayor explotación del trabajo de las maestras al frente de grupos de alumnos varones, en donde se les asignaban puestos de auxiliares de ayudante de preceptor, con salarios muy bajos.

La presencia de las mujeres en la educación de niños y en la formación de profesores es un fenómeno que podemos constatar con la llegada de una mujer como Elodia Romo, de 26 años, viuda, con cuatro hijos y con un gran  talento para la pedagogía y las ciencias naturales. Su condición no era rara, ya que había otras viudas al frente de las escuelas, pero al convertirse en la reformadora y modernizadora de la educación ocupó, sin duda, un papel perturbador para la tradicionalista comunidad de maestros de la ciudad de Morelia.

Los directores-diputados de los principales colegios y las directoras-viudas de la Academia y el internado habían tenido el control en las escuelas durante años. No confiaban en las innovaciones educativas, sobre todo no las entendían con sólo leer los manuales y revistas que les llegaban a Morelia. De pronto tenían ante sí, como líder pedagógica, hábil conferencista y autora de libros, a una ‘inteligente y laboriosa profesora’–como reconocería después de escuchar su segunda conferencia, el periodista e intelectual moreliano don Mariano de Jesús Torres.

Otra de las cuentas pendientes de la viuda, que quizá también ha sido motivo de su olvido en la historiografía,3 lo fue su clara afiliación al régimen de Díaz. Para ella, don Porfirio era el único héroe que garantizaba la paz, unidad y progreso de los mexicanos, era el último héroe de la patria, un miembro de la familia, con cuyo ejemplo había que formar a los niños.

Quizá hoy, de frente a la búsqueda compleja de la historia de las mujeres, de la revisión crítica de personajes olvidados por la leyenda negra del porfiriato, le toque a la Vda. de Adalid empezar a ser enunciada y –sin remedio– apenas esbozada en estas líneas. En esta ponencia nos referimos especialmente a su libro Metodología y pedagogía, que es a mi juicio el que mejor ubica su obra e ideas educativas, dejamos pendiente su texto de lecturas para la enseñanza de la lengua nacional.

Una historia como otras: la niña maestra

La profesora Elodia nació en 1872, en la ciudad de México; sus padres fueron Joaquín Romo y María Ana Solórzano, quien era originaria de Guadalajara.

El primer vínculo de esta familia con Michoacán fue a través del padre, quien trabajó en las oficinas de rentas de Pátzcuaro y Morelia.4

Como era usual en la época, Elodia recibió las primeras enseñanzas en el seno doméstico, de su madre, de quien se dice que también era instruida. Desde pequeña mostró disposición para los estudios.

Entre las anécdotas de la vida de la profesora, se recupera la que cuenta que en una premiación a las escuelas de Tuxpan, el presidente don Sebastián Lerdo de Tejada entregó a la pequeña Elodia un premio por sus conocimientos, aunque no estaba inscrita en escuela pública.

Su vida escolarizada inició a los siete años en el colegio de la señorita Guadalupe Anzorena, después siguió aprendiendo de otras ‘inteligentes profesoras’ como la señorita Soledad Pinto y Arzoz y después con la señorita Lugarda Saldívar, en una escuela de la capital del país. Alguien que influyó  en su formación fue el profesor Carlos Martínez Calleja, quien era conocedor de métodos europeos aún poco conocidos en México. Con esta formación privilegiada logró titularse como Profesora de Instrucción Primaria a los trece años de edad, y en su examen calificó con mención honorífica.5

Siguió los estudios secundarios en la Escuela Superior para Niñas, que después sería Normal de Profesoras. Fue alumna distinguida, le encargaban la realización de piezas literarias. En 1886 fue la responsable de dar el discurso cívico oficial en las fiestas patrias. Por entonces recibió las enseñanzas de maestros como el Dr. Manuel Peredo, Manuel Flores, Luis E. Ruiz, Manuel García Cubas, Francisco Echegaray y Matilde del Puerto.6

En Elodia se cumplía perfectamente el doble proyecto de ilustrar a la mujer para maestra o para el matrimonio. Constituye un botón de muestra de lo que estaba sucediendo en todo el país, la credencialización de niñas con estudios de primaria superior o de secundaria que se estaban titulando como profesoras a los 13 y 14 años. Poco sabemos de sus elecciones personales una vez reconocidos sus talentos para los estudios, lo cierto es que a los 19 años se casó con Heriberto Adalid, empleado principal de la Casa Montauriol, de la cual era litógrafo y grabador. Su matrimonio duró siete años y en ese lapso tuvo cuatro hijos.

La viudez y la realización profesional

A los 26 años, Elodia quedó viuda y a cargo de cuatro hijos. Su padre, don Joaquín Romo, la llamó a vivir a Morelia para brindarle algunos apoyos.  Aprovechando las buenas relaciones de su padre, Elodia empezó a dar clases particulares a las niñas Mac Gregor y González Irigoyen. Al parecer, el oficio de maestra en Morelia era uno de los más aceptables para las mujeres en estado de viudez; en Elodia se advierte la eficacia del estereotipo de contar con una profesión emergente en caso de que falte el marido. En la ciudad otras dos viudas estaban al frente de colegios de niñas de educación pública, la Vda. de Arreola al frente del internado y la viuda de Alvírez dirigiendo la Academia de Niñas. Todas las profesoras eran señoritas célibes y la profesora del importante curso de flores artificiales era María Uribarren Vda. de Hernández. Al poco tiempo, el gobernador le otorgó una cátedra en la Academia de Niñas, para la enseñanza de pedagogía y el curso de ciencias naturales. En pedagogía se impartían clases orales, básicamente teóricas, porque aún circulaban pocos textos sobre la enseñanza moderna y objetiva. Según Romero Flores, Elodia propuso al gobernador la fundación de una escuela práctica pedagógica y le solicitó apoyo para actualizarse en la ciudad de México en su antigua escuela. Estuvo en la capital y su directora y compañeras la pusieron al día en conocimientos pedagógicos, especialmente recibió la ayuda de una de sus ex compañeras, la maestra Esther Huidrovo.7

El gobierno del estado facilitó el edificio y financió lo necesario para la fundación de ésta que sería la primera institución moderna en Morelia para la formación del profesorado.8 Lo cierto es que Elodia tuvo mayor éxito en la preparación de profesoras, eran sus alumnas;  algunos de los profesores varones asistieron a sus conferencias, eran los más renuentes al cambio y no respetaban un liderazgo femenino para un cambio tan fundamental en su práctica pedagógica. Pero las rivalidades profesionales surgieron también entre mujeres y fueron diferencias en las concepciones pedagógicas al seno de la misma Academia, entre la directora la Sra. Vda. de Alvírez y la profesora Elodia. La primera tenía la concepción de cambiar poco a poco y desconfiaba de enseñar la organización científica de una escuela:

[...] no es por cierto la mejor organización escolar aquella que traza el teórico en su gabinete de estudio por amplios que sean sus horizontes y vastos sus conocimientos científicos; sino aquella que resulta de una evolución lenta, de continuas depuraciones y bien meditados cambios que nacen de la experiencia.9

 

Moderación y prudencia tratándose de cuestiones pedagógicas para contener las ‘imaginaciones fogosas’ que se entusiasman hasta el delirio con todo lo nuevo. La literatura que enseñamos a las estudiantes sirve para generarles una imaginación creativa y estética y para formar y propagar el buen gusto. La prudencia también se aprende de las ciencias naturales, dice la profesora Alvírez, porque a los niños que son tan curiosos y todo lo agarran, el tener nociones de las ciencias físicas les puede prevenir de ciertos peligros. Tampoco cree en la homogeneidad de la enseñanza.

En la Escuela Práctica se daban lecciones modelo a las futuras profesoras. Al poco tiempo Elodia fue nombrada inspectora de escuelas de niñas de toda la ciudad, el gobernador atendió las demandas para que hubiera todas las maestras que hicieren falta en las escuelas. Con ello, la presencia de la profesora Elodia impulsaba directamente la educación de las mujeres.

En estos años de principios de siglo se suscitaban debates acalorados sobre la condición de la mujer, se ventilaban en la prensa, se continuaban en las tertulias y se confirmaban en los discursos de premiación de fin de curso. Todos los varones notables que dirigían alocuciones a las niñas premiadas se encargaban de recordarles que si bien el gobierno les obsequiaba con algo de instrucción para estar a tono con las naciones civilizadas, no deberían excederse en desear una libertad total y mucho menos olvidar sus deberes maternales. Era preciso reiterar que las mujeres eran inferiores a los hombres a pesar de ser gratificadas con medallas de oro, plata y reconocimientos diversos por sus conocimientos.10

Elodia no enfrentaba los ataques a la educación de las mujeres, ella actuaba preparando a las mujeres en las escuelas y se aseguraba el apoyo del gobierno a través de reiterar su lealtad al gobernador Aristeo Mercado y al supremo presidente Díaz.

En la premiación de 1902 se dirigió a los padres de familia y autoridades presentes para señalarles, incansable, su concepto de la nueva educación. Insiste en que si bien la enseñanza moderna es más lenta, da mejores resultados, que aunque los niños no leen tan pronto, leerán bien y mejor. Que más que memoria hay que formarles el juicio.

Informa que en 1902 ingresaron a la Escuela Práctica más de 90 alumnas, entre ellas 16 practicantes con estudios terminados en la Academia, a las cuales se les prepara en la práctica para ser profesoras de instrucción primaria.

En el lapso de tiempo de julio a octubre, se verificaron cuatro certámenes literarios, con el objeto de atraer a las familias y particulares a la escuela donde debe ser el lema ‘deleitar instruyendo’: varias composiciones poéticas, diálogos morales, descripciones, viajes geográficos e históricos simulados a varios puntos del globo, discusiones psicológicas y algunos cantos escolares formaron el programa de esos actos de los cuales no puede esperarse sino buen resultado. Los paseos escolares se han hecho quincenalmente y siempre llevando un fin higiénico e instructivo.11

 

En las nuevas prácticas educativas aparecían los coros, los juegos, los paseos al aire libre, la lectura de una manera recreativa, la escritura y lectura de composiciones poéticas instructivas pensadas para el ámbito escolar, la moral reflexiva escenificada para niños y las discusiones sobre asuntos de psicología  dirigidas a padres de familia.

El objetivo prioritario, el único fin, de la Escuela Práctica era la formación de profesoras, los maestros varones, en tanto, recibían cátedras y presentaban los exámenes en el Colegio de San Nicolás, no eran más que dos o tres, pues la carrera estaba totalmente a la baja como opción profesional para el sexo masculino. En la Escuela Práctica se contaba ya con una idea más elaborada para la preparación de las profesoras en la pedagogía moderna, pero con la flexibilidad necesaria para adaptar los métodos al medio (esto sólo quería decir que prepararían sus cuadernos de organización y reglamento escolar de acuerdo a tenencia, distrito o municipio. Estaba reglamentado hasta qué grados escolares se podían atender en cada caso: la ciudad era el sitio donde había mayor oferta de instrucción y a medida que se alejan de la misma, disminuyen los grados y categorías de las escuelas) Era una novedad que todas las maestras, al momento del examen contarán con su colección de cuadernos con apuntamientos de enseñanza moderna:

Pensando que por bueno que sea un método no fructificará sino haciéndose homogéneo, o mejor dicho, unificándose el sistema, inicié con muy buen éxito y así se llevó a efecto, que todas las alumnas presentaran en el examen recepcional, una colección de cuadernos en los cuales se contienen  desde el silabario Rébsamen y el Normal, hasta la guía completa para organizar la escuela, horario, programa, reglamento interior, apertura, etcétera, adecuado todo ya a tenencia, cabecera de distrito, o de estado, porque todo debe sujetarse al medio. Estas lecciones han sido combinadas y hechas por cada una, y además su documentación completa, y un muestrario de labores a la aguja, gancho, en canevá y en tela, con el fin de que posean conocimientos y aptitudes verdaderamente útiles.12

 

Las nuevas maestras formadas por la profesora Adalid contaban con capacitación para planificar la enseñanza y organizar una escuela; disponían de los métodos de lectura modernos para alfabetizar de una manera más efectiva a los niños y, por supuesto, llevaban su muestrario de costura.

Es en este informe donde señala el asunto de la costura. A lo largo de su obra jamás enfatizó como indispensable para las mujeres y las maestras el dominio de estas habilidades, sino más bien como complementarios. En cambio, considera la alfabetización y conocimientos de puericultura como básicos para todas las mujeres.

En palabras de la profesora Romo, los principios de Pestalozzi revolucionarían la enseñanza:

La humanidad ha progresado por medio de la instrucción propia y cada inteligencia debe trabajar para obtener los mejores resultados, recordando que el hombre debe gobernarse a sí mismo y no ser gobernado por los demás.13

 

Ella cuestionaba la pasividad –bajo vestidura positivista– de creer que los cambios se darían de manera natural, que bastaría esperar la lenta marcha de la humanidad hacia el perfeccionamiento en busca de los conocimientos más valiosos y los maestros más aptos para formar a la juventud. 

[...] la educación del hombre no es la de un ser inerte y pasivo sino la de uno activo y libre, cuya instrucción se provoca [...] y cuando hayamos logrado reunir en la escuela elementos concientes, y cuando se destierre el dogmático 'creed y no preguntéis', entonces se concederá su verdadero carácter de templo del saber, y no colectividad de miembros bajo un mismo techo, pero aislados moralmente.14

 

El libro Apuntamientos de Pedagogía y Metodología fue producto de sus lecciones en la cátedra de metodología y de ciencias naturales impartidas en la Academia, es ahí donde esclarece varios conceptos pedagógicos. Este libro circuló entre las alumnas, primero como manuscrito y sólo porque ‘lo dispuso el supremo gobierno’, se publicó para comodidad de las estudiantes. Inicia señalando que la pedagogía:

 [...] no es un arte de adorno o de lujo, ni un oficio exclusivamente reservado a maestros y educadores: es una ciencia social que interesa a las familias, a los magistrados y a los hombres políticos: tiene en sus manos los destinos de los pueblos y posee el secreto del porvenir.15

 

Las nociones preliminares de pedagogía aclaran que existen tres tipos de conocimientos: necesarios, útiles y de ornato. Los conocimientos necesarios constituyen la base de la civilización empezando por la lectura, escritura y la gramática. La historia y la geografía son ejemplo de conocimientos útiles y las bellas artes son conocimientos de ornato, que completan y dan brillo a la educación. Así, el concepto de pedagogía se refiere al arte científico de educar, instruir y enseñar y contiene tres partes fundamentales: la primera que es la educación física, moral e intelectual del hombre; la segunda de la metodología y organización de las escuelas y la tercera que se refiere a la historia de la pedagogía. Es una ciencia especial para formar al maestro.16

Ella inaugura un nuevo perfil del maestro: no comparte los modelos promovidos por la Junta de Instrucción, ‘el maestro, aunque de pocas luces, pero con mucha moral’ y las maestras, valiosas sólo por su habilidad para las labores de aguja. Propone resaltar como cualidades de profesores y profesoras el talento y la instrucción aparejado a la moralidad. No insiste en diferenciar las habilidades de acuerdo al sexo, más bien considera como necesario que los sujetos de la educación posean un conjunto de ideas humanistas.

Dedica un apartado a proporcionar un mayor conocimiento sobre el ser humano: desde el funcionamiento del organismo del ‘hombre’, el conocimiento de los sentidos, hasta las facultades intelectuales y morales. Hace disertaciones sobre la psicología y algo de ‘historia de la idea del alma’.

El apartado de carácter práctico es el de metodología de la enseñanza moderna, en el que dedica especial atención a las nuevas formas de enseñanza y preparación de lecciones para enseñar lectura, lengua nacional, aritmética, historia, geografía. Pasa a señalar el sistema de táctica escolar, la táctica de mano, la clasificación de los alumnos, la creación de la biblioteca de la escuela y el uso de los libros de texto. Dedica también importancia a la organización de la escuela, al dominio del reglamento escolar, los deberes y derechos de alumnos y profesores. Prepara los contenidos mínimos de los planes de estudios y programas para párvulos y para las escuelas elementales. Establece cómo trabajar con el mundo inorgánico, orgánico, el mundo del pensamiento, el de la belleza, el del deber y el de la acción.17

Algo poco usual en este tipo de manuales es la introducción de la historia de la pedagogía. En este texto cobra importancia especial, pues la historia de algunos de los grandes pedagogos es utilizada como vidas ejemplares a seguir, así el lector podría entender que no basta con poseer vocación para el magisterio, sino que se requieren conocimientos pedagógicos sólidos para realizar un trabajo científico y certero, donde contaba además en mucho la entrega y los ideales.

Elodia nos habla de los grandes pedagogos como Quintiliano, de quien proclama su interés por la educación pública, el rechazo a someter a los niños a disciplinas severas y le agrada el impulso que da a la iniciativa de que los discípulos deberían tener por regla su corazón y su inteligencia.

De Comenio alaba su capacidad crítica frente a santos y sabios. Dibuja sus desventuras por ser enemigo de católicos y protestantes. Este pedagogo le inspira un sentido de sacrificio. Como aportes de este personaje, recupera la graduación de la enseñanza, lo reconoce como el padre de la enseñanza intuitiva

¿Por qué  en lugar de libros muertos no abrimos el libro viviente de la naturaleza? [...] Cuánto tiempo estuvieron sus obras perdidas y olvidadas. La obra magna suya se llama La gran didáctica, obra que puede nivelarse con los pensamientos de Locke y el Emilio, de Rousseau... [Lo trata con indulgencia:] Nadie podrá negar la gloria que a Comenio le pertenece como pedagogo, y si bien es cierto que su pedagogía adolece de defectos, es cierto también que es mucho exigir de un obispo de los hermanos moravos el apartarlo por completo de las poderosas influencias que lo rodeaban.18

 

Pestalozzi es su favorito, lo cita en alocuciones19 y cátedras, incluso sugiere a las futuras profesoras colocar algún retrato de este pedagogo en los salones de clase, para hablar a los niños de su ejemplar vida. Destaca de este pedagogo su compasión por los niños pobres, su capacidad de experimentación pedagógica a pesar de que “no sabía organizar, ni tenía tino administrativo y por eso fracasó y quedó arruinado, sin profesión ni empleo”.

Con una narrativa amena, muestra que Pestalozzi no se daba por vencido y en plena guerra siguió creando escuelas para pobres. Ante la falta de libros, fomentaba la enseñanza oral; la moral práctica, promoviendo las acciones directas de compasión de sus alumnos en lugar de largas disertaciones morales. En alguna ocasión –señala Elodia– ante la falta de estampas, empezó con las lecciones de cosas, tomando los objetos materiales que le rodeaban para dar explicaciones y análisis.

Los principios educativos de Pestalozzi que enseña a sus alumnas son:

El primero es que las facultades se desarrollen en orden definido y que la instrucción debe ser aquella que se adapte a cada periodo mental, que se necesita una educación doméstica, y que nadie más a propósito para inculcarla que la madre, que vive en íntimo contacto  con sus hijos y les conoce sus inclinaciones; pero aquí tropezó con una dificultad y fue ésta: las madres, para educar, necesitan saber y se requiere una instrucción para las madres. Otro principio importante de Pestalozzi es que el maestro debe hacer un estudio profundo del niño y que todo trabajo de la escuela debe basarse en la experiencia.20

 

Llegando a la obra de Juan Jacobo Rousseau, Elodia reconoce que se trata de un autor muy especial, que desata la aprobación o la condena. El Emilio 'no es nada conocido' para el caso mexicano, se sorprende de pensar en la sola idea de que un niño crezca bajo el único cuidado de su preceptor, en pleno contacto con la naturaleza, en aislamiento y sin socialización, teniendo como único libro El Robinson. ¿Cómo creerle a Rousseau su erudición sobre la dentición y comportamiento de los niños pequeños, si jamás ejerció la paternidad y desde que nacieron entregó a sus cuatro hijos a orfanatos?, ¿cómo podremos, después 15 años de aislamiento, educar a un niño salvaje, con aritmética e ideas nobles y buenas? Concluye:

Su libro es la naturaleza espléndida y en él se admira al filósofo y al poeta. Respecto de la educación de la mujer va atrasadísimo en sus ideas; la considera como una cosa para hacer la felicidad del hombre, pero sin ideas propias ni iniciativa de ninguna clase.21

 

Es aquí donde aparece un brillo feminista en la crítica pedagógica de Elodia. Su análisis de los pedagogos nos muestra a hombres que cometen errores, aun en sus obras más conocidas.

Federico Froebel es señalado como el mejor discípulo de Pestalozzi, que probó muchas actividades sin saber qué era lo que quería, “[...] más exagerado que Rousseau y Pestalozzi en el estudio de la naturaleza: pobre y falto de previsión como Pestalozzi...”22  Su pasión por lo esférico y las formas geométricas, como preceptor, lo llevaron a idear un sistema al que llama dones. Con objetos geométricos manipulables presenta a los niños posibilidades de desarrollo de aptitudes a partir de sus instintos especiales (gusto por la observación, necesidad de actividad y sentimiento y personalidad). Con sentido crítico, resume:

El método de Froebel es algo complicado; en su escuela se notan defectos, ha abusado mucho de los trabajos e invención y se ha olvidado de que estos trabajos debían ser unos los medios y otros los fines de la educación. La imaginación de Froebel exagera y desfigura todas las cosas; pero su obra práctica vale más que todos sus escritos y bien merece ser considerado como el más digno discípulo de Pestalozzi.23

 

Los Apuntamientos cierran con la obra de Herbert Spencer, el ‘padre de la pedagogía moderna’. Elodia explica la enseñanza moderna a partir de la narrativa sobre la vida de Spencer:

A los 9 años estaba aprendiendo a leer: se le envió a hacer los estudios fuera de casa y no mejoró, pues era inquieto, desatento y perezoso y manifestó mucha repugnancia por la rutina de los métodos de la escuela. No toleraba aprender una lección de memoria y odiaba el aceptar proposiciones sólo porque las hallaba en los libros; pero se mostró pronto superior a todos en las cuestiones que requerían observación, juicio y razonamiento.24

 

Spencer era orgulloso e intolerante, por ello se conquistó muchos enemigos y además fracasó como editor. El excesivo trabajo le ocasionó insomnio y dispepsia, por lo que tuvo que hacer un receso en el cual aprendió la importancia de la higiene, tema sobre el cual escribió exitosamente.

De lo que no queda duda es que la profesora Adalid contaba con una opinión propia sobre los temas educativos, que el lenguaje de sus apuntamientos es el mismo de sus conferencias y alocuciones. Que no cesa de pedir mayores apoyos para el desarrollo de la educación del profesorado; que es una incansable crítica de las formas antiguas de enseñanza, de las rutinas lancasterianas tan presentes en las escuelas morelianas.

Pese a saber que las destinatarias eran sus alumnas y las profesoras de la ciudad, ella escribe su obra con el lenguaje neutro de las obras modernas de pedagogía.

No reconocemos un discurso que anuncie conciencia feminista, sino más bien es el de una mujer conciente de su instrucción pedagógica y su aporte al desarrollo cultural de Morelia. 

Mariano de Jesús Torres, el periodista e intelectual michoacano, tan crítico de las feministas de su tiempo, de inmediato se coloca entre sus admiradores, la incluye entre las mujeres mexicanas notables y se solidariza públicamente con su obra, en su publicación mensual dedicada a las mujeres:

Prosigue en tus afanes

no te acobardes nunca

los tiros que la envidia

suele asestar inmunda.

[...] Jamás las decepciones

con su implacable furia

tus bellas ilusiones

marchiten en su cuna.

[...] Ser útil a tu patria

es el premio que buscas

y ella te dará en cambio

su amorosa ternura.

Por eso yo te admiro

y en mi lira vetusta

aplaudo tus afanes

¡oh de Minerva alumna.25

La profesora Adalid fue la cabeza de batalla de la reforma educativa en Michoacán, el gobernador la lanzaba al campo de los leones, pues desde 1882, los maestros se habían negado a asumir los métodos modernos y los mismos legisladores establecían –por ley y reglamento– continuar con las viejas rutinas lancasterianas.

A primera vista era una reformadora ingenua y voluntarista, nadie duda de su sentido de patriotismo y de su necesidad de ingresos. Después de leer sus apuntamientos pedagógicos, uno puede pensar en otras posibilidades, en la maestra –armada con ideas pestalozzianas– convencida de la propia dignidad que le daban sus conocimientos, que articulaban y daban sentido a su vida cotidiana durante la época de 1901 a 1910, sabedora de que si bien no podía cambiar todo un sistema, era su deber señalar el atraso educativo y apuntar las nuevas ideas educativas, en lo posible influir en la formación de las mujeres.

 

Bibliografía

Repositorios de documentos, libros y prensa:
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AHSEP Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública. (Fondo: Educación Primaria en los Estados y Territorios)
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ALVARADO, Lourdes (comp.), El siglo XIX frente al feminismo, una interpretación positivista, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991.
BAZANT, Mílada, Debate pedagógico durante el Porfiriato, (antología), México, Ediciones El Caballito, SEP, Cultura, 1985. ------- "Lecturas del Porfiriato", en Historia de la Lectura en México, México, D. F. Ediciones del Ermitaño y el Colegio de México, 1988.------- Historia de la educación durante el Porfiriato, México, D. F., El Colegio de México, 1993.
CASTAÑEDA, Carmen, La educación en Guadalajara durante la Colonia 1552-1821, México, El Colegio de Jalisco, El Colegio de México,1984.
DUBY, Georges y Michelle Perrot, Historia de las mujeres. El siglo XIX cuerpo, trabajo y modernidad, Vol 8, Madrid,  Taurus, 1993.
FIGUEROA Zamudio, Silvia, La educación superior en Michoacán durante el siglo XIX, Tesis de doctorado, mecanoscristo. Morelia, Mich, 1998.
GALVÁN, Luz Elena, Los maestros y la educación Pública en México, México, CIESAS,1985.
------- Soledad compartida. Una historia de maestros. México, CIESAS, 1991.
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Citas

1 Es importante aclarar que ya existe una importante cantidad de libros sobre la historia de la educación en Michoacán entre los que destacan los trabajos de los años cincuenta de Jesús Romero Flores, Alberto Bremauntz, y más recientes de Silvia Figueroa Zamudio, Ángel Gutiérrez, Guadalupe Cedeño y Ricardo León Alanís, entre otros.
2 Cfr. Pilar Pascual de Sanjuán, Resumen de urbanidad para niñas, Edit. Paluzie, 1927, pp. 39-55. Los manuales de urbanidad de la época    señalaban como de mal gusto hablar de sí misma o hacerse la graciosa en una conversación. Deberían, asimismo, evitar hablar con tono de magistralidad sobre algún asunto, pues sólo era permitido a los varones de cierta edad. El manual de Pilar Pascual señalaba que en las reuniones si se le pedía a una joven que cantara, declamara o ejerciera alguna de sus habilidades, debería aceptar, "después de excusarse modestamente, alegando su escaso mérito. Luego, sin hacerse de rogar mucho, hará lo que sepa, y dando las gracias a los que la aplaudan, se retirará inmediatamente, sin abusar de la paciencia de los oyentes, tocando pieza tras pieza, leyendo largas tiradas de versos o cosas por el estilo. ¿Y si le ruegan que continúe? Lo hará durante el menor tiempo que sea posible".
3  Entre los historiadores de la educación de Michoacán ha prevalecido la idea de un glorioso pasado colonial en la educación; pasando por un oscuro periodo de luchas intestinas entre liberales y conservadores que destrozaron los colegios; siguiendo por un periodo porfiriano que lo más importante que hizo fueron leyes y reglamentos de educación, y después la ruptura, para llegar a un florecedor y fundante periodo de educación revolucionaria.
4  Cfr. Mariano de Jesús Torres, La mujer mexicana, Morelia ,1901, pp. 158-159.
5 Torres, op.cit. pp.158-159.
6 Ibid., p. 159.
7 Ibid. p. 159.
8  Es importante señalar que la dirección de las escuelas prácticas anexas a las normales era asignado a maestras con reconocidas dotes intelectuales. En Barcelona, Pilar Pascual, autora de los populares manuales de urbanidad para niñas, era maestra de enseñanza superior, regente de la Escuela Práctica anexa a la Normal de Barcelona y perteneciente a sociedades de instrucción, literarias y filantrópicas. 
9 Josefa Piñón Vda. de Alvírez,  Informe de la Academia de Niñas relativo al año escolar de 1902, p. 21.
10 En 1904, por ejemplo, en la entrega de la ceremonia de premiación, el Sr. Lic. Enrique Domenzáin dedicó un discurso de 30 cuartillas aproximadamente en el que discute el asunto de la educación de la mujer. En su alocución indica con mucha precisión e insistencia el papel de la educación para los sexos; a los varones y niñas dice: “[...] váis a constituir el grupo selecto e intelectual encargado de la dirección de la sociedad; posesionaos de la grandeza de vuestra misión [...] disciplinad vuestra inteligencia y formad vuestro carácter, factores importantes para salir vencedor en el duro combate que a diario libran los hombres y que es más cruel y fatigoso para las clases pensadoras. Niñas que sois un ejemplo viviente de todo lo que la mujer puede alcanzar en el terreno de la ciencia, regocijaos con vuestro triunfo [...] Al enviaros mis parabienes, os manifiesto mis fervientes deseos para que alcancéis la era en que otorgada a la mujer toda la libertad que es debida a su sexo, se esclavice, como se ha esclavizado siempre, por un acto de su plena voluntad, a las intimidades de la familia, para que allí conquiste el reinado más bello que su imaginación pueda soñar y su sentimiento pedir: ser la absoluta soberana del hogar.” Cfr. “Memorando de las distribuciones de premios”, Op.cit., apdo. de premiaciones de 1904, p. XIX.
11 “Informe de la Directora de la Escuela Práctica”, 1902 en Memorándum de las distribuciones de premios hechas a los alumnos de las Escuelas de Instrucción Primaria, Escuela Industria Militar Porfirio Díaz, Colegio de San Nicolás de Hidalgo, Escuelas de Medicina y de Jurisprudencia, Academia de Niñas y Escuela Práctica Pedagógica, en los días 5,12 y 14 de febrero de 1903. Morelia, Talleres de la Escuela I. M. Porfirio Díaz, 1903, p. 183.
12 Ibid., p.184.
13 Ibid., p.189.
14 Ibid., p.189.
15 Elodia Romo Vda. de Adalid, Apuntamientos de Pedagogía y Metodología ilustrados en los autores Ruiz, Avendaño, Flores, Baldowin y Compayre, Talleres de la Escuela Industrial Militar Porfirio Díaz, Morelia, 1903, p.3.
16 Elodia Romo Vda. de Adalid, Op cit., p.5.
17 Los Apuntamientos Metodológicos (Morelia, 1903), de Elodia Romo, constan de 109 páginas, sin ilustraciones. Tratan temas como: las cualidades del profesor; ligera idea del hombre (respiración, circulación, movimiento, órganos de las sensaciones); facultades físicas; idea de los sentidos; educación de las facultades intelectuales; educación moral (facultades morales, cultura del sentimiento moral, cultura de la conciencia moral); voluntad y carácter (psicología, historia de la idea del alma). En la segunda parte aborda: metodología de la enseñanza; didáctica, modos de enseñanza (modos mixtos); formas de enseñanza; procedimientos metodológicos; preparación de las lecciones; educación e instrucción (grados que alcanza la enseñanza en el estado de Michoacán); lectura, lengua nacional; aritmética; historia; geografía; geometría; sistema de táctica escolar (táctica de mano), clasificación, biblioteca de la escuela, libros de texto de la escuela; organización de la escuela; reglamento escolar; condiciones del orden, derechos y deberes; deberes escolares (para con los discípulos, para con la clase, para los alumnos y para la escuela); plan de estudios y programas (mundo inorgánico, mundo orgánico, mundo del pensamiento, mundo de la belleza, mundo del deber, mundo de la acción, el plan de estudios para las escuelas elementales de 6 a 8 años), e historia de la Pedagogía, (Quintiliano, Comenio, Pestalozzi, Juan Jacobo Rousseau, Federico Froebel y Herbert Spencer).
18 Elodia Romo, Op.cit., p.102.
19 Alocución es actualmente considerado un término para señalar un "discurso breve, dirigido por un superior a sus inferiores o súbditos", cfr. El Pequeño Larousse Ilustrado, 2001, coed. Internacional, Colombia, 2000, p.66
20 Apuntamientos, Op. cit., p.104.
21 Ibid., p.106.
22 Ibid. pp. 106-107.
23 Ibid. pp.107-108.
24 Ibid. pp. 108-109.
25 Mariano de Jesús Torres, La mujer mexicana, Morelia, Imprenta del autor, Marzo 13 de 1902, p.76.

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