Camino a la eternidad sube
y baja las colinas,
lienzos de modernidad
adornan a la Catrina
El reloj del campanario
en su lúgubre marcar
convocando al lapidario
comienzan a desfilar
El Consejo Editorial
de esta revista sesuda,
en sesión intelectual
ya pactó con la huesuda
Se abre de nuevo el panteón
a las almas penitentes
que buscan con emoción
su mortaja inteligente
Con un diseño virtual
lucen las tumbas abiertas
,una clave celestial
www.com secreta
Ofrendas de mil sabores
,cantos, rezos y rituales,
un derroche de colores
y riquísimos tamales
¡Ay! del mortal que no muera
en este panteón selecto,
vagará su calavera
persiguiendo su esqueleto |

Llegó la muerte gritando
¡viva la modernidad!
,va en su corcel cabalgando
camino a la eternidad
Una que otra calavera
murió de tanto esperar
a Correo del Maestro
revista muy especial
,su contenido dilecto
no pudimos disfrutar
Y es que en otra dimensión,
comentan muchos lectores,
hay pendiente una lección
de aprendiz de enterradores.
Ya me voy, ya me despido
saludando a los mortales,
aún lejos no me olvido
en vida de comensales.
Se va la muerte cantando
a la vida cotidiana,
con la modernidad pactando
el quehacer de esta galana. |
Ya se cierra este panteón
honrando sus esqueletos,
vaya este breve renglón
¡a la muerte, mis respetos!
Con este modernidad
se aleja don Juan Tenorio,
la Catrina sin edad
preside los velatorios,
cotidiana novedad
de asistir a tu mortuorio.
¿Dónde está la fiel Catrina
de Guadalupe Posada?
Mírala, ahí en la esquina
acechando a la pasada.
Vuela, vuela palomita
alrededor de la Tierra,
rogando se nos permita
que haya paz y nunca guerra. |
La muerte,
un personaje cotidiano camina a la par del ser humano; va
y viene entre nosotros llevando consigo su propia muerte.
Por eso asiste puntual a la cita inevitable para emprender
el viaje sin retorno que habremos de realizar en un aquí
y ahora, traspasando las fronteras del tiempo cronológico
hacia horizontes de eternidad.
En la
época del porfiriato, años previos a la Revolución Mexicana,
el descontento popular crecía silenciado por una aparente
prosperidad en la que la opinión pública rechazaba la dictadura.
Los periódicos de esa época carecían de la libre expresión
para informar al pueblo de la situación política que se
gestaba en la clase trabajadora. Además, el problema de
la posesión de la tierra y el analfabetismo en la mayoría
de mexicanos, limitaba el proceso de comprensión del lenguaje
de los intelectuales, como las ideas de los hermanos Serdán,
Flores Magón, Madero, Pino Suárez y muchos más que pretendían
combatir la dictadura que por treinta años había permanecido
en el país.
En estas
circunstancias, la prensa se cuestionaba cómo hacer para
informar al pueblo. Así, en medio de esta crisis social
la creatividad e inventiva del mexicano hace uso de la litografía,
el grabado, el dibujo y la sátira en la persona de José
Guadalupe Posada, quien promueve una nueva forma de lectura
en la que el humor, el pensamiento y la sonrisa se integran
para festejar a la naciente caricatura conocida como La
Muerte, La Catrina, personaje cotidiano, visitador
de todos los niveles sociales y políticos de la época.
Ya sea
vestida de gala a la moda del porfiriato o esquelética,
pelona, trotamundos; con su atuendo tosco y humilde a semejanza
de sus hermanos campesinos, hizo llegar su mensaje de crítica
hasta el más apartado rincón del país.
Los grabados
y versos cumplieron entonces la función periodística de
informar con ingenio. Los rotativos de la época imprimían
‘las claveras’, mezcla de caricatura y verso
organizados para hacer un ‘Panteón’, hoja satírica
que exaltaba las buenas obras o denunciaba la mala administración
de un gobernante.
Cada
vez que el ‘Día de Muertos’ o ‘Fieles
Difuntos’ se avecina, las tradiciones mexicanas hacen
honor a La Catrina en una calavera de dulce con nombre
específico o en versos intencionados como ofrenda de honor
a intelectuales, políticos o ciudadanos que en el juego
de la vida y de la muerte no escapan a la dualidad humana
presente en la vida cotidiana.
Esta
misma Catrina es la que inspira el panteón de la
revista Correo del Maestro en este honroso enterrar
al estilo de Posada.
María del Carmen Frías Bayona
Villahermosa, Tabasco, México
Noviembre 2002.