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Correo del Maestro Núm. 74, julio 2002

Del idiolecto

Arrigo Coen Anitúa

En la entrada de la voz idiolecto, la Academia española, en su lexicón, reza: “(Formato sobre dialecto, del griego idios, ‘propio’, ‘particular’). m. Ling. Conjunto de rasgos propios de la forma de expresarse de un individuo.”

Más específico, el Gran Espasa Ilustrado (1999) pone: “m. Conjunto de rasgos que, en el empleo de su idioma, caracterizan a un hablante en un momento dado”.

Por su parte, Oswald Ducrot, en el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, declara que  “este término nombra la manera de hablar, propia de un individuo, considerada en lo que tiene de irreductible a la influencia de los grupos a que pertenece ese individuo”. Más adelante observa lo absurdo que es hablar de un lenguaje individual como instrumento de comunicación, ya que no hay código para descifrarlo.

Efectivamente: toda particularidad es una variante arbitraria; es, por definición, impertinente. Los hablantes que injieren palabras idiolécticas en sus discursos tratan de subrayar una originalidad —a las veces justificada— con respecto al uso normal de la lengua.

Aunque tampoco se puede negar cierta propensión natural —o mejor dicho cultural— a sustituir, idioléctica o idiolectalmente, algunas dicciones comunes, por vocablos que, al propio juicio son más fieles expresiones del sentido que se pretende.

Sin curarme (importarme) de lo que hubiese opinado Robles Dégano, autor de una famosa Ortología clásica castellana, siempre digo y escribo orgia (sin acento en la i), y suele interpretárseme como una gracejada, por aquello de “orgia y desénfreno”, que sí lo es en otros hablantes. Para mí es una correcta regresión al griego, como también lo es la óasis, en vez de ‘el oasis’; y en esto estoy respaldado por Corominas.

Y ora que me acuerdo: otro que me lo acusaron de idiolecto mío, y al que hasta cierto académico le hizo gesto de ¡fuchi!, es el término membría, ya consignado en el nuevo lexicón oficial, abajito del deplorable membresía, vil y servil adopción y adaptación del inglés membership. (Por cierto, aparece con ¡seis! marcas de regionalismo.)

Pues bien: todo lo dicho viene a cuento porque en mi anterior colaboración a Correo del Maestro abusé en eso de resucitar arcaísmos: por ahí colé un discentes por ‘estudiantes’ o ‘aprendices’; el sintagma de suso, por ‘aquí arriba’; el alótropo plugiérame, por ‘pluguiérame’, sobre los modelos de cónyuge por ‘cónyugue’, y plagicida por ‘plaguicida’, y, más adelante —o sea de yuso—, delusión, como sinónimo de ‘desilusión’.

De tiempo muy atrás me viene esta especie de, por un lado, rebeldía, aunque, por el otro, reconozco que es petulancia. Recuerdo que por los primeros treintas del siglo pasado, no toleraba el verbo presupuestar, y todo lo resolvía con inflexiones de presuponer. Por ejemplo, decía: “Presupóngame el costo del equipo que propone”. Y confieso que, aún hoy, me ‘daría cosa’ (lenguaje hodierno) tener que pedir “Presupuésteme…”

Tengo otros tabúes léxicos: procuro no tener que emplear verbos cuyo infinitivo termine en -cionar. Evito el ahora tan socorrido evolucionar, y conjugo en evolver que, creo, no entró al romance castellano, pero se me llena la mano escribiendo: “…los anélidos evolvieron y devinieron artrópodos”; “los vehículos colidirán y se harán añicos” (me habría dado asco a mí mismo haber puesto colisionarán). Esto explica la delusión citada, como acción y efecto de una supuesta acepción del verbo deludir, la cual no entiendo por qué no la registra el DRAE, que sí reza: “engañar, burlar”.

Ya sé que no faltará gentil lectora que amablemente me reprochará: “No nos haga ese tipo de travesuras, que nos desconciertan. Usted mismo postula que ‘para que comunique, el lenguaje debe ser lo más inequívoco posible’. Luego: sea consecuente: no predique lo que no practica”.

En mi descargo, sólo como indulgencia, aunque no como absolución, lo único que puedo argüir es: “Bueno: tiene usted razón: voy a estringir…¡perdón!…voy a apretar mi autocrítica. ¿Sale?

Al reler (releer) lo hasta aquí escrito me topé con el adjetivo idiolécticas referido a palabras. Busco idioléctico en el DRAE y… ¡no está!… ¿Cómo calificarán otros autores —esto presupone que yo soy autor…¿lo seré?— lo “perteneciente o relativo al idiolecto”?: ¡Vaya!, en el propio texto de O. Ducrot que cito aparece idiolectal (que tampoco está en el bodoque de la Real).

Si usted… sí, usted, ha aguantado leer hasta aquí, excogite cuál de los dos le parece más apropiado.

 

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