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Correo del Maestro Núm. 74, juLio 2002

Placas de Chlandi: arte, geometría, física

José Manuel Posada de la Concha

 “El sonido puede verse.”


Napoleón

 

 

 

Introducción

Ya no debe ser novedad para nadie saber que las actividades artísticas y científicas poseen tantos rasgos en común como aspectos que las separan. Mi formación es científica y me desarrollo en ese ambiente, pero jamás he encontrado compañeros que no se sientan atraídos por alguna representación del arte. A todos nos gusta cierto tipo de música, casi todos disfrutamos de la literatura, del cine, de la pintura o de la danza. Una persona con quehaceres científicos no es ajena al arte, ya que el arte y la ciencia producen goce sin igual. No me cabe la menor duda que comprender la demostración del teorema de Pitágoras puede ser tan reconfortante como escuchar la Obertura Solemne 1812 de Tchaikowsky. Además, la ciencia y el arte requieren normalmente de la inspiración para producir una obra trascendental. Casi siempre se obtiene esto si el artista o el científico se encuentran inmersos en un trabajo constante. Los científicos necesitan de la aprobación de sus pares para que su obra sea aceptada, casi siempre con ayuda de la comparación de su trabajo con la naturaleza, aunque no necesariamente. De la misma manera, el artista sobrevive solamente con la aceptación.

No terminaríamos de mencionar similitudes, pero mi pretensión no es seguir por este camino, sino por las amalgamas que se pueden producir con estas dos actividades.

Sabemos que la ciencia y el arte no solamente comparten características similares, también se conjugan para crear nuevos quehaceres. La música digital, la arquitectura y las películas computarizadas son ejemplos. Quiero platicarles ahora de un experimento fácil de reproducir en un salón de clase por el bajo costo de su elaboración, y que conjuga las dos actividades de que hemos hablado. Me refiero a las sorprendentes placas de Chlandi.

Actividad

Material

• Placas de latón cuadradas o hexagonales, de 15 cm por lado (pueden ser ligeramente más grandes), de 1/8 o 1/16 de pulgada de espesor. El costo aproximado es de 100 pesos.

• Arco de segueta. Costo: 30 pesos

• Hilo nailon de 90 lb. Costo: 10 pesos

• Brea. Costo: 5 pesos

• Sal de mesa o arena

• Palo de escoba

• Tornillos

Metodología

Para asegurarnos que sea lo más precisa posible, un buen herrero debe cortar una placa con cualquiera de las formas que el grupo escoja. Se debe hacer una perforación exactamente en el centro para poder fijarla con un tornillo a una base de madera o de metal.

El palo de escoba se entierra en el patio para sostener la base, de tal manera que todo el conjunto parezca una pequeña sombrilla. El hilo nailon, que se consigue en cualquier ferretería, se pasará unas siete u ocho veces de ida y vuelta, de extremo a extremo del arco de la segueta, lo más tenso posible. Así, en lugar de una segueta, tendremos un arco de hilos de nailon. La brea es una piedra parecida al ámbar que sirve, entre otras cosas, para ser untada en los arcos de los violines, violas, violonchelos, etc. y aumentar la fricción, lo que permite producir un mejor sonido. Hay de varios precios y calidades. Podemos encontrar una que nos sirva en una ferretería. La brea debe ser untada de manera generosa en el nailon de nuestro arco.

Rociemos un poco de sal o arena sobre la superficie de metal. Poco a poco, muy suavemente, friccionemos (raspemos) con el hilo de nuestro arco una de las orillas de la placa hasta conseguir una nota sonora. Se debe tener cuidado de rascar en un solo punto del lado de la placa sin moverse a otros sitios. El sonido que se escuche puede ser extremadamente agudo o muy grave, pero no importa el tono; al conseguirlo, independientemente de cuál sea, la sal se acomodará sobre la placa proporcionándonos bellísimas figuras. Al raspar en otro lugar conseguiremos un sonido distinto y observaremos un nuevo acomodo de la sal.

La figura cambia. Con la práctica seremos capaces de obtener hasta 30 figuras distintas, algunas verdaderamente hermosas, cada una asociada a un tono particular. Veamos a qué se debe esto. Más adelante proporcionaremos una técnica más precisa para obtener figuras ayudándonos con un dedo de la mano.

Al rascar con el arco el borde de la placa producimos ondas muy similares a las olas del agua, solamente que las nuestras viajan por un medio sólido. La altura de las ondas que hacemos es muy pequeña, de tal manera que a simple vista no podemos observar absolutamente nada. Este tipo de ondas provocan, como todos sabemos, que cada uno de los puntos de la placa suba y baje, de forma similar a como lo hacen las personas que hacen ‘la ola’ en un estadio de futbol. Cuando las ondas llegan al centro o a las orillas de la placa, regresan. Así, sobre superficie metálica, todas las ondas que van ‘chocan’ contra todas las que regresan. Todas contra todas. La palabra adecuada no es ‘chocar’, ya que ésta se emplea para objetos y las ondas no son precisamente eso. Al hallarse dos ondas de frente, ‘andando’ en dirección contraria, siguen su camino como si no existiera la otra, se atraviesan; muy diferente a lo que sucedería con dos automóviles. Pero en su encuentro las ondas producen cosas extrañas.

Una onda (específicamente un onda transversal, como las olas del agua, las sísmicas o las de nuestra placa) se encuentra conformada por partes altas y por partes bajas, denominadas crestas y valles respectivamente. Ya señalamos que en la superficie de la placa están ‘chocando’ ondas. Si una cresta de una onda que ‘regresa’ se encuentra de frente con un valle de otra onda que ‘va’, anulan el movimiento de la placa porque ‘jalan’ en dirección contraria, una para arriba y otra para abajo. Esto es, una ‘intenta’ levantar la placa y la otra bajarla, ninguna de las dos ‘gana’ y no hay movimiento. Lo que acabamos de describir es muy interesante porque tenemos dos ondas que se desplazan a la vez moviendo los puntos de la placa, sin embargo, algunos puntos del medio por el que viajan no se moverán. Pero cuando se encuentran cresta con cresta o valle con valle sucede algo muy distinto pues en ese caso se suman los movimientos, elevando o bajando con mayor amplitud el punto de la placa en que se produce el encuentro. En pocas palabras, si dos ondas se encuentran de frente pueden suceder dos cosas: que se sumen o que se resten. Si se suman, el movimiento crece, si se restan, el movimiento disminuye a tal grado que se puede anular, como sucede en nuestro experimento. Hemos creado ondas estacionarias.

La figura que nos proporciona la placa se debe a que las partes que están en reposo se quedan con la sal y las partes que vibran mucho la expulsan.

Sabemos que existen ondas de muy diversas formas. Podemos hacer ondas largas, cortas, chaparras o altas. Según como raspemos el arco en el borde de la placa obtendremos diversas ondas y haremos una figura particular. Por eso podemos hacer tantas figuras como queramos.

Suena bien, pero, ¿cómo conseguimos una sola forma de ondas?

La posición del arco al rascar, que es donde se producen las ondas, es fundamental para construir un tipo de figura. Algo que ayudará para obtener un solo tipo de onda será colocar un dedo (o solamente la punta de la uña) en un lugar específico de un lado de la placa. Generalmente, al raspar con el arco producimos varias formas de ondas a la vez. En los puntos donde una sola de ellas se anule para producir una figura, otra no lo hará, porque tiene características diferentes. En conjunto observaremos un brincoteo azaroso de la sal. Al colocar el dedo anulamos la mayoría de las ondas y sólo sobrevivirá una específica, justamente aquélla que provoca inmovilidad en el material en el punto fijo por el dedo y en otros más. De esta manera conseguimos figuras con mayor facilidad. Inicialmente, la posición del arco y del dedo tendrán que ser al azar, pero con la práctica sabremos perfectamente dónde colocarlos para obtener un tipo de figura. Lo más recomendable para iniciar es guiarnos con fotos: coloquemos el dedo haciendo un poco de presión donde se encuentre una línea con arena en cualquier foto  y rasquemos en la parte de la orilla que esté libre de arena.

¿Cómo se produce el sonido que proporciona la placa?

El sonido también es una onda, solamente que diferente a las olas del agua. Al hablar, nuestras cuerdas vocales vibran; la vibración se transforma en movimiento del aire, similar al tambor que ha sido golpeado. El ir y venir del cuero del tambor provoca que el aire se comprima y se expanda. Estas comprensiones y expansiones se transmiten en todas direcciones hasta que llega a nuestros oídos; así podemos escucharlas. Este otro tipo de ondas se denominan longitudinales, que junto con las transversales son las únicas dos que existen. Dependiendo de la rapidez con que se produzcan estas compresiones y expansiones será el tono. Si son muy rápidas, es un sonido muy agudo; si son muy lentas, uno grave.

Ya podemos imaginar lo que sucede en la placa. Sobre ella viajan ondas; dicho con otras palabras, vibra de abajo para arriba. Esta vibración consigue que el aire que la rodea, por tener contacto directo con ella, se contraiga y se expanda. Estas contracciones y expansiones viajan en todas direcciones fuera de la placa. Se ha formado una onda sonora. La velocidad de vibración se traduce en una onda particular, es decir un tono. No confundir esta velocidad con la velocidad a la que se desplaza la onda de un punto a otro de la placa; una cosa es la velocidad con que viaja la ‘ola’ de un extremo a otro en el estadio y otra la velocidad con que subimos y bajamos para formarla. Las ondas cortas sobre la placa (de poca distancia entre cresta y cresta) se traducen en vibraciones rápidas, sonidos agudos, como si nos levantáramos y agacháramos rápidamente en el estadio. Las ondas largas, en sonidos graves. Entonces ya sabemos que cada tipo de onda nos da una figura propia y un sonido particular.

Como las ondas cortas dan figuras con muchas líneas y las largas con pocas, una figura de sal muy ‘amontonada’ se ‘traduce’ en un sonido agudo; lo contrario, en uno grave.

La simetría de las figuras, que en buena parte tiene que ver con su belleza, es consecuencia de la geometría de la placa. Como nuestras placas son cuadradas o hexagonales, todas las figuras tendrán, por lo menos, dos ejes de simetría. En una placa hexagonal obtendremos figuras tan sorprendentes como en una cuadrada, pero en una de contornos irregulares difícilmente se apreciará algo armónico.

 

*Figuras realizadas por el autor. Fotos de Mario Mendoza Toraya, Museo de las Ciencias Universum, UNAM.

 

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