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Correo del Maestro Núm. 74, julio 2002

Mecánica cuántica para principiantes*

Claudia Hernández

Un día caluroso de verano, de esos que odiamos en el momento pero añoramos en épocas de lluvia o frío, estaba esperando a mi jefa en su oficina. Teníamos una de esas largas reuniones en las que se tratan asuntos por demás aburridos, pero necesarios. Como siempre ocurre, una reunión de última hora, que por supuesto ocurrió antes de la nuestra, dio como resultado un retraso de un poco más de 15 minutos. Ésta no era la primera vez que estaba en esa oficina, así que con todo derecho puedo decir que ya conocía el lugar tan bien como la palma de la mano. Harta de ver la misma pared, el polvo de las cortinas y la araña que ha estado en una de las esquinas desde hace meses, busqué algún objeto que, además de deleitar mi pupila, hiciera más corta la espera.

Comencé la búsqueda de ese artículo al más puro estilo Robocop, procurando no pasar por alto algún posible candidato. Tal como describen las películas de Hollywood el encuentro con el primer amor, pero sin los destellos y las campanas, apareció ante mí un libro cuya pasta incluía los colores más agradables, naranja, amarillo, verde, azul, cosa que era ya una ventaja considerando que todas las paredes de la oficina son blancas.

Como todas las personas, tengo costumbres, jamás puedo resistir la tentación de hojear los libros. Éste no podía ser la excepción, tenía que descubrir los misterios que tan espectacular combinación de papel, tinta y pegamento podría ocultar. El título era demasiado atractivo: Cuentos cuánticos y, además, nunca he leído algo de Sergio de Régules que no me deje con una sonrisa.

La introducción era especialmente familiar. El autor nos describe cuán divertidas pueden ser las frías mañanas de invierno dentro de los laboratorios de física de la Facultad de Ciencias. Aunque no soy física, ni tomé clases de laboratorio a las 7 de la mañana, recuerdo muy bien que a mí también me parecía que el Sol se burlaba de nosotros mientras en el transporte público terminábamos de alistarnos para procesar toda la información que nuestros profesores solían preparar para cada clase.

Todos aquellos alejados de la actividad científica están convencidos de que los científicos son genios a quienes las teorías se les ocurren mientras están sentados contemplando el paisaje y los golpea una manzana. Creer que las teorías se desarrollan de esta manera es lo peor que podemos hacer, porque no hay nada más fuera de la realidad. Nunca nos ponemos a pensar en el tiempo que trabajan las personas que saben para descubrir lo que saben. Tampoco imaginamos cómo llegan los grandes científicos a los resultados que no dejan de maravillar a todos nosotros. Ésa es una de las labores de este libro, contar la verdadera historia del desarrollo de una de las teorías más importante del siglo XX, la mecánica cuántica.

RÉGULES Ruiz-Funes, Sergiode.Cuentos Cuánticos.ADN Editores,Colección "viajeal centro de la ciencia", México, 2000

Contrario a lo que suele pensarse, la mecánica cuántica no se desarrolló únicamente en nuestro vecino país del norte. Las nacionalidades de los personajes que participaron son tan variadas como los colores en la portada del libro. Los hubo neozelandeses, austriacos, alemanes, daneses, franceses y más.

Seguro el primer nombre que se nos viene a la mente al pensar en la física del siglo XX es el de Albert Einstein. La realidad es que él no fue ni el primero ni el único en llevar a cabo esta teoría. Participaron algunos personajes completamente desconocidos y otros medianamente conocidos por nosotros, los ignorantes en este campo, como Max Planck, Niels Böhr, Ernest Rutherford, Werner Heisenberg, Robert Bunsen (inventor del mechero de Bunsen que tanto nos atormentó durante la secundaria) y hasta los príncipes Louis y Maurice De Broglie, de Francia.

Una de las cosas que más me gustaron del libro es que el autor relata las pasiones de estos hombres. Estamos acostumbrados a pensar en los científicos, especialmente los físicos, como hombres de lentes gruesos, batas blancas y una vida social inexistente; probablemente hay algunos así, pero la mayoría no se ajusta a esta descripción. ¿Cuántos de nosotros sabíamos cuánto le apasionaban los violines y los barcos a Einstein, o el piano y las excursiones a las montañas a Planck? A Böhr le encantaba el futbol; podemos leer incluso la anécdota que cuenta que siendo portero casi le meten un gol por estar escribiendo ecuaciones en la portería.

RÉGULES Ruiz-Funes, Sergiode.Cuentos Cuánticos.ADN Editores,Colección "viajeal centro de la ciencia", México, 2000

 

Aunque no todas las teorías se desarrollan por un acto de iluminación divina, hay ocasiones en que la suerte puede darles un empujoncito. ¡Imagínense aprovechar un incendio en el puerto de Mannheim para salir a la azotea con un espectroscopio y analizar la luz! Kichhoff y Bunsen estaban a sólo 15 kilómetros y no desaprovecharon esta oportunidad única, imposible de reproducirse dentro de un laboratorio.

La mecánica cuántica tuvo sus altibajos, como todo. La discusión sobre su carácter azaroso o no, terminó hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Formó parte de esta discusión la hipótesis de Schrödinger, un pobre gato metido en una caja que al mismo tiempo está vivo y muerto. ¿Podrían imaginar al pobre de Misifú en el interior de esa caja? ¿Sabían por qué Einstein dijo esa frase tan célebre que dice “Dios no juega a los dados”? La respuesta tiene que ver con esta discusión y también puede encontrarse explicada de manera divertida en el interior de esta obra.

Podría contar muchas cosas más sobre el libro, pero hacerlo sería como contarles el final de una película. Además de ser sumamente accesible, fácil de leer y razonablemente entendible, sin dejar de mencionar que no es caro, puedo decir que es sumamente ameno. Podemos encontrar varias discusiones entre el autor y el lector, e incluso una en la que interrumpe el propio Heinserberg para explicar uno de los misterios de la mecánica cuántica.

Este libro es como un maravilloso paseo por un parque donde podemos disfrutar de sonatas, violines, pianos, subeibajas, debates, amores y misterios. No me cabe duda de que es una obra ideal para responder a todas las preguntas que los principiantes nunca nos atrevemos a formular sobre esta importante teoría del siglo XX. Por cierto, no crean que todo esto lo averigüé mientras esperaba a mi jefa, la hojeada me sirvió para copiar la ficha bibliográfica, conseguir el libro y leerlo con calma en mis sesiones nocturnas de lectura.

*   Reseña del libro Cuentos cuánticos de Sergio de Régules Ruiz-Funes, ADN Editores, Colección “Viaje al centro de la ciencia”, México, D.F., 2000.

 

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