Un día caluroso de verano, de esos que odiamos en el momento
pero añoramos en épocas de lluvia o frío, estaba esperando
a mi jefa en su oficina. Teníamos una de esas largas reuniones
en las que se tratan asuntos por demás aburridos, pero necesarios.
Como siempre ocurre, una reunión de última hora, que por
supuesto ocurrió antes de la nuestra, dio como resultado
un retraso de un poco más de 15 minutos. Ésta no era la
primera vez que estaba en esa oficina, así que con todo
derecho puedo decir que ya conocía el lugar tan bien como
la palma de la mano. Harta de ver la misma pared, el polvo
de las cortinas y la araña que ha estado en una de las esquinas
desde hace meses, busqué algún objeto que, además de deleitar
mi pupila, hiciera más corta la espera.
Comencé
la búsqueda de ese artículo al más puro estilo Robocop,
procurando no pasar por alto algún posible candidato. Tal
como describen las películas de Hollywood el encuentro con
el primer amor, pero sin los destellos y las campanas, apareció
ante mí un libro cuya pasta incluía los colores más agradables,
naranja, amarillo, verde, azul, cosa que era ya una ventaja
considerando que todas las paredes de la oficina son blancas.
Como todas
las personas, tengo costumbres, jamás puedo resistir la
tentación de hojear los libros. Éste no podía ser la excepción,
tenía que descubrir los misterios que tan espectacular combinación
de papel, tinta y pegamento podría ocultar. El título era
demasiado atractivo: Cuentos cuánticos y, además,
nunca he leído algo de Sergio de Régules que no me deje
con una sonrisa.
La introducción
era especialmente familiar. El autor nos describe cuán divertidas
pueden ser las frías mañanas de invierno dentro de los laboratorios
de física de la Facultad de Ciencias. Aunque no soy física,
ni tomé clases de laboratorio a las 7 de la mañana, recuerdo
muy bien que a mí también me parecía que el Sol se burlaba
de nosotros mientras en el transporte público terminábamos
de alistarnos para procesar toda la información que nuestros
profesores solían preparar para cada clase.
Todos aquellos
alejados de la actividad científica están convencidos de
que los científicos son genios a quienes las teorías se
les ocurren mientras están sentados contemplando el paisaje
y los golpea una manzana. Creer que las teorías se desarrollan
de esta manera es lo peor que podemos hacer, porque no hay
nada más fuera de la realidad. Nunca nos ponemos a pensar
en el tiempo que trabajan las personas que saben
para descubrir lo que saben. Tampoco imaginamos cómo llegan
los grandes científicos a los resultados que no dejan de
maravillar a todos nosotros. Ésa es una de las labores de
este libro, contar la verdadera historia del desarrollo
de una de las teorías más importante del siglo XX, la mecánica
cuántica.
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| RÉGULES Ruiz-Funes, Sergiode.Cuentos
Cuánticos.ADN Editores,Colección "viajeal
centro de la ciencia", México, 2000 |
Contrario
a lo que suele pensarse, la mecánica cuántica no se desarrolló
únicamente en nuestro vecino país del norte. Las nacionalidades
de los personajes que participaron son tan variadas como
los colores en la portada del libro. Los hubo neozelandeses,
austriacos, alemanes, daneses, franceses y más.
Seguro
el primer nombre que se nos viene a la mente al pensar en
la física del siglo XX es el de Albert Einstein. La realidad
es que él no fue ni el primero ni el único en llevar a cabo
esta teoría. Participaron algunos personajes completamente
desconocidos y otros medianamente conocidos por nosotros,
los ignorantes en este campo, como Max Planck, Niels Böhr,
Ernest Rutherford, Werner Heisenberg, Robert Bunsen (inventor
del mechero de Bunsen que tanto nos atormentó durante la
secundaria) y hasta los príncipes Louis y Maurice De Broglie,
de Francia.
Una de
las cosas que más me gustaron del libro es que el autor
relata las pasiones de estos hombres. Estamos acostumbrados
a pensar en los científicos, especialmente los físicos,
como hombres de lentes gruesos, batas blancas y una vida
social inexistente; probablemente hay algunos así, pero
la mayoría no se ajusta a esta descripción. ¿Cuántos de
nosotros sabíamos cuánto le apasionaban los violines y los
barcos a Einstein, o el piano y las excursiones a las montañas
a Planck? A Böhr le encantaba el futbol; podemos leer incluso
la anécdota que cuenta que siendo portero casi le meten
un gol por estar escribiendo ecuaciones en la portería.
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| RÉGULES Ruiz-Funes, Sergiode.Cuentos
Cuánticos.ADN Editores,Colección "viajeal
centro de la ciencia", México, 2000 |
Aunque
no todas las teorías se desarrollan por un acto de iluminación
divina, hay ocasiones en que la suerte puede darles un empujoncito.
¡Imagínense aprovechar un incendio en el puerto de Mannheim
para salir a la azotea con un espectroscopio y analizar
la luz! Kichhoff y Bunsen estaban a sólo 15 kilómetros y
no desaprovecharon esta oportunidad única, imposible de
reproducirse dentro de un laboratorio.
La mecánica
cuántica tuvo sus altibajos, como todo. La discusión sobre
su carácter azaroso o no, terminó hasta bien entrada la
segunda mitad del siglo XX. Formó parte de esta discusión
la hipótesis de Schrödinger, un pobre gato metido en una
caja que al mismo tiempo está vivo y muerto. ¿Podrían imaginar
al pobre de Misifú en el interior de esa caja? ¿Sabían por
qué Einstein dijo esa frase tan célebre que dice Dios
no juega a los dados? La respuesta tiene que ver con
esta discusión y también puede encontrarse explicada de
manera divertida en el interior de esta obra.
Podría
contar muchas cosas más sobre el libro, pero hacerlo sería
como contarles el final de una película. Además de ser sumamente
accesible, fácil de leer y razonablemente entendible, sin
dejar de mencionar que no es caro, puedo decir que es sumamente
ameno. Podemos encontrar varias discusiones entre el autor
y el lector, e incluso una en la que interrumpe el propio
Heinserberg para explicar uno de los misterios de la mecánica
cuántica.
Este libro
es como un maravilloso paseo por un parque donde podemos
disfrutar de sonatas, violines, pianos, subeibajas, debates,
amores y misterios. No me cabe duda de que es una obra ideal
para responder a todas las preguntas que los principiantes
nunca nos atrevemos a formular sobre esta importante teoría
del siglo XX. Por cierto, no crean que todo esto lo averigüé
mientras esperaba a mi jefa, la hojeada me sirvió para copiar
la ficha bibliográfica, conseguir el libro y leerlo con
calma en mis sesiones nocturnas de lectura.
| * Reseña del libro Cuentos cuánticos
de Sergio de Régules Ruiz-Funes, ADN Editores, Colección
Viaje al centro de la ciencia, México, D.F.,
2000. |