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Correo del Maestro Núm. 74, julio 2002

El Proyecto Educativo y el Proyecto Curricular de un Centro escolar

Cipriano Olmos

Agradecemos al maestro Cipriano Olmos habernos enviado desde Barcelona este artículo, en el que fundamenta la necesidad de un Proyecto Educativo y un Proyecto Curricular para los centros de enseñanza y realiza una propuesta de cómo hacerlos. La Administración educativa española prescribe realizar estos proyectos, prevé que cada centro los tenga, aunque no son de obligado cumplimiento. Consideramos esta propuesta útil no sólo para las instituciones educativas españolas sino también para las de nuestro país porque propone una práctica más reflexionada y organizada en relación a fines educativos.

 

1. Introducción

El marco puramente teórico sobre la organización de los centros escolares, ya sean públicos o privados, establece que son el Proyecto Educativo (PEC) y el Proyecto Curricular (PCC) los documentos encargados de organizar y gestionar los principios educativos que han de presidir la acción docente.

El presente artículo no pretende estudiar exhaustivamente cada uno de ellos, tampoco establecer nuevas teorías sobre su misión o apartados que han de incluir. Hay mucha bibliografía que el profesorado puede consultar para tal efecto. Me limitaré por tanto a recordar qué entendemos por cada uno ellos, al tiempo que ofreceré a la comunidad educativa algunas normas prácticas, fruto de la reflexión, para su elaboración o revisión.

El consabido carácter teórico de los dos proyectos ya plantea las primeras dudas al maestro: ¿es importante hacerlos?, ¿para qué sirve reflejar en un papel lo que después será muy complicado llevar a la práctica?, ¿se trata sólo de un trámite ‘burocrático’ que la administración educativa  exige? Muchas veces se convierten en una faena pesada, pues se sale de la práctica habitual del profesorado, más centrado en su tarea diaria con los alumnos que en redactar una serie de normas e intenciones educativas.

Aunque como docentes podamos compartir algunos de estos planteamientos, creo que es importante que la escuela tenga una línea bien definida. La actividad educativa ha de estar caracterizada por un determinado grado de  intencionalidad, una serie de objetivos por cumplir y, ¿qué mejor manera de conseguirlos que planeando, sistematizando un esfuerzo conjunto? Probablemente nos costará su elaboración y redacción, pero hemos de lograr que todo ese conjunto de intenciones queden refrendadas por escrito.

No olvidemos que en la palabra ‘proyecto’ se esconde el verdadero dilema. No se trata de documentos que se hacen una sola vez y basta. No se les denominaría de esa manera si incorporaran la idea de ‘estar acabados’; más bien al contrario, son anotaciones en continua revisión, como la propia escuela, coma la propia sociedad, en definitiva, como la propia educación. Habrá por tanto que buscar dentro de los mismos unos mecanismos que faciliten su ejecución pero también su proceso de revisión y actualización.

2. El PEC y el PCC, ¿qué son?

Son dos proyectos diferentes con una característica común: marcar las líneas organizativas del centro escolar en una doble dinámica ideológica y didáctica, respectivamente. Los dos se complementan, los dos se necesitan, pero cada uno marca pautas de acción diferenciadas.

El Proyecto Educativo de Centro establece la línea ideológica por seguir. Las pautas de organización más inmediatas quedan reflejadas en sus componentes o anexos que detallaremos más adelante. Su elaboración, aprobación y renovación es competencia de toda la comunidad escolar. Padres, maestros, personal administrativo no docente, equipo directivo, alumnos si son grandes, etc... son los colectivos que reunidos en el denominado Consejo Escolar le han de dar formato, agilizarlo y ejecutarlo.

El Proyecto Curricular de Centro compete sólo a los técnicos en educación, a los profesores. Su aprobación y elaboración es exclusiva del Claustro. De este documento depende la metodología, los libros de textos que se escogen, los agrupamientos que hacemos con los alumnos, las salidas escolares, la distribución horas/materias o asignaturas por curso y un sinfín de aspectos que inciden directamente en la didáctica.

Cada comunidad escolar puede optar por copiarlos o adaptarlos de otro centro docente. Esto no sería genuino y por tanto nuestra escuela o instituto no tendría como base una verdadera personalidad educativa. Precisamente lo que se pretende con esos documentos no es crear centro escolares clonados, sino que cada uno, con base en las características de su alumnado, a las pretensiones de los padres o del grupo de profesores que allí desarrollan su docencia, esté dotado de una verdadera y singular idiosincrasia.

Algunas normas prácticas generales para su realización son:

• No confundirlos es muy importante. Saber cuándo se está trabajando en Proyecto Educativo o en alguno de sus componentes y cuándo estamos instalados en Proyecto Curricular es básico. Este matiz sirve sobre todo para delimitar parcelas de actuación de los diferentes colectivos que participen.

• Un error fundamental, no cometido a veces por  negligencia teórica sino por la imperiosidad de intentar solucionar rápidamente los posibles problemas, es redactar por ejemplo un Reglamento de Régimen Interno o distribuir asignaturas y cursos entre los profesores, perfilar una determinada metodología o elegir una serie de materiales por utilizar, sin haber discutido y consensuado previamente una verdadera filosofía educativa que haya de impregnar el resto de acciones.

Esta característica es más frecuente en la escuela pública. Las instituciones privadas, sobre todo las religiosas, ya parten de una base de identificación didáctico-ideológica bastante clara que marca su futuro. La escuela estatal, aunque pueda ser más laica, plural y abierta ha de fijar pronto (incluso antes que la realización del propio PCC) las ideas educativas que forzosamente habrán de presidir decisiones posteriores. Este aspecto siempre se recordará mediante escritos entre los padres, los profesores y los propios alumnos.

A partir de aquí la realización o renovación de los dos proyectos se ha de hacer siempre de forma paralela y simultánea. Sin agobios, en reuniones con poca gente, pero donde todos los colectivos implicados estén representados, con órdenes del día donde aparezcan pocos puntos por tratar, pero básicos e importantes. Procuremos encuentros donde no se haga pesado trabajar, donde se fije el tiempo para acabar y donde nos planteemos como mínimo llegar siempre a algún acuerdo importante.

3. Algunas precisiones sobre el Proyecto Educativo

Como se ha apuntado con anterioridad, es básico y primordial plantearse quiénes somos y qué pretendemos en el panorama educativo para nuestra escuela. Aunque sean sólo unas líneas en un folio o unos breves apuntes fruto de la reflexión conjunta, es necesario hacerlos para definirnos y acometer otras tareas organizativas.

Completan el Proyecto Educativo otros documentos como son: el Reglamento de Régimen Interno (RRI), la Programación General Anual (PGA), el Presupuesto y la Memoria.

A) ¿Qué sería de una serie de colectivos que han de trabajar juntos si no tuvieran establecidas por escrito unas pautas de conducta o de actuación? Ésta es la misión de Reglamento de Régimen Interno: crear la normativa aplicable a cada colegio. Estará referida, entre otros aspectos, a la elección o renovación de miembros del equipo directivo, a la de los representantes de los diferentes colectivos, funciones que pueden cumplir los padres, reglas disciplinarias aplicables en caso de conductas inadecuadas tanto de profesores como de alumnos, etc... Si la administración educativa hubiera emitido algún decreto referido a los derechos y deberes de los alumnos, éste se tendría en cuenta a la hora de fijar esa normatividad.

Para prevenir situaciones habituales que puedan derivarse de la cotidianeidad escolar, es de vital importancia que se redacte muy pronto y se revise a menudo.

En algunas escuelas se ha identificado el rri con la totalidad de Proyecto Educativo. Esto es falso. Se trata de un anexo de aquél, que toda escuela ha de tener listo en tanto comienza cada curso escolar.

•   Como es un documento que siempre ha de ser aprobado por el Consejo Escolar, su realización o revisión suele ser compleja si este organismo trabaja para ese fin con todos sus miembros a la vez.

Una norma práctica para tal caso sería discutir los diversos temas por incluir o renovar en pequeñas comisiones, donde como mínimo haya un representante de cada colectivo. La valoración final y sobre todo su aprobación se ha de hacer en el pleno de aquel órgano. Ésta es la forma más operativa de funcionar.

B) La Programación General Anual debería establecer todos los propósitos didácticos para el curso que comienza. Incorporará entre otras cosas los diferentes horarios de los profesores, alumnos, grupos y la ocupación de los espacios de la escuela. También marcará los planes generales de las materias o asignaturas y planes más específicos como el funcionamiento de la biblioteca, el tratamiento de la diversidad, las salidas o actividades complementarias; es decir, todo aquello que se pretenda realizar en el centro.

La PGA debería ser presentada al Claustro por el equipo directivo del colegio como mínimo unas semanas antes del inicio del curso. Si este órgano da su visto bueno, el director o directora informará al Consejo Escolar.

•   Como norma práctica pienso que esta Programación Anual se ha de comenzar a conformar cuando se está acabando el curso anterior. Durante el último mes, los profesores de un mismo nivel educativo o de un mismo departamento se han de reunir y han de marcar las pautas para el curso siguiente. La cuestión no está tanto en aquello que aparentemente nos preocupa más, como qué horario tendré, qué asignaturas daré o con qué tipo de alumnos me tocará ‘batallar’.

Sin dejar de reconocer que eso es importante, también lo es reflexionar sobre las actividades que pretendamos hacer, la metodología que queremos implantar; en definitiva, las propuestas que hacemos para el curso siguiente con base en lo que nos ha salido bien y lo que sería recomendable cambiar.

De esta forma el equipo directivo a la hora de realizar la PGA tendrá muchos elementos de reflexión para elaborarla.

Mención especial en este apartado merecen las actividades escolares que se programan para realizar con los alumnos fuera del Centro. Siempre que sean complementarias al ejercicio de una correcta docencia dentro de un área determinada y para evitar problemas innecesarios al profesorado (por ejemplo cualquier accidente o pequeña lesión de alguno de los alumnos) sería importante que el Consejo Escolar las aprobase. Si no es posible hacerlo al principio del curso, un poco antes de que se realicen. El máximo organismo de la escuela siempre ha de dar el visto bueno a todo aquello que traspone los límites físicos de la misma.

C) Controlar los gastos e ingresos que tiene una institución escolar es una aspecto puramente técnico, que se aparta de la didáctica, pero básico para establecer una correcta y viable realización de las actividades escolares. El presupuesto, otro anexo del PEC, ha de ser confeccionado por el secretario del centro y aprobado por el Consejo Escolar al principio del curso. Debería incluir, entre otros, los posibles gastos que generan la compra de material fungible, los precios de las salidas escolares, etc... y como ingresos, desde las diferentes cuotas que puedan pagar los alumnos (colegios privados), hasta las partidas presupuestarias que conceda la administración estatal en las escuelas públicas.

•   Hablar de dinero, al menos en la enseñanza pública, muchas veces significa movernos en ‘el arte de administrar la miseria’. Siempre asistimos a momentos de desánimo entre los profesionales que piden tal o cual material para el ejercicio correcto de una didáctica determinada y nunca llega el presupuesto.

Como norma práctica, los profesores de un mismo nivel o asignaturas afines han de hacer sus pedidos del modo más realista posible, pero sobre todo pensando en listas de materiales que serán utilizados por el mayor número de alumnos, grupos y docentes. Recursos excesivamente técnicos o sofisticados, que responden a los criterios de un solo profesor, no deberían ser prioridad para las demandas de un colectivo.

Todas estas cuestiones se han de incluir en el presupuesto desde el principio. Ser insistentes en cada curso con un material nunca concedido, puede ser positivo; incluso endeudarnos levemente en algún momento no suele ser una práctica excesivamente peligrosa... Al final, siempre suele salir alguna solución para saldar las deudas de los maestros.

 

D) Cuando al final de un curso la administración educativa exige del Centro toda una serie de estadísticas referidas a situaciones varias como el nivel adquirido por los alumnos, el grado de asistencia del profesorado y un sinfín de aspectos más burocráticos que docentes, se suele redactar un informe que denominaríamos memoria y que suele ser un azote terrible para los equipos directivos encargados de realizarlos.

No es esta la ‘memoria’ idónea para incluirla como anexo del pec. Hablamos más bien de un documento que analiza todas las actividades y planes parciales que a lo largo del curso se han realizado.

•   Como norma práctica lo ideal no es esperar al final del curso para hacer balance de lo que ha salido bien o mal. Con el paso de los meses  una actividad o experiencia hecha en el primer trimestre pierde su perspectiva de realización si se ‘analiza’ demasiado tarde. Cada equipo de profesores que ha compartido esas experiencias o ha puesto en práctica determinadas actividades en grupo, al acabarlas, se las debe ‘juzgar’.

Conviene recordar que este tipo de memoria tiene un doble valor retroactivo. Al analizar nuestra propia dinámica docente sabremos lo que conviene repetir en el curso siguiente o lo que hemos de cambiar. En definitiva, lo que estamos haciendo no es nada más que plantearnos la renovación del PCC.

De forma directa, también se está revisando el PEC, pues estas propuestas seguramente incidirán en la elaboración de uno de sus anexos comentados anteriormente: la PGA.

4. Sobre el Proyecto Curricular de Centro

Realmente hablamos de un documento largo, que no se hace durante un curso escolar, sino que se va realizando con el paso de los años, que en definitiva confiere al Centro la verdadera personalidad educativa comentada anteriormente y que en teoría lo diferencia del resto de escuelas.

Teóricamente se podría hablar de un PCC que está bien encaminado cuando un Claustro es capaz de ir dando respuestas progresivas a las siguientes preguntas:

• ¿Qué enseñar?

• ¿Cuándo enseñar?

• ¿Cómo enseñar?

• ¿Qué, cuándo y cómo evaluar?

• ¿Qué soluciones damos a la diversidad presente entre los alumnos?

• ¿Cómo tratamos las tutorías y la orientación?

Son tantas las posibles respuestas y tan complejas, que podrían ser objeto de un estudio más pormenorizado o fuentes de análisis más profundo en otros artículos. Intentaremos resumir lo más destacable de cada una de ellas.

A) Qué enseñar significa plantearse los objetivos y contenidos que pretendemos llevar a cabo en cada materia escolar a lo largo de las diferentes etapas educativas de que disponga el centro en cuestión.

•   Aunque es una labor del Claustro, como todo el PCC, una norma práctica mucho más operativa, como en otras tantas ocasiones, sería que los grupos de maestros de un mismo nivel educativo llegasen a consensuar área por área aquellos mínimos imprescindibles de las mismas.

Hablamos de aquellos contenidos indispensables que aseguran una admisible calidad de las asignaturas, tanto desde el punto de vista del docente que las ha de impartir como de la adquisición de conocimientos fundamentales que los alumnos, dependiendo de la edad, tengan que recibir.

B) A la pregunta cuándo enseñar se responde con la secuenciación de aprendizajes que han de recibir los alumnos. Hablamos de una secuencia doble: la de los propios contenidos y la temporización de los mismos.

•   Como siempre, lo ideal es trabajar en pequeños grupos de profesores reunidos por nivel o departamentos. Los encuentros para tal efecto se pueden suceder cada mes aproximadamente o siempre que se quiera prever el tiempo que se va a emplear en grandes unidades de trabajo que puedan afectar a un pequeño colectivo de docentes.

Como cuestión práctica, los maestros se han de dejar llevar por la lógica de planificar primero los contenidos más elementales, simples y fáciles para los alumnos, hasta llegar a los más complejos y complicados. Se trata simplemente de secuenciar con un método inductivo basado en nuestra experiencia.

La temporización también es básica. Una buena programación docente siempre ha de partir de una buena estructura del tiempo dedicado a las actividades por realizar. El PCC ha de establecer grandes espacios horarios para llevar a cabo las diferentes disciplinas escolares; en este sentido, el hábito de respetar los tradicionales trimestres se me antoja muy válido.

Si hablamos de alumnos pequeños (parvulario, ciclos iniciales, etc.) que requieren una docencia globalizada, el grupo de maestros programará grandes unidades didácticas. La distribución de las mismas durante todo el ciclo será a razón de dos o tres semanas para cada una, cuidando mucho no repetir siempre el mismo tipo de actividades.

Si hablamos de ciclos superiores o de enseñanza secundaria, es muy importante establecer una secuencia de contenidos para trabajarla a lo largo de los diferentes cursos. Sería lo que denominaríamos programación vertical y nos debería asegurar en los alumnos conocimientos y procedimientos mínimos en esas materias. De no existir este trabajo de programación, se podría dar el caso de que los chicos y chicas estudiasen determinados acontecimientos históricos o culturales  sin ningún sentido hasta tres o cuatro veces a lo largo de una misma etapa escolar.

C) Disponer de buenos principios pedagógicos suele ser la respuesta a la pregunta cómo enseñar. Metodología no sólo significa saberse posicionar delante de los alumnos en función de su edad, lleva implícitos otros elementos como los materiales y recursos que se usan en la didáctica, los planteamientos que se hacen de las diversas actividades de evaluación y de aprendizaje, etcétera.

No podemos dejar de anotar que muchas veces las cuestiones metodológicas caen en el personalismo docente. Esto no es malo, no vamos ahora a negar la magnificencia de la denominada ‘libertad de cátedra’, pero no olvidemos que el trabajo docente sigue siendo por encima de todo una labor de equipo, aunque a menudo nos cueste recordarlo y aceptarlo.

•   La norma práctica a este apartado es muy simple: Reflexiones en grupo de los cuatro o cinco maestros de un mismo nivel educativo. No se trata de reducir la didáctica de los unos a los otros, ni tampoco se ha de ver como la pérdida de personalidad docente individual en pos de un trabajo grupal. Por encima de todo, hemos de pactar no hacer planteamientos contradictorios.

No puede ser que los maestros de un sector de la escuela fomenten su método en continuas experimentaciones, en el uso de nuevos materiales didácticos, de aportaciones pedagógicas novedosas, de continuas salidas escolares para trabajar in situ aquello que se predica en el aula, mientras que otro sector continua anclado en el teoricismo, en la repetición año tras año de los mismos ejercicios. Es importante llegar a un consenso y a actuaciones comunes.

Probablemente donde más se observa que todos los profesores de un mismo Centro hablan y llegan a acuerdos sobre metodología, es en los materiales y recursos que se escogen para luego ser utilizados por los alumnos. De cara al exterior, concretamente a los padres, éste es un referente siempre muy comentado. Las diferentes comunidades de docentes tendrían que poner un especial énfasis en consensuar por ejemplo si se trabaja con fichas o con libretas, si se utilizan fotocopias o se les exige un libro de texto, si pedimos materiales muy novedosos y técnicos o con los más elementales y tradicionales nos conformamos.

La pregunta múltiple qué, cuándo y cómo evaluar es todo un gran tema que debe responderse convenientemente. La cuestión de la evaluación, vista en la doble dinámica de revisar el propio proceso de la docencia y examinar los aprendizajes conseguidos por los alumnos es tan importante que resultaría inverosímil tratarla de forma tan resumida; pero no por eso ha de dejar de tener un apartado especial en el PCC.

•   Tan sólo me gustaría resaltar una cuestión práctica. La evaluación se ha de atender siempre como un proceso más para que el alumno siga aprendiendo. Mediante la práctica de la misma los niños y jóvenes han de continuar consolidando aprendizajes. El profesor, al menos hasta secundaria, ha de dejar de pensar que esta práctica sólo sirve para ‘juzgarlos’ o para compararlos con el resto del grupo.

De este discurso, que puede ser muy teórico, se desprende una metodología que tendrían que poner en práctica muchos maestros de la misma institución para que se consolide y para que los mismos alumnos lo entiendan.

Insistiremos con ejemplos prácticos en próximos artículos sobre este interesante apartado.

D) De la misma forma las preguntas pendientes, referidas a la diversidad y la tutoría, requieren mucho más espacio y tiempo para poder reflexionar convenientemente sobre ellas. Todos los acuerdos que se tomen al respecto hay que expresarlos en el PCC.

La existencia de diferencias individuales en el mundo de alumnado crea un gran problema que el Claustro ha de resolver: ¿cuándo un alumno es catalogado de educación especial?, ¿qué diferencias existen entre una ‘supuesta’ necesidad educativa especial y una ordinaria? Las respuestas en metodología, el trabajo con educadores especiales o la simple ubicación de estos alumnos en diferentes espacios de la escuela ya crea toda una casuística bastante difícil de resolver.

Por último, la elección del tutor o la tutora de un grupo de alumnos para todo un curso escolar no está exenta de ciertos riesgos. Normalmente todo docente, por el perfil de su formación, está catalogado mejor para unas disciplinas escolares que para otras. La responsabilidad de dinamizar un grupo, de contactar con los padres, de tutorizar individualmente, etc... se escapa de las posibilidades del maestro y por tanto se crea el dilema de qué persona es la más adecuada para tal o cual grupo.

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