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Correo del Maestro Núm. 75, agosto 2002

Periodismo, poesía, crítica y censura a fines del Virreinato*

Celeste Flores Cartwright

Los últimos años del virreinato en la Nueva España fueron un periodo difícil para la producción literaria; sin embargo surge la Arcadia de México cuando en España la literatura se encontraba en franca decadencia. La literatura de esta época no ha sido muy explorada ni interpretada por los investigadores literarios, pero, María del Carmen Pérez Hernández pacientemente busca y encuentra que en el Diario de México se da a conocer la Arcadia, reconocida como una precursora del neoclasicismo literario en la Nueva España.

¿Qué es la Arcadia de México?

Es una asociación o academia literaria que en el ocaso del virreinato (1805-1812) presenta su producción poética en el Diario de México y llamó la atención porque acogía a un grupo de poetas poco conocidos, cuyos escritos eran censurados.

La Arcadia de México se fundó como émulo de poetas, para reproducir los patrones de la Academia de los Árcades de Italia y la Escuela Salmantina del siglo XVIII. Estas asociaciones a su vez estuvieron inspiradas en la arcadia griega.

Debido a la escasez de referencias sobre la Arcadia, no ha sido posible indagar el domicilio en el que se ubicaba, sus normas de inscripción y sus fines concretos, pero sondeando la poesía arcádica se evidencia que los árcades se acoplaron con la tendencia literaria del neoclasicismo. Tampoco existen muchos estudios que exhiban el carácter peculiar que dicha corriente tuvo en la Nueva España; es menester continuar revisando la producción poética contenida en la correspondencia de los escritores.

En la Nueva España sólo un grupo específico de la sociedad (varones españoles y criollos) tenía permitido el acceso a la educación superior. El virreinato se caracterizaba por un régimen social sustentado en una jerarquización racial que excluía de la educación a las clases menos privilegiadas que además eran explotadas. Algunos misioneros erigieron escuelas para los indios como El Colegio de San Francisco de México y el de Santa Cruz de Tlatelolco. Los colonizadores temían que los indígenas y las clases populares recibieran educación superior, motivo por el cual estas instituciones se transformaron en escuelas primarias. La mayor parte de la población era analfabeta y así permaneció casi hasta el final de la Colonia.

En estas circunstancias, con la anuencia del virrey Iturrigaray —a quien dedican el primer número del Diario—, el 1º de octubre de 1805 dos renombrados abogados —don Jacobo de Villaurrutia y don Carlos María de Bustamante— empiezan a editar el Diario de México, primero en su género cotidiano. El periodismo regular no había podido establecerse desde sus inicios en 1539; se publicaban las hojas volantes (páginas sueltas que aparecían irregularmente, en las que se informaba sobre los sucesos relevantes y se daba gran importancia a lo sucedido en el exterior). Fueron remplazadas por las Gacetas. Posteriormente se editaron La Gaceta de México y el Diario Literario de José Antonio Alzate, pero ninguno permanecía estable.

Los editores del Diario de México redactan su propuesta de contenido y anuncian que el objetivo inicial es cubrir la demanda informativa popular y realizar una labor social de comunicación que promoviera el progreso de la capital novohispana. Otra finalidad consistía en facilitar el ejercicio del ingenio de aquellos que empiezan a hacer sus ensayos para que se aplicaran mediante la enmienda de sus defectos y posteriormente apreciaran sus progresos literarios. Se publicaban noticias y anuncios gratuitos. Este medio fomentó la afición por la lectura con artículos llamados de “varia lectura” —en los que también se incluía información política de Europa. Se anunciaba la disponibilidad del Diario para recibir las composiciones que le fueran remitidas.

Sin embargo, los colaboradores tuvieron que ajustarse a los principios que el régimen gobernante exigía a la prensa.

Dada la marcada imposición religiosa, se publicaban los avisos concernientes al culto católico y todo asunto relativo al bien de la sociedad; informaban sobre los adelantos de la ciencia y de la economía privada y doméstica, y acerca de las subastas y almonedas; se ofrecía una sección de anuncios particulares para compraventa, pérdidas y hallazgos, y hasta anuncios de solicitud de empleo o colocación de ‘criados’ (servicio doméstico).

En abril de 1808, en las páginas del Diario, José Mariano Rodríguez del Castillo informó sobre la fundación de la Arcadia de México, e hizo una invitación extensiva a los poetas que colaboran en el periódico para que se integren a la asociación.

Para firmar sus colaboraciones, los miembros de esta asociación recurrían a anagramas, semianagramas y seudónimos alusivos a personajes griegos como Delio, Damón, Anfriso y Amintas, de manera que no era fácil identificar a los autores. Asimismo, utilizaban iniciales, apodos o seudónimos femeninos. Entre los árcades más destacados había religiosos como fray Manuel Martínez de Navarrete, quien fungió como mayoral de la Arcadia y firmaba como Nemoroso o Silvio.

Por su ingenio y extravagancia, incluimos algunos ejemplos de entre los muchos mencionados por María del Carmen Pérez, que fueron identificados de acuerdo con el catálogo de la Hemeroteca Nacional:

Nombre o semianagrama Seudónimo o anagrama
Mariano Albano Barazabal El Árcade Anfriso
Bárbara Lazo Manai BarbaritaMaría Bazán
Agustín Pomposo Fernández
De San Salvador
Mopso
Mopso Mexicano
Juan María Lacunza AznucalEl Inglés LaunzacEl Inglés ZanlucaLaunzac
José Manuel Sartorio PartenioTorsario
Francisco Uraga Dr. AguarAguar
Antonio Salgado Atonsalniogado

 

El árcade que se firmaba Mr. Arezi escribió en un aniversario del periódico versos alusivos como:

En fin el creador eres

de esta feliz Arcadia.1

¿Cuáles eran los temas de la poesía arcádica?

Los árcades mexicanos se ocuparon de cinco géneros poéticos: el bucólico, el amatorio, el religioso, el satírico y el político (a partir de 1808).

Poesía bucólica y oda anacreóntica

El carácter bucólico de estos poetas intenta conservar las huellas de la poesía pastoril de humanismo renacentista al estilo de Garcilaso de la Vega.

En este contexto fray Manuel Martínez de Navarrete alude a temas como la primavera, la mañana, etcétera. Se une a este género la variante de la composición anacreóntica que de manera breve y abstracta canta al esplendor sensual y la exaltación de los sentidos. En ella se menciona el rítmico correr de los arroyos, los movimientos de una danza; el colorido floral, paisajes típicos, la ternura de las aves y las caricias de quienes se aman, así como otras características de la población colonial: los currutacos, los recetantes, la pirraquita, los planchados, el payo, el lépero y los ‘manojitos’ mexicanos, catalogados como gente que por su miseria debían vivir a expensas de los demás; los ‘semimanojitos’ son descritos como altaneros, criticones y arribistas que se acomodaban al amparo de las personas que gozaban de prestigio social y sacaban provecho de éstos. Se ponderan las bondades del vino en alegres reuniones y existe una marcada tendencia a la expresión de vocablos en diminutivo.

La oda anacreóntica se aceptó en la Nueva España como una moda, y aludía en su temática tanto a los productos de consumo alimentario como a los fermentos de las bebidas nacionales como el pulque.

Así lo muestra el siguiente fragmento de José María Moreno, aunque se desconoce si fue miembro de la Arcadia:

Si el vino se ha acabado,

dadme pulque, mancebo;

también el pulque es don

del gran padre Lieo.

¿No ves cómo se me hinchan

las venas al beberlo?

¿Cómo se enciende el rostro,

cómo me late el pecho?

Pues advierte ora en mi alma

un entusiasmo nuevo,

cual no inspiró jamás

la trípode de Febo.2

También se describen en este género la geografía nacional y lugares propios de la ciudad.

Poesía amorosa

Pasando por alto réprobos y protestas, los árcades hacen eco del sentir poético amoroso que se desarrolla profusamente, pero los mismos árcades se rebelan ante tal abundancia. Mariano Barazábal se manifiesta con una serie de fábulas para expresar su descontento.

¡Árcades, esta fábula os escribo,

para que corrijamos la manía

de hablar sólo de amor en la poesía;

es fecundo, sensual, pero nocivo.3

Poesía religiosa

La poesía religiosa de los árcades mexicanos está eminentemente dedicada a la Virgen de Guadalupe —y a San Felipe de Jesús, aunque también incluye a la Virgen de los Remedios, patrona de los españoles—; fue un tema recurrente en la literatura mexicana durante los tres siglos de colonización. El Diario publicaba composiciones dedicadas a la patrona de México a quien se adopta como símbolo patriótico, lo cual apuntaló abiertas protestas por parte del bando realista.

Francisco de la Maza expone que tanto el guadalupanismo como el arte barroco son las únicas manifestaciones genuinas de aquel ayer mexicano, que establecían una diferencia con España y el resto del mundo. Eran como el espejo en que se miraba el hombre novohispano para descubrirse y reafirmar su identidad.

Se publica un soneto de Magdaleno Osio, ex jesuita de Guanajuato que, posiblemente radicado en Roma tras la expulsión de 1767, compuso un soneto que fue traducido posteriormente del italiano por el Br. José Manuel Sartorio. En el soneto se menciona a María Madre de Dios bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe y el amor que siente por los indígenas. El poema alude a la figura estampada en la tilma de Juan Diego como una obra realizada por el Ser Supremo. La traducción del soneto dice:

De Guadalupe aquella imagen bella,

Que México venera allá pintada,

De estrellas, y de rayos adornada,

Modesta y graciosísima doncella.

¿Qué imagen es? Divina copia es ella

De la madre de Dios, que penetrada

De un dulce amor al darse retratada,

Estas voces parece que destella:

¡Indios queridos, ved en este encanto

La hermosa prensa de un amor materno,

Que a todo el orbe llenará de espanto!

¿Quién lo asegura así? mi labio tierno:

¿Quién concibió el diseño? el amor Santo:

¿Quién lo pintó después? el Dios eterno.4

Antes de continuar con la poesía satírica es pertinente mencionar algunas consideraciones con respecto al guadalupanismo, ya que hoy por hoy, en agosto de 2002, no sólo permanece vigente, sino que ha ostentado un regio escaparate de dimensiones expectantes, con la inscripción de Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el Libro de los Santos, declarada por el papa Juan Pablo II en la nueva y moderna basílica guadalupana.

¿Existe en el mexicano actual un verdadero sustrato espiritual, es tradición, un acto de fe o sólo la marcada tendencia nacional de estar en constante festival, sea futbol o evento religioso?

Un noticiario televisivo lanzó dos preguntas de encuesta para el público. Asisten a los eventos religiosos: a) ¿por ir a la fiesta? o b) ¿como un acto de fe? La respuesta con mayor porcentaje fue la correspondiente al inciso a.

El tema guadalupano permanece y se afianza no sólo en la poesía y en la música. Acapara los medios de comunicación. Se han acuñado para comercialización monedas conmemorativas de plata con la imagen guadalupana y la de Juan Diego al reverso, o de la guadalupana y el Papa. Algunas las obsequia una estación radiofónica en la adquisición de los discos compactos que promueven la música de la radiodifusora. Los boletos de la Lotería Nacional imprimieron su emisión en honor de la quinta visita del Papa con motivo de la canonización del indígena cuya imagen comercial también estuvo disponible para la demanda pública en las inmediaciones de la basílica. La cuestionable figura del nuevo santo aparece estampada en diversos artículos tan inverosímiles como chuscos: mini estandartes, playeras, globos, ceniceros, maletas, gorras, tarros y tazas (no jarros); platones, carpetitas y cobertores.

El trasfondo actual del auge guadalupano es ¿religioso, histórico, mítico, político o diplomático, o la conveniente combinación de varias de estas posturas?

Sin duda hay guadalupanismo para rato; continúa siendo un tema muy vasto y debatible entre creyentes, agnósticos y escépticos.

Poesía satírica

No se cuenta con abundantes referencias en esta corriente poética en la que destaca el tema de la sociedad novohispana de los primeros años del siglo XIX, pero se cuenta con material suficiente para apreciar el fino ingenio con que se abordan las típicas figuras del momento, haciendo patentes sus virtudes, vicios, debilidades y defectos. Se satiriza a médicos y boticarios; abogados, escritores, panaderos y miembros de diversas profesiones y toda clase de empleos; así aparece en el Diario en 1806 la primera composición del más importante de los poetas satíricos, don Anastasio de Ochoa y Acuña:

¿Con una tinta que venden

exquisita en el Portal,

dizque se curan de su mal,

los que de cisnes se ofenden,

y que ser cuervos pretende

con presunción extremada?

—No sé nada.

¿Dizque es el gasto crecido,

que hacen hombres y mujeres

en perfumes y alfileres;

y de la coqueta, ha habido

mil quejas, porque ha subido

el precio de la pomada?

—No sé nada.

¿Y del Parnaso una espía

dizque avisó que en el Diario

se encontró más de un plagiario

que lucirse pretendía

con lo ajeno que cogía,

siempre la boca callada?

—No sé nada.5

El público lector disfrutaba reconocer a más de una personalidad del cuadro social del virreinato, en las caricaturas festivas que se publicaban. Por la picardía de este género pronto fue censurado y restringido.

Poesía política

Esta variante literaria alcanza su culminación precisamente de 1808 a 1810, durante la invasión napoleónica a la Península Ibérica, y marca el inicio de este tipo de composiciones. La aversión de Fernando VII por Napoleón era manifestada por los realistas en la Nueva España que reprochaban a los insurgentes de ser partidarios de Bonaparte. Los miembros de la Arcadia fueron quienes tomaron la delantera para expresar la ideología y el controvertido sentir político.

Los miembros de la Arcadia aprovechaban esta situación para desarrollar también la “poesía de circunstancia” que giraba en torno de los acontecimientos políticos del momento: la denigración de la imagen de los hermanos Bonaparte y posteriormente aluden al movimiento de insurrección. No se hace esperar la censura por parte del virreinato y los árcades se dan a la tarea de enaltecer las glorias del ejército español, presentando a Hidalgo y sus seguidores como herejes. El conde de Colombini escribe lo siguiente:

Vosotros que habéis hecho maravillas

de valor, patriotismo, y de constancia,

derrotando las fuerzas y arrogancias

de los viles Hidalgos y Costillas.6

Sin embargo, otros autores independientes publicaron composiciones dedicadas a la patria como Dieciséis de Septiembre o A la heroica salida (del benemérito José María Morelos por entre el ejército sitiador de Cuautla Amilpas). Por supuesto que los autores fueron encarcelados.

¿Fue importante la Arcadia para la literatura mexicana?

María del Carmen Pérez Hernández considera injusto el trato que le da la crítica a la Arcadia de México, ya que pese a la censura y demás vicisitudes, sus miembros perseveraron en el trabajo literario en una etapa de grandes disturbios políticos en la nación. Su trabajo era catalogado como mediocre, pueril y raquítico a pesar del afán de depuración literaria que atendía la calidad de su obra.

De pronto y sin el mayor miramiento, el mismo virrey Iturrigaray, que autorizó la publicación del Diario lo prohibió tajantemente, ya que advirtió que a través de sus páginas se develaba un fondo revolucionario.

El ánimo aguerrido de Don Jacobo de Villaurrutia, uno de los fundadores del periódico, no decayó y tras intensa lucha continuó con la publicación aunque era imposible mostrar simpatía abierta hacia el movimiento de independencia. Sin embargo, los censores virreinales llegaron a pasar por alto algunas composiciones anónimas que veladamente trataban de apoyar a los insurrectos. Se escribía con disimulo y cautela para no correr el riesgo de encarcelamiento. De esta manera al menos se estaba sembrando la semilla de la libertad de imprenta como base de la ilustración pública, pese a toda censura y represión, y sus páginas quedaron como testimonio para la posteridad.

Dentro de la vasta producción arcádica resalta la presencia sincrética en las fábulas que el Diario de México publicó, tales como El águila y los zopilotes de Joaquín Conde; El nebli y el guajolote y El Cenzontle de Mariano Barazábal, entre algunas otras.

Alfonso Reyes expresa que tanto los árcades como los demás neoclásicos intentan una restauración del gusto literario que, por los resabios del culteranismo, manifiesta cierta elegancia de estilo que integra vivos toques en la monotonía del gris académico y son peculiaridades de esta producción poética considerada por varios de los críticos como vacua y prosaica.

La Arcadia de México. La primera asociación literaria del país es una lectura muy atractiva que los maestros de educación básica, media y superior podrán disfrutar con sus alumnos, ya que en la Arcadia de México está plasmado un sabor especial y nostálgico de la idiosincrasia nacional que nos traslada a conocer el pensamiento de nuestros antepasados.

La poesía arcádica describía las tradiciones religiosas mezcladas con los ritos autóctonos de aquellos tiempos. Ahora, en el siglo XXI, se presenta una clara réplica —¿o rescate?— de esta modalidad. ¿Qué opina el pueblo mexicano actual en relación con la mixtura religiosa ritual que se manifestó recientemente durante el acto litúrgico de la beatificación de los mártires (¿?) oaxaqueños Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?

Fue desconcertante observar una parafernalia —por lo inusual de tal práctica dentro de los recintos religiosos católicos urbanos—, en la que indígenas oaxaqueños suntuosamente ataviados con trajes regionales, limpiaron los cuatro puntos cardinales con ramas e inciensos alrededor de Juan Pablo II.

1 Diario de México, T. IX, núm. 1102, 6 de octubre de 1808, p. 399. En adelante todas las citas del Diario…, son tomadas de María del Carmen Pérez Hernández, La Arcadia de México. La primera asociación literaria del país, México, upn, 1996 (Colección Educación, 7), (p.55), cuya página correspondiente aparecerá entre paréntesis al final de cada nota.
2 Ibid, T. II, núm. 131, 8 de febrero de 1806, p. 153. (D.J.M.M.) -José María Moreno es un poeta identificado por Jorge E. Ruedas de la Serna en su tesis Contribución al estudio del nacionalismo literario en México, p.59. (p. 73).
3
Ibid, T. IX, núm. 1950, 15 de agosto de 1808, p. 185. (p. 86).
4
Ibid, T. I, núm. 72, 11 de diciembre de 1805, p. 315. (p. 90).
5
Ibid, T. III. núm. 229, 17 de mayo de 1806, p.69. (p. 95).
6
Ibid. T. XIV, núm. 1961; 14 de febrero de 1811, p. 177. (p. 104).
*Reseña del libro de María del Carmen Pérez Hernández, La Arcadia de México. La primera asociación literaria del país. México, upn, sep, Correo del Maestro, 2000. (Colección Educación, 7).

 

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