Los últimos años del virreinato en la Nueva España fueron
un periodo difícil para la producción literaria; sin embargo
surge la Arcadia de México cuando en España la literatura
se encontraba en franca decadencia. La literatura de esta
época no ha sido muy explorada ni interpretada por los investigadores
literarios, pero, María del Carmen Pérez Hernández pacientemente
busca y encuentra que en el Diario de México se da
a conocer la Arcadia, reconocida como una precursora del
neoclasicismo literario en la Nueva España.
¿Qué
es la Arcadia de México?
Es una asociación
o academia literaria que en el ocaso del virreinato (1805-1812)
presenta su producción poética en el Diario de México
y llamó la atención porque acogía a un grupo de poetas poco
conocidos, cuyos escritos eran censurados.
La Arcadia
de México se fundó como émulo de poetas, para reproducir
los patrones de la Academia de los Árcades de Italia y la
Escuela Salmantina del siglo XVIII. Estas asociaciones a
su vez estuvieron inspiradas en la arcadia griega.
Debido a
la escasez de referencias sobre la Arcadia, no ha sido posible
indagar el domicilio en el que se ubicaba, sus normas de
inscripción y sus fines concretos, pero sondeando la poesía
arcádica se evidencia que los árcades se acoplaron con la
tendencia literaria del neoclasicismo. Tampoco existen muchos
estudios que exhiban el carácter peculiar que dicha corriente
tuvo en la Nueva España; es menester continuar revisando
la producción poética contenida en la correspondencia de
los escritores.
En la Nueva
España sólo un grupo específico de la sociedad (varones
españoles y criollos) tenía permitido el acceso a la educación
superior. El virreinato se caracterizaba por un régimen
social sustentado en una jerarquización racial que excluía
de la educación a las clases menos privilegiadas que además
eran explotadas. Algunos misioneros erigieron escuelas para
los indios como El Colegio de San Francisco de México y
el de Santa Cruz de Tlatelolco. Los colonizadores temían
que los indígenas y las clases populares recibieran educación
superior, motivo por el cual estas instituciones se transformaron
en escuelas primarias. La mayor parte de la población era
analfabeta y así permaneció casi hasta el final de la Colonia.
En estas
circunstancias, con la anuencia del virrey Iturrigaray a
quien dedican el primer número del Diario,
el 1º de octubre de 1805 dos renombrados abogados don
Jacobo de Villaurrutia y don Carlos María de Bustamante
empiezan a editar el Diario de México, primero en
su género cotidiano. El periodismo regular no había podido
establecerse desde sus inicios en 1539; se publicaban las
hojas volantes (páginas sueltas que aparecían irregularmente,
en las que se informaba sobre los sucesos relevantes y se
daba gran importancia a lo sucedido en el exterior). Fueron
remplazadas por las Gacetas. Posteriormente se editaron
La Gaceta de México y el Diario Literario
de José Antonio Alzate, pero ninguno permanecía estable.
Los editores
del Diario de México redactan su propuesta de contenido
y anuncian que el objetivo inicial es cubrir la demanda
informativa popular y realizar una labor social de comunicación
que promoviera el progreso de la capital novohispana. Otra
finalidad consistía en facilitar el ejercicio del ingenio
de aquellos que empiezan a hacer sus ensayos para que se
aplicaran mediante la enmienda de sus defectos y posteriormente
apreciaran sus progresos literarios. Se publicaban noticias
y anuncios gratuitos. Este medio fomentó la afición por
la lectura con artículos llamados de varia lectura
en los que también se incluía información política
de Europa. Se anunciaba la disponibilidad del Diario
para recibir las composiciones que le fueran remitidas.
Sin embargo,
los colaboradores tuvieron que ajustarse a los principios
que el régimen gobernante exigía a la prensa.
Dada la
marcada imposición religiosa, se publicaban los avisos concernientes
al culto católico y todo asunto relativo al bien de la sociedad;
informaban sobre los adelantos de la ciencia y de la economía
privada y doméstica, y acerca de las subastas y almonedas;
se ofrecía una sección de anuncios particulares para compraventa,
pérdidas y hallazgos, y hasta anuncios de solicitud de empleo
o colocación de criados (servicio doméstico).
En abril
de 1808, en las páginas del Diario, José Mariano
Rodríguez del Castillo informó sobre la fundación de la
Arcadia de México, e hizo una invitación extensiva a los
poetas que colaboran en el periódico para que se integren
a la asociación.
Para firmar
sus colaboraciones, los miembros de esta asociación recurrían
a anagramas, semianagramas y seudónimos alusivos a personajes
griegos como Delio, Damón, Anfriso y Amintas, de manera
que no era fácil identificar a los autores. Asimismo, utilizaban
iniciales, apodos o seudónimos femeninos. Entre los árcades
más destacados había religiosos como fray Manuel Martínez
de Navarrete, quien fungió como mayoral de la Arcadia y
firmaba como Nemoroso o Silvio.
Por su ingenio
y extravagancia, incluimos algunos ejemplos de entre los
muchos mencionados por María del Carmen Pérez, que fueron
identificados de acuerdo con el catálogo de la Hemeroteca
Nacional:
| Nombre o semianagrama |
Seudónimo o anagrama |
| Mariano Albano Barazabal |
El Árcade Anfriso
Bárbara Lazo Manai BarbaritaMaría Bazán |
Agustín Pomposo Fernández
De San Salvador |
Mopso
Mopso Mexicano |
| Juan María Lacunza |
AznucalEl Inglés LaunzacEl
Inglés ZanlucaLaunzac |
| José Manuel Sartorio |
PartenioTorsario |
| Francisco Uraga |
Dr. AguarAguar |
| Antonio Salgado |
Atonsalniogado |
El árcade
que se firmaba Mr. Arezi escribió en un aniversario del
periódico versos alusivos como:
En fin el creador eres
de esta feliz Arcadia.1
¿Cuáles
eran los temas de la poesía arcádica?
Los árcades
mexicanos se ocuparon de cinco géneros poéticos: el bucólico,
el amatorio, el religioso, el satírico y el político (a
partir de 1808).
Poesía
bucólica y oda anacreóntica
El carácter
bucólico de estos poetas intenta conservar las huellas de
la poesía pastoril de humanismo renacentista al estilo de
Garcilaso de la Vega.
En este
contexto fray Manuel Martínez de Navarrete alude a temas
como la primavera, la mañana, etcétera. Se une a este género
la variante de la composición anacreóntica que de manera
breve y abstracta canta al esplendor sensual y la exaltación
de los sentidos. En ella se menciona el rítmico correr de
los arroyos, los movimientos de una danza; el colorido floral,
paisajes típicos, la ternura de las aves y las caricias
de quienes se aman, así como otras características de la
población colonial: los currutacos, los recetantes, la pirraquita,
los planchados, el payo, el lépero y los manojitos
mexicanos, catalogados como gente que por su miseria debían
vivir a expensas de los demás; los semimanojitos
son descritos como altaneros, criticones y arribistas que
se acomodaban al amparo de las personas que gozaban de prestigio
social y sacaban provecho de éstos. Se ponderan las bondades
del vino en alegres reuniones y existe una marcada tendencia
a la expresión de vocablos en diminutivo.
La oda anacreóntica
se aceptó en la Nueva España como una moda, y aludía en
su temática tanto a los productos de consumo alimentario
como a los fermentos de las bebidas nacionales como el pulque.
Así lo muestra
el siguiente fragmento de José María Moreno, aunque se desconoce
si fue miembro de la Arcadia:
Si el vino se ha acabado,
dadme pulque, mancebo;
también el pulque es don
del gran padre Lieo.
¿No ves cómo se me hinchan
las venas al beberlo?
¿Cómo se enciende el rostro,
cómo me late el pecho?
Pues advierte ora en mi alma
un entusiasmo nuevo,
cual no inspiró jamás
la trípode de Febo.2
También
se describen en este género la geografía nacional y lugares
propios de la ciudad.
Poesía
amorosa
Pasando
por alto réprobos y protestas, los árcades hacen eco del
sentir poético amoroso que se desarrolla profusamente, pero
los mismos árcades se rebelan ante tal abundancia. Mariano
Barazábal se manifiesta con una serie de fábulas para expresar
su descontento.
¡Árcades, esta fábula os escribo,
para que corrijamos la manía
de hablar sólo de amor en la poesía;
es fecundo, sensual, pero nocivo.3
Poesía
religiosa
La poesía
religiosa de los árcades mexicanos está eminentemente dedicada
a la Virgen de Guadalupe y a San Felipe de Jesús,
aunque también incluye a la Virgen de los Remedios, patrona
de los españoles; fue un tema recurrente en la literatura
mexicana durante los tres siglos de colonización. El Diario
publicaba composiciones dedicadas a la patrona de México
a quien se adopta como símbolo patriótico, lo cual apuntaló
abiertas protestas por parte del bando realista.
Francisco
de la Maza expone que tanto el guadalupanismo como el arte
barroco son las únicas manifestaciones genuinas de aquel
ayer mexicano, que establecían una diferencia con España
y el resto del mundo. Eran como el espejo en que se miraba
el hombre novohispano para descubrirse y reafirmar su identidad.
Se publica
un soneto de Magdaleno Osio, ex jesuita de Guanajuato que,
posiblemente radicado en Roma tras la expulsión de 1767,
compuso un soneto que fue traducido posteriormente del italiano
por el Br. José Manuel Sartorio. En el soneto se menciona
a María Madre de Dios bajo la advocación de la Virgen de
Guadalupe y el amor que siente por los indígenas. El poema
alude a la figura estampada en la tilma de Juan Diego como
una obra realizada por el Ser Supremo. La traducción del
soneto dice:
De Guadalupe aquella imagen bella,
Que México venera allá pintada,
De estrellas, y de rayos adornada,
Modesta y graciosísima doncella.
¿Qué imagen es? Divina copia es ella
De la madre de Dios, que penetrada
De un dulce amor al darse retratada,
Estas voces parece que destella:
¡Indios queridos, ved en este encanto
La hermosa prensa de un amor materno,
Que a todo el orbe llenará de espanto!
¿Quién lo asegura así? mi labio tierno:
¿Quién concibió el diseño? el amor Santo:
¿Quién lo pintó después? el Dios eterno.4
Antes de
continuar con la poesía satírica es pertinente mencionar
algunas consideraciones con respecto al guadalupanismo,
ya que hoy por hoy, en agosto de 2002, no sólo permanece
vigente, sino que ha ostentado un regio escaparate de dimensiones
expectantes, con la inscripción de Juan Diego Cuauhtlatoatzin
en el Libro de los Santos, declarada por el papa Juan Pablo
II en la nueva y moderna basílica guadalupana.
¿Existe
en el mexicano actual un verdadero sustrato espiritual,
es tradición, un acto de fe o sólo la marcada tendencia
nacional de estar en constante festival, sea futbol o evento
religioso?
Un noticiario
televisivo lanzó dos preguntas de encuesta para el público.
Asisten a los eventos religiosos: a) ¿por ir a la fiesta?
o b) ¿como un acto de fe? La respuesta con mayor porcentaje
fue la correspondiente al inciso a.
El tema
guadalupano permanece y se afianza no sólo en la poesía
y en la música. Acapara los medios de comunicación. Se han
acuñado para comercialización monedas conmemorativas de
plata con la imagen guadalupana y la de Juan Diego al reverso,
o de la guadalupana y el Papa. Algunas las obsequia una
estación radiofónica en la adquisición de los discos compactos
que promueven la música de la radiodifusora. Los boletos
de la Lotería Nacional imprimieron su emisión en honor de
la quinta visita del Papa con motivo de la canonización
del indígena cuya imagen comercial también estuvo disponible
para la demanda pública en las inmediaciones de la basílica.
La cuestionable figura del nuevo santo aparece estampada
en diversos artículos tan inverosímiles como chuscos: mini
estandartes, playeras, globos, ceniceros, maletas, gorras,
tarros y tazas (no jarros); platones, carpetitas y cobertores.
El trasfondo
actual del auge guadalupano es ¿religioso, histórico, mítico,
político o diplomático, o la conveniente combinación de
varias de estas posturas?
Sin duda
hay guadalupanismo para rato; continúa siendo un tema muy
vasto y debatible entre creyentes, agnósticos y escépticos.
Poesía
satírica
No se cuenta
con abundantes referencias en esta corriente poética en
la que destaca el tema de la sociedad novohispana de los
primeros años del siglo XIX, pero se cuenta con material
suficiente para apreciar el fino ingenio con que se abordan
las típicas figuras del momento, haciendo patentes sus virtudes,
vicios, debilidades y defectos. Se satiriza a médicos y
boticarios; abogados, escritores, panaderos y miembros de
diversas profesiones y toda clase de empleos; así aparece
en el Diario en 1806 la primera composición del más
importante de los poetas satíricos, don Anastasio de Ochoa
y Acuña:
¿Con una tinta que venden
exquisita en el Portal,
dizque se curan de su mal,
los que de cisnes se ofenden,
y que ser cuervos pretende
con presunción extremada?
No sé nada.
¿Dizque es el gasto crecido,
que hacen hombres y mujeres
en perfumes y alfileres;
y de la coqueta, ha habido
mil quejas, porque ha subido
el precio de la pomada?
No sé nada.
¿Y del Parnaso una espía
dizque avisó que en el Diario
se encontró más de un plagiario
que lucirse pretendía
con lo ajeno que cogía,
siempre la boca callada?
No sé nada.5
El público
lector disfrutaba reconocer a más de una personalidad del
cuadro social del virreinato, en las caricaturas festivas
que se publicaban. Por la picardía de este género pronto
fue censurado y restringido.
Poesía
política
Esta variante
literaria alcanza su culminación precisamente de 1808 a
1810, durante la invasión napoleónica a la Península Ibérica,
y marca el inicio de este tipo de composiciones. La aversión
de Fernando VII por Napoleón era manifestada por los realistas
en la Nueva España que reprochaban a los insurgentes de
ser partidarios de Bonaparte. Los miembros de la Arcadia
fueron quienes tomaron la delantera para expresar la ideología
y el controvertido sentir político.
Los miembros
de la Arcadia aprovechaban esta situación para desarrollar
también la poesía de circunstancia que giraba
en torno de los acontecimientos políticos del momento: la
denigración de la imagen de los hermanos Bonaparte y posteriormente
aluden al movimiento de insurrección. No se hace esperar
la censura por parte del virreinato y los árcades se dan
a la tarea de enaltecer las glorias del ejército español,
presentando a Hidalgo y sus seguidores como herejes. El
conde de Colombini escribe lo siguiente:
Vosotros que habéis hecho maravillas
de valor, patriotismo, y de constancia,
derrotando las fuerzas y arrogancias
de los viles Hidalgos y Costillas.6
Sin embargo,
otros autores independientes publicaron composiciones dedicadas
a la patria como Dieciséis de Septiembre o A la
heroica salida (del benemérito José María Morelos por entre
el ejército sitiador de Cuautla Amilpas). Por supuesto
que los autores fueron encarcelados.
¿Fue
importante la Arcadia para la literatura mexicana?
María del
Carmen Pérez Hernández considera injusto el trato que le
da la crítica a la Arcadia de México, ya que pese a la censura
y demás vicisitudes, sus miembros perseveraron en el trabajo
literario en una etapa de grandes disturbios políticos en
la nación. Su trabajo era catalogado como mediocre, pueril
y raquítico a pesar del afán de depuración literaria que
atendía la calidad de su obra.
De pronto
y sin el mayor miramiento, el mismo virrey Iturrigaray,
que autorizó la publicación del Diario lo prohibió
tajantemente, ya que advirtió que a través de sus páginas
se develaba un fondo revolucionario.
El ánimo
aguerrido de Don Jacobo de Villaurrutia, uno de los fundadores
del periódico, no decayó y tras intensa lucha continuó con
la publicación aunque era imposible mostrar simpatía abierta
hacia el movimiento de independencia. Sin embargo, los censores
virreinales llegaron a pasar por alto algunas composiciones
anónimas que veladamente trataban de apoyar a los insurrectos.
Se escribía con disimulo y cautela para no correr el riesgo
de encarcelamiento. De esta manera al menos se estaba sembrando
la semilla de la libertad de imprenta como base de la ilustración
pública, pese a toda censura y represión, y sus páginas
quedaron como testimonio para la posteridad.
Dentro de
la vasta producción arcádica resalta la presencia sincrética
en las fábulas que el Diario de México publicó, tales
como El águila y los zopilotes de Joaquín Conde;
El nebli y el guajolote y El Cenzontle de
Mariano Barazábal, entre algunas otras.
Alfonso
Reyes expresa que tanto los árcades como los demás neoclásicos
intentan una restauración del gusto literario que, por los
resabios del culteranismo, manifiesta cierta elegancia de
estilo que integra vivos toques en la monotonía del gris
académico y son peculiaridades de esta producción poética
considerada por varios de los críticos como vacua y prosaica.
La Arcadia
de México. La primera asociación literaria del país es
una lectura muy atractiva que los maestros de educación
básica, media y superior podrán disfrutar con sus alumnos,
ya que en la Arcadia de México está plasmado un sabor especial
y nostálgico de la idiosincrasia nacional que nos traslada
a conocer el pensamiento de nuestros antepasados.
La poesía
arcádica describía las tradiciones religiosas mezcladas
con los ritos autóctonos de aquellos tiempos. Ahora, en
el siglo XXI, se presenta una clara réplica ¿o rescate?
de esta modalidad. ¿Qué opina el pueblo mexicano actual
en relación con la mixtura religiosa ritual que se manifestó
recientemente durante el acto litúrgico de la beatificación
de los mártires (¿?) oaxaqueños Juan Bautista y Jacinto
de los Ángeles?
Fue desconcertante
observar una parafernalia por lo inusual de tal práctica
dentro de los recintos religiosos católicos urbanos,
en la que indígenas oaxaqueños suntuosamente ataviados con
trajes regionales, limpiaron los cuatro puntos cardinales
con ramas e inciensos alrededor de Juan Pablo II.
1 Diario
de México, T. IX, núm. 1102, 6 de octubre de 1808,
p. 399. En adelante todas las citas del Diario
,
son tomadas de María del Carmen Pérez Hernández, La
Arcadia de México. La primera asociación literaria del
país, México, upn, 1996 (Colección Educación, 7),
(p.55), cuya página correspondiente aparecerá entre
paréntesis al final de cada nota.
2 Ibid, T. II, núm.
131, 8 de febrero de 1806, p. 153. (D.J.M.M.) -José
María Moreno es un poeta identificado por Jorge E. Ruedas
de la Serna en su tesis Contribución al estudio del
nacionalismo literario en México, p.59. (p. 73).
3 Ibid, T.
IX, núm. 1950, 15 de agosto de 1808, p. 185. (p. 86).
4 Ibid, T.
I, núm. 72, 11 de diciembre de 1805, p. 315. (p. 90).
5 Ibid, T.
III. núm. 229, 17 de mayo de 1806, p.69. (p. 95).
6 Ibid. T.
XIV, núm. 1961; 14 de febrero de 1811, p. 177. (p. 104).
|
| *Reseña del libro de María del Carmen
Pérez Hernández, La Arcadia de México. La primera asociación
literaria del país. México, upn, sep, Correo del Maestro,
2000. (Colección Educación, 7). |