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Correo del Maestro Núm. 75,agosto 2002

Hacia una diversidad del sentir*

Horacio Belgich

Abordar la problemática de la sexualidad en la realidad escolar contemporánea es una tarea urgente. Sabemos del vaciamiento económico y la descapitalización del saber que se produce en el sistema educativo de muchos países. La demanda-denuncia siempre presente de las bases hacia los gobernantes no debe dejar de producirse, pero también es menester que se promuevan nuevas formas de subjetivación de los niños, a partir del logro de una diferente humanización-socialización de la infancia. Ese logro, de difícil concreción, puede darse en un espacio privilegiado, el de la escuela, pues allí se forman los ciudadanos que crearán y poblarán los mundos del futuro.

Por ello, cuando hablamos de sexualidad, no estamos reduciendo la problemática a la simple exposición y descripción de los órganos genitales de ambos sexos en una lámina, sino que nos referimos a la tarea de componer las coordenadas necesarias para que el niño y la niña puedan ser educados e instruidos con otros valores y con diferentes significaciones a las actuales. La nueva educación requiere de un análisis de los componentes psicoafectivos y pedagógicos del actual sistema; ésa es la tarea que se intenta realizar en este trabajo. En tanto no reveamos los modos de sensibilización que la sociedad y la educación promueven actualmente no podremos transformar y humanizar el modo de sentir y de pensar de las generaciones futuras.

Estas reflexiones resultan por ello de un valor preeminente, pues se sostienen en una ética de la existencia que hacen primar los impulsos vitales, la creación, la verdad al engaño, la autonomía a la sumisión, el juego y lo viviente a lo mortífero y destructivo.

El modo de pensar contemporáneo está regido por significaciones cada vez más exigentes en logros de eficacia y eficiencia, y ello deshumaniza, pues lo humano se reduce a criterios exitistas y determinaciones productivistas, pero olvidamos que la infancia debe ser educada en la renovación de la diferencia. Esto significa que debe ser preparada para vivir en un mundo muy diferente al nuestro.

Esa vida futura, que ignoramos, nos genera incertidumbre y angustia. La gran velocidad de renovación tecnológica no nos permite imaginar el mañana, pues hay y habrá experiencias de cambio muy profundas. Mutaciones en las instituciones familiares, en los modos de socialización, en el lenguaje, todo ello nos dice del cambio.

Pero hay transformaciones que debemos ahondar en este proceso, y ellas son las que comprometen a una modalidad diferente de sentir y de pensar respecto del otro diferente (por el sexo, por la clase social, por la etnia, por el género). Y es allí donde se hace necesario un trabajo muy específico con los niños y las niñas en tanto reflexión sobre la familia: sus roles; la autoridad de los padres; el poder de los adultos; el sometimiento y la violencia a los más ‘débiles’; el género y la gestación de prejuicios; la sexualidad entre el cuerpo, su cuidado, y los sentimientos; el organismo y los modos de atención del mismo; los derechos y los límites —con el propio poder decir y hacer— al abuso de los otros. Si no emprendemos esta tarea no habrá fisuras en la máquina despótica —en que se convierte nuestra sociedad— que segrega y aísla.

   Pero también es necesario que los adolescentes puedan tener oportunidades de hacer reflexiones inherentes a su condición y a las circunstancias que les toca vivir. La reforma educativa no promueve la expresión de sentimientos, es más, parece que cada vez se profundiza el ocultamiento de esos sentimientos. Sabemos que ocultar sólo puede promover la culpa y rasgos paranoicos frente a elementos que se muestran despóticos, tal vez abusivos e injustos.

Creemos que los episodios de violencia que se suscitan en las escuelas, donde niños/as agreden a adultos, adolescentes matan a compañeros y atacan a profesores, se relacionan con la falta de expresión de sentimientos y forman parte de esas máquinas imperiosas que muchas veces son las escuelas.

Ésa es una carencia que la reforma educativa  no considera, como tampoco considera la reflexión de los adultos sobre su rol, sus funciones y modos en que se ven afectados por la realidad social y la precarización laboral, pero también por las transformaciones en la institución familiar con sus nuevas formas de parentesco, con los nuevos lugares sociales de los niños como  actores sociales. Y ello debe complementarse con la reflexión sobre la propia educación de género que han recibido los adultos en su infancia, con sus creencias sobre la masculinidad y la femenidad, sobre los roles que asumen y transmiten, sobre la herencia cultural que soportan y derivan a las nuevas generaciones. Además de atravesar con el pensamiento y también con el sentir las formas de violencia a las que se ve sometido por el sistema educativo y que quizás reproduce de manera no consciente.

Todo ello no se considera en la reforma educativa y es visto, además, como un aspecto intrascendente para la educación de la infancia y la adolescencia. Los criterios que hacen pensar de este modo son los mismos que pretenden ignorar el necesario debate sobre el estatuto que hoy tiene la infancia, y sobre los requerimientos de saberes y de humanización en este mundo de futuro incierto. Y humanización, para nosotros quiere decir un progreso en los valores, una liberación del ser de las determinaciones que lo condenan a la desigualdad y sus consecuencias destructivas. Desigualdad de género, de clases sociales, de etnias. Y la acción destructiva se revela también cuando el sujeto atenta contra sí mismo, cuando el/la niño/a se inhibe para aprender, cuando surgen síntomas que impiden la apropiación de saberes, cuando los adolescentes temerarios arriesgan sus vidas en la ruleta rusa del sexo inseguro o el vértigo del riesgo suicida.

Humanización, en suma, para nosotros, significa la recuperación del amor a sí mismo (entendido como respeto a la propia dignidad). Y se opone de manera taxativa al servilismo y la desigualdad de los adultos, a las causas que promueven la violencia. Así, por ejemplo, en tanto el estatuto social de la mujer se encuentre por debajo del estatuto del hombre, su frustración aumenta y se compensa con la sobrevaloración psicológica del hijo varón. Y ello implica que hay una serie de mecanismos que promueven la sumisión de ese hijo, y lo ubica en una posición servil respecto de los poderes políticos, que lo manipulan psicoafectivamente, dejándolo sin trabajo, inerme, violentándolo con sueños que la publicidad dice realizables. Pero también esa ubicación del varón se compensa con la agresividad que éste descarga sobre los otros que cree más débiles, su mujer, sus hijos, los más pobres, los extranjeros. Se recorre así un circuito que va de compensación agresiva en compensación agresiva. Otro modo de funcionamiento de esta máquina social paranoica.

Todos estos indicadores conceptuales forman parte de un universo tramado de afectos, de sentimientos, de pensamientos y acciones que la escuela no está dispuesta a tomar como sistema, ignorando que educar no es transmitir técnicamente contenidos curriculares de manera ‘neutra’, sino que educar es permitir al/la niño/a ubicarse en el mundo, reconocer un lugar en él, y dotarlo de herramientas para comprenderlo y transformarlo. Sólo así estaremos educando en la renovación de la diferencia, haciendo más humano al sujeto.

De allí la necesidad de abordar ese continente de afectos y acciones que es la sexualidad en la escuela, para dejar de negarlo, aceptar su carga que nos compromete y no doblegarnos bajamente a su peso.

Es necesario reconocer los muchos que hay en nosotros mismos, ya que contenemos incontables otros esparcidos en los variados mundos que habitamos. Este movimiento es tributario de un pensamiento que puede denominarse nómada, que parte de la no certeza; y esta partida  no intenta encontrar —si algo quiere encontrar—certidumbres, sino nuevos modos y mundos para sentir, provisorios pero eficaces, y nuevos modos y universos para pensar, significativos y sensibilizados. Así como el nómade cruza fronteras en el desierto, así pretendemos atravesar lo instituido y lo establecido que se presenta de una vez y para siempre, sea esto identificaciones hegemónicas y homogeneizantes o políticas segregativas. Ese cruce no significa sino mantener una aguda conciencia de la fluidez de los límites. Podemos decir con Paul Éluard, que hay otros mundos y están en éste. A modo de ejemplo analizaremos de manera sucinta con qué eficacia cultural operan los dibujos animados de última generación sobre las subjetividades infantiles.  

La ilusión de la completud

La fascinación que ejercen los dibujos animados y cómics japoneses en los niños de los países occidentalizados es un fenómeno que merece un profundo análisis. Llamados anime los primeros y manga los segundos, en Japón son un fenómeno de masividad incontenible entre los niños. Se venden millones de ejemplares de cada género. Su producción no se limita a historias eróticas ni a las de carácter deportivo, abordan también el humor, los animales (reales o imaginarios) y el rock.

Son estas historias las que atrapan a los niños de una porción importante del mundo, pues muchos de sus personajes son figuras centrales en la producción de sus fantasías —entre otros el famoso Dragon Ball Z.

Las críticas que han recibido —sobre todo de Occidente— se dirigen a la carga de violencia que circula en sus episodios, pero surge en los últimos años una nueva fuente de crítica por la ambigüedad sexual de sus personajes.

Y ello se evidencia con una simple observación de los mismos, pues en una primera mirada es difícil reconocer los personajes masculinos de los femeninos. No está de más decir que el 80% de los personajes varones son andróginos, pues pueden definirse como gays, o bien hermafroditas. Con las mujeres no existe tal ambigüedad pues sus minifaldas y ropa ajustadísima se encargan de mostrar cuerpos femeninos bien torneados.

Uno de los más vistos y leídos en la Argentina es Ranma 1/2. Escrita originalmente en 1988 por Rumiko Takahashi, narra la historia de Ranma Saotonome, un adolescente que en su ejercitación de artes marciales en China  se encuentra en una zona encantada, las fosas de Jusenkyo. Quien cae en ellas carga de por vida con una maldición, se convierte en la última persona o animal que se ahogó allí. Ranma cada vez que se moja con agua fría se convierte en una chica.

A su vez, Ranma se compromete en Japón con la adolescente Akane, quien dice odiar a los hombres. Es de imaginar que la historia se trama en relación con el repentino cambio de sexo de Ranma y su compromiso con Akane.

Las escenas abundan en erotismo y confusión, y en desnudos que no dejan lugar a dudas de las transformaciones que sufre Ranma.

Se puede mencionar además otro cómic y su respectivo anime: Sailor Moon. Allí se narra la historia de un universo cuyo destino es el matriarcado, y cada vez que aquél está en peligro despiertan las guerreras galácticas, personajes míticos que si bien conservan todo el aspecto de adolescentes pueden salir en ayuda ante cualquier peligro del Universo. Allí muchos guerreros malvados son guerreras y está poblado de personajes andróginos, muy feminizados pero sin dejar de ser hombres.

En su salida al aire por canales de cable, algunos episodios fueron censurados, pero la protesta fue eficaz, y nada cambió entonces del original. Por lo demás casi el 50% de los lectores de los cómics en Argentina son preadolescentes o adolescentes que en su correspondencia de lectores en las revistas especializadas plantean sus dudas sobre el sexo de uno u otro personaje, o bien cuentan las fantasías eróticas que ellos les generan.

Además hay mangas y anime de variadísimos temas, entre ellos: guerreros dispuestos a luchar transformados en chicas con ajustado ropaje de piel (últimos capítulos de Sailor Moon); la historia de amor de dos chicos en un internado (La canción del viento y del árbol); y no faltan las relaciones homoerótcas femeninas.

En Japón este material no es de consumo exclusivo de un público gay, sino que es leído y seguido por las adolescentes de entre 13 y 16 años. En Argentina el sector de la población que los consume no es muy distinto del país oriental.

Muchas interpretaciones existen para explicar la masividad de su consumo, pero quizás debe tenerse en cuenta que las fantasías que las adolescentes  pueden experimentar con personajes de sexualidad ambigua les permiten relacionarse sin temor ni demasiada culpa con la propia ambigüedad sexual, lo que es propio de la moratoria psicosexual de la adolescencia. Además, estas fantasías les son negadas a las mujeres adultas, que por tradición y conformación subjetiva hallan reprimida esa posibilidad. O bien que, según antropólogos especialistas, el manga femenino permite descubrir a las adolescentes su sexualidad en un universo dominado por mujeres.

Estas nuevas formas de cultura conllevan, como es de suponer, nuevas formas de culturización y socialización, además de una diferente transición de los niños y adolescentes hacia el mundo de los adultos.

Creemos que nos encontramos en un mundo que está dándose vuelta como un guante, pues las antiguas formas del imaginario social con sus criterios de identificaciones personológicas (sobre modelos socialmente aceptados de jóvenes y adultos) están dejando de ser eficaces actualmente. Decimos que los niños y niñas ya no se apropian de rasgos sobresalientes de padres y madres para intentar ser como ellos, sino que las diferentes formas culturales no dejan espacios ni lugares para tales apropiaciones ni identificaciones. Sobre ello es menester indagar e investigar, pues en ese basamento subjetivo se construyen nuevas ciudadanías y nuevos sujetos sociales y culturales.

*Agradecemos al autor; psicólogo especialista en problemas educativos, discapacidade integración escolar, habernos enviado desde Rosario, Argentina, este texto que incluye fragmentos de su libro: Los efectos y sexualidad en la escuela. Homo sapiens. Argentina, 2002

 

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