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Correo del Maestro Núm. 75,agosto 2002

Editorial

Virginia Ferrari

Es un hecho reconocido que desde mediados del siglo anterior se han acelerado los cambios sociales, lo que ha llenado de incertidumbre a los individuos. Los cada vez más rápidos avances de la ciencia y la tecnología transforman día a día el campo de las comunicaciones, de la vida cotidiana, del empleo y hacen aparecer problemas globales como las pandemias, el deterioro ambiental, el empobrecimiento de grandes sectores de la población, etc. Los cambios son tan rápidos que ya no ocurren durante varias generaciones, o de una generación a otra, sino que suceden en el lapso de una misma generación. La visión del mundo, la realidad en que vivimos, cambia vertiginosamente.

La escuela debe adaptarse a estos cambios, pues los niños y jóvenes necesitan una institución educativa que les sirva para la vida; no se pueden dejar de lado los nuevos problemas, los nuevos retos. Esto es un gran desafío pues supone un cambio profundo.

Es necesario formar a los niños en el respeto al pluralismo, el consenso y la convivencia en el marco de un contexto de crisis de valores, intolerancia, violencia e inequidad económica y social, así como en la conciencia de los riesgos que corren, de la responsabilidad de su cuerpo, de su salud. Para tomar decisiones sobre su vida deben estar informados, deben ser críticos. La escuela no puede ignorar ningún área del conocimiento que afecte la vida presente y futura de los individuos, y entre ellas está la educación sexual, casi siempre soslayada.

La escuela hoy tiene poco poder y compite con factores poderosos como los medios masivos de comunicación, los nuevos consumos culturales y los deportes. Pocos maestros dudan de que lo que los niños ven durante horas y horas cada día en la televisión parece tener mucho más influencia sobre ellos que los ‘aprendido’ en la escuela. Es difícil para ésta competir con el alto poder de seducción de esos campos sociales, pero esto no significa que se deba abandonar a los niños a su influencia. La escuela necesita, debe, instalar competencias básicas para la vida, formar sujetos éticos capaces de tomar decisiones responsables para sí mismos y la sociedad.

Correo del maestro

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