Es, sin duda, el más célebre poeta y autor dramático de
España durante el Siglo de Oro y, junto con él, brillan
Cervantes y Calderón de la Barca.
Es un monstruo
de la creación (algunos biógrafos calculan en 2000 sus producciones);
han llegado hasta nosotros 470 comedias, además de algunas
atribuidas. Más de 25 tomos dan cuenta de una ingente y
talentosa lista de prodigios teatrales en los que abundan
autos sacramentales, entremeses, comedias mitológicas (asuntos
grecolatinos), comedias de corte histórico (tanto de historia
clásica como de historia española). Le siguen comedias novelescas
(temas pastoriles y de caballería) y, finalmente, el inagotable
autor nos ofrece sus comedias de enredo o románticas, así
como comedias de costumbres. Menéndez y Pelayo hizo una
concienzuda clasificación y a ella, en líneas generales,
nos atenemos.
El nombre
de Lope de Vega es sinónimo de perfección y excelencia,
y se ha llegado a decir que: proverbio hizo el lenguaje
castellano del nombre de Lope para encarecimiento de lo
mejor. No obstante, Lope era un ser difícil y él mismo
lo confiesa al decir: Yo he nacido en dos extremos,
que son amar y aborrecer, no he tenido medio jamás...
Por otra parte, se autoanaliza y manifiesta: Yo estoy
perdido, si en mi vida lo estuve, por alma y cuerpo de mujer,
y Dios sabe con qué sentimiento mío, porque no sé cómo ha
de ser ni durar esto, ni vivir sin gozarlo... (1616)
Es la confesión de un Don Juan, menos diabólico que el ser
mítico, definitivamente más humano.
Un Don
Juan de espada y pluma
De linaje
humilde nace Félix Lope de Vega Carpio en la ciudad de Madrid,
el 25 de noviembre de 1562. Según su biógrafo Montalbán,
a los cinco años leía latín y en romance; a los doce
sabía tañer, cantar y manejaba la espada con brío, porque
se dio cuenta ya muy temprano que las tres cosas eran necesarias
para hacerse valer en el mundo. No fue buen estudiante
pero sus estudios muy completos ya que, según propio testimonio,
después de estar con los jesuitas en cursos de matemáticas
y astronomía de la Academia Real, fue a la Universidad de
Alcalá de Henares, una de las más famosas de esa época renacentista.
En 1578 había encontrado amparo cerca de don Jerónico Manrique,
obispo de Ávila y después, como secretario del marqués de
las Navas, don Pedro Dávila.
En 1583
se organizó la expedición naval rumbo a las islas Terceras
para luchar contra los portugueses; mandaba la flota don
Álvaro de Bazán, uno de los vencedores en Lepanto. Todo
resultó un éxito, ya que aquella guerra por la sucesión
de Portugal acabaría con la conquista de las islas Azores;
de esta manera, Felipe II tenía el dominio de toda la Península
Ibérica. Era época de fervores patrióticos y vemos a Lope
estudiando en Alcalá e iniciando sus correrías amorosas
que no lo dejarían tranquilo toda su vida. Por aquellos
días, se enamoró de una mujer atractiva y culta, Isabel
de Molina, hija de alguien importante en la Corte y terminó,
debido a cierta oposición, raptándola; también por esos
días estaba entrado en amores con la hija de unos cómicos,
llamada Elena Osorio, bella y coqueta cuentan las crónicas.
Como recibiera negativa a ser correspondido, Lope escribió
unos libelos, asunto escabroso que terminó en duelo, en
el que el rival quedó herido. El lance terminó en la cárcel.
Se casó con Isabel por poder y cuando salió del encierro,
ayudado por un amigo, raptó a la que era su esposa y huyó
a Valencia. Para entonces pesaba sentencia contra nuestro
poeta por el asunto de la Osorio, que terminó como era de
esperar; en efecto, el 8 de febrero de 1588 se condena a
Lope de Vega a 8 años de destierro en la Corte y dos años
del reino de Castilla. Poco debió importarle la sentencia
y débil debió ser el rigor de los jueces, porque además
de hacer caso omiso de un asunto que podía llevarle a ser
condenado a muerte, paseó por la villa y por la corte y
se dio tiempo, acompañado de un amigo tan alocado como él,
de cortejar a doña Isabel de Urbina y Alderete es
la Belisa de sus poemas con quien, como decíamos en
párrafos anteriores, se fue a la vega valenciana.
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| Historia de la literatura, fascículo
10, VolII.RBA Editores, S.A. Barcelona, España,
1994. |
Poco después
de haberse reunido con doña Isabel, empuña la espada y se
alista como voluntario en la Armada Invencible. Parte a
bordo del navío almirante San Juan, desde Lisboa, el 29
de mayo, después de haber tenido otro lance de amores con
una chica lusitana. En el barco compone poesías y tras el
desastre que hizo cimbrar el imperio se va con su Isabel
a Valencia (corre el año 1589) y pasa dos años en plena
producción con pasmosa fecundidad y talento.
Por esos
años sucede algo insólito: el mismo marido de Elena indujo
a los jueces a ser magnánimos con Lope. El esposo de Elena
Osorio, el empresario Jerónimo Velázquez, solicitó y obtuvo
en 1595 un año antes de que se cumpliera la sentencia
que pesaba sobre el escritor su indulto pleno y cabal.
Para entonces la fama de Lope se extendía por toda España
y el previsor Velázquez hacía lo posible por reconciliarse
con su antiguo ofensor, que se había convertido en el rey
del teatro en castellano.
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Portada de Las Mocedades del Cid.
www.spanish-books.net/literature/tlope.htm
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En esos
años un discípulo de Lope entra en las crónicas literarias;
se trataba de Guillén de Castro, que se hizo famoso con
Las mocedades del Cid. El estilo de Lope crea escuela.
En 1590
nuestro poeta entra al servicio del duque de Alba, don Antonio
Álvarez de Toledo, y habita en el solar de su señor, Alba
de Tormes, en las cercanías de Salamanca, donde escribe
La Arcadia, novela idílica surgida en 1598.
En 1595
muere Isabel, a la que dedica sentido romance:
Un año te serví enferma.
¡Ojalá fueran mil años!
que así enferma te quisiera.
................
Sólo yo te acompañé
cuando todos te dejaron,
porque te quise en la vida
y muerta te adoro y amo.
¡Y sabe el cielo piadoso
a quien fiel testigo hago,
si te querrá también muerta
quien viva te quiso tanto!
La mala
racha lo persigue. En poco tiempo pierde a sus dos hijas:
Antonia y Teodora. Así las cosas, vuelve a su Madrid del
alma, tiene amores con otra mujer y finalmente se casa con
Juana Guardo a la cual, hay testimonios, quiso entrañablemente.
Poco duró el matrimonio y, al morir Juana, Lope quedó sumido
en la desesperación. No obstante, poco después se inician
sus amores con una comediante famosa, Micaela de Luján,
a quien Lope cantó con el nombre poético de Camila Lucinda:
Y si tienes, Lucinda, mi deseo
hálleme la vejez entre tus brazos
y pasaremos juntos El Leteo
Amor tempestuoso
y fecundo. Tuvo con Micaela siete hijos, entre ellos Marcela,
la que quiso al poeta con amor entrañable, junto con un
hijo Lope Félix. Fue época llena de éxitos. Los teatros
recibían y estrenaban con vítores sus comedias (algunas
de ellas las escribió en veinticuatro horas). Junto con
la pluma, la espada, pues tuvo muchos lances y muchos enemigos.
En 1613 murió su hijo Carlos Félix y poco después la fogosa
Micaela. Para rematar tanta desdicha su hija Marcela le
comunicó su decisión de ingresar al convento, quizás cansada
de tantas liviandades de su famoso padre.
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| Entrada de la casa de
Lope desde 1610. En el dintel dice: Parva mea magna.
Magna aliena parva. |
Despacho de Lope de Vega. |
| www.spanish-books.net/literature/tlope.htm |
Lope de
Vega en sus poemas, fruto del triste suceso, nos muestra
la soledad que lo cercaba. Además, los enemigos y las críticas
se cebaban con él cabe mencionar que nunca pudo atraer
el favor del conde-duque de Olivares, favorito del rey Felipe
IV. Lope era la comidilla de Madrid y su talante donjuanesco
propiciaba las hablillas. Sus rivales en pluma lo asaeteaban;
así, Suárez de Figueroa, Juan Ruiz de Alarcón y sobre todo
Luis de Góngora, a quien Lope tuvo siempre mucho respeto.
Contribuyó
a su fama de mujeriego haber entrado al servicio del duque
de Sessa, don Luis Fernández de Córdoba, a quien sirvió
hasta su muerte. Era el duque veinte años más joven que
el poeta, pero los rodeó una amistad sin fronteras, entre
las que destacan el haber estado juntos en varios lances
de amor, en los que Lope era ducho.
Por esa
época conoció a María de Nevers, y tras amarla apasionadamente
como a Isabel, como a Juana Guardo, tuvo tragedia. María
le dio una hija, Antonia Clara, y después se volvió loca.
¿Cabe mayor desventura? Pues la hubo. Cuando viejo, deprimido,
con crisis de tipo religioso, Antonia Clara se fugó con
un noble de la corte. El destino parecía castigarle con
las mismas armas que Lope empleó a lo largo de su turbulenta
existencia.
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Retrato de Lope de Vega
www.spanish-books.net/literature/tlope.htm |
Se acerca
el ocaso del poeta, penetrado de desolación. Ya había ingresado
en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento;
estuvo también en la del Oratorio, en la venerable orden
Tercera. Era Lope un ser contradictorio de muchas facetas:
violento, arrebatado, humilde (soy extremos: amar y aborrecer.
No he tenido medio jamás). Fue hombre de grandes ideas
y grandes pasiones. En el amor no tuvo freno; amó a sus
hijos; pero también fue bueno y humano. Junto con crónica
de atropellos, hay cauda de bondad.
Decíamos
que los últimos años de Lope se ensombrecieron con desdichas
sin cuento. Su novela dramática La Dorotea (1632)
triunfaba porque daba una relación de la vida de Lope muy
cercana a la realidad. Con el final llegaba el arrepentimiento
y nuestro poeta, dado a los extremos, lo tomó todo con rigor.
Pasaba la mayor parte del tiempo en su casa, en la calle
de Francos, donde había de morir. Alternaba sus escritos
con oraciones y aseguran sus biógrafos que se disciplinaba.
A veces cuidaba su pequeño jardín. Le llovían honores; a
partir de 1627 pudo anteponer el título de frey, por concesión
del papa Urbano VIII, a quien Lope de Vega había dedicado
un poema, La corona trágica (en memoria de la reina
de Escocia, María Estuardo).
Abatido
por la tragedia, envuelto en soledad completa, la muerte
lo sorprendió en forma rápida. Cuentan que estaba escuchando
una disertación del doctor Fernando Cardoso en el seminario
de los Escoceses, cuando sufrió un desmayo. Se le trasladó
en seguida a su casa y dos días después expiró. Era el 27
de agosto de 1635. Su protector, el duque de Sessa, dispuso
unos funerales principescos que duraron nueve días y puede
decirse que todas las calles de Madrid rindieron apasionado
tributo al gran genio del teatro y de la poesía.
Cinco años
más tarde, en 1640, se inauguró el teatro técnicamente más
avanzado que hubo en España, el Coliseo, en la nueva residencia
real del Buen Retiro, construida por Felipe IV en las afueras
de la capital. Había en ese teatro telón de boca y todos
los elementos de un buen espectáculo. Pero, de cualquier
manera, la ingente obra de Lope allí había quedado y el
gran teatro español seguiría, por años, produciendo grandeza.
Un inventario
asombroso
Escribió
mucho y mucho de lo que escribió perdura. Fue clásico y
quedó clásico. Su patrocinado Juan Pérez de Montalbán dijo
que su maestro había compuesto muchas obras y representado
mil ochocientas comedias y más de cuatrocientos autos sacramentales.
El erudito inglés E. W. Wilson cita a su vez a Morley y
Bruerton: tenemos los textos (genuinos y corrompidos,
en manuscritos e impresos) de unas 314 comedias que son
sin duda de Lope; y que de 187 que se le han atribuido,
27 son probablemente suyas, 73 pueden serlo y 87 seguramente
no lo son. Hay dudas sobre algunas de excelente factura
como por ejemplo La estrella de Sevilla.
Digamos,
a vuela pluma, que Lope escribió unas reglas desde el punto
de vista teatral para un público exigente, como ya lo era
el madrileño, alrededor de 1610: nos referimos a Arte
nuevo de hacer comedias. El propio Lope dice irónicamente
al dirigirse a los miembros de la Academia que él mismo
ha violado preceptos que establece sin respetar a los neoclasicistas.
Estos 389 versos hablan de recortar la extensión de las
obras, de aligerar contendidos serios introduciendo episodios
cómicos.
Lo trágico y lo cómico mezclado,
y Terencio con Séneca, aunque sea
como otro Minotauro de Pasife,
harán grave una parte, otra ridícula,
que aquesta variedad deleita mucho;
buen ejemplo nos da naturaleza,
que por tal variedad tiene belleza.
Por esos
caminos andaban en aquella época los isabelinos con el propio
Shakespeare a la cabeza.
Pero en
medio de guerras literarias, el instinto de
Lope se impuso; a los dramaturgos jóvenes les dice: escribid
lo que queráis, pero respetad ciertos principios dictados
por el sentido común. Escribir los argumentos en prosa y
dividirlos en tres actos, de acuerdo con las nociones clásicas
de prótasis (exposición), epítasis (nudo) y catástrofe (desenlace).
Pero, ante todo, hay que mantener la expectación del público
por la solución. Así las cosas, Lope logró muchos aciertos
(escogerlos sería materia ardua). No obstante, merecen destacarse:
es el precursor del teatro de masas, de ello da fe Fuenteovejuna,
el pueblo contra los tiranos:
Cuando se alteran los pueblos
agraviados, y resuelven,
nunca sin sangre o sin venganza vuelven.
En 1606,
Lope crea La discreta enamorada, en la que la joven
y audaz Fenisa finge que consiente en casarse con un viejo
para lograr que el hijo de éste se enamore de ella (cabe
mencionar que a principios de los años treintas del siglo
pasado el compositor Amadeo Vives usó el argumento para
componer, con gran éxito, su zarzuela Doña Francisquita).
En 1608 Lope escribe Lo fingido verdadero, dedicada
a Tirso de Molina, en la que describe la conversión y el
martirio, bajo el emperador Diocleciano, de san Ginés; en
1610 La hermosa Ester y El divino africano,
sobre la apasionante conversión de san Agustín, basándose
en sus Confesiones, y en 1613, El
perro del hortelano, que cuenta los conflictos de doña
Diana con el plebeyo Teodoro.
De su pluma
salieron también el drama basado en la trágica leyenda de
los Siete Infantes de Lara titulado El bastardo de Mudarra
(1612), El caballero de Olmedo (1616), impresa
en Zaragoza en 1641 y en la que se cuenta de los pasos ocasionados
y peligrosos que siguó el mancebo Calisto desde que entró
buscando su halcón en las huertas de Melibea (hay una fuerte
influencia de La Celestina) y la tragedia El castigo
sin venganza (una de sus últimas obras) en la que el
duque de Ferrara queda condenado a vivir sabiendo que ha
matado al ser que más amaba, su propio hijo. Hay la obligación
de citar dos obras más, ambas maestras. Nos referimos a
Peribáñez y el Comendador de Ocaña (1614), brotada
de un fragmento de romance según Menéndez y Pelayo,
y El mejor Alcalde, el Rey (1620).
La
dama boba
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Manuscrito autógrafo de la
Dama Boba
www.spanish-books.net/literature/tlope.htm |
Fue creada
en el año 1613 y es un todo de comedia diáfana, ingeniosamente
lírica, con riqueza filosófica; en fin, versa sobre la vieja
idea de que el amor puede volver listo al más tonto. Su
encanto radica en el trazo psicológico de Nise la sabihonda,
y Finea, la muchacha ignorante y necia que llega a adquirir
buen juicio y perspicacia (tema que retomarán, mucho tiempo
después, Bernard Shaw en Pigmalión y Molière en algunas
obras).
La obra
tiene gran riqueza versificadora y no escasean sonetos,
octavas, canciones, romances y redondillas. Los contrastes
de Nise y de Finea se exponen con largueza. En un momento
Finea confiesa:
La confianza secreta
tanto el sentido les roba
que, cuando era yo muy boba
me tuve por muy discreta;
y como es tan semejante
el saber con la humildad,
ya que tengo habilidad,
me tengo por ignorante.
El amor
a la mujer y el culto a la amistad es todo uno en el teatro
de Lope, junto con el sentimiento religioso y la reverencia
al rey. Ante todo, un repertorio que, sazonado por tradiciones
y cuentos, abreva en el pueblo y por ello tiene fulgor intemporal.
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Catalogan
44 Manuscritos de Lope de Vega
Barcelona,
19 de febrero. El investigador italiano Marco Presotto
catalogó por primera vez 44 manuscritos autógrafos
de comedias de Lope de Vega escritos entre 1593 y
1634, entre ellos, tres que estaban en paradero desconocido
desde hace décadas y que ha localizado en Inglaterra.
Presotto,
de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), dijo
que los autógrafos, escritos de puño y letra
y firmados por el mismo Lope, no se habían catalogado
hasta ahora, al igual que sucede con otros autores
del Siglo de Oro, y, en su mayoría, siguen en las
bibliotecas sin que nadie los haya estudiado.
El filólogo italiano rastreó durante tres años los
autógrafos de Lope, siguiendo pistas recogidas
en catalogaciones parciales que se hicieron en el
siglo pasado.
Presotto
resaltó la importancia de esta catalogación de los
manuscritos de Lope, del que en la actualidad se conocen
400 comedias de las más de 1500 que se dice que escribió
el autor.
De
todos estos ejemplares, la principal novedad son los
autógrafos que Presotto localizó en la biblioteca
de una mansión privada de la región inglesa de Dorset,
que pertenecieron al hispanista Lord Holland (siglos
XVIII y XIV), primer estudioso británico de Lope.
Estos
autógrafos, a los que se había perdido el rastro hace
décadas, son El caballero del Sacramento, El cuerdo
loco y El marqués de las Navas.
La
intervención de Presotto permitió descubrir en la
mansión de Dorset, en una caja metálica perdida en
un armario, estos tres autógrafos de Lope junto a
una veintena de manuscritos, copias de los siglosXVI
y XVIII.
Fuente:
Agencia EFE, 19 de febrero, 2001.
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