Los más recientes cálculos sobre la expansión de la epidemia
mundial de SIDA muestan un aumento continuo del número de
niños afectados. O han adquirido el VIH o, igualmente devastador
para ellos, han quedado huérfanos después de la muerte de
sus padres por el SIDA. El índice de mortalidad de niños
menores de cinco años sube al doble en las regiones más
afectadas por el VIH. Desde que comenzó la epidemia, más
de 3.2 millones de niños menores de 15 años han muerto de
SIDA y arriba de 12 millones de niños y jóvenes viven con
el VIH/SIDA alrededor del mundo. Según estimaciones de la
Oficina de Censos de Estados Unidos, si la proliferación
del VIH no se contiene, la mortalidad infantil en todo el
mundo puede llegar a cerca del 75% en el año 2010.
Aproximadamente
un tercio de los infantes cuyas madres son portadoras resultan
infectados con el VIH. Los niños infectados desarrollan
el SIDA más rápidamente que los adultos, particularmente
en países en vías de desarrollo, porque los tratamientos
usados para niños con SIDA a menudo son inaccesibles. Otra
razón es que las familias pobres de países en vías de desarrollo
tienen menos acceso a los servicios básicos de salud y no
pueden comprar medicamentos contra las infecciones
oportunistas que derivan de la baja respuesta inmune.
Se ha puesto
mucho énfasis en el aumento del contagio del VIH de madres
a recién nacidos. Sin embargo, se ha prestado poca atención
a la transmisión del VIH a niños y adolescentes a través
de la explotación sexual, un problema común tanto a los
países industrializados como a los países en vías de desarrollo.
La ignorancia,
la pobreza y la violencia están en la raíz de este problema.
La Convención de la Naciones Unidas sobre los Derechos de
los Niños establece las condiciones básicas (tales como
vivir en un ambiente sano, tener acceso a los servicios
de salud, estándares mínimos del alimentación, vivienda
y vestido, apoyo legal y social) para proteger a todos los
menores de 18 años contra el abuso y la explotación. Estados
Unidos firmó, pero no ha ratificado esa convención. Aunque
existen leyes que prohíben la explotación sexual de menores
en casi todos los países, hay muchas dificultades para hacerlas
cumplir.
El abuso
sexual contra niños y adolescentes puede ocurrir tanto por
la explotación comercial del sexo como por el abuso sexual
en el hogar o en la comunidad. Más de un millón de niños
se incorporan al comercio sexual cada año. Se estima que
hay entre 400000 y 500000 niños prostituidos en India. Una
investigación realizada en República Dominicana arrojó que
más de 25000 menores de edad están inmersos en la prostitución.
Un estudio dirigido por el doctor Richard Estes, de la
UniverSIDAd de Pennsylvania, reveló que cada año entre 300000
y 400000 niños de Estados Unidos muchos de ellos de
hogares de la clase media sufren algún tipo de explotación
sexual.
Los niños
y adolescentes que viven en situación de pobreza y en las
calles, lejos del control familiar o social, son particularmente
propensos a esta clase de abuso. Lo que vuelve especialmente
preocupante tal situación es que los índices de contagio
del VIH entre niños y adolescentes sexoservidores y los
niños que viven en las calles suelen ser muy elevados. En
Camboya se ha reportado que el 30% de trabajadores del sexo
de 13 a 19 años están infectados por el VIH. Los niños sexo
servidores también se involucran más fácilmente en el abuso
del alcohol y las drogas, lo que aumenta el peligro de infección
con el VIH, tanto a través de inyecciones con agujas contaminadas
como por ser más propensos a las relaciones sexuales riesgosas.
Como ha subrayado el doctor Peter Piot, director ejecutivo
del Programa de las Naciones Unidas Sobre VIH/SIDA (UNAIDS),
la explotación comercial del sexo infantil es una
atrocidad y con todo derecho ha sido llamada el último demonio.
Para eliminar
el flagelo del SIDA en niños y adolescentes es necesario
insistir no sólo en las estrategias dirigidas a la prevención
del VIH/SIDA en adultos, sino además incrementar aquellas
acciones que revaloran a los jóvenes, que aumentan su participación
en acciones comunitarias, que promueven sus derechos y que
les enseñan sus atribuciones y responsabilidades. Se deberían
promover actividades especiales para aquellos niños que
están fuera del sistema escolar, que viven en barracas urbanas,
que son migrantes o que están involucrados en el trabajo
sexual como medio de sobrevivencia. Estas tareas deben complementarse
con acciones encaminadas a reducir la pobreza y a mejorar
la situación económica de aquellos que son más vulnerables.
El SIDA
no es solamente un problema de salud, sino también un problema
social. Si no tratamos con eficacia esta cuestión, continuaremos
hipotecando el futuro de los niños de hoy.
| *El doctor César Chelala, consultor
médico internacional, es autor de SIDA: Una epidemia
moderna, publicación de la Organización Panamericana
de la Salud. |