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Correo del Maestro Núm. 75,agosto 2002

Las víctimas más trágicas del SIDA

César Chelala*

Los más recientes cálculos sobre la expansión de la epidemia mundial de SIDA muestan un aumento continuo del número de niños afectados. O han adquirido el VIH o, igualmente devastador para ellos, han quedado huérfanos después de la muerte de sus padres por el  SIDA. El índice de mortalidad de niños menores de cinco años sube al doble en las regiones más afectadas por el VIH. Desde que comenzó la epidemia, más de 3.2 millones de niños menores de 15 años han muerto de SIDA y arriba de 12 millones de niños y jóvenes viven con el VIH/SIDA alrededor del mundo. Según estimaciones de la Oficina de Censos de Estados Unidos, si la proliferación del VIH no se contiene, la mortalidad infantil en todo el mundo puede llegar a cerca del 75% en el año 2010.

Aproximadamente un tercio de los infantes cuyas madres son portadoras resultan infectados con el VIH. Los niños infectados desarrollan el SIDA más rápidamente que los adultos, particularmente en países en vías de desarrollo, porque los tratamientos usados para niños con SIDA a menudo son inaccesibles. Otra razón es que las familias pobres de países en vías de desarrollo tienen menos acceso a los servicios básicos de salud y no pueden comprar medicamentos contra las ‘infecciones oportunistas’ que derivan de la baja respuesta inmune.

Se ha puesto mucho énfasis en el aumento del contagio del VIH de madres a recién nacidos. Sin embargo, se ha prestado poca atención a la transmisión del VIH a niños y adolescentes a través de la explotación sexual, un problema común tanto a los países industrializados como a los países en vías de desarrollo.

La ignorancia, la pobreza y la violencia están en la raíz de este problema. La Convención de la Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños establece las condiciones básicas (tales como vivir en un ambiente sano, tener acceso a los servicios de salud, estándares mínimos del alimentación, vivienda y vestido, apoyo legal y social) para proteger a todos los menores de 18 años contra el abuso y la explotación. Estados Unidos firmó, pero no ha ratificado esa convención. Aunque existen leyes que prohíben la explotación sexual de menores en casi todos los países, hay muchas dificultades para hacerlas cumplir.

El abuso sexual contra niños y adolescentes puede ocurrir tanto por la explotación comercial del sexo como por el abuso sexual en el hogar o en la comunidad. Más de un millón de niños se incorporan al comercio sexual cada año. Se estima que hay entre 400000 y 500000 niños prostituidos en India. Una investigación realizada en República Dominicana arrojó que más de 25000 menores de edad están inmersos en la prostitución. Un estudio  dirigido por el doctor Richard Estes, de la UniverSIDAd de Pennsylvania, reveló que cada año entre 300000 y 400000 niños de Estados Unidos —muchos de ellos de hogares de la clase media— sufren algún tipo de explotación sexual.

Los niños y adolescentes que viven en situación de pobreza y en las calles, lejos del control familiar o social, son particularmente propensos a esta clase de abuso. Lo que vuelve especialmente preocupante tal situación es que los índices de contagio del VIH entre niños y adolescentes sexoservidores y los niños que viven en las calles suelen ser muy elevados. En Camboya se ha reportado que el 30% de trabajadores del sexo de 13 a 19 años están infectados por el VIH. Los niños sexo servidores también se involucran más fácilmente en el abuso del alcohol y las drogas, lo que aumenta el peligro de infección con el VIH, tanto a través de inyecciones con agujas contaminadas como por ser más propensos a las relaciones sexuales riesgosas. Como ha subrayado el doctor Peter Piot, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas Sobre VIH/SIDA (UNAIDS), “la explotación comercial del sexo infantil es una atrocidad y con todo derecho ha sido llamada el último demonio”.

Para eliminar el flagelo del SIDA en niños y adolescentes es necesario insistir no sólo en las estrategias dirigidas a la prevención del VIH/SIDA en adultos, sino además incrementar aquellas acciones que revaloran a los jóvenes, que aumentan su participación en acciones comunitarias, que promueven sus derechos y que les enseñan sus atribuciones y responsabilidades. Se deberían promover actividades especiales para aquellos niños que están fuera del sistema escolar, que viven en barracas urbanas, que son migrantes o que están involucrados en el trabajo sexual como medio de sobrevivencia. Estas tareas deben complementarse con acciones encaminadas a reducir la pobreza y a mejorar la situación económica de aquellos que son más vulnerables.

El SIDA no es solamente un problema de salud, sino también un problema social. Si no tratamos con eficacia esta cuestión, continuaremos hipotecando el futuro de los niños de hoy.

 

*El doctor César Chelala, consultor médico internacional, es autor de SIDA: Una epidemia moderna, publicación de la Organización Panamericana de la Salud.

 

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