Una
caja en la Feria del Libro del Palacio de Minería
Experiencia para construir conocimientos
Atendiendo
a la amable invitación del Correo del Maestro para
asistir a la Feria del Libro en el Palacio Minería me dirigí
a la ciudad de México llevando conmigo la caja. Una
caja de 80 por 80 por 10 cm, forrada con tela verde suave
al tacto. Parece que en domingo todo mundo va a la Feria.
Voy entre
espaldas y zapatos por los pasillos, pidiendo permiso para
pasar... Con permiso, con permiso por favor..., cuidado,
con permiso, por las escaleras... ¡Perdón señora!,
ya le pegué con la caja...
¡Cuánta
gente!, domingo de feria. Disculpe dije amablemente
a una señorita con gafete ¿dónde queda el salón de
conferencias?
Salones
de conferencias hay por todos lados, ¿cuál busca?
Pues
no sé, voy a dar una conferencia con esta caja señalé
algo perturbada, sudando y con los brazos adoloridos.
En
este pasillo hay algunos salones, enfrente hay más..., abajo
también puede usted preguntar.
Miré hacia
abajo por el barandal del magnífico edificio, sólo cabezas
moviéndose apretadamente; claro, domingo de feria. Suspiré,
vi el reloj, las dos en punto, ¡ya es la hora! No sabía
hacia dónde caminar y, pues, sencillamente caminé hasta
topar con pared y curiosamente ahí estaba: Conferencia-taller:
La caja elemental. Entré al salón justo cuando terminaba
un taller de música. La gente parece muy contenta, me dije,
ojalá que mi caja tenga el mismo éxito. Pero, ¿qué estoy
diciendo? La caja es simplemente una caja grande de madera
forrada de tela. Dentro de ella hay cajas más pequeñas,
dentro de las cuales hay cajas todavía más chicas. Lo que
hay en las cajas no tiene la menor importancia, son cosas,
objetos, bichos que me he encontrado por el camino: una
corteza de árbol, un escarabajo, un trozo de resina, el
periódico de ayer, una conchita, un fósil, un diccionario,
¿a quién le va a interesar todo eso?
El grupo
de asistentes era por demás heterogéneo: maestros de primaria,
editores, niños, jóvenes, abuelos, asiduos visitantes a
la Feria, parejas adultas y algunos despistados.
Las sillas
del salón estaban dispuestas en filas, una detrás de la
otra, como en la escuela. Mirar la cabeza del que está sentado
delante de uno puede ser interesante, pero no por mucho
tiempo, así que pedí a los asistentes que reorganizaran
sus asientos en dos líneas, una frente a la otra, de manera
que todos se vieran directamente.
Nuestra
propuesta, como ya les dije, consistió en mostrar la
caja elemental. El principio de la caja se basa en la
idea de que el conocimiento se construye a partir de situaciones
de acción significativas que se inician con elementos cotidianos
puestos en situación de acción.
Como acompañante
del grupo (el profesor, un alumno o cualquier otra persona
podría ser el acompañante) propuse a los visitantes
participar, al tiempo que los materiales de la caja iban
evidenciándose, en un juego de ensartar opiniones,
todas ellas en un collar de ideas. Los miembros
del grupo comenzaron a hablar poco a poco sin temor, percatándose
de que sin duda sus aportaciones eran tomadas en cuenta.
Creencias,
conocimientos, interpretaciones y nuevos supuestos sobre
las cosas que iban saliendo de las cajitas invitaban
al grupo a recordar sus experiencias que de alguna manera
se relacionaban con lo que estaba sucediendo. Y si el tiempo
corre, las cosas suceden; de ahí que en un espacio de confianza
que se da cuando las personas pueden expresarse libremente,
los visitantes participaron a su propio ritmo y expresaron
sus experiencias aportando elementos de conocimiento y de
emoción.
La caja
elemental es un instrumento que facilita el trabajo con
grupos de personas. El objetivo fundamental está centrado
en la participación de los miembros del grupo con elementos
de sus historias de vida que se van entrelazando a manera
de un hilo conductor y que se van evidenciando a partir
de los objetos y situaciones de acción que el acompañante
propone partiendo del cuerpo temático de la caja elemental;
en este caso, los restos y los rastros de los artrópodos.
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Cada persona
sabe, supone, cree, o le han dicho algo sobre alacranes,
escarabajos, camarones; y lo que sabe, supone o siente,
está asociado con una experiencia más o menos significativa
y por ello guardada en su memoria. En una dinámica de relación
intersubjetiva, desde la posición cognitiva particular de
cada quien, se desarrolla el encuentro con las propias experiencias
y con las de los demás a partir de los objetos con
el pretexto de la caja elemental y de la narración de sucesos
y experiencias. De esa forma, los alacranes, arañas, cortezas
minadas por larvas de escarabajos, restos de cutículas de
cigarras, en fin, rastros y restos de organismos evocan
recuerdos y provocan sensaciones que se expresan y, además,
son escuchadas con atención. Esta relación efímera entre
los miembros del grupo facilita el intercambio de opiniones,
sustentadas o no en conocimientos probados, pero cuyo valor
radica, precisamente, en el intercambio de experiencias
y maneras de ver el mundo desde la perspectiva de cada quien.
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No es
muy común tener en la mano un alacrán o una chinche hocicona
en una feria de libros. Las impresiones al ver una araña
capulina o una muda de cigarra son, a veces, tan fuertes
que no hay más remedio que comentarlas con el compañero
de junto y relatar aquella experiencia del pasado.
Llegaba yo de viaje comentó un padre de familia; suelo viajar
mucho por razones de mi trabajo. Esta vez venía de zona
caliente; al ponerme mi camisa sentí un piquete en el brazo,
pensé que era una espina y la aventé al piso pero, de entre
la tela ¡salió un alacrán!, como éste que tengo aquí decía
el señor mostrando el frasco con un alacrán preservado
en alcohol que sacamos de la caja y que, junto con otras
muestras de artrópodos, se repartieron entre los asistentes
. Me asusté mucho, al poco rato sentí cosquilleos
en la garganta, dolor y adormecimiento en mi brazo. Nos
fuimos al hospital; todavía recuerdo el susto que pasamos.
Este relato
espontáneo y muchos otros que se expusieron iban generando
tal interés que llegó un momento en que hubo cola
para participar. Los elementos de carácter significativo
que aportan las personas son el punto de partida para hablar
sobre el asunto: venenos, especies de alacranes más venenosas,
hábitat y distribución, reproducción, alimentación, en fin,
explicaciones necesitadas y solicitadas por quien ha experimentado
vivencias que aún recuerda.
La caja
no es más que un espacio de acción en el que se guardan,
atrapan, objetos del mundo que, puestos de este modo, se
transforman en objetos misteriosos y se exhiben en un contexto
de atención, confianza e interés. Sumado a este espacio
está un personaje que denominamos el acompañante,
cuyo papel es generar una atmósfera de confianza y seguridad,
promover situaciones que giran en torno a la conversación,
las nuevas ideas, los movimientos, las experiencias del
grupo de visitantes de la caja. Se trata de un acompañante
que observa, percibe y atiende a los ritmos y necesidades
de las personas y del grupo en su conjunto, deja atrás sus
discursos protagónicos para dar paso a las iniciativas del
grupo. Propone, en un juego intersubjetivo, elementos del
lenguaje, las experiencias cotidianas, las historias de
vida de los sujetos, favoreciendo la palabra.
A continuación
describiremos la dinámica y los contenidos que se llevaron
a cabo en este caso particular. Presento al lector el guión
temático y el acompañamiento en el desarrollo del taller
con la caja elemental.
Actividad
Tema:
Artrópodos.
Introducción
al concepto:
Los artrópodos,
entre ellos los insectos, tienen su lugar en esta Tierra;
convivimos con ellos. ¿Dónde están?, ¿qué hacen?, ¿cómo
son? ¿Qué distingue a los artrópodos de otros animales?
Objetos
en la caja:
Periódico
doblado a manera de matamoscas, ejemplares de alacranes,
arañas viuda negra, chinches hociconas, equinodermos, gasterópodos
colocados en frasquitos de vidrio o en pequeñas cajitas,
corteza de árbol minada por algún animal.
Elementos
de acompañamiento:
Lectura
del relato Un día sin artrópodos.* Puede escogerse
cualquier texto sobre el tema.
Diccionario.
Planteamiento
de un acertijo:
Tomando
el periódico doblado que se encontraba dentro de una de
las unidades de la caja elemental preguntamos: ¿Qué es este
objeto?
Actividades
que se proponen.
Los
integrantes se aproximan al objeto cotidiano mostrado, en
este caso el periódico doblado, y lo significan. Alguien
sugiere que puede ser un matamoscas, palabra que sirve a
nuestros propósitos educativos.
Búsqueda
de la palabra matamoscas en el diccionario.
Relación
de significados con palabras afines, construcción de nuevas
palabras.
Relato
de experiencias particulares con los matamoscas.
Lectura
del relato Un día sin artrópodos.
Cada
equipo recibe una cajita de la caja elemental e intentará
deducir, a partir de los restos o rastros contenidos, qué
es. Luego de un acuerdo entre los integrantes del equipo,
describirá sus impresiones al resto del grupo. Por la observación
puede intentar determinar si se trata de un artrópodo o
no.
Cada
equipo explicará al grupo el porqué de sus supuestos.
Relatos
de experiencias con artrópodos por parte de los participantes.
El desarrollo:
1. Un periódico
doblado el objeto cotidiano que es extraído
de la caja y mostrado a los participantes se va transformando,
con el punto de vista de los asistentes, en objetos distintos:
en papel, en un texto, un soplador, un abanico, un matamoscas.
2. ¿Qué
significa la palabra matamoscas? Buscamos el significado
en el diccionario. Pero no lo hacemos directamente. Comenzamos
leyendo las palabras cercanas:
Mata: Planta que vive varios años y tiene tallo bajo, ramificado
y leñoso.
Matacabras: Viento norte muy fuerte y frío.
Matacallos: Planta semejante a la siempreviva y cuyas hojas
se emplean para curar los callos.
Matacán: Composición venenosa para matar los perros.
Matacandelas: Instrumento en forma de cucurucho que, fijo
en el extremo de una caña o vara, sirve para apagar las
velas.
Matacandil: Planta herbácea de las crucíferas.
Matacía: Matanza de animales para el consumo.
Matachín: Máscara ridícula que, en unión de otras, formaba
danzas grotescas en que se esgrimían espadas de palo y vejigas
llenas de aire.
Matalotaje: Provisión de víveres a bordo de una embarcación.
Conjunto o mezcla de cosas diferentes y en desorden.
Matamaridos: Mujer que se ha casado más de una vez.
Matamoros: Valentón, arrogante o que se jacta de valiente.
Matamoscas: Instrumento para matar moscas.
Mataperros: Muchacho vagabundo, travieso.
Matapiojos: Caballito del diablo.
Matapolvo: Lluvia o riego que apenas daña la superficie del
suelo.
Matasanos: Médico.
Matasello: Estampilla para inutilizar los sellos de correos.
Matatudo: De hocico largo.
3. Ya definido
el concepto matamoscas, el grupo hablará de todos los objetos
que pueden llegar a ser un matamoscas como, por ejemplo,
un simple periódico doblado que es utilizado para matar
a estos insectos. Pero se hace evidente que hay otros tipos
de matamoscas. Se propone a los miembros del grupo inventar
nombres para los diversos matamoscas sugeridos: un pie que
aplasta podría ser llamado aplastamoscas, una
mano que atrapa, atrapamoscas; una tira con
pegamento colgada, pegamoscas; una bolsa de
plástico con agua, espantamoscas, y así muchos
más...
De ahí podemos
ver que los objetos para matar moscas son muchos, así como
sus posibles nombres; tantos como intervenciones de los
participantes; unos más modernos que otros, algunos que
incluyen ciertos rituales y provocan en los participantes
sensaciones asociadas con la acción de matar moscas.
Una asistente
al taller se emocionó tanto al rememorar un matamoscas que
decdió relatar al grupo con cierta nostalgia: Me acuerdo
de un antiguo matamoscas de vidrio en el que se quedaban
atrapadas las moscas. Tenía la forma de ..., bueno no sé
muy bien de qué, mejor lo dibujo... (Ilustración a
la izquierda)
Posteriormente
nos pusimos a trabajar con los contenidos de los diversos
frascos y cajitas tomados de la caja. En muchos de ellos
había especímenes o restos de especímenes de animales.
Muchos
de ellos artrópodos, y otros no. Los equipos describieron
por escrito y luego relataron a todo el grupo lo que encontraron
dentro de su cajita o frasco, así como los supuestos a los
que llegaron los integrantes. A partir de las descripciones
y relatos se fueron estableciendo semejanzas, diferencias,
ideas, acuerdos. Se iniciaron discusiones que acercaban
cada vez más al grupo al conocimiento de los artrópodos
y que despertaban el interés por saber cada vez más.
Conclusión
Los elementos
de acción educativa que se derivan de este ejercicio de
conversación y acompañamiento, como podrá el lector darse
cuenta, tienen que ver con la construcción de conocimientos
que realiza un grupo heterogéneo caminando hasta
topar con pared, a ver a dónde llegamos; partiendo
de elementos de los lenguajes verbales y no verbales, experiencias
cotidianas representativas que se nutren de saberes y conocimientos
de los que toman y retoman para inspirar nuevas
aportaciones que tienen que ver con ser el autor de su propia
construcción.