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Correo del Maestro Núm. 71,abril 2002

La glucosa y el rendimiento deportivo

 
Una caja en la Feria del Libro del Palacio de Minería
Experiencia para construir conocimientos
Katya Luna Cherzanowsky

 

 

Atendiendo a la amable invitación del Correo del Maestro para asistir a la Feria del Libro en el Palacio Minería me dirigí a la ciudad de México llevando conmigo la caja. Una caja de 80 por 80 por 10 cm,  forrada con tela verde suave al tacto. Parece que en domingo todo mundo va a la Feria.

Voy entre espaldas y zapatos por los pasillos, pidiendo permiso para pasar... —Con permiso, con permiso por favor..., cuidado, con permiso—, por las escaleras... —¡Perdón señora!, ya le pegué con la caja...

¡Cuánta gente!, domingo de feria. —Disculpe —dije amablemente a una señorita con gafete —¿dónde queda el salón de conferencias?

—Salones de conferencias hay por todos lados, ¿cuál busca?

—Pues no sé, voy a dar una conferencia con esta caja —señalé algo perturbada, sudando y con los brazos adoloridos.

—En este pasillo hay algunos salones, enfrente hay más..., abajo también puede usted preguntar.

Miré hacia abajo por el barandal del magnífico edificio, sólo cabezas moviéndose apretadamente; claro, domingo de feria. Suspiré, vi el reloj, las dos en punto, ¡ya es la hora! No sabía hacia dónde caminar y, pues, sencillamente caminé hasta ‘topar con pared’ y curiosamente ahí estaba: “Conferencia-taller: La caja elemental”. Entré al salón justo cuando terminaba un taller de música. La gente parece muy contenta, me dije, ojalá que mi caja tenga el mismo éxito. Pero, ¿qué estoy diciendo? La caja es simplemente una caja grande de madera forrada de tela. Dentro de ella hay cajas más pequeñas, dentro de las cuales hay cajas todavía más chicas. Lo que hay en las cajas no tiene la menor importancia, son cosas, objetos, bichos que me he encontrado por el camino: una corteza de árbol, un escarabajo, un trozo de resina, el periódico de ayer, una conchita, un fósil, un diccionario, ¿a quién le va a interesar todo eso?    

El grupo de asistentes era por demás heterogéneo: maestros de primaria,  editores, niños, jóvenes, abuelos, asiduos visitantes a la Feria, parejas adultas y algunos despistados.

Las sillas del salón estaban dispuestas en filas, una detrás de la otra, como en la escuela. Mirar la cabeza del que está sentado delante de uno puede ser interesante, pero no por mucho tiempo, así que pedí a los asistentes que reorganizaran sus asientos en dos líneas, una frente a la otra, de manera que todos se vieran directamente.

    Nuestra propuesta, como ya les dije, consistió en mostrar la caja elemental. El principio de la caja se basa en la idea de que el conocimiento se construye a partir de situaciones de acción significativas que se inician con elementos cotidianos puestos ‘en situación de acción’.

 Como acompañante del grupo (el profesor, un alumno o cualquier otra persona podría ser el acompañante) propuse a los ‘visitantes’ participar, al tiempo que los materiales de la caja iban evidenciándose, en un juego de ‘ensartar opiniones’, todas ellas en un ‘collar’ de ideas. Los miembros del grupo comenzaron a hablar poco a poco sin temor, percatándose de que sin duda sus aportaciones eran tomadas en cuenta.

Creencias, conocimientos, interpretaciones y nuevos supuestos sobre las cosas que iban ‘saliendo’ de las cajitas invitaban al grupo a  recordar sus experiencias que de alguna manera se relacionaban con lo que estaba sucediendo. Y si el tiempo corre, las cosas suceden; de ahí que en un espacio de confianza que se da cuando las personas pueden expresarse libremente, los visitantes participaron a su propio ritmo y expresaron sus experiencias aportando elementos de conocimiento y de emoción.

La caja elemental es un instrumento que facilita el trabajo con grupos de personas. El objetivo fundamental está centrado en la participación de los miembros del grupo con elementos de sus historias de vida que se van entrelazando a manera de un hilo conductor y que se van evidenciando a partir de los objetos y situaciones de acción que el acompañante propone partiendo del cuerpo temático de la caja elemental; en este caso, los restos y los rastros de los artrópodos.

  

  Cada persona sabe, supone, cree, o le han dicho algo sobre alacranes, escarabajos, camarones; y lo que sabe, supone o siente, está asociado con una experiencia más o menos significativa y por ello guardada en su memoria. En una dinámica de relación intersubjetiva, desde la posición cognitiva particular de cada quien, se desarrolla el encuentro con las propias experiencias y con las de los demás a partir de los objetos —con el pretexto de la caja elemental y de la narración de sucesos y experiencias. De esa forma, los alacranes, arañas, cortezas minadas por larvas de escarabajos, restos de cutículas de cigarras, en fin, rastros y restos de organismos evocan recuerdos y provocan sensaciones que se expresan y, además, son escuchadas con atención. Esta relación efímera entre los  miembros del grupo facilita el intercambio de opiniones, sustentadas o no en conocimientos probados, pero cuyo valor radica, precisamente, en el intercambio de experiencias y maneras de ver el mundo desde la perspectiva de cada quien.

    No es muy común tener en la mano un alacrán o una chinche hocicona en una feria de libros. Las impresiones al ver una araña capulina o una muda de cigarra son, a veces, tan fuertes que no hay más remedio que comentarlas con el compañero de junto y relatar aquella experiencia del pasado.

Llegaba yo de viaje —comentó un padre de familia—; suelo viajar mucho por razones de mi trabajo. Esta vez venía de zona caliente; al ponerme mi camisa sentí un piquete en el brazo, pensé que era una espina y la aventé al piso pero, de entre la tela ¡salió un alacrán!, como éste que tengo aquí —decía el señor mostrando el frasco con un alacrán  preservado en alcohol que sacamos de la caja  y que, junto con otras muestras de artrópodos, se repartieron entre los asistentes . —Me asusté mucho, al poco rato sentí cosquilleos en la garganta, dolor y adormecimiento en mi brazo. Nos fuimos al hospital;  todavía recuerdo el susto que pasamos.

Este relato espontáneo y muchos otros que se expusieron iban generando tal interés que llegó un momento en que hubo ‘cola’ para participar. Los elementos de carácter significativo que aportan las personas son el punto de partida para hablar sobre el asunto: venenos, especies de alacranes más venenosas, hábitat y distribución, reproducción, alimentación, en fin, explicaciones necesitadas y solicitadas por quien ha experimentado vivencias que aún recuerda.

La caja no es más que un espacio de acción en el que se guardan, atrapan, objetos del mundo que, puestos de este modo, se transforman en objetos misteriosos y se exhiben en un contexto de atención, confianza e interés. Sumado a este espacio está un personaje que denominamos el acompañante, cuyo papel es generar una atmósfera de confianza y seguridad, promover situaciones que giran en torno a la conversación, las nuevas ideas, los movimientos, las experiencias del grupo de visitantes de la caja. Se trata de un acompañante que observa, percibe y atiende a los ritmos y necesidades de las personas y del grupo en su conjunto, deja atrás sus discursos protagónicos para dar paso a las iniciativas del grupo. Propone, en un juego intersubjetivo, elementos del lenguaje, las experiencias cotidianas, las historias de vida de los sujetos, favoreciendo la palabra.  

 A continuación describiremos la dinámica y los contenidos que se llevaron a cabo en este caso particular. Presento al lector el guión temático y el acompañamiento en el desarrollo del taller con la caja elemental.

Actividad

Tema:

Artrópodos.

Introducción al concepto:

Los artrópodos, entre ellos los insectos, tienen su lugar en esta Tierra; convivimos con ellos. ¿Dónde están?, ¿qué hacen?, ¿cómo son? ¿Qué distingue a los artrópodos de otros animales?

Objetos en la caja:

Periódico doblado a manera de matamoscas, ejemplares de alacranes, arañas viuda negra, chinches hociconas, equinodermos, gasterópodos colocados en frasquitos de vidrio o en pequeñas cajitas, corteza de árbol minada por algún animal.

Elementos de acompañamiento:

Lectura del relato “Un día sin artrópodos”.* Puede escogerse cualquier texto sobre el tema.

Diccionario.

Planteamiento de un acertijo:

Tomando el periódico doblado que se encontraba dentro de una de las unidades de la caja elemental preguntamos: ¿Qué es este objeto?

 Actividades que se proponen.

•Los integrantes se aproximan al objeto cotidiano mostrado, en este caso el periódico doblado, y lo significan. Alguien sugiere que puede ser un matamoscas, palabra que sirve a nuestros propósitos educativos.

•Búsqueda de la palabra matamoscas en el diccionario.

•Relación de significados con palabras afines, construcción de nuevas palabras.

•Relato de experiencias particulares con los matamoscas.

•Lectura del relato “Un día sin artrópodos”.

• Cada equipo recibe una cajita de la caja elemental e intentará deducir, a partir de los restos o rastros contenidos, qué es. Luego de un acuerdo entre los integrantes del equipo, describirá sus impresiones al resto del grupo. Por la observación puede intentar determinar si se trata de un artrópodo o no.

• Cada equipo explicará al grupo el porqué de sus supuestos.

• Relatos de experiencias con artrópodos por parte de los participantes.

 

 

El desarrollo:

1. Un periódico doblado —el objeto cotidiano— que es extraído de la caja y mostrado a los participantes se va transformando, con el punto de vista de los asistentes, en objetos distintos: en papel, en un texto, un soplador, un abanico, un matamoscas.

2. ¿Qué significa la palabra matamoscas? Buscamos el significado en el diccionario. Pero no lo hacemos directamente. Comenzamos leyendo las palabras cercanas:

Mata: Planta que vive varios años y tiene tallo bajo, ramificado y leñoso.

Matacabras: Viento norte muy fuerte y frío.

Matacallos: Planta semejante a la siempreviva y cuyas hojas se emplean para curar los callos.

Matacán: Composición venenosa para matar los perros.

Matacandelas: Instrumento en forma de cucurucho que, fijo en el extremo de una caña o vara, sirve para apagar las velas.

Matacandil: Planta herbácea de las crucíferas.

Matacía: Matanza de animales para el consumo.

Matachín: Máscara ridícula que, en unión de otras, formaba danzas grotescas en que se esgrimían espadas de palo y vejigas llenas de aire.

Matalotaje: Provisión de víveres a bordo de una embarcación. Conjunto o mezcla de cosas diferentes y en desorden.

Matamaridos: Mujer que se ha casado más de una vez.

Matamoros: Valentón, arrogante o que se jacta de valiente.

Matamoscas: Instrumento para matar moscas.

Mataperros: Muchacho vagabundo, travieso.

Matapiojos: Caballito del diablo.

Matapolvo: Lluvia o riego que apenas daña la superficie del suelo.

Matasanos: Médico.

Matasello: Estampilla para inutilizar los sellos de correos.

Matatudo: De hocico largo.

3. Ya definido el concepto matamoscas, el grupo hablará de todos los objetos que pueden llegar a ser un matamoscas como, por ejemplo, un simple periódico doblado que es utilizado para matar a estos insectos. Pero se hace evidente que hay otros tipos de matamoscas. Se propone a los miembros del grupo inventar nombres para los diversos matamoscas sugeridos: un pie que aplasta podría ser llamado ‘aplastamoscas’, una mano que atrapa, ‘atrapamoscas’; una tira con pegamento colgada, ‘pegamoscas’; una bolsa de plástico con agua, ‘espantamoscas’, y así muchos más...

De ahí podemos ver que los objetos para matar moscas son muchos, así como sus posibles nombres; tantos como intervenciones de los participantes; unos más modernos que otros, algunos que incluyen ciertos rituales y provocan en los participantes sensaciones asociadas con la acción de matar moscas.

Una asistente al taller se emocionó tanto al rememorar un matamoscas que decdió relatar al grupo con cierta nostalgia: “Me acuerdo de un antiguo matamoscas de vidrio en el que se quedaban atrapadas las moscas. Tenía la forma de ..., bueno no sé muy bien de qué, mejor lo dibujo...” (Ilustración a la izquierda)

Posteriormente nos pusimos a trabajar con los contenidos de los diversos frascos y cajitas tomados de la caja. En muchos de ellos había especímenes o restos de especímenes de animales.

Muchos de ellos artrópodos, y otros no. Los equipos describieron por escrito y luego relataron a todo el grupo lo que encontraron dentro de su cajita o frasco, así como los supuestos a los que llegaron los integrantes. A partir de las descripciones y relatos se fueron estableciendo semejanzas, diferencias, ideas, acuerdos. Se iniciaron discusiones que acercaban cada vez más al grupo al conocimiento de los artrópodos y que despertaban el interés por saber cada vez más.

 

Conclusión

Los elementos de acción educativa que se derivan de este ejercicio de conversación y acompañamiento, como podrá el lector darse cuenta, tienen que ver con la construcción de conocimientos que realiza un grupo heterogéneo —“caminando hasta topar con pared, a ver a dónde llegamos”—; partiendo de elementos de los lenguajes verbales y no verbales, experiencias cotidianas representativas que se nutren de saberes y conocimientos de los que toman y retoman para ‘inspirar’ nuevas aportaciones que tienen que ver con ser el autor de su propia construcción.

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