Hay varias y afortunadas aportaciones al idioma que se
va expandiendo por toda España; así, entre 1394 y 1458,
muy cerca de la reconquista de la península, surge el marqués
de Santillana, ilustre poeta que refleja diversas fuentes
y todas venturosas. Tendrá seguidores y culminará con el
cordobés Juan de Mena (El laberinto de la fortuna)
(1411-1456) uno de los renovadores de la poesía del siglo
XV, antesala de un luminoso XVI. De inspiración popular,
graciosas, delicadas y de hermosa factura, en sus Serranillas,
cuyo eco recorre los siglos, se lee:
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Moça tan fermosa
non vi en la frontera
como una vaquera
en la Finojosa
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También
merecen citarse los Refranes que dicen las viejas
tras el fuego, amorosamente recogidos. Falta un siglo
para que surjan Boscán y Garcilaso en sus tertulias napolitanas.
Por esos
años aparece Jorge Manrique (1440-1478) con sus Coplas
por la muerte de su padre donde se trata, en forma entrañablemente
poética, en especial lo que acontece en la Castilla de aquellos
años. Al exaltar la vida y gloria del maestre don Rodrigo
Manrique se crea un monumento a la naciente lengua castellana.
He aquí
algunos pequeños fragmentos:
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Recuerde el alma dormida ,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor,
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
. . .
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
. . .
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Jorge Manrique
es, con sus versos, un hito en el idioma de la meseta.
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Página de la primera edición
de las Coplas por
la muerte de su padre de Jorge Manrique |
En 1499
aparece La Celestina, de Fernando Rojas, que es la
joya española del Renacimiento e inicio del gran teatro
español. Novela dialogada en 21 actos: La tragicomedia
de Calisto y Melibea (los cinco añadidos forman el
Tratado de Centurio, intercalado entre el siglo
XVI y XIX, que, por otra parte, también se atribuye a Rojas
(1465-1541). Es La Celestina uno de los mayores sucesos
de aquellas épocas medievales. Con implicaciones morales
es resumen y castigo de excesos. El argumento trata de la
violenta pasión amorosa de Calisto, quien para alcanzar
el favor y vencer los escrúpulos de Melibea, utiliza los
servicios de una vieja mediadora, Celestina; Sempronio y
Pármeno, criados de Calisto, matan a la alcahueta movidos
por la codicia y mueren a su vez en manos de la justicia.
Al fin de uno de los amorosos encuentros en la alcoba de
Melibea, Calisto sufre un fatal y azaroso accidente y, seguidamente,
ella se suicida arrojándose desde la torre de su casa y
ante la presencia de Pleberio, su padre, quien resume en
un planteo final la desolación moral del hombre en un mundo
encaminado fatalmente hacia la destrucción. Es la Celestina
uno de los caracteres más definitivos de la literatura
española: la figura de la alcahueta.
Es un drama
comparable a Romeo y Julieta de Shakespeare. Un todo
teñido de sangre y pasión.
Siempre
recordaremos las versiones teatrales de Amparo Villegas,
bajo la dirección de Rivas Cheriff, en México.
A principios
del siglo XVI, Juan del Encina y Lucas Fernández escriben
églogas, casi teatro. Juan del Encina (o de la Encina) (1468-1530)
es poeta de variada factura (villancicos, romances, canciones
y también traducciones de Virgilio, que dan fe de sus proyecciones
latinas). Hay un cancionero con su obra editada en facsímil
por la Real Academia. Tomamos unos fragmentos de un hermoso
villancico que dice:
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Montesina era la garza,
y de muy alto volar;
no hay quien la pueda tomar.
Mi cuidadoso pensamiento
ha seguido su guarida,
mas cuanto más es seguida
tiene más defendimiento;
de seguirla soy contento
por de su vista gozar,
no hay quien la pueda tomar.
Tiene tan gran hermosura
y es tan noble y virtuosa,
que en presencia de nadie osa
descubrirle su tristura;
es de dichosa ventura
el que sirve en tal lugar,
no hay quien la pueda tomar.
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Estamos
a un paso de una constelación de grandes poetas y prosistas.
Hay, en el camino, anónimos insignes y proverbios morales.
La influencia italiana, sobre todo por el reino de Nápoles,
se acentuó en el siglo XV y XVI. El endecasílabo, solo o
combinado con el heptasílabo, se convirtió entonces en uno
de los dos metros clásicos de la poesía castellana; el otro
era el octasílabo. Estamos llegando al mundo de Garcilaso
de la Vega y de Gutierre de Cetina. También al de Tirso
de Molina, Lope de Vega, Quevedo y Cervantes. De todo ello
diremos algo y confirmaremos que el castellano se construyó
en forma maciza, destinado a enfrentar siglos y embates
de otras lenguas. Es un idioma que canta, ama y desafía,
y también razona, teñido en auras melancólicas.
Garcilaso
de la Vega
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Supuesto retrato de Garcilaso,
de autor
anónimo, conservado en la Galería de
Kassel, Alemania.
www.garcilaso.org/ilustraciones
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Es Garcilaso
el máximo poeta español del Renacimiento. Nace en época
de inquietudes; las ideas de Erasmo con fronteras en lo
herético hacían mella en una España que entraba en el europeísmo
con Carlos I, su ideal imperial y católico se sobrepuso
a la tragedia de los comuneros y como cortesano consumado
y de linaje alto, el joven Garcilaso pasó su primera juventud
en Toledo, ciudad que idealiza. Allí, en la ciudad que enlaza
el Tajo, recibió esmerada educación, donde no están ausentes
latín, griego, esgrima (que usó con largueza), equitación
(fue consumado jinete), y (sobre todo) etiqueta cortesana.
Él indujo a su amigo y poeta Boscán a traducir El cortesano
de Castiglione, durante el fructífero exilio napolitano.
Para Garcilaso, la obra de Baltasar de Castiglione (1476-1529)
era una especie de biblia y en su corta pero bien vivida
existencia, Garcilaso fue ducho en manejo de pluma y armas,
culto y de agradable conversación.
Entre sus
ascendientes estaba Íñigo López de Mendoza, más conocido
como el Marqués de Santillana, gloria literaria y también
gente notable en armas y política. El historial guerrero
de nuestro poeta es breve e impresionante. En Olías es herido
gravemente (17 de agosto de 1521), en una expedición contra
los turcos en la isla de Rodas. Cuatro años más tarde participa
en la campaña de Navarra contra Francia y el emperador premia
sus esfuerzos nombrándolo caballero de la Orden de Santiago
en Pamplona. Dos años después, casado con Elena de Zúñiga,
dama de la nobleza, emprende larga serie de viajes diplomáticos:
Zaragoza, Barcelona, Italia, Francia, Flandes y Alemania.
Por esos tiempos tendrá una herida sentimental difícil de
sanar ya que se enamora, si bien platónicamente, de Isabel
Freyre, que integraba parte del cortejo de la emperatriz
Isabel de Portugal. Esta dama casó con don Antonio de Fonseca
y murió de parto al poco tiempo, en 1533.
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Portada de la primera
edición de las Obras
de Garcilaso y Boscán, 1543.
www.garcilaso.org/ilustraciones |
Para entonces
hubo un acontecimiento en las letras latinas, que Garcilaso
puso de manifiesto preso de una pasión infeliz pero que
había que controlar. El resultado es parte de la excelencia
cortesana de Garcilaso, dentro del modelo de Castiglione.
El humanista Andrea Navagero, que era embajador de Venecia
en la bullente Nápoles, facilitó al poeta y amigo de Garcilaso
los principales metros poéticos utilizados por los italianos;
se trataba de Juan Boscán, traductor al castellano de El
cortesano de Castiglione que sigue el modelo de Cicerón
y que también tiene puntos de contacto con Diálogos del
amor, de León Hebreo; en suma, enumeración de cualidades
y rasgos que deben adornar al gentilhombre. Pero vayamos
por partes: en 1532 hay un breve destierro de Garcilaso
en una isla del Danubio debido a un enojo pasajero del emperador,
para terminar en Nápoles donde tuvo contacto con un vasto
surtido de celebridades que llenaban las tertulias culturales
de la ciudad. Tenemos una reproducción de un retrato del
poeta realizado por Il Pontormo, cuyo original se exhibe
en la Galería Real de Pinturas de Kaassel, en Alemania.
En él vemos a un hombre de talante noble, fornido, propio
de un gentilhombre, que en corta vida (como quería Gracián)
hizo una obra breve pero sustanciosa.
¿Qué pasó
en Nápoles? Conoció a Juan Boscán, a Bernardo Tasso y a
Juan Valdés. Allí abandonó el estilo de las coplas castellanas
y tomó la concepción italianizante que revolucionó a la
poesía española. Heredero del gran Petrarca, sobre todo
por el uso de la naturaleza como fuente de imágenes. En
suma, la línea de Garcilaso, guiada por un ideal arcádico
expresado con melancólica serenidad, constituye una de las
cimas de la poesía castellana. Decíamos de lo breve, pero
depurado e intenso, de su carrera. Muere con una edad de
30 años, herido mortalmente en lucha contra los franceses
al asaltar el Castillo de Muy, en Provenza. Fallece en Niza,
el 13 de octubre de 1536.
¿Qué hay
de su conversión italianizante que tanto revolucionó
a la poesía española? Digamos, respecto a la métrica, que
asimiló distintas formas, desde el endecasílabo a la canzone
y a la terza rima; el bucolismo y la alusión mitológica
renacentista, todo se conjuga con la nota sensorial y plástica
y el acierto metafórico. Su obra comprende tres églogas,
compuestas entre los años 1534 y 1536, que será el año de
su muerte. En Los infortunios del pastor Albano,
rechazado por la pastora Camila, hay mucho de autobiográfico
entre Garcilaso y sus desventuras con la inasible Isabel
Freyre. Estas églogas son composiciones debidas, en sus
inicios, al poeta griego Teócrito (300 años antes de Cristo)
y que alcanza la perfección con el divino Virgilio.
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El Toledo de Garcilaso.
www.garcilaso.org/ilustraciones |
Decíamos
a medida que Garcilaso asimilaba la influencia de los grandes
poetas latinos y de los italianos desde Petrarca hasta Bernardo
Tasso, tallaba su propia grandeza. Según estudiosos de talla
de R. O. Jones (Historia de la literatura española, 1971)
y W. J. Entwistle (The loves of Garcilaso, 1930),
el orden cronológico de aparición está alterado, se cree
que la Égloga II es la primera y se compone de un
largo poema dialogado de 1885 versos. El poema trata de
los infortunios del pastor Albano que, habiendo amado a
la pastora Camila desde la infancia, es abandonado por ella
cuando él le declara su amor. Al volverse a encontrar quiere
retenerla por la fuerza pero sus amigos Salicio y Nemoroso
lo apresan y atan. Le hacen oír sus experiencias de amor
insano para que vuelva a la senda adecuada. La situación
de Albano parece clara, pero la figura de Petrarca adquiere
más vigor, más influencia y es en la tercera égloga donde
el sentimiento alcanza cotas más profundas. Hay batallas,
se sugiere la influencia de Ausias March, entre la razón
y la sensualidad. En fin, la naturaleza es un espectáculo
de amor y armonía en que el amor humano puede encontrar
su lugar. Salicio y Nemoroso lo hallaron, pero nuestro Albano
no. Al parecer muchos de los versos de estas églogas están
inspirados en el Orlando furioso, de Ariosto. Si
hemos de buscar personajes reales en el poema, entonces
Albanio debe ser evidentemente el mismo Garcilaso, el irredento
Garcilaso preso de una pasión infeliz (R. O. Jones, Siglo
de oro). Y mientras la imagen de Isabel Freyre señorea
su espíritu, manifiesta de modo bucólico que el mundo y
él son ajenos, el uno al otro, al manifestar:
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siempre está en llanto esta ánima
mezquina,
cuando la sombra el mundo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
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Palabras
más o menos, las églogas son extraordinarias. En ellas Garcilaso
expresa su pena y su liberación. Son la exploración de la
experiencia real, las cuentas que el poeta ajusta consigo
mismo.
Al erudito
R. O. Jones corresponde esta anotación muy importante en
los anales de la literatura española:
| Durante su periodo napolitano, Garcilaso
escribe su canción V, Oda a la flor de Gnido,
una súplica en favor de su amigo Mario Galeota dirigida
a doña Violante Sanseverino. Es un poema muy logrado,
imitación de la Oda I, VI de Horacio. Aparte
de sus méritos intrínsecos, tiene además una importancia
histórica pues introduce en el idioma español la forma
de estrofa en la cual fray Luis de León y san Juan de
la Cruz habían de escribir algunos de sus mejores poemas,
y que tomó el nombre de lira precisamente de la última
palabra del primer verso de la oda: Si de mi baja
lira. |
|
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Rúbrica de Garcilaso.
www.garcilaso.org/ilustraciones |
Desterrado
de la isla de Schut (en el Danubio), extrañamiento breve
pero muy sentido, compuso la Canción tercera: Danubio,
río divino, de la que extraemos estas estrofas:
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Con manso ruido
de agua corriente y clara ,
cerca del Danubio una isla, que pudiera
ser lugar escogido
para que descansara
quien como yo estoy agora, no estuviera:
do siempre primaver a
parece en la verdura
sembrada de las flores;
hacen los ruiseñores
renovar el placer o la tristura
con sus blandas querellas
que nunca dia ni noche cesan ellas.
|
Pronto dejó
el bucólico rincón del Danubio y partió a la cosmopolita
Nápoles con sus bien colmadas tertulias bajo el benigno
patronazgo de don Pedro de Toledo, primer marqués de Villafranca,
Virrey de Nápoles durante varios años (1532-1553).
Esta cima
de la poesía castellana está constituida por una obra breve,
despurada e intensa, compuesta de tres églogas a las que
nos habíamos referido, cinco canciones, dos elegías, una
epístola a Boscán y treinta y ocho sonetos. En la lírica
amorosa no mengua un sincero intimismo sentimental.
Hay también
algunas epístolas de 1536, una de ellas dirigida al emperador
Carlos V, de quien fue fiel vasallo y mejor guerrero.
En resumen,
con Garcilaso de la Vega estamos ante un espíritu nuevo
en la poesía española a la que inyectó brío y grandeza.