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Correo del Maestro Núm. 71, abril 2002

Formadores de docentes, razonamiento informal y prácticas de enseñanza

Daniel Germán Ciano

Introducción

El razonamiento, considerado como una de las formas más sofisticadas de actividad mental, ha sido permanentemente objeto de la investigación psicológica. Los procesos que el mismo implica no sólo están presentes en la actividad cognitiva del sujeto sino que constituyen un tipo específico de conocimiento que puede ser adquirido y enseñado.

Estamos entonces trascendiendo el campo del razonamiento entendido en una dimensión formal como solución de situaciones problema,  acotadas exclusivamente en caminos de inferencia de tipo lógicodeductivo o inductivo, para adentrarnos en la comprensión del  interjuego de complejos procesos de razonamiento, elicitados en situaciones de contexto natural y vida cotidiana.

Francisco Gutiérrez (1996) sostiene que razonar supone un conjunto de habilidades muy diversas, que ilustra con la caracterización realizada por Salmon (1991), quien afirma que razonar es la:

...habilidad para pensar coherentemente, para
comprender instrucciones e informes, para en-
tender la diferencia entre meras aseveraciones y
argumentos, para reconocer cuando las afirma-
ciones necesitan sustentarse y para conseguir este
apoyo a partir del conocimiento general o de
nuevas investigaciones. Razonar incluye también
formular problemas y descubrir soluciones, deri-
var conclusiones de las premisas, diseñar experi-
mentos mentales o reales para probar aseveracio-
nes, formular y usar principios para evaluar ar-
gumentos, apreciar la fuerza de los contraejem-
plos, juzgar la relevancia de la información, así
como supervisar y evaluar los posibles resulta-
dos de planes y decisiones.

 

Se trata pues de trascender los límites del razonamiento formal para incursionar en el campo de lo que se ha dado en llamar razonamiento informal o natural, entendiendo por tal el tipo de razonamiento que implica dar sentido, sostener y evaluar creencias, poniendo en juego además de procesos de inducción y deducción, más allá de los procedimientos formales, otras capacidades que comprometen pensamiento creativo y crítico en un contexto que le otorga sentido.

  Johnson y Blair (1991) señalan que el razonamiento informal es el razonamiento desarrollado fuera de los límites de la matemática y la lógica simbólica y se orienta a adentrarse en las causas y consecuencias, así como en las ventajas y desventajas de determinadas propuestas o decisiones alternativas en las peculiaridades de un contexto. Mientras que en el razonamiento formal la tarea del sujeto es llegar lógicamente a conclusiones a partir de premisas dadas, en el razonamiento informal su tarea consiste en utilizar su conocimiento para identificar premisas relevantes a una proposición particular y construir a partir de allí plausibles líneas de argumentación para sostener, evaluar creencias y seguir adquiriendo conocimiento.

Específicamente, en el campo de la educación, las referencias al tema del razonamiento han sido permanentes, fundamentalmente desde el prisma de las altas valoraciones sobre su importancia en nuestras vidas, su papel preponderante en los procesos de aprendizaje y adquisición del conocimiento, su demandada presencia en los diseños curriculares, así como la constante manifestación de los educadores sobre su deseo de hacer de los alumnos buenos razonadores. Las instituciones educativas, sin embargo, han tenido poco éxito, a decir de Voss, Perkins y Segal (1991), en enseñar a razonar.

Las ofertas curriculares, del mismo modo que las actitudes profesionales asociadas a las mismas, parecen centrarse más en conjuntos de hechos arbitrarios y procedimientos por memorizar que en ricos cuerpos de conocimientos permeados y permeables que puedan, a modo de red, ser explorados, entendidos y expandidos por los alumnos. Esta situación  tiende a tornarse bastante común en ciertas prácticas de enseñanza en los niveles educativos primario y medio, pero se percibe como más frecuente en la educación superior orientada a la formación de docentes.

Nos interesa particularmente conocer cuáles son las representaciones de los formadores de docentes sobre el papel del razonamiento informal y su incidencia en las prácticas de enseñanza.

Nos interesa particularmente
conocer cuáles son las
representaciones de los
formadores de docentes sobre
el papel del razonamiento
informal y su incidencia en las
prácticas de enseñanza.

 En este ámbito, estamos en condiciones de afirmar que si bien por una parte los formadores de futuros docentes advertirían la importancia a priori del componente razonamiento informal en los logros y procesos de aprendizaje de sus alumnos, sus prácticas profesionales de enseñanza no se orientarían siempre a favorecer o desplegar el potencial del razonamiento informal en el camino de acceso al conocimiento y aprendizaje de los alumnos.

El profesor es mediador, afirma Gimeno Sacristán, entre alumno y cultura a través de su propio nivel cultural, sus propias creencias y representaciones, por la significación que asigna al currículo en general y al conocimiento que transmite en particular,  y por las actitudes que tiene hacia el conocimiento o hacia una parcela especializada del mismo, en este caso particular que nos ocupa, el conocimiento del docente reerido al razonamiento informal.

El conocimiento de una persona
no sólo se encuentra en la información que almacena oen la resolución de un silogismo,sino también en la anticipación argumentada de las consecuenciasde una situación problema, búsqueda de analogías, elaboración de hipótesis,entre otras facultades

La tamización del currículo por los profesores no es un mero problema de interpretaciones pedagógicas diversas, sino también de sesgos en esos significados que, desde un punto de vista social, no son equivalentes ni neutros. Entender cómo inciden en las prácticas de enseñanza de los formadores de docentes sus representaciones acerca del razonamiento informal puede llegar a ser un factor de interés necesario para que se comprenda mejor por qué los estudiantes difieren en lo que aprenden, las actitudes hacia lo aprendido, hacia sus propios sistemas de argumentación y sustentación de creencias y hasta en la misma distribución social de lo que se aprende (Gimeno Sacristán,1988).

 Salomon (1993) y Litwin (1997), entre otros autores, al analizar el proceso de conocer de los niños y de los adultos, sostienen que llegar a saber algo implica una acción situada y distribuida. Esto se debe a la naturaleza social y cultural del conocimiento y nos remite necesariamente a reflexionar sobre el papel específico del razonamiento en contexto natural, deliberado, situado en los diferentes ámbitos de la vida diaria. 

El conocimiento de una persona no sólo se encuentra en la información que almacena o en la resolución de un silogismo, sino también en la anticipación argumentada de las consecuencias de una situación problema, búsqueda de analogías, elaboración de hipótesis, entre otras facultades. Como se señalaba anteriormente, esto se refiere a la naturaleza del conocimiento distribuido y al papel del razonamiento situado que posee y logra vida en actos cotidianos (y, ¿por qué no?, en actos escolares) que brindan sistemas de apoyo físicos, cognitivos, sociales y simbólicos en los procesos de aprendizaje.

Los supuestos básicos de los que se parte son los siguientes:

A)Existirían ciertas representaciones dominantes en los profesores formadores de futuros docentes referidas a modos peculiares de sustentar los argumentos y las creencias que otorgan identidad a sus prácticas de enseñanza.

B)Las prácticas de enseñanza de los formadores de docentes se sustentarían, desde la perspectiva del razonamiento informal, más en epistemologías del ‘dar sentido’ que en epistemologías de tipo ‘crítico’.

A) Primer supuesto

Parte importante de las decisiones y acciones de los profesores depende de sus concepciones, creencias y conocimientos acerca de la enseñanza (Marrero, 1993) y de los procesos de razonamiento informal puestos en juego en la misma.

La naturaleza de estas concepciones y conocimientos parece ser diversa. En algunos casos se le caracteriza como fuertemente idiosincrásica y personal (Rodríguez, 1995), en otros es considerada básicamente como habilidad cognitiva y profesional (Litwin, 1997).

También se afirma que se trata de conocimientos y sistemas de creencias eminentemente prácticos. De todos modos, habría elementos para suponer que la función del docente, consistente en  construir, transmitir y negociar significados socioculturales, estaría apelando a, y desplegando, sistemas de creencias que integran teorías implícitas sobre variados aspectos, entre los que se incluyen para nuestro análisis representaciones relativamente estables, mayormente latentes, sobre el razonamiento informal. Las mismas consistirían en una suerte de escenario mental y marco interpretativo para la argumentación y sustentación de creencias que la función profesional pone en juego y que, de alguna manera, podrían percibirse en la canalización de ciertas prácticas, normas y rituales de enseñanza que a manera de texturas de identidad, estarían dando cuenta de las referidas representaciones, conocimientos y teorías de la enseñanza del profesor.

Las representaciones del profesor sobre el razonamiento informal en particular podrían estar permitiéndole hacer frente a las diarias contingencias del contexto de su tarea en el aula. Le sirven, pues, de base en el modo en que  procesa, evalúa la información y se constituye en marco de referencia para la puesta en escena de argumentaciones y sustentación de creencias que otorgan sentido a su papel y a su tarea frente a todo lo que pueda impresionar como incierto o cuestionable.

Este soporte parecería estar más destinado a estabilizar la propia identidad de sus prácticas de enseñanza que a afianzar y fomentar el potencial del razonamiento informal en los procesos de adquisición del conocimiento de sus alumnos, quienes a su vez se encuentran en un interjuego especular en franca construcción de su propia identidad como futuros docentes.

En esta línea, Philippe Meirieu (1992) afirma que las representaciones de los docentes bloquean muchas veces su inventiva didáctica. Los conocimientos, dice, son percibidos y representados co
mo si fuesen cosas que, como tales, se adquieren, se poseen, se pueden acumular y hasta hacer inventario de los mismos, abandonando los que están rotos o son inútiles, para sustituirlos por otros absolutamente nuevos y adaptados.

Estas representaciones estarían operando al servicio de una suerte de sentido común para la argumentación y sustentación de creencias e identidad en la más variada gama de situaciones de contexto áulico, imponiéndose incluso, a decir de Moscovici (1961), como traducciones de lo real.

Al percibirse habitualmente en las prácticas de enseñanza de los docentes formadores la idea subyacente de que los conocimientos son cosas y que se aprende por repetición o por imitación, parecerían no tener mayor relevancia otros procesos psicológicos implicados inherentes al razonamiento, como por ejemplo las operaciones por las que conocimientos nuevos se integran en estructuras anteriores y las modifican.

Algunos docentes creerían entonces en adquisiciones del conocimiento sin historia, contexto ni identidad intelectual, con lo que se sacrifica, a decir de Meirieu, el proceso en provecho del producto. El docente olvidaría la génesis de la construcción de sus propios conocimientos, pero cree que luego podrá transmitirlos. Desde esta perspectiva, el salón de clase puede ser entendido como el ámbito donde se imparten los conocimientos; sólo se trata de entenderlos, repetirlos y aplicarlos incansablemente hasta lograr la apropiación.

...el dispositivo didáctico del profesor no se genera solamentepor la definición de un objetivo y la descripción de unas actividades, sino por la hipótesisde la operación mental necesariapara alcanzarlo.

Esta concepción choca con dos realidades difíciles de pasar por alto: por una parte la asimilación de información no es una operación meramente receptiva, es un complejo proceso en que el sujeto toma lo desconocido de manera activa y raramente espontánea; por otra parte, el proceso de apropiación no puede reducirse a la sola repetición de información; requiere operaciones y modalidades de razonamiento en las que no resultan suficientes las formas deductivas estándar, sino otras más frecuentemente asociadas con formas de razonamiento informal (Nickerson, 1991), entre otras: inducción, razonamiento analógico, argumentos controversiales y razonamiento dialéctico. Estas formas de razonamiento informal, señala el autor, no son excluyentes recíprocamente, tampoco exhaustivas, y nos recuerdan que aunque el razonamiento informal no puede ser circunscrito a las mismas formas que el razonamiento silogístico, no debe pensarse que el primero esté desprovisto enteramente de forma.

B) Segundo supuesto

Se tiende a asociar el razonamiento informal con inferencias de tipo inductivo, pero, más allá de lo que ocurre con los planteos lógicos, donde la inferencia en sí misma es lo preponderante, en el razonamiento informal el contenido y el contexto del problema son igualmente fundamentales.

 Perkins (1985) y el mismo autor con Faraday y Bushey (1991) caracterizan el campo del razonamiento informal como un proceso de modelado situacional (situation modeling) según el cual el sujeto considera la evidencia en la situación y contexto dados a través de la evaluación de varias argumentaciones mediante criterios de completud e imparcialidad en aras de sustentar determinadas creencias.

Este modelado situacional adoptaría preponderantemente una función restrictiva y conservadora, de preservación del sujeto, su sistema psicológico y sus creencias previas frente a la adversidad de la incertidumbre. Enfrentado a situaciones emanadas de la realidad, potencialmente amenazantes de su equilibrio psicológico, y de alguna manera de su identidad, el sujeto valoraría los criterios de verdad en función de la adecuación del modelado situacional o sea en consonancia y congruencia con sus representaciones y sistema de creencias previas. Se ha  denominado a esta modalidad de razonamiento informal ‘epistemología de dar sentido’ ( Perkins, Allen, Hafner, 1983).

 Cuando la  perspectiva de la argumentación frente a la situación planteada se perfila desde un particular punto de vista en congruencia con las creencias previas de la persona, el modelo cobra sentido y, al hacerlo, tal como señalan Perkins, Faraday y Bushey, no hay necesidad de continuar argumentando, por lo que de ese modo se reducen las posibilidades de disonancia cognitiva.

 Esta forma de razonamiento informal en clave de ‘dar sentido’, resulta rápida, fácil y, para muchos propósitos, dicen los autores mencionados, perfectamente adecuada. Creemos que este enfoque contribuye a explicar lo que se expresaba en el primer supuesto, respecto de cómo algunos profesores formadores de docentes intentarían mantener y perpetuar la consistencia de sus sistemas de creencias e identidad profesional a través de prácticas de enseñanza reconocibles como, y orientadas hacia, la epistemología de dar sentido con el propósito de adecuar la realidad y la ‘verdad’ a su modelado situacional.

Estas prácticas de los profesores que suponemos se encuentran  fuertemente asociadas a la  epistemología de dar sentido, confirmarían lo que antes se expresó siguiendo a P. Meirieu sobre las representaciones de los docentes en cuanto a la transmisión y adquisición del conocimiento por parte de los alumnos; conocimiento restringido en esta perspectiva a un nivel meramente declarativo.

Así, el papel de la educación puede tornarse fundamental por la posibilidad de intervenir tanto en docentes como en alumnos mediante la enseñanza de procedimientos y estrategias de apertura y afianzamiento de la metacognición para favorecer estándares más altos de modelado situacional en el manejo del razonamiento. Se estaría de este modo facilitando el acceso y construcción de una “epistemología crítica” (Perkins , Hallen y Hafner, 1983) que trasciende la restricción de situaciones ajustadas a un modelo predeterminado por el peso de las creencias previas y conduce a la búsqueda de modelos situados pero alternativos, flexibles y abiertos no solo a la búsqueda de nueva información, sino también a la evaluación de la propia consistencia de los sistemas de creencia previos, incluyendo la posibilidad de modificarlos y transformarlos.

 Las implicaciones intelectuales, éticas y actitudinales de la reorientación del deseo hacia el acceso al conocimiento desde la postura epistemológica crítica impresionan como enriquecedoras y habilitan el campo de la investigación.

En el terreno específicamente didáctico las repercusiones del enfoque epistemológico crítico pueden ser de enorme utilidad. Sobre esto, Meirieu (1992) afirma que el dispositivo didáctico del profesor no se genera solamente por la definición de un objetivo y la descripción de unas actividades, sino por la hipótesis de la operación mental necesaria para alcanzarlo. Privilegia la generación de situaciones problemáticas por parte del docente para facilitar la adquisición críticoconstructiva del conocimiento en los alumnos a través de cuatro  operaciones  psicológicas  que estarían dando cuenta de modos de razonamiento formal e informal anticipados didácticamente por el profesor, a saber: deducir, inducir, dialectizar y disentir. En sus reflexiones sobre la forma en el razonamiento informal, Nickerson (1991), ya mencionado, hace referencia a similares operaciones.

La adhesión a prácticas
de enseñanza
inscritas en el mero dar sentido
no es sólo una cuestión de postura:

la pasividad cognitiva
instalada
socava la libertad
del sujeto.

Tanto desde la observación de prácticas de enseñanza como desde el análisis bibliográfico, habría suficientes elementos para suponer que el discurso de muchos profesores formadores de docentes parece adherir al paradigma constructivista de cómo argumentan teóricamente la  forma en que sus alumnos adquieren el conocimiento, con explícitas reivindicaciones de las nociones de: metaconocimiento, conocimiento procedimental y actitudinal, estrategias de aprendizaje, conflicto cognitivo, razonamiento informal contextualizado, mediación, repertorio cognoscitivo, etc. Las declaraciones parecen alinearse claramente, en lo que a razonamiento informal se refiere, hacia enfoques de sesgo epistemológico crítico.

Sin embargo, las prácticas de enseñanza seguirían, las más de las veces, atrapadas en modelados situacionales congruentes con epistemologías de dar sentido. El peso de las representaciones de los profesores sobre la naturaleza del conocimiento (Meirieu, 1992; Litwin, 1995; Kincheloe, 2001) no siempre isomórficas con sus declaraciones pero sí con sus prácticas, podrían explicar en parte este divorcio.

El particular invita a la investigación, pues como señalábamos anteriormente, las implicaciones del tema son multidimensionales: intelectuales, educativas, éticas, entre otras. La adhesión a prácticas de enseñanza inscritas en el mero dar sentido no es sólo una cuestión de postura: la pasividad cognitiva instalada socava la libertad del sujeto (Kincheloe, 2001). El autor rechaza la razón universal del formalismo como modalidad suprema de cognición y postula la necesidad de lo que denomina constructivismo crítico en la búsqueda de formas alternativas de pensamiento, argumentación y adquisición del conocimiento en contextos particulares (contextualización del desarrollo cognitivo).

 En este escenario, los docentes formadores de docentes no podrían ya recurrir al conocimiento que pretenden que sus alumnos adquieran, entendiéndolo como cuerpo inerte situado por encima de cualquier otro sistema de información. El conocimiento, siempre parcial, histórica y socialmente específico del profesional de la enseñanza en ejercicio y de sus alumnos, debe ser respetado por su profundidad más que por su apego, a cualquier costo, a la certidumbre meramente reafirmadora de sus creencias previas.

Uno de los desafíos  que se nos plantea sería el de continuar explorando más allá de la superficie de las prácticas de enseñanza afianzadas en rutinas que buscan conservar modelos restrictivos de contacto con la realidad para hacerla tolerable, indagando las posibilidades transformadoras del razonamiento informal en esta empresa.

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