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Correo del Maestro Núm. 65, octubre 2001

Personaje de mitos, símbolo calendárico, deidad en los códices

Alicia Blanco Padilla

 

En Mesoamérica —área cultural que comprende la mayor parte del territorio de la actual República Mexicana y Centroamérica— muchos dioses eran representados por la figura de un animal. El ejemplo más conocido es el de Quetzalcóatl, simbolizado por la serpiente emplumada.

En vasijas, esculturas, máscaras, glifos, pinturas y códices aparece la imagen del murciélago, lo que sugiere que este animal era una deidad en algunas de esas culturas.

En lengua náhuatl, el murciélago tiene dos nombres: quimichpapálotl, que significa ‘ratón volador’ y tzinacan, ‘murciélago’. Es interesante anotar que cuando menos dos poblados del territorio nacional llevan este último elemento en su nombre: Zinacantepec, en el estado de México, que significa ‘cerro de murciélagos’ o ‘en el cerro de los murciélagos’ y Zinacatlán, en el estado de Chiapas, que se traduce como ‘lugar de murciélagos’ o ‘junto a los murciélagos’.

Por otro lado, tenemos que en algunas comunidades nahuas del actual estado de Guerrero persiste una tradición oral sobre el origen del murciélago:  “Un día, estaba lavándose Quetzalcóatl cuando tocó con sus manos su miembro viril, echó de sí la simiente que arrojó encima de una piedra y allí nació el murciélago, que fue convertido de inmediato en el mensajero de los dioses”.

En lengua zapoteca al murciélago se le conoce como piquiteziña y es en Monte Albán donde se han recuperado más representaciones de él, entre las que destaca  una magnífica máscara realizada en jade, a manera de mosaico, localizada en el adoratorio del Montículo H de la plaza central.

Los arqueólogos Alfonso Caso e Ignacio Bernal, que trabajaron en Monte Albán, consideran que una de las deidades más importantes del panteón zapoteco fue el murciélago, especialmente durante la época de Monte Albán II (de 200 a. C. hasta principios de la era cristiana). Asimismo, lo asocian con Pitaocozobi, el dios del maíz.

Las representaciones del murciélago en Monte Albán aparecen en urnas, braseros, vasos, vasos en forma de garra y en silbatos, pero no en figurillas. En todos los casos el animal está representado con características humanas. Está concebido generalmente como un dios masculino que lleva taparrabos, máxtlatl (nahua), choó o lana (zapoteco). La cabeza es bastante realista y es en ella donde se ven principalmente los rasgos que permiten caracterizar al animal representado como murciélago, del que lo más relevante es el ‘tragus’ o apéndice nasal que presenta en forma de herradura o ‘silla de montar’.

Figura 3. Máscara de jade que representa al dios murciélago (Adoratorio del Montículo H, Monte Albán, Oaxaca).

De los vasos en forma de garra los autores señalan que aquellos que representan al murciélago presentan cinco dedos, muestran las palmas y sus garras son largas.

El doctor Caso considera que en las estelas zapotecas el glifo N corresponde a una estilización del murciélago y es frecuente encontrarlo asociado al glifo del año.

Entre los mayas el murciélago es conocido como zotz y es el patrono del cuarto mes del año maya o uinal. Aunque no hay noticias de ceremonias especiales que se hicieran en dicho mes, al parecer se dedicaba a la preparación de las del mes siguiente.

De acuerdo con los estudios más recientes para descifrar la escritura maya se ha encontrado que las firmas de los escultores en los monumentos del periodo clásico tardío (aproximadamente entre el 500-800 d. C.) están siempre antecedidas por el título de yuxul, que se traduce como ‘la escultura de’ o ‘su escultura’, vocablo formado con el prefijo posesivo yu, el glifo xu —representado por la cabeza de murciélago— y la terminación lu, e inmediatamente después viene el nombre del autor. En otros casos aparece el murciélago como glifo emblemático.

En el Popol Vuh, las antiguas historias del quiché, encontramos un pasaje que se desarrolla en la región subterránea habitada por enemigos del hombre conocida como Xibalbá, semejante al inframundo del centro de México, en la cual había varios lugares de castigo. En el cuarto, Zotzi-ha, la casa de los murciélagos, había muchos de ellos encerrados que chillaban y revoloteaban constantemente. Era la vivienda de Camazotz, murciélago de la muerte, adonde fueron enviados los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué para aniquilarlos. Los hermanos, para salvarse, se metieron en sus cerbatanas y no salieron en toda la noche, pero en la madrugada Hunahpú asomó la cabeza y fue decapitado.

Asimismo, el murciélago era el dios de los cakchiqueles, grupo maya de Guatemala, a quien llamaban Tzotziha Chamalcan o Chimalcan, ‘serpiente hermosa de la casa del murciélago’, y el rey de los cakchiqueles se llamaba  Ahpotzotzil, ‘el señor murciélago’.

En el actual estado de Chiapas existe un grupo étnico conocido como tzotziles, ‘hombres murciélagos’ y, de acuerdo con el doctor Bernal, hoy en día Tzotz, ‘murciélago’, todavía es un dios importante entre ellos.

La presencia del murciélago en los códices

 A pesar de lo antedicho, el registro del murciélago en códices es escaso, lo que ha impedido que se conozcan con mayor amplitud sus características, atributos, conexiones con otros dioses y el papel que jugó en el pensamiento mesoamericano. A continuación se presenta una breve relación de lo que sabemos del murciélago como deidad.

Personaje del inframundo

Cuando menos son tres los códices en que los investigadores han identificado la imagen del murciélago: Códice Borgia, Códice Féjérváry-Mayer y Códice Vaticano B. Quien más trabajó con dichos documentos fue el doctor Eduardo Seler, en las primeras décadas del siglo xx, y comenta lo siguiente: “El murciélago es el ‘demonio’ o ‘genio’ del Este, Tzinacantli, o bien representa al Tlacatzinacantli,  hombre-murciélago o murciélago arrancador de cabezas”.

 El Códice Féjérváry-Mayer, en las láminas 41 y 42 (figura 1), representa al hombre murciélago con toda claridad. Vemos sus extremidades cubiertas de piel, entre sus brazos el ala membranosa guarnecida con picos, sus uñas gruesas y corvas (del pulgar y del dedo gordo) encima de las manos y pies, su cabeza de animal, sus dientes pequeños y puntiagudos y su nariz con el extremo membranoso enhiesto, en forma de hoja. La figura está pintada de verde. Sobre el ala membranosa hay dos ojos. El cabello oscuro provisto de ojos, el escudo que lleva en la región occipital y la banderita de papel son símbolos de la muerte, atributos del dios de la muerte. La figura sostiene en la mano derecha una cabeza humana y en la izquierda un corazón arrancado.

Figura 1. Tlacatzinacantli, el murciélago arrancador de cabezas (Códice Féjérváry-Mayer, tomado de Seler).

El Códice Vaticano B, láminas 24 a 27 (figura 2), nos presenta al dios murciélago pintado de rojo; sólo una parte del rostro, alrededor del ojo, y los bordes inferiores de las extremidades son amarillos, según la tonalidad de la piel del vientre, que muestra un color más claro. En esta representación el dios tiene más el aspecto de un Tlacatzinacantli, de un hombre disfrazado de murciélago, ya que de los brazos asoma, bajo la garra de animal, una mano de hombre. Pero el ala membranosa extendida guarnecida con uñas, las uñas grandes (correspondientes al dedo gordo y pulgar) por encima de las patas y de las manos de animal, el prognatismo, el hocico alargado y los dientes pequeños y puntiagudos lo identifican como murciélago. Falta el extremo membranoso de la nariz.

 

En su lugar vemos un pedernal, dibujado quizá por equivocación, para caracterizar la figura como un dios de la muerte. El ala membranosa es oscura. Sobre una roseta que se encuentra atrás, sobrepuesta a la parte posterior del cinto, está fijada una calavera. Pero su tocado no es del dios de la muerte: lo componen la venda frontal del dios solar, adornada con chalchíhuitl (esmeraldas) y con la cabeza estilizada de ave sobre la frente, el gorro cónico mitad rojo mitad negro de Quetzalcóatl, su atavío de nuca, de plumas oscuras y sus instrumentos de autosacrificio. En este códice sostiene una cabeza humana en cada mano y junto a una de ellas vemos, además, un brazo.

Figura 2. Tlacatzinacantli, hombre murciélago (Códice Vaticano B, tomado de Seler).

En el Códice Borgia (láminas 49-52) la representación del dios murciélago está pintada de verde, es decir, oscuro, como la del Códice Féjérváry-Mayer. La configuración y la pintura de su cabeza, los dedos parecidos a un aguijón en la parte posterior de las patas, el apéndice de la punta del hocico en forma de un tallo enhiesto, que corresponde a la prolongación membranosa, a modo de hoja, de la nariz, no deja lugar a dudas que se trata de un animal. Las características específicas del murciélago, en cambio, están tratadas aquí con harta libertad. En lugar de una sola ala membranosa, la figura tiene en los brazos unos apéndices de bordes dentados, que casi tienen aspecto de alas de mariposa y, además, otro apéndice que le cuelga como una cola, de la parte posterior del cinto. Como el dios murciélago del Códice Vaticano, lleva la venda del dios solar, adornada con chalchíhuitl, el gorro cónico bicolor de Quetzalcóatl y, en la nuca, el adorno de plumas oscuras que caracteriza este numen.

  El murciélago del Códice Borgia agita con una mano la tiradera o átlat y con la otra saca el corazón de un esqueleto rojo, pintado con manchas amarillas, que se encuentra de pie ante él. Lleva, a manera de pectoral, una cabeza humana que sangra de una herida en el cuello.

En la lámina 44, el murciélago ofrece a Xochiquétzal, diosa de las flores, patrona de las labores domésticas y de las cortesanas, un corazón humano, que Seler traduce como ‘entregar la vida’, es decir, dador de la vida como Quetzalcóatl.

  El doctor Seler interpreta el color verde de las representaciones del murciélago como ‘oscuro’, lo que puede significar el inframundo, el lugar de la oscuridad; en el primer códice mencionado lleva atributos del dios de la muerte, en tanto que en el Vaticano B está relacionado con el autosacrificio y con Quetzalcóatl. El hecho de llevar en las manos cabezas y corazones humanos, de sacar el corazón y llevar como pectoral una cabeza humana, coloca al murciélago entre los animales destrozadores, que podemos interpretar como relacionados con el sacrificio humano.

Para Seler, los animales destrozadores, que a su vez están relacionados con los cuatro rumbos, son: murciélago, genio del Este; océlotl —jaguar—, genio del Norte; acipactli —animal que ocasionalmente se describe con toda claridad como un pez espada y que otras veces es representado como un mítico monstruo de agua—, genio del Oeste y cuautli —águila—, genio del Sur.

Bibliografía

Bernal, I. “El Valle de Oaxaca hasta la caída de Monte Albán”, en Historia de México, tomo 2, México, Salvat.

Pérez, T. “Pintores y escultores del mundo maya”, en Arqueología mexicana, Vol VII, No. 42, págs. 60-67, México, Editorial Raíces,2000.

Popol Vuh. Las antuguas historias del Quiché. Traducción de Adrián Recinos, Colección Popular, México, Fondo de Cultura Económica, 1970.

Seler, E. Comentarios al Códice Borgía. México, Fondo de Cultura Económica, 1980.

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