Era un calabozo húmedo y frío, Lord
Vinhelm sabía que en esa parte del castillo lo encontraría.
Descendió uno a uno los peldaños de la derruida escalera
de caracol que lo llevaría a la cripta secreta de la familia.
Él era el único sobreviviente del grupo que atacó el castillo
en la mañana. Sus compañeros habían muerto en la pelea con
los guardias, los siervos de la bestia a la que venían a
destruir.
Estaba
solo.
El miedo
recorrió todo su cuerpo. ¡Maldita sea! exclamó.
No había razón para temer, sabía dónde se ocultaba el monstruoso
ser y lo destruiría, sólo era cuestión de llegar lo más
rápido posible. Lord Vinhelm sacó el reloj de su bolsillo,
lo consultó y suspiró; habían tardado mucho en la pelea
y la bestia despertaría en poco tiempo.
Al bajar
el último peldaño avanzó cautelosamente por el pasillo que
lo llevaría a su presa. Abrió la bolsa que tenía a su costado
y se colocó en el cuello una corona de ajos, tomó el martillo
y la estaca preparándose para enfrentar a su destino, pero
lo único que le daba seguridad era saber que el crucifijo
de plata de su familia descansaba sobre su pecho.
La puerta
de entrada a la cripta era vieja y tenía la cara de un dragón,
el símbolo del amo. La empujó y entró.
Se extrañó
de encontrar iluminada la estancia: una gran bóveda con
candelabros colgando del techo, con cuadros que representaban
a los antiguos nobles que habitaron el castillo, varias
mesas llenas de pociones y libreros repletos de tomos antiguos
de magia negra. Lord Vinhelm respiró con dificultad. En
el otro extremo de la habitación vio una puerta, seguramente
al otro lado dormía su enemigo.
El cuarto
que estaba detrás de la puerta era húmedo y frío. Lord Vinhelm
no veía nada, pero luego de un momento sus ojos se acostumbraron
a la oscuridad y vio a la bestia. Estaba despierto, elegantemente
vestido y con una sonrisa burlona lo miraba fijamente.
Has
llegado más lejos de lo que creí.
¡Tus
días han llegado a su fin! gritó Lord Vinhelm.
En
realidad, no sé cómo vas a lograrlo.
Hundiré
la estaca en tu pecho, luego cortaré tu cabeza y sacaré
tu corazón para quemarlo.
Excelente
idea..., si me hubieras encontrado dormido.
El repulsivo
ser se acercaba mirándolo fijamente, Lord Vinhelm retrocedió
horrorizado. Todavía no se ponía el sol, ¿por qué estaba
despierto?
¿Sorprendido?
No todos los de mi especie somos de hábitos nocturnos.
Pero,
los libros... tartamudeó Lord Vinhelm.
Cuentos
para asustar a los niños, Vinhelm.
El martillo
y la estaca resbalaron de sus manos temblorosas. Tomó de
su pecho el crucifijo de plata de sus antepasados, su única
arma contra la bestia. Lo extendió con firmeza ante él.
Vinhelm
dijo el vampiro con calma, realmente es una
pena que hayas recorrido tanto camino para saber que a un
budista no le interesa tu dios cristiano y que además...
me gusta el ajo.
Lord
Vinhelm, el gran cazador, descubrió, demasiado tarde, que
no conocía nada de la naturaleza del vampiro y que ahora
él se había convertido en su presa.
El vampiro...,
la bestia..., el que no debe ser nombrado..., el cazador.
Un personaje enigmático y agradable al que todos adoramos,
tememos y, finalmente, queremos destruir, ¿con una estaca?,
¿una daga de plata?, ¿un símbolo religioso? Sería muy engreído
de nuestra parte exigirle al vampiro que comulgue con nuestra
fe para destruirlo con un crucifijo. Finalmente, él tiene
todo el derecho de ser budista, sintoísta, judío, musulmán
o, simplemente, ateo.
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Abraham
(Bram) Stoker (1847-1912) Escritor irlandés
nacido en Dublín. Conocido por su célebre
novela de horror Drácula (1897), la cual, según
lo dicho por el mismo autor, fue escrita sin siquiera
conocer Transilvania ni Rumania. Aparentemente, Stoker
recibió las invaluables lecciones de un amigo
rumano muy versado en folclor autóctono. La
popularidad no se hizo esperar y Drácula ha
sido representada cientos de veces en grandes producciones
teatrales y fílmicas.
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Las formas
que los mitos y la literatura han hecho más conocidas
para destruir a un vampiro son: exponiéndolo a la luz
del sol, clavándole una estaca en el corazón o, algo más
sanguinario, decapitándolo, arrancándole el corazón y
quemándolo (que en lo personal pienso, acabaría con cualquiera,
sea vampiro o no).
Se dice
que a los vampiros les quema el agua corriente sea
bendita o no, que la plata los ahuyenta, el fuego
los destruye y el ajo los repele, que sólo pueden salir
de noche, que se alimentan de sangre y se transforman
en murciélagos gigantes.
Hay que
reconocer que estos adorables hematófagos no siempre tuvieron
la misma dieta, ni los mismos hábitos, ni siquiera las
mismas debilidades. Pero debemos empezar por el principio:
¿dónde se origina el vampiro?
Existen
tantas leyendas, cuentos y novelas que sería muy difícil
resumirlos todos en un breve artículo. Muchos autores
han escrito sobre vampiros. Entre ellos Paul Feval (1817-1887,
Los dramas de la muerte, El cuarto cupido,
La vampira y la última noche, La ciudad vampiro),
Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873, Carmilla),
Bram Stoker (1847-1912, Drácula), Alexei Constantinovich
Tolstoi (1817-1875, La familia del Vourdalak, El
vampiro) e incluso autores contemporáneos que no han
podido sustraerse del encanto de este bestial ser, como
Stephen King (El misterio de Salem´s Lot), Tanith
Lee (Nunc Dimittis) y Ann Rice (Entrevista
con el vampiro). Imposible mencionarlos a todos.
En la
obra Carmilla, de Le Fanu, vemos una relación lésbica
entre la cazadora y la presa. Son dos jovencitas y la
vampira Carmilla puede andar en la luz del día
luego de la una de la tarde.
Una obra
importante que fue influenciada por Carmilla es
Drácula, de Stoker. La historia de Drácula
se inspira en dos personajes de la vida real: un príncipe
tiránico de Valachia llamado Vlad Dracul, El empalador,
que vivió en el siglo xv y fue héroe rumano en la lucha
contra los turcos, y la condesa Erzebeth de Baathory,
una castellana sanguinaria aliada de los Habsburgo, que
en el siglo XVI recorrió diversas fortalezas para instalar
cámaras de tortura donde desangrar a sus víctimas y bañarse
después en su sangre a fin de alargar su vida y mantener
su belleza.
Se dice
que en algunos pueblos europeos, debido al frío y a las
cualidades de la tierra, los cuerpos se conservan por
mucho tiempo. Al ser exhumados eran encontrados sin gran
deterioro, pálidos y con los labios rojos, lo que corresponde
con las primeras características físicas que se atribuyeron
a los vampiros. Hay que tener en cuenta que las epidemias
y la insalubridad diezmaban los pueblos y que echarle
la culpa a un cadáver era la solución más fácil del problema.
De esta creencia procede la costumbre de decapitar el
cadáver, sacarle el corazón y quemarlo.
En realidad,
el hombre ha creado al vampiro a partir de un imposible
deseo: la vida eterna, mantener el cuerpo joven y vital
a pesar de los años. No es algo raro que se sugiera tomar
la energía de los jóvenes o de los niños para este fin.
El vampiro
tiene la característica de ser un cazador impulsivo, vital,
sensual, con un cuerpo perfecto y una energía envidiable,
que se deja llevar muchas veces por sus instintos y su
bestialidad, por lo que siempre es descubierto. En muchos
análisis realizados sobre el mito del vampiro, éste ha
sido comparado con un adolescente en plenitud, lleno de
energía e impulsos pero con la experiencia de un hombre
viejo. Se dice que el vampiro, mientras más viejo, más
fuerte y poderoso es. Algunos autores dicen que no tiene
ningún depredador y que puede decidirse a morir por pura
melancolía.
La dieta
del vampiro no siempre está basada en la sangre. Debe
obtener la juventud de sus víctimas y puede arrancarla
de muchas maneras. Paul Feval, en su obra La vampira,
habla de la bella de los cabellos cambiantes, una mujer
que mataba muchachas jóvenes para quitarles el cuero cabelludo
y ponerlo sobre su cabeza, con lo que adquiría la juventud
y el hermoso cabello de la víctima. Cuando éste empezaba
a caerse necesitaba atacar a otra joven.
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En algunas
novelas y cuentos la gente de ciertas poblaciones muere
o se debilita por culpa de un vampiro. Para descubrirlo
y detenerlo se exhuman los cadáveres a la luz del día,
cuando la bestia no tiene poder. Algunos vampiros matan
a sus víctimas al robarles su energía, otros ofrecen su
sangre a la presa y los vuelven vampiros. Existe la creencia
de que por el simple hecho de ser mordido por un vampiro
se adquieren sus habilidades, pero no hay nada más falso.
La mayoría de los libros hacen hincapié en una simbiosis
cazador-presa que comparten la sangre, luego de que el
vampiro bebe casi toda la de la víctima, que adquiere
las cualidades del cazador. Ann Rice, en Entrevista
con el vampiro, describe magistralmente esta situación.
En el caso de Nunc Dimittis, de Tanith Lee, vemos
que la sangre de la vampira sólo provoca longevidad y
no inmortalidad a la víctima, la que no se vuelve vampiro
sino guardián de la bestia y que a un determinado número
de años envejece y muere; desgraciadamente, la vampira
envejece con él y debe buscar un sustituto para poder
recuperar la fuerza y la energía anteriores.
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Vlad
Tepes, "Vlad el Empalador", ha pasado
a la historia por su apodo, Drácula. Nació
en Rumania (1428-1476). Hijo de Vlad Dracul (caballero
de la Orden del dragón - 1431) fue uno de
los príncipes rumanos que por sus diversas
hazañas llamó la atención y
ocasionó el interés de forma muy especial
no sólo de sus contemporáneos sino
también de la historia y literatura actuales.
Para algunos historiadores del tema, Drácula
fue un heroico defensor de los intereses e independencia
de su país y del cristianismo, mientras que
para otros se trataba de un caso patológico,
el de alguien que torturaba, atormentaba y por supuesto
mataba para divertirse, por puro placer.
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Es fuerte
la creencia de que hay vampiros maestros que tienen a
su servicio a otros vampiros que cuidan y protegen sus
castillos. Estos últimos no pueden crear a otros vampiros
con su sangre ni pueden salir de la guarida de su amo,
por lo que él debe proveerles el alimento. Esto se ilustra
en Drácula, de Stoker, con las mujeres vampiro,
y en Entrevista con el Vampiro con los compañeros
de Lestat. Desgraciadamente, los vampiros esclavos pueden
rebelarse e intentar matar a su amo para ser sus propios
dueños y procurarse gente a su servicio.
Con respecto
a la forma de matar a los vampiros, tenemos muchas variantes:
la estaca es la forma más conocida; también sabemos que
la luz del sol los destruye, los artefactos religiosos
los ahuyentan y pueden matarlos; la plata, como símbolo
de pureza, tiene el mismo efecto que un artículo religioso
e incrementa el poder de éstos.
Antes
de 1800, el vampiro era un ser mucho más sencillo: era
una persona que bebía sangre de sus víctimas, que desollaba
con un cuchillo, no tenía colmillos y sólo en algunas
ocasiones se transformaba en animal, como lobo o rata;
no era necesariamente un murciélago. Hacía sus sacrificios
en la noche y en el día podía tener vida social. En las
clases privilegiadas se tenía la creencia de que la sangre
humana era el elixir para prolongar la vida eternamente
y eran comunes los rituales con ella y los sacrificios.
La sangre es un elemento vital del ser humano y en la
antigüedad era frecuentemente ofrecida a muchos dioses.
Mientras
ocurría la evolución histórica del vampiro, los europeos
conocieron un animal americano al que dieron el mismo
nombre, pues se alimenta de sangre de ganado. Es a partir
de ese momento que se relacionó a la bestia con el murciélago
y se le atribuyeron nuevas características, hábitos y
forma que se combinaron y completaron la antigua leyenda
del Viejo Mundo.
Existen
muchos criterios para clasificar vampiros: desde su edad
se dice que entre más viejos más resistentes a la
muerte hasta la creada por un popular y sofisticado
juego llamado Vampire, the masquerade, en el que
los vampiros viven en la época actual y pertenecen a diversos
clanes que luchan entre sí por el poder. Incluso, en un
programa de televisión, unos muchachos que se denominan
a sí mismos vampiros hablaron de sus características y
forma de vida. El público presente estaba dividido entre
los que se burlaban de ellos y los que se manifestaban
de acuerdo con sus creencias. Desgraciadamente, el antagonismo
entre ambas posiciones generó violencia y casi provocó
un linchamiento.
Es importante
mencionar que no todos los vampiros son galanes sensuales,
sedientos de la sangre de un cuerpo bello. En muchas leyendas
se les describe como ermitaños descuidados que viven en
un laboratorio haciendo experimentos, dominados por la
ansiedad de obtener conocimientos de magia negra o poder
sobre la humanidad. Algunos vampiros son descritos como
la forma más pura de maldad a la que hay que destruir;
son feos, calvos y con una sed animal de sangre. Los hay
hermosos, elegantes y engreídos, que buscan alimentarse
del hombre y ven a esta especie simplemente como ganado
al que hay que engordar y cuidar para satisfacer su apetito.
Hay algunos que viven rodeados de lobos y atacan junto
con ellos. En la novela Capitán de lobos, de Alejandro
Dumas, vemos a un vampiro, Loup-garou, que caza junto
a una manada de lobos, que puede transformarse en uno
de ellos y que sólo puede ser dañado con balas de plata
u oro. No puede ser clasificado como un hombre-lobo, ya
que este último es dominado por su bestia interior y se
transforma en noches de Luna llena, no controla su cambio
ni es consciente de lo que hace. Loup-garou sí es consciente
y se transforma a voluntad.
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Escena
de la película Nosferatu de Friederich Wilhelm
Murnau, clásica del cine de horror filmada
en 1922.
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Para concluir,
el vampiro representa la fuente de la eterna juventud,
no mide las consecuencias de sus actos, con la fuerza
y la vitalidad de un cuerpo joven vive la vida arriesgándose
a todo y tiene un poder ilimitado. Sobrevive robando la
energía, sangre y vida de otras personas y posee un gran
atractivo sensual y sexual para seducir a las presas.
El vampiro es el cazador por excelencia, posee la elegancia,
la fuerza, la vitalidad y la sensualidad que todos queremos
tener o ser dominados por ella.Por ser una fuente inagotable
de inspiración, creación y de leyenda, sólo nos queda
rendir tributo al señor de la noche y de las sombras,
poseedor de eterna juventud, de una inmensa energía y
de una gran sensualidad, su majestad: el vampiro.