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Correo del Maestro Núm. 65, octubre 2001

El vampiro, Señor de la noche y de las sombras

Ramón López Valdeña

 

Era un calabozo húmedo y frío, Lord Vinhelm sabía que en esa parte del castillo lo encontraría. Descendió uno a uno los peldaños de la derruida escalera de caracol que lo llevaría a la cripta secreta de la familia. Él era el único sobreviviente del grupo que atacó el castillo en la mañana. Sus compañeros habían muerto en la pelea con los guardias, los siervos de la bestia a la que venían a destruir.

Estaba solo.

El miedo recorrió todo su cuerpo. —¡Maldita sea!— exclamó. No había razón para temer, sabía dónde se ocultaba el monstruoso ser y lo destruiría, sólo era cuestión de llegar lo más rápido posible. Lord Vinhelm sacó el reloj de su bolsillo, lo consultó y suspiró; habían tardado mucho en la pelea y la bestia despertaría en poco tiempo.

Al bajar el último peldaño avanzó cautelosamente por el pasillo que lo llevaría a su presa. Abrió la bolsa que tenía a su costado y se colocó en el cuello una corona de ajos, tomó el martillo y la estaca preparándose para enfrentar a su destino, pero lo único que le daba seguridad era saber que el crucifijo de plata de su familia descansaba sobre su pecho.

La puerta de entrada a la cripta era vieja y tenía la cara de un dragón, el símbolo del   amo. La empujó y entró.

Se extrañó de encontrar iluminada la estancia: una gran bóveda con candelabros colgando del techo, con cuadros que representaban a los antiguos nobles que habitaron el castillo, varias mesas llenas de pociones y libreros repletos de tomos antiguos de magia negra.  Lord Vinhelm respiró con dificultad. En el otro  extremo de la habitación vio una puerta, seguramente al otro lado dormía su enemigo.

El cuarto que estaba detrás de la puerta era húmedo y frío. Lord Vinhelm no veía nada, pero luego de un momento sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y vio a la bestia. Estaba despierto, elegantemente vestido y con una sonrisa burlona lo miraba fijamente.

—Has llegado más lejos de lo que creí.

—¡Tus días han llegado a su fin!— gritó Lord Vinhelm.

—En realidad, no sé cómo vas a lograrlo.

—Hundiré la estaca en tu pecho, luego cortaré tu cabeza y sacaré tu corazón para quemarlo.

—Excelente idea..., si me hubieras encontrado dormido.

El repulsivo ser se acercaba mirándolo fijamente, Lord Vinhelm retrocedió horrorizado. Todavía no se ponía el sol, ¿por qué estaba despierto?

—¿Sorprendido? No todos los de mi especie somos de hábitos nocturnos.

—Pero, los libros...— tartamudeó Lord Vinhelm.

—Cuentos para asustar a los niños, Vinhelm.

El martillo y la estaca resbalaron de sus manos temblorosas. Tomó de su pecho el crucifijo de plata de sus antepasados, su única arma contra la bestia. Lo extendió con firmeza ante él.

Vinhelm —dijo el vampiro con calma—, realmente es una pena que hayas recorrido tanto camino para saber que a un budista no le interesa tu dios cristiano y que además... me gusta el ajo.

Lord Vinhelm, el gran cazador, descubrió, demasiado tarde, que no conocía nada de la naturaleza del vampiro y que ahora él se había convertido en su presa.

El vampiro..., la bestia..., el que no debe ser nombrado..., el cazador. Un personaje enigmático y agradable al que todos adoramos, tememos y, finalmente, queremos destruir, ¿con una estaca?, ¿una daga de plata?, ¿un símbolo religioso? Sería muy engreído de nuestra parte exigirle al vampiro que comulgue con nuestra fe para destruirlo con un crucifijo. Finalmente, él tiene todo el derecho de ser budista, sintoísta, judío, musulmán o, simplemente, ateo.

Abraham (Bram) Stoker (1847-1912) Escritor irlandés nacido en Dublín. Conocido por su célebre novela de horror Drácula (1897), la cual, según lo dicho por el mismo autor, fue escrita sin siquiera conocer Transilvania ni Rumania. Aparentemente, Stoker recibió las invaluables lecciones de un amigo rumano muy versado en folclor autóctono. La popularidad no se hizo esperar y Drácula ha sido representada cientos de veces en grandes producciones teatrales y fílmicas.


Las formas que los mitos y la literatura han hecho más conocidas para destruir a un vampiro son: exponiéndolo a la luz del sol, clavándole una estaca en el corazón o, algo más sanguinario, decapitándolo, arrancándole el corazón y quemándolo (que en lo personal pienso, acabaría con cualquiera, sea vampiro o no).

Se dice que a los vampiros les quema el agua corriente —sea bendita o no—, que la plata los ahuyenta, el fuego los destruye y el ajo los repele, que sólo pueden salir de noche, que se alimentan de sangre y se transforman en murciélagos gigantes.

Hay que reconocer que estos adorables hematófagos no siempre tuvieron la misma dieta, ni los mismos hábitos, ni siquiera las mismas debilidades. Pero debemos empezar por el principio: ¿dónde se origina el vampiro?

Existen tantas leyendas, cuentos y novelas que sería muy difícil resumirlos todos en un breve artículo. Muchos autores han escrito sobre vampiros. Entre ellos Paul Feval (1817-1887, Los dramas de la muerte, El cuarto cupido, La vampira y la última noche, La ciudad vampiro), Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873, Carmilla), Bram Stoker (1847-1912, Drácula), Alexei Constantinovich Tolstoi (1817-1875, La familia del Vourdalak, El vampiro) e incluso autores contemporáneos que no han podido sustraerse del encanto de este bestial ser, como Stephen King (El misterio de Salem´s Lot), Tanith Lee (Nunc Dimittis) y Ann Rice (Entrevista con el vampiro). Imposible mencionarlos a todos.

En la obra Carmilla, de Le Fanu, vemos una relación lésbica entre la cazadora y la presa. Son dos jovencitas y la vampira Carmilla puede andar en la luz del día luego de la una de la tarde.

Una obra importante que fue influenciada por Carmilla es Drácula, de Stoker. La historia de Drácula se inspira en dos personajes de la vida real: un príncipe tiránico de Valachia llamado Vlad Dracul, ‘El empalador’, que vivió en el siglo xv y fue héroe rumano en la lucha contra los turcos, y la condesa Erzebeth de Baathory, una castellana sanguinaria aliada de los Habsburgo, que en el siglo XVI recorrió diversas fortalezas para instalar cámaras de tortura donde desangrar a sus víctimas y bañarse después en su sangre a fin de alargar su vida y mantener su belleza.

Se dice que en algunos pueblos europeos, debido al frío y a las cualidades de la tierra, los cuerpos se conservan por mucho tiempo. Al ser exhumados eran encontrados sin gran deterioro, pálidos y con los labios rojos, lo que corresponde con las primeras características físicas que se atribuyeron a los vampiros. Hay que tener en cuenta que las epidemias y la insalubridad diezmaban los pueblos y que echarle la culpa a un cadáver era la solución más fácil del problema. De esta creencia procede la costumbre de decapitar el cadáver, sacarle el corazón y quemarlo.

En realidad, el hombre ha creado al vampiro a partir de un imposible deseo: la vida eterna, mantener el cuerpo joven y vital a pesar de los años. No es algo raro que se sugiera tomar la energía de los jóvenes o de los niños para este fin.

El vampiro tiene la característica de ser un cazador impulsivo, vital, sensual, con un cuerpo perfecto y una energía envidiable, que se deja llevar muchas veces por sus instintos y su bestialidad, por lo que siempre es descubierto. En muchos análisis realizados sobre el mito del vampiro, éste ha sido comparado con un adolescente en plenitud, lleno de energía e impulsos pero con la experiencia de un hombre viejo. Se dice que el vampiro, mientras más viejo, más fuerte y poderoso es. Algunos autores dicen que no tiene ningún depredador y que puede decidirse a morir por pura melancolía.

La dieta del vampiro no siempre está basada en la sangre. Debe obtener la juventud de sus víctimas y puede arrancarla de muchas maneras. Paul Feval, en su obra La vampira, habla de la bella de los cabellos cambiantes, una mujer que mataba muchachas jóvenes para quitarles el cuero cabelludo y ponerlo sobre su cabeza, con lo que adquiría la juventud y el hermoso cabello de la víctima. Cuando éste empezaba a caerse necesitaba atacar a otra joven.

En algunas novelas y cuentos la gente de ciertas poblaciones muere o se debilita por culpa de un vampiro. Para descubrirlo y detenerlo se exhuman los cadáveres a la luz del día, cuando la bestia no tiene poder. Algunos vampiros matan a sus víctimas al robarles su energía, otros ofrecen su sangre a la presa y los vuelven vampiros. Existe la creencia de que por el simple hecho de ser mordido por un vampiro se adquieren sus habilidades, pero no hay nada más falso. La mayoría de los libros hacen hincapié en una simbiosis cazador-presa que comparten la sangre, luego de que el vampiro bebe casi toda la de la víctima, que adquiere las cualidades del cazador. Ann Rice, en Entrevista con el vampiro, describe magistralmente esta situación. En el caso de Nunc Dimittis, de Tanith Lee, vemos que la sangre de la vampira sólo provoca longevidad y no inmortalidad a la víctima, la que no se vuelve vampiro sino guardián de la bestia y que a un determinado número de años envejece y muere; desgraciadamente, la vampira envejece con él y debe buscar un sustituto para poder recuperar la fuerza y la energía anteriores.

Vlad Tepes, "Vlad el Empalador", ha pasado a la historia por su apodo, Drácula. Nació en Rumania (1428-1476). Hijo de Vlad Dracul (caballero de la Orden del dragón - 1431) fue uno de los príncipes rumanos que por sus diversas hazañas llamó la atención y ocasionó el interés de forma muy especial no sólo de sus contemporáneos sino también de la historia y literatura actuales. Para algunos historiadores del tema, Drácula fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país y del cristianismo, mientras que para otros se trataba de un caso patológico, el de alguien que torturaba, atormentaba y por supuesto mataba para divertirse, por puro placer.

Es fuerte la creencia de que hay vampiros maestros que tienen a su servicio a otros vampiros que cuidan y protegen sus castillos. Estos últimos no pueden crear a otros vampiros con su sangre ni pueden salir de la guarida de su amo, por lo que él debe proveerles el alimento. Esto se ilustra en Drácula, de Stoker, con las mujeres vampiro, y en Entrevista con el Vampiro con los compañeros de Lestat. Desgraciadamente, los vampiros esclavos pueden rebelarse e intentar matar a su amo para ser sus propios dueños y procurarse gente a su servicio.

Con respecto a la forma de matar a los vampiros, tenemos muchas variantes: la estaca es la forma más conocida; también sabemos que la luz del sol los destruye, los artefactos religiosos los ahuyentan y pueden matarlos; la plata, como símbolo de pureza, tiene el mismo efecto que un artículo religioso e incrementa el poder de éstos.

 Antes de 1800, el vampiro era un ser mucho más sencillo: era una persona que bebía sangre de sus víctimas, que desollaba con un cuchillo, no tenía colmillos y sólo en algunas ocasiones se transformaba en animal, como lobo o rata; no era necesariamente un murciélago. Hacía sus sacrificios en la noche y en el día podía tener vida social. En las clases privilegiadas se tenía la creencia de que la sangre humana era el elixir para prolongar la vida eternamente y eran comunes los rituales con ella y los sacrificios. La sangre es un elemento vital del ser humano y en la antigüedad era frecuentemente ofrecida a muchos dioses.

Mientras ocurría la evolución histórica del vampiro, los europeos conocieron un animal  americano al que dieron el mismo nombre, pues se alimenta de sangre de ganado. Es a partir de ese momento que se relacionó a la bestia con el murciélago y se le atribuyeron nuevas características, hábitos y forma que se combinaron y completaron la antigua leyenda del Viejo Mundo.

Existen muchos criterios para clasificar vampiros: desde su edad —se dice que entre más viejos más resistentes a la muerte— hasta la creada por un popular y sofisticado juego llamado Vampire, the masquerade, en el que los vampiros viven en la época actual y pertenecen a diversos clanes que luchan entre sí por el poder. Incluso, en un programa de televisión, unos muchachos que se denominan a sí mismos vampiros hablaron de sus características y forma de vida. El público presente estaba dividido entre los que se burlaban de ellos y los que se manifestaban de acuerdo con sus creencias. Desgraciadamente, el antagonismo entre ambas posiciones generó violencia y casi provocó un linchamiento.

Es importante mencionar que no todos los vampiros son galanes sensuales, sedientos de la sangre de un cuerpo bello. En muchas leyendas se les describe como ermitaños descuidados que viven en un laboratorio haciendo experimentos, dominados por la ansiedad de obtener conocimientos de magia negra o poder sobre la humanidad. Algunos vampiros son descritos como la forma más pura de maldad a la que hay que destruir; son feos, calvos y con una sed animal de sangre. Los hay hermosos, elegantes y engreídos, que buscan alimentarse del hombre y ven a esta especie simplemente como ganado al que hay que engordar y cuidar para satisfacer su apetito. Hay algunos que viven rodeados de lobos y atacan junto con ellos. En la novela Capitán de lobos, de Alejandro Dumas, vemos a un vampiro, Loup-garou, que caza junto a una manada de lobos, que puede transformarse en uno de ellos y que sólo puede ser dañado con balas de plata u oro. No puede ser clasificado como un hombre-lobo, ya que este último es dominado por su bestia interior y se transforma en noches de Luna llena, no controla su cambio ni es consciente de lo que hace. Loup-garou sí es consciente y se transforma a voluntad.

Escena de la película Nosferatu de Friederich Wilhelm Murnau, clásica del cine de horror filmada en 1922.

Para concluir, el vampiro representa la fuente de la eterna juventud, no mide las consecuencias de sus actos, con la fuerza y la vitalidad de un cuerpo joven vive la vida arriesgándose a todo y tiene un poder ilimitado. Sobrevive robando la energía, sangre y vida de otras personas y posee un gran atractivo sensual y sexual para seducir a las presas. El vampiro es el cazador por excelencia, posee la elegancia, la fuerza, la vitalidad y la sensualidad que todos queremos tener o ser dominados por ella.Por ser una fuente inagotable de inspiración, creación y de leyenda, sólo nos queda rendir tributo al señor de la noche y de las sombras, poseedor de eterna juventud, de una inmensa  energía y de una gran sensualidad, su majestad: el vampiro.

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