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Correo del Maestro Núm. 65, octubre 2001

Entre monstruos te veas

Raúl Valadez Azúa
María del Rocío Téllez Estrada

Por un lado la noche y por otro los seres tipo animal con características demoniacas, pueden ser motivo de temor para una gran cantidad de personas. Hay muchos fenómenos que provocan el miedo de la gente: los temblores, los ciclones, los vientos fuertes que producen un inquietante ¡uuuuh, uuuuh!, pero en ningún caso la imaginación puede jugar un papel tan grande hasta llevarnos a verdaderas crisis de pánico como cuando estamos en la noche, en un sitio más o menos apartado y tenemos la duda de si seremos atacados por un animal furioso que está cargado de una fuerza sobrenatural.

Treinta millones de años de vida diurna. ¿Quién dice que no pesan?

Independientemente de que en circunstancias como la indicada hay muchas formas en que la gente responde, desde pánico paralizante hasta una relativa indiferencia, lo cierto es que en esos momentos de miedo está entrando en acción una parte de nuestra biología, una parte instintiva de naturaleza primaria que a través del temor nos manda el mensaje: ¡Cuidado, te encuentras en desventaja!

Uno de los puntos en nuestra contra es tener que enfrentarnos a quién sabe qué, precisamente de noche. Nosotros, Homo sapiens, somos una especie diurna, nuestro ritmo biológico nos lleva, de forma natural, a realizar una vida activa de día y dormir de noche, más aún si tenemos en cuenta que el orden de los primates —grupo de mamíferos al que pertenecemos— está constituido fundamentalmente por especies diurnas, para las que la vista juega un papel básico.

Cierto, hay especies nocturnas, pero no son la mayoría y, además, la línea evolutiva de la que descendemos (Hominoidea) lleva unos treinta millones de años disfrutando los rayos del sol y buscando rincones seguros para descansar en la noche. De esta forma, enfrentarnos a algún tipo de peligro en periodo nocturno nos coloca en franca condición de desventaja.

El segundo aspecto, la posibilidad de ser atacado por algún monstruo carnívoro, nos crea un temor cuyo origen se remonta a la época en que éramos presas de lobos, tigres, leopardos; la condición sobrenatural es un ingrediente que le pone nuestra imaginación, pero un león no necesita de nada extra para ganarnos en un enfrentamiento y usarnos de cena. Eso lo sabemos muy bien.

Curiosamente, todos los tipos de monstruos que hemos creado son carnívoros y/o gustan de la sangre, lo cual prueba que el temor a esas figuras proviene de épocas remotas. Si no me creen piensen: nunca han imaginado un monstruo con forma de mariposa de bellos colores o uno con forma de colibrí. Definitivamente, un monstruo creado por nuestra imaginación debe llevar el ingrediente carnívoro; de otro modo, no nos asustará.

Si uno solo de estos factores (la noche, los carnívoros) puede crear mucho temor, ¿qué ocurre cuando se juntan? Simplemente se tienen los ingredientes necesarios para hacer que nuestra adrenalina suba hasta niveles enormes.

Monstruos sobrenaturales, legado cultural

Sin embargo, no es común encontrar relatos de terror donde el ingrediente vivo sea un animal normal, no; por ilógico que parezca, necesitamos más, algo adicional que incremente nuestro temor, a veces es magia o brujería, fuerza sobrenatural, capacidad intelectual (obviamente del monstruo), alguna relación con el inframundo o con divinidades particulares. Cualquiera que este ‘extra’ sea, nos convence de que estamos en franca situación de desventaja.

Esta tradición de mezclar el animal con un ingrediente adicional no proviene de nuestra naturaleza biológica, sino de nuestra condición cultural. Desde que la civilización se creó, hace unos seis mil años, el hombre aplicó parte de su imaginación para crear leyendas que pasaron de generación en generación por vía oral al principio, y por vía escrita más tarde. En muchas de estas historias aparecen héroes que combaten contra animales gigantes que con frecuencia piensan y hablan y, muchas veces, poseen poderes mágicos. El adicional nocturno no siempre aparecía, quizá porque en un principio no se requería para crear expectación y miedo.

Todas las leyendas antiguas sobre este tema tenían un objetivo religioso; generalmente se buscaba dar una enseñanza a las nuevas generaciones sobre las virtudes que debían cultivar o sobre las conductas que llevaban al castigo divino. Para nosotros, los mexicanos, las leyendas más conocidas son de origen europeo, vinculadas con la religión católica, o provienen de época prehispánica y contienen una mezcla de elementos religiosos cristianos y mesoamericanos. Sin embargo, no nos engañemos con la idea de que son lo único que existe, ¡qué va! Hay suficientes leyendas para hacer cursos completos sobre el tema.

En el imperio azteca los nahuales eran protegidos por Tezcatlipoca, el dios azteca de la guerra y el sacrificio. La leyenda contaba que un nahual podía desprenderse de su piel y transformarse en una de estas creaturas. Muchos cazadores aztecas y colonizadores decían que durante la noche habían matado a un animal y al amanecer el cadáver se había transformado en el de un hombre.

La búsqueda de estas leyendas es una actividad muy interesante pues en ellas el hombre manifiesta fuertemente su capacidad creativa. Existen algunas que para ser descubiertas requieren de varias horas de trabajo en biblioteca y están las que sólo podemos conocer platicando con gente de edad avanzada que vive en la provincia y que ha conservado esas historias como parte de su aprendizaje desde niño.

La leyenda del nahual

Uno de los seres sobrenaturales más interesantes oriundo de México es el nahual. Éste es el nombre castellanizado de nahualli, término náhuatl relacionado con la Luna y la magia, que al paso de los siglos se convirtió en nombre para designar a los brujos malos. Hacia el final de la época prehispánica se decía que el nahualli espantaba de noche a los hombres y chupaba a los niños. Decían que su apariencia podía ser muy atractiva, pero en realidad era un hechicero agudo y astuto que gustaba de engañar a la gente hasta hacerla perder su juicio. Curiosamente, muchas de estas ideas persisten hasta el presente.

En el sentido más folclórico, al nahual se le asocia con un monstruo mitad hombre y mitad jaguar, pero las tradiciones antiguas y actuales indican que es un brujo con capacidad para cambiar a una forma animal y escabullirse fácilmente para robarse a las muchachas en la noche, para dañar a alguien en particular o sólo para darse el gusto de espantar a las personas. En el centro de México y en zonas como Xochimilco aún hay quienes describen experiencias de terror que atribuyen al nahual:

Los que los han visto se les erizan todos los pelos del cuerpo, que se les ponen como alambres y sienten la cabeza bien caliente.
El nahual sabe cómo hipnotizar a la gente para que se quede allí, nomás quieta, y se les pueda trepar y revolcar y hasta echar al río o al barranco.

Sin embargo, sus poderes no eran insuperables pues:

...decían que para que no entrasen los brujos a casa, a hacer daño, era bueno una navaja de piedra negra2 en una escudilla3 de agua, puesta tras la puerta, o en el patio de la casa, de noche.

     Una leyenda muy interesante es la de un nahual que, según dicen, aparecía en Tlaxcala:

Cuentan que por el rumbo de Chiautempan4, hace muchos años, antes de que estuviera tan poblado el municipio, había varios lugares que eran los preferidos de los cazadores, que en esas tierras aún agrestes solían encontrarse conejos, coyotes y uno que otro venado. En una ocasión tres cazadores iban por la noche buscando una presa, cuando vieron a lo lejos un hermoso perro negro y grande de una raza desconocida para ellos.

Como no había casas por ahí y no habían encontrado ninguna presa, al ver el perro que era muy bonito decidieron atraparlo porque pensaban que habiéndose criado en el campo les sería útil para cazar. Sin embargo, al acercarse, el perro les gruñó muy agresivo y echó a correr, los cazadores pensaron que un animal tan salvaje podría atacar a otros cazadores y le dispararon hiriéndolo en una pata.

Trataron de seguir las huellas de sangre, decididos a rematarlo, porque un animal herido es más peligroso; de repente, al llegar a un claro del monte encontraron una choza, se acercaron a preguntarle al dueño si no había visto al perro y cuál no sería su sorpresa al ver que en esa humilde choza, el hombre tenía muchas riquezas y en la parte de atrás había muchos animales. Les causó extrañeza darse cuenta de que el campesino que se encontraba en esa choza estaba curándose una herida en la pierna, en el mismo lugar donde ellos le habían disparado al perro negro.

Aburridos al no haber podido cazar nada y habiéndole perdido la pista al perro negro, llegaron horas más tarde a la cantina del pueblo más cercano y ahí contaron su aventura. El cantinero santiguándose les dijo que se habían topado con un nahual, personas que son servidores del diablo y que por las noches se convierten en animales para poder robar riquezas y animales y que habían corrido con suerte de haber salido con vida, ya que son muy peligrosos. Los lugareños les explicaron que los nahuales son personas que cuando quieren convertirse en animales tienen que rezar un Padre Nuestro al revés, pero tienen que dejar en su casa una cobija de las que tienen, moverla y dejarla tendida al revés para poder convertirse nuevamente en personas, pero si alguien levanta la cobija, puede dejarlos para siempre convertidos en animales.

Les recomendaron que cuando anduvieran por el monte, trajeran siempre un crucifijo en el cuello, que trataran de usar un cinturón de piel legítima de víbora y cuando se encontraran a un animal sospechoso le pegaran con la hebilla del cinturón y rezaran el Padre Nuestro, que en ese momento los nahuales se convertirían en hombres y gracias al cinturón y al rezo estarían indefensos. Los cazadores salieron riéndose, sin embargo, desde esa fecha traían siempre consigo un crucifijo entre sus ropas y se ponían cinturones de víbora para ir a cazar por el rumbo de Chiautempan.

El presagio del futuro a través de las aves

Otra tradición que es parte de nuestro legado prehispánico es el valor que se da a diversas aves para conocer el futuro, en especial a los tecolotes y las lechuzas:

Cuando alguno sobre su casa oía charrear a la lechuza, tomaba mal agüero, luego sospechaba que alguno de su casa había de morir o enfermar, en especial si dos o tres veces venía a charrear allí, sobre su casa, tenía por averiguado que había de ser verdadera su sospecha; y si por ventura en aquella casa donde venía a charrear la lechuza estaba algún enfermo, luego le pronosticaban la muerte.

Todos le temían a la lechuza pues decían que era mensajera del dios Mictlantecutli,5 que iba y venía al infierno, por eso le llamaban Yautequiua, que quiere decir mensajero del dios del infierno que andaba a llamar a los que le mandaban.

 

Una historia sobre los tecolotes y la muerte,  contada al autor en Guerrero, muestra el arraigo que aún tiene esta tradición:

  No hay animales en el mundo que despierten más el temor de algunaspersonas que los tecolotes. En tiempos pasados, cuando no había alumbrado en los pueblos, había gente que se negaba a salir por el temor de que le revoloteara un pájaro de estos sobre su cabeza. Cuenta la gente grande que hace muchos años vivía en el pueblo de Apaxtla6 un señor llamado Jacinto que por haber gozado siempre de buena fortuna no tenía reparo en hacer lo que le pareciere, sin preocuparse en escuchar los consejos de sus familiares.Una noche del mes de mayo estaba bebiendo con los amigos y después dijo que quería salir a caminar porque el calor era mucho; le dijeron que mejor se quedara en la cantina porque había Luna llena y los aullidos de los coyotes indicaban que el demonio andaba suelto.
Uno de los temas zoomórficos más antiguos del arte precolombino es el jaguar o nahual de Tezcatlipoca, símbolo del cielo nocturno y estrellado. En el lomo del tigre se ahueca el cuauhxicalli, el recipiente para los corazones de los sacrificados.

Él se carcajeó y dijo que ojalá saliera el diablo para medirse frente a frente, alarde con el que recordaba a todos que él era el mejor tirador de la región. Sin escuchar más salió y todos se persignaron sin decir palabra alguna.
El hombre no había caminado ni diez minutos cuando escuchó un fuerte aullido y después un graznido. Aunque la sangre le subió a la cabeza continuó su camino porque de no ser así todos se burlarían de él. Un poco después se despejó el cielo y la fuerte luz de la Luna llena iluminó los maizales.
De pronto, frente a él, apareció una bestia que no dejaba de mostrarle sus colmillos. Se detuvo y escuchó un aleteo sobre su cabeza, miró hacia arriba y vio a un tecolote que después de hacer un horrible graznido se posó en una rama. Con la pizca de valor que le quedaba sacó su pistola y disparó hacia el ave, pero cuál sería su sorpresa porque un instante bastó para que bestia y ave desaparecieran.
Para Jacinto eso fue suficiente, regresó corriendo a la cantina y cuando contó a los allí presentes la historia se cubrió el ambiente con un silencio sepulcral y uno de los amigos le dijo a otro: “habrá que avisarle al cura para que prepare su misa”.

 

El pobre Jacinto no alcanzaba a recuperar el aliento y le pidió al cantinero una copa; éste la sirvió, pero por el temor de acercarse la dejó lejos de Jacinto. Él, entre borracho por el aguardiente y por el miedo, le gritó que le diera la copa en la mano y sacó su arma, pero al ver que nadie se movía de su lugar decidió tomar la copa él mismo y con un rápido movimiento trató de alcanzarla; tanta enjundia puso en ello que perdió el equilibrio y se fue contra el piso con tan mala suerte que al caer se disparó la pistola y se mató él solo, o más bien, se cumplió el presagio.
Tiempo después el cantinero cerró su negocio y se mudó a otro pueblo pues nadie quería acercarse al lugar. Según algunos la razón fue que el cura dijo en la misa que todo había sido culpa del maldito alcohol y amenazó con la excomunión a quien regresara a la cantina, pero aunque no hubiera dicho palabra alguna igual habría pasado, pues todos, a partir del desafortunado día, evitaban llegar allí, pues corrió el rumor de que el diablo había tomado posesión de esa casa.

 

 

Vivos y muertos conviviendo

Los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre son de especial valor para la civilización occidental pues a estas fechas se las relaciona con los muertos y temas afines.

El origen de esta tradición se remonta a más de dos milenios, antes de que el Imperio Romano hiciera valer su fuerza sobre gran parte del territorio europeo y cuando gran parte de este continente estaba ocupado por tribus celtas. Para esta cultura (y en general para muchas civilizaciones antiguas) el cosmos se movía en ciclos; lo vivo y lo muerto no eran mundos diferentes sino parte de un solo proceso: lo antiguo renace y se inicia un nuevo ciclo. De esta forma el inicio de un año era un momento en que lo antiguo y lo nuevo se tocaban, lo vivo y lo muerto entraban en contacto.

De acuerdo con las tradiciones celtas, el año comenzaba el primero de noviembre y en la noche anterior, la del 31 de octubre, se realizaba un festival llamado Samhain, solemne e importante, pues conmemoraba la creación del mundo, cuando el caos se transformó en orden. Sin embargo, la circunstancia de que se tratara de un momento de contacto entre el presente (lo vivo) y el pasado (lo muerto) le confería un carácter siniestro y peligroso, ya que todo orden normal se invertía y en la confusión las barreras entre lo silvestre y lo civilizado, entre lo vivo y lo muerto, lo animal y lo humano, desaparecían.

La creencia principal era que durante la noche del 31 de octubre los espíritus de los muertos salían de sus lugares de reposo para vagar por el mundo de los vivos; los velos entre los dos mundos se hacían más penetrables y los fantasmas, hadas y brujas vagaban en nuestro ámbito. Aunque este contacto sólo duraba una noche se le consideraba como un momento de gran peligro, de ahí que se realizaran grandes ceremonias de sacrificio para apaciguar a los muertos, pues de lo contrario su energía podía seguir influyendo en los asuntos humanos mucho después de pasada la fecha. Aunque a partir del siglo II de nuestra era el cristianismo desplazó a la religión celta, la importancia del festival de Samhain persistió. En el año de 998, San Odilón instituyó la tradición de que los días uno y dos de noviembre se rezara por los muertos, acción que se convirtió posteriormente en la Fiesta de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. Por otro lado, la tradición de realizar la festividad el 31 de octubre también sobrevivió como Noche de Brujas o de Halloween.

El mejor amigo de las brujas

Aunque los gatos son animales domésticos desde hace varios milenios, su independencia, habilidad para escabullirse por todas partes, su vida nocturna y la fiereza con que pueden atacar a una persona les ha dado un lugar especial en el mundo del terror, sobre todo si su color es negro. La pareja más importante del gato negro es la bruja y ocupa un lugar especial dentro de la literatura. En Irlanda, Gales y Escocia existen muchos relatos sobre brujas que se convierten en estos animales a fin de hacer sus excursiones nocturnas con más facilidad.

Otros protagonistas importantes en las leyendas de brujas son los sapos y las ranas, pues se consideraba que eran sus mascotas preferidas. Una tradición, presente en la actualidad, señala que es de mala suerte que uno de estos animales se pose en uno de los pies de una persona pues se considera un presagio de muerte. Otra tradición muy peculiar de la región de Gales indicaba que los hombres pelirrojos conocedores de la magia, después de muertos, se convertían en ranas para poder chupar la sangre de mujeres dormidas.

El mejor enemigo del hombre

Sabemos que el perro es el mejor amigo del hombre. Es tan antiguo que su origen se mezcla con el nuestro. Estudios recientes indican que los primeros perros existieron hace unos treinta mil años.

Tecolote, según códice de la cultura mixteca. Asociado a la oscuridad en los tres ámbitos, existía una identificación entre el cielo nocturno y sus estrellas, con la Tierra de noche y el inframundo, ya que todos ellos pertenecían al lado oscuro.

El ancestro del perro es el lobo gris (Canis lupus), algo increíble si consideramos que lobo y hombre son enemigos mortales. Curiosamente, esta paradoja (que tu peor enemigo se convierta en tu mejor amigo) se debió a que los grupos de hombres primitivos y las manadas de lobos eran enormemente similares en sus necesidades ecológicas, tanto que la competencia entre ellos era enorme. Sin embargo, al mismo tiempo, eso que permitió que se llevara a cabo un proceso en el que ciertos lobos pudieron adaptarse a las condiciones de vida que existían en el interior de las comunidades humanas, lo que condujo al origen del perro.
Pero si en el mundo real el perro se convirtió en compañero nuestro, en las leyendas los lobos continuaron en su papel de villanos. La enorme cantidad de cuentos e historias europeas en las que este cánido representa la parte maligna es un residuo de siglos y siglos en los que hombres y lobos entablaron una lucha a muerte, pues su similitud ecológica les conducía a una competencia terrible e hizo imposible que pudieran compartir un mismo territorio. Un impresionante testimonio de esto son las crónicas, por ejemplo, de cuando la peste negra invadió Europa (1348-1351) o del periodo que siguió al final de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), en las que se indica que el despoblamiento de amplias regiones daba lugar a un rápido resurgimiento de las manadas de lobos, que se convertían en dueñas de vastos territorios, dándose incluso el lujo de penetrar en los pequeños poblados en busca de presas fáciles.

Por todo esto no debe sorprendernos que estos animales se hayan convertido en símbolos del mal. Adicionalmente a esto podemos mencionar un aspecto más: la rabia. Los relatos de personas que después de ser heridas por un lobo se convertían en entidades salvajes, en hombres lobos que no sabían más que matar de forma irracional como consecuencia de una maldición transmitida, recuerda enormemente el proceso que se daría cuando una persona fuera mordida por un lobo con rabia. La gente que presenciara el evento y el desenlace llegaría necesariamente a la conclusión de que todo había sido producto de algún fenómeno satánico, pues debemos recordar que apenas llevamos poco más de un siglo de saber qué causa esta enfermedad y cómo se previene.

No obstante todo este ánimo de terror y odio dirigido al lobo, necesariamente se le relacionó con el valor. Así, en muchos relatos aparece como compañero de dioses nórdicos (el equivalente del perro en el otro mundo), como símbolo de fuerza, de poder, pero del lado maligno. En época de los celtas existían bandas de hechiceros-guerreros que vivían como nómadas, sin arraigo a nada y cuyo símbolo era el lobo, tanto por su estilo de vida como por su interés de vincularse con el inframundo:

Pero de repente, una nube negra cubrió por completo la Luna, y todo era oscuridad negra completa, y a través de la oscuridad él oyó lobos aullando y alaridos en el horrendo ardor de la persecución, y allí pasó delante de él una horrible procesión de lobos (lobos negros con ojos fieramente rojos), y con ellos hombres que tenían las cabezas de lobos y lobos que tenían las cabezas de hombres y, por encima de ellos, volaban lechuzas.

Y, aunque al paso de los siglos su vinculación con la guerra fue decayendo, su relación con lo mágico y demoniaco aumentó, tal y como lo muestra un relato del siglo XV:

Los hombres lobos son ciertos hechiceros, los cuales después de ponerse ungüento en sus cuerpos, con un ungüento que hacen por el instinto del diablo: y colocándose una faja encantada, no sólo ante la vista de los demás parecen lobos, pero en su pensamiento adquieren tanto la forma como la naturaleza de los lobos, mientras sigan usando tal faja.

Y si se piensa que las tradiciones sobre hombres lobos son cuentos que ya sólo vemos en el cine, basta con encontrarse notas como la siguiente para entender hasta dónde estas leyendas continúan vivas:

La A.P. reporta desde Bucarest que rumanos en zonas rurales ayer estaban preparados para sacar los ajos para ahuyentar los espíritus malignos que están acechando la provincia. El gran periódico Evenimentul Ziliei, que es leído mayormente en zonas rurales, dijo a sus lectores que embarraran ajo al anochecer sobre sus puertas y ventanas para protegerse en el día de San Andrés7 de los hombres lobos y de otros espíritus malévolos; ya que según la superstición ésta es la única defensa cuando los fantasmas y los hombres lobos vagan (diario Independent de Rumania, noviembre de 1993).

El monstruo más famoso

Pero si el lobo es, por antigüedad, el animal más ligado a lo sobrenatural y lo maléfico, el ganador en materia de cantidad de leyendas y mitos es, sin duda, el vampiro.

La figura del vampiro es interesante desde el momento mismo en que tratamos de entender las raíces de su vinculación con lo sobrenatural. En el este de Europa, donde estas leyendas están más arraigadas, hablar de hombre-lobo o vampiro era lo mismo, ya que en ambas imágenes se reunía el esquema básico de humano-animal-magia-demonio. Entonces, la relación del vampiro (como entidad mítica) con el murciélago (como entidad animal) es una creación posterior. Por otro lado, al vampiro se le ubicaba como un muerto vivo, una entidad fantasmal depredadora que en su origen era una bruja o un hechicero y que en su condición de muertovivo salía volando con forma de pájaro de su tumba durante la noche para asaltar y robar la vitalidad de los vivos. Así, ni era un murciélago el animal con el que estaba inicialmente vinculado ni era la sangre lo que salía a buscar.

La imaginación popular ha acusado a los hombres-lobo de los más terribles males. Grabado en madera, L.Cranach, siglo XVI.

La forma final, aquella que reconocemos con el nombre de ‘vampiro’ y asociamos con lo sobrenatural, se fue dando poco a poco a partir del siglo XVIII. Primero se le asoció con la idea de alimentarse de sangre, después con la imagen del murciélago, quizá por ser este animal uno de los pocos animales voladores nocturnos. Sin duda nadie, en la época en que se crearon estas leyendas, sabía que sí existen murciélagos que se alimentan de sangre. ¿Evidencia de ello? Las tres especies hematófagas son exclusivas de los trópicos americanos, mientras que los relatos son europeos. Estas historias provienen por lo menos de la Edad Media, pero las tres especies  no fueron conocidas por los europeos hasta el siglo XVIII y se registraron taxonómicamente en el siglo XIX. Así, un relato como el siguiente, de 1733, habla de vampiros, pero nada tiene que ver con los murciélagos:

Los vampiros salen de sus tumbas en la noche, atacan a la gente durmiendo tranquilamente en sus camas, les chupan toda la sangre de sus cuerpos y los destruyen.

Ellos por igual acosan hombres, mujeres y niños, no escatimando el sexo ni la edad. Aquellos que están bajo su influencia y maldad fatal, se quejan de sofocación y de tener un completo desánimo, luego del cual se mueren. A unos se les ha preguntado si pueden decir qué les ha causado el mal, un poco antes de morir, respondiendo que tales o cuales personas, que acaban de morir, se han levantado de sus tumbas para atormentarlos y torturarlos.

Curiosamente, en América, donde el hombre tuvo contacto con estos comedores de sangre,8 no existió distinción alguna entre ellos y otros tipos de murciélagos. De hecho, estos mamíferos voladores pasaron casi inadvertidos por los pobladores de estas tierras, hasta que en el siglo XX se les integró al catálogo de ‘animales maléficos’ y desde entonces son motivo de miedo y persecución por parte de la gente.

Conclusiones

La vinculación de especies animales con productos de nuestra imaginación es uno de los fenómenos más interesantes de la naturaleza humana y además ocupa una buena parte del pensamiento de niños y adolescentes. El uso de estos temas, de estas historias, dentro de diversas materias como español y literatura, en lecturas, en la redacción de ideas y corrección de ortografía, o como un pretexto para el estudio de la geografía, así como de la biología, puede ser una buena forma de introducir al alumno en temas que, siendo tradicionalmente pesados y tediosos, pueden aligerarse a través de esta motivación.

A través de esta lectura se tocaron varias materias y temas que son parte de los programas de secundaria y bachillerato como los siguientes:


Biológicos:

  • La ecología: competencia, depredación, exclusión competitiva, la alimentación hematófaga, la ecología de las tres especies de murciélagos vampiros, de los lobos, de las lechuzas, así como la interacción entre ellos y con su ambiente).
  • La diversidad biológica: localización de los murciélagos hematófagos en el mundo, de los murciélagos con distintos hábitos alimenticios en los distintos continente, etcétera.
  • La salud: la rabia, enfermedades infecciosas, las vacunas, la medicina en el mundo antiguo, la medicina actual.
  • Biología celular: los virus.


Históricos:

  • La Antigüedad en el Viejo Mundo.
  • La Edad Media.
  • Las culturas prehispánicas.
  • Los animales domésticos.


Geográficos:

  • América Latina.
  • Europa.
  • Países europeos.

Como se puede apreciar, los temas que se sugieren dentro de este artículo son variados y de carácter interdisciplinario, sin tomar en cuenta que, al compartirlo, los profesores podremos encontrar más, y si al leerlo con nuestros alumnos los invitamos a que identifiquen los temas que se abordan y las áreas, nos daremos cuenta que los puntos de contacto aumentan y estaremos enseñando a nuestros alumnos que, a partir de una lectura guiada, se puede construir una multitud de relaciones con sus materias curriculares, así como la interacción que éstas tienen con su vida cotidiana.

Notas

2Obsidiana.
3Tazón para sopa o caldo.
4 Poblado que se encuentra seis kilómetros al oriente de la ciudad de Tlaxcala.
5 Señor del inframundo en la religión mexica.
6 Pueblo de la cuenca del Balsas.
7 30 de noviembre.
8 En la actualidad existen las especies Desmodus rotundus, que habita desde el norte de México hasta Chile y Argentina, Diaemus youngi, que se encuentra en la zona tropical de Sudamérica, y Diphylla ecaudata, distribuida desde el sur de México hasta Brasil y Perú. Aunque las tres son hematófagas (se alimentan de sangre), sólo la primera ataca a mamíferos, pues las dos restantes emplean a las aves como fuente de alimento. Ninguna de las especies alcanza más de nueve centímetros de longitud cabeza-cuerpo.

Para saber más del tema

Duncan, N. Los celtas. Ediciones Culturales Internacionales. México, 1987

Fernández, S. El Nahual. Cuentos y leyendas de Tlaxcala. Tlaxcala, México, 1995.

Jackson, N. El libro completo de los vampiros. Editorial Tomo, S.A. de C.V. México, 1999.

Sahagún, B. Historia General de las Cosas de la Nueva España. Colección Sepan Cuantos, No. 300. Porrúa. México, 1997.

Swadesh, M. y sancho, M. Los mil elementos del mexicano clásico. Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. México, 1966.

Valadez, R. y mestre, G. Historia del xoloitzcuintle en México. Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. México, 1999.

Valadez, R. El origen del perro, primera parte (entre el lobo y el perro). AMMVEPE, 11(3):75-84, 2000.

 

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