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Los
murciélagos a través del ojo de la ciencia
Bernardo Rodríguez Galicia
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Únicos en su clase, los murciélagos son
mamíferos que poseen la virtud de volar; cuentan con diversos
hábitos alimenticios que van de lo frugívoro a lo nectívoro,
piscívoro, insectívoro, omnívoro e, inclusive, los hay hematófagos
(murciélagos vampiros), es decir que se alimentan de sangre.
Son de costumbres nocturnas y se comunican, principalmente,
por un complejo sistema de sonar.
La característica
de volar, así como su aspecto físico, han dado origen, en
gran cantidad de idiomas, al vocablo con que se designa
a este animal. En alemán se le llama fledermaus,
en sueco fladermus, en danés flagger-mur,
ratón que vuela; en chino sein shii,
ratón celeste; en náhuatl químich-papálotl,
ratón mariposa; en francés chauve-souris,
ratón calvo; en portugués y español morcego
y murciélago, respectivamente, vocablos que
quieren decir ratón ciego. Sin embargo, a pesar
del amplio conocimiento físico que se tiene de estos animales,
es increíble que existan tan pocas investigaciones sobre
ellos. La mayoría de ellas se refiere a cómo realizan su
vuelo, al contenido estomacal o alimenticio y a las patologías
que transmiten a través de algunos virus como el de la rabia.
Otras, las de carácter arqueológico o paleontológico, son
las menos.
Estudios
de paleontología y arqueozoología de murciélagos
Es curioso
que a pesar de que el orden Quiropterae es el segundo por
su abundancia entre los mamíferos después del Rodentiae
esto no se refleje mucho en el registro fósil. Tan es así
que los estudios paleontológicos que se refieren a restos
de murciélagos hallados en México son escasos (Arroyo-C.
y Álvarez, 1990). La revisión de la bibliografía en que
se hace referencia a murciélagos fósiles y subfósiles demuestra
que los estudios sólo se han efectuado en elementos craneales,
sin mencionar los postcraneales; además, es notable el escaso
número de trabajos que hacen referencia a restos hallados
en la zona tropical americana (Arroyo-C. y Álvarez, 1990).
A pesar
de lo anterior, se tienen investigaciones como la de Martín
(1972), que elaboró un catálogo de los murciélagos del Plioceno
y el Pleistoceno (Arroyo-C. y Álvarez, 1990). En México
se han realizado algunos estudios arqueozoológicos de murciélagos
hallados en las excavaciones arqueológicas en la zona tropical,
[Hatt et al. (1953), Koopman y Martín (1959), Dalquest
y Roth (1970) y los de Álvarez (1972, 1976, 1982)], en que
se describe principalmente la anatomía ósea de este grupo
de vertebrados. Es importante mencionar los trabajos efectuados
en las Antillas por Koopman y Williams (1951) y el amplio
estudio de Silva Taboada (1974) sobre restos óseos hallados
en depósitos de una cueva en la región central de Cuba (Arroyo-C.,
Álvarez, 1990), en el que hace mención de la importancia
y necesidad de realizar estudios de huesos postcraneales
de los murciélagos.
En 1977
y 1980 el arqueólogo Norberto González Crespo tuvo a su
cargo la exploración de las grutas de Loltún, en Yucatán,
donde pudo estudiar restos de fauna pleistocénica, incluyendo
restos óseos craneales y huesos postcraneales de murciélagos
y artefactos de piedra tallada.
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Restos
de cráneo y dentario de un murciélago
insectívoro de la especie Myotis velifer,
hallado en la "Cueva de las Varillas",
en Teotihuacán, Estado de México.
Su presencia indica una actividad ritual de las
personas que habitaron estas cuevas a finales del
postclásico.
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A principios de la década de
los años noventa, en la temporada de excavación 1994,
el proyecto Estudio de Túneles y Cuevas en Teotihuacán
a cargo de la doctora Linda Manzanilla Naim, del Instituto
de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, reportó
la presencia de un cráneo y un dentario de la especie
Myotis velifer, murciélago insectívoro, dentro
de la Cueva de las Varillas (Valadez, 1994), asociados
a un entierro, quizá como ofrenda dedicada a la persona
enterrada.
Por último,
cabe mencionar que se conocen restos de fósiles de murciélagos
vampiros de cinco sitios paleontológicos en México: Desmodus
cf. draculae, del Pleistoceno tardío en la gruta de
Loltún; D. stocky, que procede del Pleistoceno
tardío, de las cuevas de la Boca, San Josecito y La Presita,
estado de Nuevo León, y del Holoceno temprano, de Tlapacoya,
Estado de México (Arroyo-C. y Clayton E., 1997). Hay dos
especies de vampiro, Desmodus rotundus, Diphylla
ecaudata, conocidas desde el Pleistoceno-Holoceno
en Loltún (Arroyo-C. y Clayton E., 1997).
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Pocos
son los registros fósiles sobre murciélagos
completos, tal es el caso del género Palaeochiropterys,
hallado en Italia, que data del Oligoceno, es
decir, de hace unos 38 millones de años.
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Estudios
de murciélagos polinizadores
Quizá
el papel ecológico más importante del murciélago es
el de agente polinizador. De ahí el amplio número de
trabajos realizados sobre este tema. Dichas investigaciones
tienen su origen en la segunda mitad del siglo XVIII,
sin embargo, las más importantes aportaciones se realizaron
desde mediados del siglo XX. Destacan los trabajos de
Baker y Harris, en Ghana, sobre las visitas de los murciélagos
de los géneros Epomophorus y Nanonycteris
a las inflorescencias de Parkia clappertoniana.
En estos estudios se resalta la importancia de ambos
murciélagos en el proceso de polinización de esta leguminosa
a la cual llegan en busca de néctar, tal como lo demuestra
un análisis estomacal.
En 1960,
el científico brasileño Carvalho observó que ejemplares
de Crescentia cujete (Bigniniaceae), Alexa
grandiflora (Leguminosae), Hymemae courbaril
(Leguminosae), Crataeva benthami (Capparidaceae)
y Parkia gigantocarpa son visitados por tres
especies de murciélagos: Glossophaga s. soricina,
Phyllostomus d. discolor y Phyllostomus
h. hastatus. En su investigación, Carvalho trató
de observar el comportamiento de plantas y murciélagos.
El examen del contenido estomacal de algunos ejemplares
capturados reportó la presencia de restos de insectos,
restos vegetales, néctar, pulpa de fruta y granos de
polen. Un año más tarde el mismo Carvalho estudió la
alternancia de recursos alimenticios utilizados por
los murciélagos ya mencionados y sugirió que esto obedece
a sus necesidades fisiológicas (Quiroz, et al.,
1986).
Ese
mismo año (1961) Alcorn et al. verificaron la
actividad polinizadora del murciélago del género Leptonycteris
sobre el cactus gigante (Saguaro), Carnegia gigantea.
En México,
Bernardo Villa (1967), al citar la dieta de los murciélagos
mencionó también varios géneros como visitantes de diversas
plantas: a Glossophaga lo observó frecuentando
flores de Musa (Musaceae) y Lemaireocereus
(Cactaceae); a Leptonycteris lo menciona sobreviviendo
al cautiverio gracias a una dieta constituida por néctar
de Ipomoea (Convulvulaceae) y a Choeronycteris
lo encuentra cubierto de polen de la misma planta al
ser capturado, al igual que a Hylionycteris,
cubierto con polen de Teobroma (Sterculiaceae),
(Quiroz, et al., 1986).
En 1969
Álvarez y González estudiaron el contenido palinológico
del estómago de murciélagos mexicanos de la subfamilia
Glossophaginae; el propósito era establecer los hábitos
alimenticios y competencia entre estos mamíferos estimando
la cantidad de granos de polen en sus tractos digestivos.
Baker
y colaboradores, en 1971, efectuaron un trabajo con
Ceiba acuminata y encontraron que sirve como
fuente de alimento a varias especies animales que la
visitan, incluyendo a los murciélagos. Los autores mencionan
que los quirópteros actúan como verdaderos polinizadores.
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Los
hábitos alimenticios de los murciélagos
son muy diversos. Hay especies carnívoras,
frugívoras, piscívoras, nectívoras,
hematófagas e, incluso, algunas que se
alimentan de polen. En la fotografía podemos
ver un murciélago frugívoro.
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En la
provincia de Guanacaste, Costa Rica, Heithaus et
al. realizaron un estudio para establecer la posible
relación y estrategias de la polinización de Glossophaga
soricina y Phyllostomus discolor ambos
nectívoros con respecto a la leguminosa de la
especie Bauhinia pauletia.
Más
tarde, Howell publicó un artículo en el que presentó
los resultados obtenidos de las investigaciones que
él realizó en México y Estados Unidos sobre la sensibilidad
auditiva y vocalización ultrasónica entre murciélagos
de la familia Glossophaginae, en el que menciona que
existe una relativa diferencia entre las especies, la
que está condicionada por sus preferencias alimenticias.
Sazima
y Sazima (1977) encontraron en Brasil a Phyllostomus
discolor, Glossophaga soricina y Anoura
caudifera alimentándose con las flores de Bauhinia;
observaron también a P. discolor visitar las
flores de Lafoensia glyptocarpa (Lythraceae)
y dedujeron que, dependiendo de la cantidad de flores
que presente la planta, esta especie de murciélago llega
a ella de manera independiente o bien agrupándose en
manadas (Quiroz, et al., 1986). Finalmente, estos
mismos autores en 1978 destacaron la importancia que
tienen los murciélagos Glassophaga soricina y
Corollia perspicillata en la polinización de
la flor de la pasión, Passiflora mucronata
(Passifloraceae).
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La
adaptabilidad de los murciélagos al vuelo
es comparable con la que tuvieron algunos reptiles
voladores y la que tienen aves actuales; en la
figura se pueden observar precisamente los mecanismos
de adaptabilidad en los miembros anteriores que
tuvieron diferentes vertebrados voladores, entre
ellos el murciélago, y cómo es esta
modificación en el hombre.
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Los
murciélagos vampiros y la rabia
Hoy
en día se acepta que en América no existía la rabia
canina antes de la llegada de los españoles; sin embargo,
hay evidencias indirectas que señalan su presencia en
murciélagos vampiros. En la Crónica de la Conquista
de Darién de Fernández de Oviedo, del año 1514,
y en la Historia del Descubrimiento y Conquista de
Yucatán, de Juan Francisco Molina Solís, del año
1527, se menciona el ataque de murciélagos vampiros
a hombres y animales, con el consecuente contagio de
rabia (Flores-Crespo, 1996).
Posteriormente,
para el año 1681, el médico y naturalista Aldravandus
prevenía sobre la ingestión accidental de estiércol
de murciélago, ya que de esto se derivaban problemas,
primero de la lengua o el corazón, posteriormente se
caía en una conducta de horror al agua (hidrofobia)
y, finalmente, sobrevenía la muerte, síntomas ahora
lo sabemos de quien contrae el virus de la rabia.
La cita
más antigua de rabia, y presumiblemente del conocimiento
de los murciélagos vampiros en México, data del año
1709, en los anales de la Inquisición, que menciona
la necesidad de ejecutar a quienes hubieran contraído
el mal. Diez años más tarde aparecieron los primeros
registros de rabia por murciélagos en las Antillas y
en 1741 sucedió lo mismo en Barbados. Para 1753 los
estados de Virginia, Carolina del Norte y Nueva Inglaterra,
en Estados Unidos, reportaron la presencia de la rabia,
incluso con carácter epidemiológico.
En 1803,
en Perú, hubo una violenta epidemia en la que fallecieron
42 personas en la ciudad de Ica por haber contraído
el mortal virus (Flores Crespo, 1996). Durante el siglo
XIX, científicos como Luis Pasteur, Chamberlain, Roux
y Thuiller reconocieron la existencia de un factor de
contagio, demostraron la virulencia en el sistema nervioso
de los animales enfermos de rabia y, finalmente, Pasteur
elaboró la primera vacuna, que se aplicó al joven Joseph
Maister.
Para
inicios del siglo XX, en 1905, en Perú se descubrió
la rabia en coyotes (Flores-Crespo, 1996), que muy posiblemente
habían sido infectados por murciélagos vampiros; mientras,
en pleno inicio de la Revolución Mexicana, en 1910,
el doctor Emilio Fernández informó de la presencia de
rabia en el ganado bovino (Flores-Crespo, 1996). Un
año más tarde, en 1911, el doctor Carini mencionó la
transmisión de la rabia por murciélagos en ganado bovino,
hecho que fue comprobado posteriormente, en 1934, por
Hampt, Rahaj, Queirós, Lima y Torres (Flores-Crespo,
1996). En 1928 se registró y reportó el primer caso
de rabia transmitida por el murciélago al hombre; mientras
que en 1939 se inoculó el virus de la rabia en embriones
de pollo y pato y se obtuvieron cepas avianizadas para
inmunizar a los animales y al hombre.
Conclusión
Como
ya hemos señalado, la investigación de los quirópteros
se ha centrado principalmente en el conocimiento de
su conducta ambiental, alimenticia o patológica. Quedan
por abarcarse campos de estudio muy importantes como
la anatomía y fisiología de estos animales. Los estudios
paleontológicos como el realizado en las grutas
de Loltún por Arroyo Cabrales y Ticul Álvarez
y los estudios de fósiles o materiales arqueozoológicos
como los de Valadez son una alternativa
en el campo de investigación científica que bien puede
explicar la extraordinaria adaptabilidad de estos minúsculos
mamíferos así como su relación con el hombre en la época
prehispánica.
Los
murciélagos han llamado poderosamente la atención del
hombre desde épocas remotas, lo que ha llevado, incluso,
a tejer falsas creencias y a atribuirles misteriosos
poderes sobrenaturales. Han estado presentes, de diversas
formas, en muchas culturas, entre ellas las mesoamericanas.
En leyendas nahuas aparece como producto del semen de
Quetzalcóatl derramado en una roca y como mensajero
de los dioses.
Es tal
el culto que se brindaba al murciélago en la época prehispánica
que en el palacio de Tetitla y el Barrio de los comerciantes,
en Teotihuacan, durante las excavaciones arqueológicas
se encontraron figurillas zoomorfas que representan
verdaderos quirópteros; el hallazgo del dentario y cráneo
del murciélago en la cueva teotihuacana así lo confirma
y, como menciona el doctor Valadez:
La presencia
del murciélago Myotis velifer es un aspecto de
enorme valor, dado que los restos de quirópteros en
sitios arqueológicos son muy poco comunes. Esta especie
es un pequeño organismo, común en la región, que se
alimenta de insectos y duerme en huecos de árboles y
casas abandonadas. Las cuevas estudiadas durante el
proyecto no son un sitio adecuado para que se convirtiera
en su refugio, por lo que es lógico suponer que el animal
se cazó y posteriormente se llevó a estas...
¿Medicina?,
¿religión?, ¿simbolismo?, ¿superstición?; las investigaciones
arqueozoológicas con murciélagos pueden dar respuesta
a estas y otras preguntas.
Bibliografía
Arroyo-Cabrales, Álvarez, Ticul.
Restos óseos de murciélagos procedentes de las excavaciones
en las grutas de Loltún. Colección Científica, Instituto
Nacional de Antropología e Historia, México, D.F.,
1990.
Arroyo-Cabrales, Polaco, O. Revisión de los
vampiros fósiles (Chiropterae: Phyllostomidae, Desmodontinae)
de México, en: Homenaje al profesor Ticul
Álvarez. Colección Científica, Instituto Nacional
de Antropología e Historia, México D.F., 1997.
Flores Crespo, R. Prevención de la rabia paralítica
bovina y el control de los murciélagos vampiros.
Instituto Nacional de Investigaciones Forestales,
Agropecuarias y Pecuarias; taitene, México D. F.,1996.
Quiroz, L.D., et al. Análisis palinológico del contenido
gastrointestinal de murciélagos. Colección Científica,
Instituto Nacional de Antropología e Historia, México,
D.F., 1986. |
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