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Correo del Maestro Núm. 66,noviembre 2001

Friedrich Froebel

Marío Aguirre Beltrán

 

Friedrich Froebel
Lynn Arthur Steen, editor. La enseñanza agradable de las matemáticas, México, Noriega Editores, 1998

Recordado principalmente por el desarrollo del kindergarden, jardín de infantes, la vida y la carrera de Froebel estuvieron dominadas por la convicción de que todos los humanos tienen como derecho indeclinable la autorrealización a través de la autoeducación.

Friedrich Wilhelm August Froebel nació en abril 21 de 1782, en Oberweissbach, Alemania, siendo el quinto hijo de la familia de un clérigo. Sólo tenía nueve meses cuando su madre murió. El trauma causado por esta pérdida y las demandas de su padre, tan posesivo como indiferente era su madrastra, lo hicieron triste, introspectivo, lento para el aprendizaje de la lectura y poco interesado en asuntos intelectuales. Con pocos contactos con niños de su propia edad, se desarrolló en él una atracción casi obsesiva por el mundo de la naturaleza. Aprendió a observar cuidadosamente, a hacer deducciones científicas, y a muy temprana edad formuló una profunda filosofía espiritual acerca de la unidad del universo.

Después de su entrenamiento como guardabosques, siguió algunos cursos universitarios informales en Jena, hasta que fue apresado por no pagar sus deudas. Luego de un breve periodo como empleado público, secretario privado, tuvo, a los 23 años, una breve preparación como arquitecto para, impulsivamente, tomar un empleo de maestro en una escuela modelo de Frankfurt, en la que seguían las concepciones desarrolladas por el educador suizo Pestalozzi.

Un momento crucial en su vida ocurre en junio de 1806, cuando se contrata como tutor de los tres hijos del Barón von Holtzhausen. La falta de interés de éste por el crecimiento de sus hijos confirma la convicción de Froebel de la necesidad vital de que tanto el padre como la madre participen en la educación de los hijos. Vio en la Baronesa, por quien sintió gran afinidad, el ejemplo de madre ideal y percibió en ella a su novia espiritual. En junio de 1811, repentinamente, abandona la casa del Barón para continuar sus estudios universitarios, pero mantiene correspondencia secreta con la Baronesa durante muchos años.

En la Universidad de Göttingen, Froebel enunció su ‘ley de la esfera’, un símbolo de las fuerzas divinas operando en el universo, la cual soñó que pudiera considerarse como una síntesis universal.

Pronto se incorporó a la lucha en la guerra contra Napoleón. Es entonces, como soldado, cuando desarrolla la idea de regenerar Alemania a través de la reestructuración de su sistema educativo.

A su regreso, en 1814, ingresa a la Universidad de Berlín, donde se convierte en curador del Museo de Mineralogía.

Dos años después regresa a Turingia para fundar su propia escuela, la cual describiría como “la institución educativa universal alemana”. Tres sobrinos huérfanos, un hermano, su cuñada y los hijos de ésta constituyeron el primer personal y los primeros alumnos.

Froebel enfatizó el lugar de la familia como la raíz de la vida humana, pero no se casó hasta 1818 con Whilhelmine Hoffmeister, una refinada y cercana compañera espiritual.

Después de un año la escuela se muda al vecindario de Keilhau y entonces, pronto, crece hasta llegar a ser una floreciente institución.

Incapaz de obtener apoyo del gobierno para su proyecto, él continúa fiel a su idea de escuela. Escribe numerosos artículos y en 1826 publica La educación del hombre, una presentación filosófica de los principios y  métodos utilizados en su escuela de Kielhau. En 1828, la escuela es acusada por las autoridades de “nido de demagogos” para ser oficialmente absuelta, aunque Froebel es removido de la dirección en 1832.

Después de cinco años en Suiza vuelve a Alemania para realizar sólo dos de sus ideas: el Instituto de crianza y actividad infantil, el cual fue la feliz inspiración del renombrado kindergarden o jardín de niños, y una pequeña escuela para futuros maestros. Froebel es el precusor de la visión moderna del espacio y la arquitectura escolar y de la relación entre éste y la propuesta pedagógica de la escuela inicial como escuela de crianza y cultivo. De ahí el nombre de ‘jardineras’ a las maestras de jardín de niños.

Inició, desde esta perspectiva, una editorial para juegos y materiales educativos, incluyendo una colección: Mother play and nursery songs (juegos maternos y canciones infantiles), en la que se incluían extensas instrucciones sobre su función educativa y su uso. Este libro fue muy popular y ha sido traducido a varios idiomas. Froebel insistió en el desarrollo de la educación infantil como condición preliminar para una reforma educativa y social. Su entusiasmo fue acrecentado por Louise Lewin, una fervorosa seguidora 30 años menor que él, a quien había ayudado en Kielhau. Se casaron en 1851.

Jardín de niños de Froebel, hacia 1880
James Bowen, Historia de la educaciópn occide nta, tomo III, Barcelona, Ed. Herder, 1992

Froebel ganó apoyo mundial hacia el movimiento del kindergarden cuando fue acusado de subversivo por el gobierno prusiano desde 1851 hasta 1860. La Baronesa de Marenholtz-Bülow, profundamente impresionada por lo que observó en el kindergarden de Froebel, estableció algunos jardines de infantes en Inglaterra y otros países de Europa. Murió en Marienthal, Alemania, en junio 21 de 1852.

 

Capítulo II.  Segundo grado del desarrollo del hombre: el niño

[...] Aunque, a decir verdad, todo grado en el desarrollo y perfeccionamiento del hombre sea muy importante en su orden respectivo, permítasenos que insistamos sobre la importancia especial que toma a nuestros ojos el grado presente [la primera infancia]. Es, en efecto, la primera manifestación del lazo que une al hombre al mundo exterior; es el primer paso dado por él en la vía de la comprensión de este mundo exterior, que se le aparece entonces bajo las formas más diversas. Es altamente importante que el niño, llegado a este grado, contemple de una manera justa los objetos que le rodean, y los conozca según su naturaleza y sus propiedades, conociendo a la par los grados de su importancia y de su valía, y las relaciones existentes entre ellos y con el hombre. Empléense siempre expresiones exactas, frases simples y claras para designar al niño las condiciones de espacio y de tiempo, y todas las propiedades peculiares al objeto que se lo quiera dar a conocer. Como este grado de desarrollo del hombre exige que el niño designe cada cosa con claridad y precisión, síguese necesariamente de ahí que todo lo que le rodea deba serle presentado precisa y claramente: una condición reclama la otra.

   [...] La palabra y el juego componen el elemento en que vive el niño de esta edad. Atribuyendo a cada cosa la vida, el sentimiento, la facultad de oír y de hablar que él siente en sí mismo, imagínase también que todo objeto oye y habla; y no vacila, desde que empieza a manifestar su interior, en atribuir una actividad semejante a la suya a las piedras, a los árboles, a las plantas, a las flores, a los animales y a todo lo que le circunda.

   El niño se explica de esta suerte, o por lo menos presiente, cómo la vida le es propia, su vida con sus parientes y su familia, su vida con un ser superior que le es invisible, cómo, en fin, su vida con la naturaleza no constituye más que una sola y misma vida.

   Es importante para el éxito de la educación del niño de esta edad, que esta vida que él siente en sí tan íntimamente unida con la vida de la naturaleza, sea cuidada, cultivada y desarrollada por sus padres y por su familia. El juego les suministrará para ello medios preciosos, porque el niño no manifiesta entonces más que la vida de la naturaleza.

   El juego es el mayor grado de desarrollo del niño en esta edad, por ser la manifestación libre y espontánea del interior, la manifestación del interior exigida por el interior mismo, según la significación propia de la voz juego.

   El juego es el testimonio de la inteligencia del hombre en este grado de la vida. Es por lo general el modelo y la imagen de la vida del hombre, generalmente considerada, de la vida natural, interna, misteriosa en los hombres y en las cosas: he ahí por qué el juego origina el gozo, la libertad, la satisfacción, la paz consigo mismo y con los demás, la paz con el mundo; el juego es, en fin, el origen de los mayores bienes.

   [...] Los cuidados paternos y maternos y los de la familia, tienen por único fin el completo desarrollo de las fuerzas, de las disposiciones y de las aptitudes de todos los miembros y órganos del hombre-niño, respondiendo a sus exigencias y a sus necesidades. Pero no basta que la madre trabaje instintivamente por obtener este desarrollo; conviene que al ocuparse a sabiendas de un ser consciente, esté convencida de que coopera, al propio tiempo, en el desarrollo de la humanidad entera y obre en vista de este indudable enlace que existe entre el niño y la humanidad.

   El amor maternal, razonable, conforme con la justicia y con la verdad, debe conducir seguramente al niño por las vías del desarrollo, y llevarle poco a poco a manifestarse con la conciencia de sí mismo. “Dame tu bracito. ¿En dónde está?, ¿dónde se oculta tu manecita?” dice la madre a su hijo, para darle a conocer la multiplicidad y la variedad de sus miembros.

   [...] Por medio de estos procedimientos, inspirados en la naturaleza misma, todas las madres enseñan al niño a conocer multitud de cosas, aun aquéllas que éste no podría ver al exterior. Todo esto tiene por objeto infundir al niño la noción de sí propio y llevarle a reflexionar sobre sí propio. Por ejemplo, un niño educado con solicitud según este método tan natural, decíase un día, ignorando que nadie le escuchase: “Yo no soy ni mi brazo ni mi pierna; yo no soy mi oreja; yo puedo separar todos los miembros de mi cuerpo y sin embargo me quedo siendo yo; ¿quién es, pues, ése que yo titulo yo?”

   Idéntica razón inspira a la madre, cuando juega con su hijo, la idea de decir: “Muéstrame tu lengüecita; muéstrame tus dientecitos; muérdeme con tus dientecitos”. Así le lleva a hacer uso de sus miembros. Empuja tu piececito ahí dentro, le dice, presentándole una media o un zapato. De este modo el instinto y la ternura de la madre guían al niño hacia ese mundo exterior que ella, a su vez, aproxima al niño. Quiere hacerle distinguir la unión de la separación, el objeto distante del cercano; llama su atención sobre las relaciones que guardan entre sí y con él los objetos cuyas propiedades y cuyo uso quiere ella darle a conocer. “El fuego quema”, dice, acercando prudentemente a la llama el dedo del niño, a fin de hacerle sentir la acción del fuego, sin que se queme; así le preserva, para el porvenir, de un peligro que le era desconocido. Dirá ella también, aplicando ligeramente la punta del cuchillo sobre la mano del niño: “El cuchillo corta”. Luego, queriendo llamar la atención del niño, no solamente sobre los objetos en su estado pasivo, sino también sobre su uso y sus propiedades, añade: “La sopa está caliente, quema. El cuchillo es afilado, pica, corta, no lo toques”. El niño, pasando del conocimiento del objeto al de la acción, llega fácilmente de este modo a comprender la significación real de las voces cortar, picar, quemar, sin necesidad de dedicarse a experiencias sobre sí mismo.

   [...] En el presente grado de la vida del niño hallamos el principio del desarrollo de su inteligencia, de sus aptitudes y de sus facultades. Adquiere la palabra; la naturaleza se le presenta y le descubre las tan varias propiedades del nombre, de la forma, del tamaño, del espacio, en una palabra, las propiedades de los seres y de las cosas. El mundo artificial se le aparece distinto del de la naturaleza. Se mira el niño como antítesis del mundo exterior. Presiente en sí un mundo interior, invisible, individual, y sin embargo no ha salido aún del primer grado de la infancia, en el cual lo vemos iniciarse en los cuidados y en los asuntos domésticos.

 Apenas el niño ha tomado parte, por pequeña que sea, en las ocupaciones cotidianas de la familia, adquiere él a sus propios ojos una importancia, que le revela en parte la dignidad de su destino.

Traducido del alemán por Don J. Abelardo Núñez, Edición anotada por W. N. Hallmann virtual Miguel de Cervantes, Universidad de Alicante, España.

 

 

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