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Correo del Maestro Núm. 58, marzo 2001

¿Final de una Era?
¿Tontos cibernéticos?

Adolfo Hernández Muñoz


A mi nieto, Alejandro Díaz,del cual me siento orgulloso

Al conmemorarse el 70 aniversario de la publicación del libro de Ortega  y Gasset La rebelión de las masas se han producido informaciones y comentarios importantes dentro de las recientes jornadas madrileñas para analizar la obra del eminente filósofo. A juicio de Thomas Mermall e Ignacio Sánchez Cámara, la televisión y el sistema educativo representan dos ámbitos donde el hombre-masa definido por Ortega ha ganado la partida. Que nadie se llame a engaño, comentaron los expertos, el hombre-masa no ha de ser identificado con obreros manuales, con gente poco instruida o con las multitudes que acuden a los partidos de fútbol. Por el contrario, el hombre-masa es el especialista-bárbaro o el sabio-ignorante. Quizá Ortega y Gasset se sintió influido por sus años de formación en Alemania, donde se suele calificar de ‘idiota especializado’ a aquél que sólo domina una materia e ignora con altanería todo lo demás. El profesor Mermall  indicó, incisivo:

Hoy en día, el criterio reinante para los programas de televisión es el mismo que domina el mundo del show-business donde el espectáculo, la diversión y el chismorreo cobran primacía sobre la información. [Y remacharon el punto contundentemente al decir] ...así es la televisión, órgano principal de la democratización de la cultura, que ha abdicado de su misión pública. En vez de elevar el nivel cultural de la audiencia, la ha rebajado…1

  Cabe indicar que, por lo que se refiere a México, algunas televisoras como los canales 11 (del Politécnico) y 22 (patrocinado por el Estado), cumplen una misión ejemplar.

  Asimismo, el maestro Sánchez Cámara calificó a Ortega de: “…clásico intempestivo que nos interpela y nos obliga a reflexionar. Es más: ya nos advirtió —en su tiempo— contra la amenaza del fascismo”.2

José Ortega y Gasset, en Aspen (EUA) en 1949.
Por mi parte, el tema —expuesto en párrafos anteriores— ya me había obsesionado hace unos años3 cuando en mi ensayo En torno al gregarismo aludía al maestro y su obra diciendo:

En principio, el gregarismo podría definirse como una sensación de miedo. Miedo agudo a las extrañas fuerzas que se encadenaron para hacer surgir al hombre en la Tierra. Si nos atenemos a la fácil división humana que Ortega y Gasset hace en La rebelión de las masas, debemos convenir con él que el mundo está lleno de cabezas ‘poco claras’; y al hablarnos de las elucubraciones que se forjan en la mente del hombre común, naturalmente, lo que surge en materia de ideas no es sí un cendal de niebla conformista porque, lo poco que ha visto lo ha asustado de tal suerte ...que el individuo trata con ellas de interceptar su propia versión de lo real, de la vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ‘ideas’ no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad…

  Y entonces, siguiendo el razonamiento magistral de Ortega, diremos que no es extraño observar, a poco de calar la realidad ambiente, la serie de incongruencias que se operan en la vida real. A ello ayudó la aparición de la cibernética 4 desde 1938, mediante un artículo de Louis Couffignal en la revista Europe. Durante la Segunda Guerra Mundial, Norman Wiener y su equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology se dedicaron a investigaciones relacionadas con armas automáticas capaces de reemplazar a los hombres combatientes (es decir que especies de robots combatieran por nosotros). Los elementos necesarios para fundamentar la cibernética como ciencia estaban ya a punto. Así, el nervio artificial de Ralph Lillie databa de 1922 y Boole formuló su álgebra en 1938. Por su parte, Aiken cons-truyó en eeuu la primera calculadora electromecánica (pero todavía no electrónica). Por otra parte, la electrónica aportaba su valiosísima técnica, base de la automática, y L. Couffignal introducía el sistema binario de numeración en las máquinas de calcular. En este clima nació la cibernética en el círculo de Wiener del Massachusetts Institute. En 1947 Winer adoptó el término cibernética, indicado ya por Maxwell al establecer su teoría del regulador de Watt (governor del griego Kybernétes, piloto), y en 1948 publicó su Cybernetic or Control and Communication in the Animal and Machine.

  Y aquí empieza el problema que se intenta desbrozar: José Saramago,5 a raíz de la aparición de uno de sus últimos libros, La caverna, proclamó:…estamos perdiendo la capacidad crítica de lo que pasa en el mundo [...] nos hemos convertido en seres inertes sin capacidad de indignación, del inconformismo y la protesta que nos caracterizó durante muchos años... [...]

...Hemos llegado al punto de inventar un concepto que no tiene ningún sentido: la realidad virtual. Es un disparate. Lo real no es virtual y lo virtual no es real. La ignorancia se está expandiendo en el mundo de una manera aterradora. Tenemos un grave problema en la distribución de la riqueza. La explotación ha alcanzado una exquisitez diabólica. Las multinacionales dominarán el mundo…

  Ante la indiferencia y la apatía sobre el futuro, Saramago reclama conciencia crítica. También, de una manera grave, la humanidad desconcertada se enfrenta a la violación de la privacidad en las comunicaciones electrónicas, el freno a las ‘infecciones’ de los ordenadores y la persecución de los ciberdelitos. Estamos pues, ante la era de la Internet que asombra y atonta a la vez. En suma, el mundo se globaliza aunque, quizás, no de una manera muy cuerda. Se pierde la capacidad de aprender de una manera racional, así de sencillo. Ahora se sabe todo sin saber nada; se pierde la capacidad de análisis que antes se estructuraba con perseverancia y madurez, que a su vez desem-bocan en criterios. Suena raro, pero lo trágico del asunto es lo fácil. Nos estamos convirtiendo, en la llamada parte civilizada del planeta, en un principio del robot y por lo mismo empezamos a perder identidad. En forma desencantada los profetas hablan de un cambio radical en la cultura de nuestro planeta y nos alertan de peligros reales, no imaginarios. En concreto: una sociedad que dependa al 100% de la cibernética tendrá —a la par— que modificar su estructura educativa. El libro corre peligro y por lo mismo ciertos planteamientos filosóficos parecen proféticos; Fromm, 7 en El hombre enajenado dijo:

El nobel portugués José Saramago
En el siglo xix el problema era: Dios ha muerto; en el siglo xx el problema es: el hombre ha muerto. En el pasado, el peligro consistió en que los hombres pudiesen convertirse en esclavos. El peligro que encierra el futuro es que los hombres puedan transformarse en robots…

  Hasta aquí Erich Fromm. Ahora, en el siglo xxi la situación es que el hombre está en la crisálida de volverse robot y la manera de que esta situación se convierta en hecho sería volvernos tontos cibernéticos, dependientes de artilugios electrónicos que podrían —dentro de lo perfecto— protestar.

  El escenario final sería una élite-raza de ingenieros, diseñadores de programas de Internet, que podrían llegar a ser los nuevos dictadores de la conciencia mundial, es decir, los nuevos ‘hombres-masa’. ¿Variaciones sobre el tema? Podríamos leer a Orwell, a H.G. Wells y a Arthur C. Clarke. ¿Señales…?, las hay e inquietantes anticipaciones en un planeta que empieza a olvidar lo mejor de nuestra sensibilidad, al tiempo que cuenta los genomas con que estamos constituidos; es decir, auditamos nuestras piezas y nos olvidamos de las posiblidades inmensas de nuestro misterioso cerebro. Resultado: quizás seamos en el futuro más sanos, pero...

Herbert George Wells
¿más cuerdos? Explotamos algunos signos a través de ciertos sucesos. Hace unos meses, en conferencia organizada por la Fundación Santillana, el lingüista italiano Raffaele Simone afirmó que los últimos 20 años han dado un vuelco a 20 siglos de historia del conocimiento8 que ha supuesto ‘un retroceso evolutivo’ que sustituye la lectura por la simple mirada. Es, pues, el inicio de una tercera fase en la historia del conocimiento que estará dominado por la cultura audiovisual.

  El lingüista analiza los cuatro cambios que han traído la disolución de un paradigma de la cultura, de información y de educación. Para Simone, ha cambiado la jerarquía de los sentidos (ahora la visión natural prevalece sobre la alfabética), ha aumentado el valor de la imagen (y con ella la supremacía de lo menos estructurado sobre lo más estructurado), ha cambiado la naturaleza de la escritura y la tipología de los textos, que son ilimitadamente modificables y, por último, ha originado una nueva forma de elaborar la información que el lingüista bautizó como ‘no proposicional’. Aquí, esta nueva forma de crear información ha perdido los rasgos tradicionales de ser analítica, estructurada, contextualizada y referencial, para convertirse en “una masa indiferenciada donde todo está en un todo que desprecia el análisis y la experiencia”.

  Consciente de que su pensamiento ocupa una ‘posición fuerte’, Simone añadió la lentitud a las tres categorías que según el filósofo George Steiner rigen la concepción clásica de la lectura: silencio, soledad y memoria cultural. También coincide con Steiner en la idea de que “hoy nuestras maneras de leer son vagas e irreverentes”.

  La tesis final de Simone fue que el acceso al conocimiento a través de la Red es “la más formidable barrera que nunca se ha presentado frente al contacto con la realidad”.

  Por su parte, pretendiendo ser más conciliador Savater ‘remachó el clavo’ y se tornó contundente, si cabe, al alertar sobre “la progresiva simplificación del lenguaje que utilizan nuestros jóvenes” y añadió: “Soy contrario tanto a las ‘versiones apocalípticas’ como ‘a los entusiasmos desmedidos’ que suscita Internet, para concluir: hoy en día los jóvenes no leen porque sólo entienden los textos que son muy simples”.

  Savater puso como ejemplo de la peligrosa influencia que tienen las nuevas tecnologías en la educación, la desaparición de la ortografía, y de la sintáxis que caracteriza a muchos correos electrónicos.

  Estamos, pues, ante una desintegración de la disciplina educativa y, por lo tanto, a la decadencia del análisis. La concentración de datos que actualmente proporciona de una manera fácil la Internet, hace que el hombre, en amplias zonas de las llamadas ‘civilizadas’ siga en la oscuridad, lo cual no deja de ser irónico si tomamos en cuenta que estamos en los siglos de la luz.

  Hay, pues, cambios sustanciales en el hombre, cambios influidos por los próximos problemas climatéricos que se auguran. Hace 60 años, H.G. Wells, nuestro querido profeta, escribió desesperanzado: 9

El hombre ordinario toca a su fin. Sólo una minoría restringida de la especie, susceptible en alto grado de adaptación pudiera sobrevivir. El resto no vendrá excesivamente afectado por su sino, contando como cuenta con tantas reservas mentales de opios y consuelos que apelar…” ¿Drogas…? ¿Fanatismos…? El optimismo se ha desplazado por un cinismo estoico.

  Hoy, otro profeta, también desesperanzado, José Saramago, proclama:

Erich Fromm
Creo que esta civilización ha terminado y vamos a entrar en una mentalidad muy distinta. No sé si mejor o peor. La que teníamos tampoco era buena. Hemos llegado al final de una civilización y la que viene no me gusta. Pero los que tendrían que pronunciarse, sobre todo, son los jóvenes…9

  Por mi parte, podría adelantar que la llamada nueva civilización dependerá de máquinas y vivirá en el hedonismo —tanto mental como existencial— absoluto en grandes áreas de las llamadas ‘del Primer Mundo’, hasta que su languidez desemboque en un conformismo fácil que vuelva al hombre, como preveía Fromm, en un robot deficiente, intuimos que manejado por una élite de ‘programadores de Internet’ lo que, a la postre nos ubicaría en una serie de ‘tontos cibernéticos’. Ante lo expresado, cabe preguntar: ¿Será posible salvarnos…? ¿Habrá condiciones para una suerte de rebelión que salve al hombre del futuro…?

1J. Ortega y Gasset, J, “La rebelión de las masas” en Revista de Occidente, Madrid.
2 Miguel Ángel Villena, J, nota aparecida en el periódico El País, Madrid. “El hombre masa”. Comentarios del profesor Thomas Mermall, catedrático emérito de Literatura Española en la City University de Nueva York y de Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de A. Coruña.
3  Adolfo Hernández Muñoz, J, “En torno al gregarismo” en Revista Polémica, mayo-junio, 1993, Barcelona.
4 Enciclopedia Salvat, Tomo111, “Cibernética”.
5 José Saramago, entrevista de Javier García aparecida en el periódico El País, Madrid, noviembre, 2000.
6 Idem.
7 Erich Fromm, El hombre enajenado.
  Comentarios en torno al libro de Raffaele Simone La tercera fase (Formas de saber que estamos perdiendo) aparecidas en El País el 14 de febrero del 2001, nota de Juan J. Gómez.
9    H. G. Wells, La angustia de nuestro tiempo, Excelsior, 1945.
José Saramago, ibidem.

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