A mi nieto, Alejandro Díaz,del cual
me siento orgulloso
Al conmemorarse el 70 aniversario de la publicación del
libro de Ortega y Gasset La rebelión de las masas se han
producido informaciones y comentarios importantes dentro
de las recientes jornadas madrileñas para analizar la obra
del eminente filósofo. A juicio de Thomas Mermall e Ignacio
Sánchez Cámara, la televisión y el sistema educativo representan
dos ámbitos donde el hombre-masa definido por Ortega ha
ganado la partida. Que nadie se llame a engaño, comentaron
los expertos, el hombre-masa no ha de ser identificado con
obreros manuales, con gente poco instruida o con las multitudes
que acuden a los partidos de fútbol. Por el contrario, el
hombre-masa es el especialista-bárbaro o el sabio-ignorante.
Quizá Ortega y Gasset se sintió influido por sus años de
formación en Alemania, donde se suele calificar de idiota
especializado a aquél que sólo domina una materia
e ignora con altanería todo lo demás. El profesor Mermall
indicó, incisivo:
Hoy en día, el criterio reinante para los programas de
televisión es el mismo que domina el mundo del show-business
donde el espectáculo, la diversión y el chismorreo cobran
primacía sobre la información. [Y remacharon el punto contundentemente
al decir] ...así es la televisión, órgano principal de la
democratización de la cultura, que ha abdicado de su misión
pública. En vez de elevar el nivel cultural de la audiencia,
la ha rebajado
1
Cabe indicar que, por lo que se refiere a México, algunas
televisoras como los canales 11 (del Politécnico) y 22 (patrocinado
por el Estado), cumplen una misión ejemplar.
Asimismo, el maestro Sánchez Cámara calificó a Ortega
de:
clásico intempestivo que nos interpela y
nos obliga a reflexionar. Es más: ya nos advirtió en
su tiempo contra la amenaza del fascismo.2
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Por mi parte, el tema expuesto
en párrafos anteriores ya me había obsesionado
hace unos años3 cuando en mi ensayo En torno al gregarismo
aludía al maestro y su obra diciendo: |
En principio, el gregarismo podría definirse como una sensación
de miedo. Miedo agudo a las extrañas fuerzas que se encadenaron
para hacer surgir al hombre en la Tierra. Si nos atenemos
a la fácil división humana que Ortega y Gasset hace en La
rebelión de las masas, debemos convenir con él que el mundo
está lleno de cabezas poco claras; y al hablarnos
de las elucubraciones que se forjan en la mente del hombre
común, naturalmente, lo que surge en materia de ideas no
es sí un cendal de niebla conformista porque, lo poco que
ha visto lo ha asustado de tal suerte ...que el individuo
trata con ellas de interceptar su propia versión de lo real,
de la vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos
donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra
encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura
ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy
claro. Le trae sin cuidado que sus ideas no
sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse
de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad
Y entonces, siguiendo el razonamiento magistral de Ortega,
diremos que no es extraño observar, a poco de calar la realidad
ambiente, la serie de incongruencias que se operan en la
vida real. A ello ayudó la aparición de la cibernética 4
desde 1938, mediante un artículo de Louis Couffignal en
la revista Europe. Durante la Segunda Guerra Mundial, Norman
Wiener y su equipo de investigadores del Massachusetts Institute
of Technology se dedicaron a investigaciones relacionadas
con armas automáticas capaces de reemplazar a los hombres
combatientes (es decir que especies de robots combatieran
por nosotros). Los elementos necesarios para fundamentar
la cibernética como ciencia estaban ya a punto. Así, el
nervio artificial de Ralph Lillie databa de 1922 y Boole
formuló su álgebra en 1938. Por su parte, Aiken cons-truyó
en eeuu la primera calculadora electromecánica (pero todavía
no electrónica). Por otra parte, la electrónica aportaba
su valiosísima técnica, base de la automática, y L. Couffignal
introducía el sistema binario de numeración en las máquinas
de calcular. En este clima nació la cibernética en el círculo
de Wiener del Massachusetts Institute. En 1947 Winer adoptó
el término cibernética, indicado ya por Maxwell al establecer
su teoría del regulador de Watt (governor del griego Kybernétes,
piloto), y en 1948 publicó su Cybernetic or Control and
Communication in the Animal and Machine.
Y aquí empieza el problema que se intenta desbrozar:
José Saramago,5 a raíz de la aparición de uno de sus últimos
libros, La caverna, proclamó:
estamos perdiendo la
capacidad crítica de lo que pasa en el mundo [...] nos hemos
convertido en seres inertes sin capacidad de indignación,
del inconformismo y la protesta que nos caracterizó durante
muchos años... [...]
...Hemos llegado al punto de inventar un concepto que no
tiene ningún sentido: la realidad virtual. Es un disparate.
Lo real no es virtual y lo virtual no es real. La ignorancia
se está expandiendo en el mundo de una manera aterradora.
Tenemos un grave problema en la distribución de la riqueza.
La explotación ha alcanzado una exquisitez diabólica. Las
multinacionales dominarán el mundo
Ante la indiferencia y la apatía sobre el futuro, Saramago
reclama conciencia crítica. También, de una manera grave,
la humanidad desconcertada se enfrenta a la violación de
la privacidad en las comunicaciones electrónicas, el freno
a las infecciones de los ordenadores y la persecución
de los ciberdelitos. Estamos pues, ante la era de la Internet
que asombra y atonta a la vez. En suma, el mundo se globaliza
aunque, quizás, no de una manera muy cuerda. Se pierde la
capacidad de aprender de una manera racional, así de sencillo.
Ahora se sabe todo sin saber nada; se pierde la capacidad
de análisis que antes se estructuraba con perseverancia
y madurez, que a su vez desem-bocan en criterios. Suena
raro, pero lo trágico del asunto es lo fácil. Nos estamos
convirtiendo, en la llamada parte civilizada del planeta,
en un principio del robot y por lo mismo empezamos a perder
identidad. En forma desencantada los profetas hablan de
un cambio radical en la cultura de nuestro planeta y nos
alertan de peligros reales, no imaginarios. En concreto:
una sociedad que dependa al 100% de la cibernética tendrá
a la par que modificar su estructura educativa.
El libro corre peligro y por lo mismo ciertos planteamientos
filosóficos parecen proféticos; Fromm, 7 en El hombre enajenado
dijo:
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En el siglo xix el problema era: Dios ha muerto; en
el siglo xx el problema es: el hombre ha muerto. En
el pasado, el peligro consistió en que los hombres pudiesen
convertirse en esclavos. El peligro que encierra el
futuro es que los hombres puedan transformarse en robots
|
Hasta aquí Erich Fromm. Ahora, en el siglo xxi la situación
es que el hombre está en la crisálida de volverse robot
y la manera de que esta situación se convierta en hecho
sería volvernos tontos cibernéticos, dependientes de artilugios
electrónicos que podrían dentro de lo perfecto
protestar.
El escenario final sería una élite-raza de ingenieros,
diseñadores de programas de Internet, que podrían llegar
a ser los nuevos dictadores de la conciencia mundial, es
decir, los nuevos hombres-masa. ¿Variaciones
sobre el tema? Podríamos leer a Orwell, a H.G. Wells y a
Arthur C. Clarke. ¿Señales
?, las hay e inquietantes
anticipaciones en un planeta que empieza a olvidar lo mejor
de nuestra sensibilidad, al tiempo que cuenta los genomas
con que estamos constituidos; es decir, auditamos nuestras
piezas y nos olvidamos de las posiblidades inmensas de nuestro
misterioso cerebro. Resultado: quizás seamos en el futuro
más sanos, pero...
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¿más cuerdos? Explotamos algunos signos a través
de ciertos sucesos. Hace unos meses, en conferencia
organizada por la Fundación Santillana, el lingüista
italiano Raffaele Simone afirmó que los últimos 20 años
han dado un vuelco a 20 siglos de historia del conocimiento8
que ha supuesto un retroceso evolutivo que
sustituye la lectura por la simple mirada. Es, pues,
el inicio de una tercera fase en la historia del conocimiento
que estará dominado por la cultura audiovisual. |
El lingüista analiza los cuatro cambios que han traído
la disolución de un paradigma de la cultura, de información
y de educación. Para Simone, ha cambiado la jerarquía de
los sentidos (ahora la visión natural prevalece sobre la
alfabética), ha aumentado el valor de la imagen (y con ella
la supremacía de lo menos estructurado sobre lo más estructurado),
ha cambiado la naturaleza de la escritura y la tipología
de los textos, que son ilimitadamente modificables y, por
último, ha originado una nueva forma de elaborar la información
que el lingüista bautizó como no proposicional.
Aquí, esta nueva forma de crear información ha perdido los
rasgos tradicionales de ser analítica, estructurada, contextualizada
y referencial, para convertirse en una masa indiferenciada
donde todo está en un todo que desprecia el análisis y la
experiencia.
Consciente de que su pensamiento ocupa una posición
fuerte, Simone añadió la lentitud a las tres categorías
que según el filósofo George Steiner rigen la concepción
clásica de la lectura: silencio, soledad y memoria cultural.
También coincide con Steiner en la idea de que hoy
nuestras maneras de leer son vagas e irreverentes.
La tesis final de Simone fue que el acceso al conocimiento
a través de la Red es la más formidable barrera que
nunca se ha presentado frente al contacto con la realidad.
Por su parte, pretendiendo ser más conciliador Savater
remachó el clavo y se tornó contundente, si
cabe, al alertar sobre la progresiva simplificación
del lenguaje que utilizan nuestros jóvenes y añadió:
Soy contrario tanto a las versiones apocalípticas
como a los entusiasmos desmedidos que suscita
Internet, para concluir: hoy en día los jóvenes no leen
porque sólo entienden los textos que son muy simples.
Savater puso como ejemplo de la peligrosa influencia
que tienen las nuevas tecnologías en la educación, la desaparición
de la ortografía, y de la sintáxis que caracteriza a muchos
correos electrónicos.
Estamos, pues, ante una desintegración de la disciplina
educativa y, por lo tanto, a la decadencia del análisis.
La concentración de datos que actualmente proporciona de
una manera fácil la Internet, hace que el hombre, en amplias
zonas de las llamadas civilizadas siga en la
oscuridad, lo cual no deja de ser irónico si tomamos en
cuenta que estamos en los siglos de la luz.
Hay, pues, cambios sustanciales en el hombre, cambios
influidos por los próximos problemas climatéricos que se
auguran. Hace 60 años, H.G. Wells, nuestro querido profeta,
escribió desesperanzado: 9
El hombre ordinario toca a su fin. Sólo una minoría restringida
de la especie, susceptible en alto grado de adaptación pudiera
sobrevivir. El resto no vendrá excesivamente afectado por
su sino, contando como cuenta con tantas reservas mentales
de opios y consuelos que apelar
¿Drogas
?
¿Fanatismos
? El optimismo se ha desplazado por un
cinismo estoico.
Hoy, otro profeta, también desesperanzado, José Saramago,
proclama:
|
|
Creo que esta civilización ha terminado
y vamos a entrar en una mentalidad muy distinta. No
sé si mejor o peor. La que teníamos tampoco era buena.
Hemos llegado al final de una civilización y la que
viene no me gusta. Pero los que tendrían que pronunciarse,
sobre todo, son los jóvenes
9 |
Por mi parte, podría adelantar que la llamada nueva civilización
dependerá de máquinas y vivirá en el hedonismo tanto
mental como existencial absoluto en grandes áreas
de las llamadas del Primer Mundo, hasta que
su languidez desemboque en un conformismo fácil que vuelva
al hombre, como preveía Fromm, en un robot deficiente, intuimos
que manejado por una élite de programadores de Internet
lo que, a la postre nos ubicaría en una serie de tontos
cibernéticos. Ante lo expresado, cabe preguntar: ¿Será
posible salvarnos
? ¿Habrá condiciones para una suerte
de rebelión que salve al hombre del futuro
?
1J. Ortega y Gasset, J, La rebelión de las masas
en Revista de Occidente, Madrid.
2 Miguel Ángel Villena, J, nota aparecida en el periódico
El País, Madrid. El hombre masa. Comentarios
del profesor Thomas Mermall, catedrático emérito de Literatura
Española en la City University de Nueva York y de Ignacio
Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho de
la Universidad de A. Coruña.
3
Adolfo Hernández Muñoz, J, En torno al gregarismo
en Revista Polémica, mayo-junio, 1993, Barcelona.
4 Enciclopedia
Salvat, Tomo111, Cibernética.
5 José
Saramago, entrevista de Javier García aparecida en el periódico
El País, Madrid, noviembre, 2000.
6 Idem.
7 Erich
Fromm, El hombre enajenado.
Comentarios en torno al libro de Raffaele Simone La tercera
fase (Formas de saber que estamos perdiendo) aparecidas
en El País el 14 de febrero del 2001, nota de Juan J. Gómez.
9
H. G. Wells, La angustia de nuestro tiempo, Excelsior,
1945.
José Saramago, ibidem.