|
.¿Qué
es lo que hace que un adulto inteligente pueda apasionarse
por la matemática hasta un grado de adicción difícil
de imaginar y que otro, posiblemente tanto o más
inteligente, vaya proclamando constantemente su
repugnancia y su inutilidad para ellas?
Una
pregunta tal vez más simple, por encontrarse al
principio de la historia de cada individuo, es:
¿De qué depende el hecho de que un niño que entra
en una escuela llegue a encontrar fascinante el
quehacer propio de las matemáticas y otro en cambio
se convierta en profundo aborrecedor de ellas para
toda su vida?
¿Existen emociones en la matemática? Las
actitudes señaladas anteriormente parecen apuntar
que, al menos, existe un enorme caudal de afectividad
en torno al quehacer matemático y que la toma de
posición inicial respecto de las matemáticas es
generar actitudes que perduran toda la vida.*
Inés
María Gómez Chacón **
|
Esta actividad
va dirigida a estudiantes de primero de secundaria en
adelante. Sugerimos que se realice en equipos y que después
se discutan en el grupo las estrategias que se usaron.
Es importante alentar a los estudiantes a explicar su
razonamiento.
El
ejercicio es semejante a otros que se han publicado en
números anteriores de Correo del Maestro (Un problema
de verdad, No. 58; Aprendiz de mago, No. 61, por ejemplo)
y su resolución favorece al desarrollo del pensamiento
lógico, esencial para que los estudiantes se familiaricen
con las abstracciones que exigen los planteamientos y
problemas matemáticos, tanto en la escuela como fuera
de ella.
Actividad:
Una enfermedad en el Pacífico
Hace un
par de siglos, vivía en una isla perdida en el Pacífico
una tribu muy curiosa: había hombres enfermos y hombres
sanos. Los enfermos padecían la enfermedad de 'la mentira',
siempre mentían y los hombres sanos, por el contrario,
siempre decían la verdad. El problema era que a simple
vista un visitante de la isla no podía distinguir quién
estaba enfermo y quién era un hombre sano.
Un
día llegó a la isla una antropóloga que había leído sobre
la enfermedad que tenían algunos habitantes de la isla
y que quería estudiarla. Se hacía llamar George Sand.
Al llegar se encontró con tres habitantes de la isla:
Musset, Chopin y Lizst.
George
Sand quería saber quién estaba enfermo y quién sano y
para ello hizo las siguientes preguntas:
A
Musset le preguntó: ¿Es Chopin un hombre sano?
Musset
contestó: No.
Entonces
volvió a dirigirse a Musset: ¿Son Chopin y Lizst los dos
hombres sanos?
A
lo que Musset respondió: Sí.
George
Sand supo enseguida quién se había contagiado de la terrible
enfermedad de la mentira y quién no.
¿Podrías
averiguar tú quiénes son los enfermos y quiénes los sanos?
Solución
Las respuestas
de Musset son incongruentes porque no es posible que Chopin
no sea sano y a la vez sí lo sea. Por lo tanto Musset
está mintiendo. De ahí se deduce que Chopin sí es un hombre
sano. Si Lizst fuera también un hombre sano, la segunda
respuesta de Musset sería verdadera, pero ya sabemos que
Musset dice mentiras, por tanto Lizst es un hombre enfermo.
Así
la composición ¿musical? del grupo que encontró George
Sand al llegar a la isla es la siguiente:
Musset está enfermo
Chopin está sano
Lizst está enfermo.
**
Inés María Gómez es matemática y filósofa.
Trabaja en el departamento de Didáctica de las Matemáticas
del Instituto de Estudios Pedagógicos Somosaguas, España.
Es una de las pioneras en la investigación del dominio
afectivo de la matemática.