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Correo del Maestro Núm. 62, julio 2001

Una enfermedad en el Pacífico

Concepción Ruiz Ruiz-Funes
Juan Manuel Ruisánchez Serra

.¿Qué es lo que hace que un adulto inteligente pueda apasionarse por la matemática hasta un grado de adicción difícil de imaginar y que otro, posiblemente tanto o más inteligente, vaya proclamando constantemente su repugnancia y su inutilidad para ellas?

Una pregunta tal vez más simple, por encontrarse al principio de la historia de cada individuo, es: ¿De qué depende el hecho de que un niño que entra en una escuela llegue a encontrar fascinante el quehacer propio de las matemáticas y otro en cambio se convierta en profundo aborrecedor de ellas para toda su vida?

¿Existen emociones en la matemática? Las actitudes señaladas anteriormente parecen apuntar que, al menos, existe un enorme caudal de afectividad en torno al quehacer matemático y que la toma de posición inicial respecto de las matemáticas es generar actitudes que perduran toda la vida.*

Inés María Gómez Chacón **

Esta actividad va dirigida a estudiantes de primero de secundaria en adelante. Sugerimos que se realice en equipos y que después se discutan en el grupo las estrategias que se usaron. Es importante alentar a los estudiantes a explicar su razonamiento.

El ejercicio es semejante a otros que se han publicado en números anteriores de Correo del Maestro (Un problema de verdad, No. 58; Aprendiz de mago, No. 61, por ejemplo) y su resolución favorece al desarrollo del pensamiento lógico, esencial para que los estudiantes se familiaricen con las abstracciones que exigen los planteamientos y problemas matemáticos, tanto en la escuela como fuera de ella.

Actividad: Una enfermedad en el Pacífico

Hace un par de siglos, vivía en una isla perdida en el Pacífico una tribu muy curiosa: había hombres enfermos y hombres sanos. Los enfermos padecían la enfermedad de 'la mentira', siempre mentían y los hombres sanos, por el contrario, siempre decían la verdad. El problema era que a simple vista un visitante de la isla no podía distinguir quién estaba enfermo y quién era un hombre sano.

Un día llegó a la isla una antropóloga que había leído sobre la enfermedad que tenían algunos habitantes de la isla y que quería estudiarla. Se hacía llamar George Sand. Al llegar se encontró con tres habitantes de la isla: Musset, Chopin y Lizst.

George Sand quería saber quién estaba enfermo y quién sano y para ello hizo las siguientes preguntas:

A Musset le preguntó: ¿Es Chopin un hombre sano?

Musset contestó: No.

Entonces volvió a dirigirse a Musset: ¿Son Chopin y Lizst los dos hombres sanos?

A lo que Musset respondió: Sí.

George Sand supo enseguida quién se había contagiado de la terrible enfermedad de la mentira y quién no.

¿Podrías averiguar tú quiénes son los enfermos y quiénes los sanos?

Solución

Las respuestas de Musset son incongruentes porque no es posible que Chopin no sea sano y a la vez sí lo sea. Por lo tanto Musset está mintiendo. De ahí se deduce que Chopin sí es un hombre sano. Si Lizst fuera también un hombre sano, la segunda respuesta de Musset sería verdadera, pero ya sabemos que Musset dice mentiras, por tanto Lizst es un hombre enfermo.

Así la composición ¿musical? del grupo que encontró George Sand al llegar a la isla es la siguiente:

    Musset está enfermo

    Chopin está sano

    Lizst está enfermo.



* Inés María Gómez Chacón, Matemática Emocional. Ed. Narcea, Madrid, 2000. p. 13.

**    Inés María Gómez es matemática y filósofa. Trabaja en el departamento de Didáctica de las Matemáticas del Instituto de Estudios Pedagógicos Somosaguas, España. Es una de las pioneras en la investigación del dominio afectivo de la matemática.

 

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