El surgimiento
de los americanismos y los sentimientos que ha generado
su tratamiento por parte de los lexicógrafos, no ha seguido
un camino en línea recta. A mediados del siglo XX, Vicente
García de Diego escribió:
| El castellano sólo tiene conciencia
defensiva frente a los grandes dialectos conservados,
como el gallego o el catalán. Sobre los dialectos inconsistentes
barridos por él y, en parte, solapadamente subsistentes,
el castellano obra sin cautela, aceptando lo que encuentra. |
Si llama la atención el uso de 'degenerar' y de 'corrupción'
por parte de Alcedo, mucho más llamativo resulta, un siglo
y medio después, que los dialectos subsistan "solapadamente",
que el castellano obre "sin cautela", no tenga suficiente
"conciencia defensiva" y ande "aceptando lo que encuentra".
Significativa prosopopeya. Ya en nuestros días, Manuel Alvar
Ezquerra afirma que:
| .no sería de extrañar que en los próximos
años vieran la luz obras lexicográficas con mayor número
de regionalismos, en general, y de americanismos, en
particular, desfigurando, tal vez, con tan abultada
erupción, lo que es la verdadera cara de la lengua española;
pero también es posible que se produzcan diccionarios
acumulativos en los cuales sólo figuren empleos limitados
diatópicamente. |
Estas palabras se publicaron en 1993; pero la idea de que
la "abultada erupción" de americanismos pudiera desfigurar
"la verdadera cara de la lengua española" no parece obedecer
a un sentimiento demasiado diferente del que movió a Juan
de Valdés a dudar que Antonio de Nebrija entendiera realmente
el castellano, por ser Nebrija ".de Andaluzía, donde
la lengua no stá muy pura".
En su Nuevo
Diccionario de la lengua castellana (París, 1846), al
mencionar el "habanero, chileno, mejicano, peruano.", Vicente
Salvá evitó, en el fragmento citado en la primera parte
de esta colaboración -aparecida en el número anterior de
esta revista-, el socorrido término de 'americanismo', con
el cual no se sabe bien qué se está designando. Si fuera
la etimología, 'tomate', 'maíz' o 'chocolate' son americanismos,
así como 'tiza', del náhuatl tízatl; aunque curiosamente,
México es el único país hispanohablante que no emplea ese
vocablo, pues aquí se usa 'gis'. Si no está referido a la
etimología, 'americanismo' debería designar aquellas palabras
no generalizadas en otras áreas, pero sí en toda Hispanoamérica.
No son muy numerosas.
Aguacate
El DRAE
define 'americanismo', en la sexta acepción, como: "Vocablo,
giro, rasgo fonético, gramatical o semántico peculiar o
procedente del español hablado en algún país de América".
Éste ha sido el criterio aplicado al registrar como americanismos
palabras de una región cualquiera, aunque sean incomprensibles
en el resto de América". Cuando el drae marca 'frijol' como
americanismo, deja de lado el hecho de que en la mitad del
continente esa palabra es desconocida; pero es coherente
con la definición que ha dado ya que se trata de un vocablo
"del español hablado en algún país de América" (en este
caso, en varios países). Puesta a cubierto la coherencia
con su definición la Academia ha trabajado, no obstante,
en la dirección correcta tratando de precisar el origen
y el significado de los regionalismos que incorpora. En
este sentido, la vigesimoprimera edición ha introducido
numerosos cambios y, en general, acertados.
Tomaré
como primer ejemplo la palabra 'aguacate'. Es dificil de
creer, pero fácil de verificar, que desde la primera hasta
la decimonovena edición, el drae toma y reproduce, poco
modificada, la definición de 'aguacate' aparecida en 1786
en el Vocabulario de Antonio de Alcedo:
|
AGUACATE.
Laurus persea. Árbol que se manteniene todo
el año frondoso y da el fruto dos veces; es parecido
en el tamaño y color a la pera donguindo, con la diferencia
de tener más prolongado el cuello, la médula es blanda
y verde, semejante a la manteca y de sabor insípido,
por lo cual se come con sal; la corteza es consistente
como la de la naranja cuando está seca, el hueso es
grande, de figura elíptica que remata en punta lisa
y de color de castaño; restregando con ella un lienzo
blanco le da un color acanelado permanente y fino;
en el Perú se llama palta.
|
El DRAE,
en ediciones anteriores a la actual, dice en la entrada
'aguacate':
AGUACATE. Del mejic,
ahuacatl 1. Árbol de América, de la familia de las
lauráceas, de 8 a 10 mts. de altura , con hojas alternas,
coriáceas, siempre verdes, flores dioicas y fruto parecido
a una pera grande, de carne blanda, mantecosa e insípida,
por lo que se come con sal. 2. Fruto de este árbol.
 |
Siendo
los mexicanos muy aficionados al aguacate, esta definición
los dejó sumamente insatisfechos y un periodista fustigó
durante años a la Real Academia, especialmente por lo de
"parecido a una pera" y el "sabor insípido". Por fin, en
1992, la nueva edición corrigió sus antiguos yerros. La
actual entrada de 'aguacate' empieza por modificar la etimología,
que aparece ya no "del mejic", sino: "aguacate. Del nahua
ahuacatl, fruto del árbol del mismo nombre; testículo".
Además de cambiar la etimología (ahora "del nahua"), la
nueva definición ha introducido un cambio importante: al
finalizar la descripción del árbol, se dice simplemente
que su fruto es comestible, sin calificar su sabor. Esta
definición aparece en 1992, pero al publicarse el "Diccionario
del español usual en México", en 1996, Luis Fernando Lara
insiste con la reivindicación del aguacate e incluye en
la definición que es un "fruto comestible muy apreciado
por su sabor, y con él se prepara el guacamole". Aun cuando
la definición de 'aguacate' del drae seguía a grandes rasgos
la del Vocabulario de Alcedo, no se agregaba, ni
se agrega ahora, el último dato de aquélla: "en el Perú
se llama palta". No obstante, en la más reciente edición
del drae, se consigna el origen quechua de 'palta', indicando,
además, la región que le corresponde: América Meridional.
Es evidente
el progreso de la Academia respecto a los americanismos,
progreso en el que marca un jalón importante la actual vigesimoprimera
edición. Faltan aún precisiones de distinto tipo. En algunos
casos se trata de extender la región y/o las acepciones
según la región: por ejemplo, 'cañada', trae correcta la
definición, así como la filiación correspondiente: "Arg.,
Par. y Urug.", falta agregar que la misma palabra, en Chile,
se aplica a una depresión del terreno por la cual no corre
agua; 'cocalero' se atribuye sólo a Perú, se usa también
en Colombia; 'gofio' y 'entrevero' aparecen con definiciones
correctas, pero en la filiación falta un país: Uruguay,
aunque sí figura Argentina. Pudo utilizarse, tal como se
hace en 'quilombo', la indicación "Río de la Plata", con
la que se busca designar ambos países. En realidad, las
márgenes del río sólo abarcan algunas ciudades, entre ellas
las capitales, pero los dos países tienen zonas con variantes
lingüísticas de importancia; en el caso de Uruguay, en particular,
por el habla de frontera en la franja cercana a Brasil;
y en Argentina, por tratarse de un país muy extenso que
aún alberga comunidades que conservan su lengua indígena
provocando obvios fenómenos de contacto lingüístico. Por
eso resulta más exacto mencionar ambos países (como se hace
en el caso de 'achuchar'), si bien es un hecho conocido
que las fronteras de los Estados no coinciden necesariamente
con las áreas lingüísticas.
En 'entrevero';
en la segunda acepción, el drae omite Uruguay, donde el
significado es el mismo que en los demás países mencionados.
'Gurí' registra una primera acepción totalmente en desuso.
Es actual la segunda.
Así como
encontramos ejemplos en los que corresponde marcar una mayor
extensión al uso, en otros casos le toca al drae restringir
esa extensión. 'Alverja', no es una palabra conocida en
toda América; en algunos países como en México se usa en
su lugar 'chícharo', de la que el drae no consigna la región.
Si así lo hiciera, con ello completaría las designaciones
de lo que en España se llama 'guisante' y en América del
Sur 'poroto', palabra de la que el drae se ocupa registrando
correctamente su etimología, significado, área de uso, y
hasta un fraseologismo: 'apuntarse un poroto'. Sólo cabría
agregar que el ejemplo del juego es en realidad el que origina
el sentido figurado de esa expresión, ya que los jugadores
marcan puntos ganados tomando porotos que van acumulando
junto a su lugar. Y quien se precia de ser chileno, o desea
enfatizarlo, dice ser 'más chileno que los porotos'. 'Arveja'
se usa alternadamente con 'alberja', y sin la nota de "silvestre"
que le atribuye el drae.
Sí existen
palabras que son realmente americanismos y que en el drae
aparecen como tales: 'corte', como 'tribunal de justicia'
y 'comedir' o 'comedirse' en la tercera acepción. De 'ubicar'
aún no se consigna una extensión de sentido surgida y rápidamente
difundida en América, la de 'localizar'.
Siempre
en relación con los americanismos, suelen sorprender las
etimologías apuntadas en el drae: 'gofio', de origen guanche,
aparece como usual en una serie de países americanos, precedidos
de Canarias. No hay aquí incorrección alguna, si bien cabe
preguntarse si es adecuado poner Canarias, territorio guanche
hasta la llegada de los españoles, en pie de igualdad con
los territorios americanos donde fueron los canarios quienes
difundieron las voces de sus ancestros; lo cual ocurrió,
por ejemplo, en Uruguay (no mencionado en el drae), cuya
capital fue fundada por un grupo de familias canarias. Existen
otras voces como 'garúa' y 'boniato', difundidas de la misma
manera en Uruguay, aunque su etimología sea diversa. Los
inmigrantes canarios, agricultores, también introdujeron
en Cuba las voces 'gofio' y 'boniato'. A este último vocablo
la Academia le atribuye etimología caribeña, aunque Corominas
rechaza la hipótesis de que sea una voz taína, reconociendo
que no hay certeza sobre esta estimología. Lo cierto es
que resulta poco probable que en 1726, año de la fundación
de Montevideo, los canarios hubieran recogido esta voz en
Cuba para luego difundirla en Uruguay. Los investigadores
canarios de etimologías admiten la dificultad de afirmar
en algunos casos en qué sentido se dio el traslado de un
vocablo. No puede asegurarse, por ejemplo, si 'guagua' es
de origen canario y de allí se trasladó a Cuba, o si, inversamente,
de Cuba se llevó a Canarias. Cabe señalar que 'guagua',
con el significado de 'ómnibus', no se difundió fuera de
dos islas de la órbita cubana: Puerto Rico y Santo Domingo.
El drae la marca con "etim. disc." En cuanto a la palabra
'guagua', que se usa en Chile con el significado de 'bebé',
es de origen local y no está registrada en el drae. 'Guarapo',
que aparece como americanismo en ediciones anteriores del
drae, plantearía las mismas dudas que 'guagua', si en la
última edición no se añadiera la precisión "quechua" (?).
No es fácil de entender cómo una palabra del sustrato de
la parte sur de América pudo desaparecer en la zona de la
que es originaria y saltar hasta el Caribe y Canarias, únicas
regiones donde es conocida, aunque el drae vuelva al antiguo
y ambiguo "Amér".
Dentro
del gigantesco trabajo que lleva a cabo la Academia, otro
punto interesante por conocer sería el criterio con el cual
se determina la supresión de una entrada en la macroestructura.
No hay duda de que los casos de mortandad léxica, aunque
han generado menos estudios que los de neología, pueden
ser explicados, a veces, con facilidad. No sucede así con
la supresión de 'gandola' en las últimas ediciones del drae.
Esta palabra aparecía como nombre de un arbusto de flores
rojizas. En Venezuela, significa lo que en otras regiones
de America se designa con el préstamo del inglés 'tráiler',
el que, como tantos otros, es inútil ya que la lengua tiene
recursos que pueden o no tener carácter general, para evitarlos.
Los datos de la parte de 'Predicciones.'
(Primera parte) fueron tomados de Un millard de latins pour
1´an 2 000, publicado por la unesco.
Las citas siguientes fueron tomadas de
los trabajos de Manuel Alvar Ezquerra reunidos con el título
de Lexicografía descriptiva:
Antonio de Alcedo, pág. 320; Vicente
Salvá, pág. 321; Eduardo Chao, pág. 346; Vicente García
de Diego, pág. 313; Manuel Alvar Ezquerra, pág. 53.