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Correo del Maestro Núm. 62, julio 2001

Herbolaria curativa, una tradición mexicana*

María Isabel Garcés Chávez

Este libro nos remonta a la herbolaria del centro y sureste de México. Xavier Lozoya empieza por describir detalladamente la importancia de las plantas medicinales en Mesoamérica. Divide el trabajo en cuatro partes: la primera es la historia de los habitantes humanos en el continente americano y sus conocimientos agrícolas; continúa tratando de reconstruir el significado de las representaciones de la flora medicinal en México con las ilustraciones de Ignacio Pérez-Duarte; posteriormente presenta la selección de plantas de acuerdo con los usos prehispánicos; por último, la cuarta parte, cita y comenta tres obras literarias sobre herbolaria medicinal realizadas en la época de la Colonia.

La importancia del trabajo de Lozoya no sólo radica en mostrar los notables avances en materia de etnobótanica que tenían nuestros pueblos ancestrales. Va más allá. Con su forma minuciosa de escribir, transporta al lector como en una máquina del tiempo, sumergiéndolo en los conocimientos antiguos. En el recorrido muestra que algunos pueblos mesoamericanos tenían, en ciertos ámbitos, conocimientos superiores en relación con los pueblos europeos de esa época. Proporciona, además, algunos ejemplos de clasificaciones y usos prehispánicos que son empleados actualmente por los biólogos.

Al narrar la organización de los jardines botánicos, la colocación de los vendedores de hierbas en los tianguis o de las señoras parteras que compraban algunas de estas hierbas, traslada al lector a ese México en el que sus habitantes convivían en armonía con la naturaleza, a la que se rendía tributo y cuidaba con el fervor con que se cuida la vida misma.

Durante el trayecto se antoja un baño de temazcal, algún té endulzado con miel o un masaje para el cuerpo cansado.

Las ilustraciones de Ignacio Pérez-Duarte -descifradas por Lozoya- corresponden, principalmente, a la zona central, Teotihuacan  -lugar donde se encuentran los frescos más antiguos que representan a la herbolaria- y Texcoco; y al sur, las pertenecientes a la zona de Bonampak. Los nombres de las plantas ejemplificadas se han transformado al paso del tiempo. Algunas han cambiado totalmente de nombre mientras que otras solamente se han castellanizado, como el tzápotl (fruto dulce), ahora conocido como zapote. Algo similar sucedió con los conocimientos de la herbolaria, unos se fusionaron y otros más se perdieron a pesar de que en la época de la Colonia los europeos trataron de aprender sus aplicaciones. Si bien pudieron investigar miles de plantas, su trabajo quedo sin concluir debido a diversos obstáculos. Sin embargo, las investigaciones recientes sobre las plantas de México y Latinoamérica no pasan por las mismas dificultades que en la época colonial y diversos países de los llamados del primer mundo investigan las plantas medicinales de la zona.

Actualmente los médicos alópatas recetan, en ocasiones, algún producto natural derivado de los vegetales además de los medicamentos de patente.

Por otra parte, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha incluido en su cuadro de medicamentos básicos algunas plantas medicinales después de que han sido estudiadas por especialistas de su herbario (considerado como el más grande de Latinoamérica) y en diversos institutos de investigación. Por consiguiente, hay médicos alópatas que recetan medicamentos (farmacéuticos) combinados con alguna terapia tradicional como inhalar alguna infusión para tratar la sinusitis, beber un licuado con nopal o sábila contra la diabetes o aplicar unos fomentos para bajar inflamaciones.

Para concluir, la lectura de este libro sirve a los adultos para reflexionar sobre los problemas ambientales y valorar los conocimientos ancestrales, que muchas veces no son simple charlatanería sino que han sido comprobados científicamente. Transmitir a los pequeños estos conocimientos expuestos por Lozoya sirve para acrecentar su cultura, para que valoren sus raíces, aprendan a respetar la sabiduría de los ancianos, despertar su imaginación al recrear los paisajes descritos por el autor y promover la investigación sobre botánica.


* Reseña del libro de Xavier Lozoya, Los señores de las plantas. Herbolaria y medicina en Mesoamérica, (Colección "Los señores..."). cnca/ Pangea Editores, México, 1990.

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