Vegetación de México
Introducción
México,
en su vasto territorio de aproximadamente dos millones
de kilómetros cuadrados, posee una de las diversidades
vegetales más valiosas y grandes de la Tierra. El país
cuenta con muy variados tipos de vegetación, desde los
exuberantes ecosistemas tropicales -que incluyen, por
ejemplo, a los manglares y los bosques tropicales- hasta
la flora de las altas montañas, pasando por la vegetación
desértica y semidesértica y otras asociaciones vegetales
que habitan regiones pequeñas. Debido a su posición geográfica,
el país es un área de transición entre los grandes bosques
del norte del continente y la rica flora de Centroamérica.
Ya en
el siglo pasado, diversos investigadores identificaban
más de 10000 especies de plantas vasculares. Según Rzedowski
(1976), una composición aproximada de nuestra riqueza
vegetal sería:
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Algas (exceptuando microscópicas)
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1500 especies
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Briofitas
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2000 especies
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Pterifdofitas (helechos)
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1000 especies
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Fanerógamas
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20000 especies
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Esta riqueza,
según el autor citado, supera a la de Rusia e iguala a
la de Estados Unidos y Canadá juntos respecto al número
de especies reconocidas.
La
flora de nuestro país está lejos de ser descrita completamente
a pesar de los esfuerzos y estupendo trabajo de los estudiosos,
entre quienes se puede nombrar a Isaac Ochotorena, José
Ramírez, Faustino Miranda, J. Rzedowski, Efraín Hernández
X. y José Sarukhan, quienes han contribuido a describir
los tipos de vegetación presentes en México.
La
variación florística está asociada a la situación geográfica
del país, a la forma de su territorio, al complicado y
variado relieve en el que podemos encontrar grandes serranías
y extensas llanuras, a los múltiples tipos de suelo, a
su clima tan variado en temperatura y precipitación y,
finalmente, a la influencia del hombre que perturba los
sistemas naturales por su necesidad de alimentos y otros
satisfactores. La agricultura ocupa más de 300000 kilómetros
cuadrados del territorio nacional y también es necesario
considerar los espacios ocupados por caminos, viviendas,
industrias y áreas de recreo.
Tipos
de vegetación en México
Rzedowzki
describe nueve zonas florísticas en nuestro país. La de
este autor es una de las clasificaciones más simples y
aceptadas en la actualidad, aunque otros autores, como
Miranda y Hernández X., describen 32 zonas.
Las
regiones, de acuerdo con el tipo de vegetación, propuestas
por Rzedowski son:
Bosque tropical.
Cuetzalán, Puebla.
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1. Bosque tropical perennifolio.
2. Bosque tropical subcaducifolio.
3. Bosque tropical caducifolio.
4. Matorral xerófilo.
5. Pastizal.
6. Bosque de encinos.
7. Bosque de coníferas.
8. Bosque mesófilo de montaña.
9. Vegetación acuática y subacuática.
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Las vegetaciones
dominantes en el país son:
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1) bosques de pinos y encinos, solos o en asociación,
2) vegetación árida y semiárida (matorrales xerófilos)
y
3) pastizales o zacatales.
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Estos
tres grandes tipos de ecosistema abarcan más del 70% del
territorio nacional, más del 20% cada uno.
Bosques
tropicales
Bosque
tropical perennifolio
Los bosques
tropicales perennifolios están principalmente situados
en tierras bajas que rara vez sobrepasan los mil metros
sobre el nivel del mar (snm), en los litorales del Atlántico
y del Pacífico. Son zonas de temperatura promedio superior
a los 20°C, sin heladas y de elevada precipitación pluvial.
En
el país, los bosques tropicales son frecuentes en algunas
zonas de la Huasteca Potosina y de Veracruz, en Tabasco
-en aquellas regiones que cuentan con un buen drenaje-
y en gran parte de la Península de Yucatán. El bosque
tropical más estudiado es la Selva Lacandona de Chiapas,
en el límite con Guatemala.
Este
tipo de vegetación ocupa entre el 10 y el 11% del territorio
nacional. Las principales especies vegetales son grandes
árboles con troncos rectos de más de 25 metros de altura,
como el 'sombreretal' (Terminalia amazonica), hermosa
especie que domina en todo el Golfo, el 'ramón' u 'ochote'
(Brosimun alicastrum), el 'árbol del chicle' (Manilkara
zapota), diversas especies de Ficus sp. y varios
árboles de maderas preciosas como la caoba (Swietenia
macrophylla) y el cedro rojo (Cedrela mexicana),
hoy ya muy devastados por el hombre.
Junto
a las grandes masas arbóreas se encuentra una gran cantidad
de plantas, muchas de ellas epífitas, como diversas orquídeas
y bromelias que almacenan agua en sus hojas, y algunas
especies de Ficus, conocidas como 'matapalos',
que estrangulan y matan a sus hospederos.
El
bosque tropical es uno de los biotopos más bellos y que
exige más protección en las pocas reservas que todavía
se respetan. Árboles como el del chicle, la caoba y los
cedros ya han desaparecido de amplias zonas.
Bosque
tropical subcaducifolio
El bosque
subcaducifolio se encuentra principalmente desde Sinaloa
hasta Chiapas y parte de la Península de Yucatán. Su límite
climático, con respecto a la temperatura, se aproxima
a los cero grados y llega hasta zonas de altitud cercana
a 1500 metros.
En
él encontramos árboles de elevado valor maderero como
la 'parota', también conocida como 'guanacaste' (Enterolobium
cyclocarpum), el 'granadillo' (Dalbeergia granadillo),
el 'jocotillo' (Astronum graveolens), así como
otras especies. Este bosque se caracteriza por combinar
plantas de hojas perennes, que se encuentran en el bosque
anteriormente descrito con otras como varias leguminosas
de hojas caducas. En algunas regiones abundan las palmeras,
varias plantas epífitas y helechos.
Bosque
tropical caducifolio
En él
habitan especies que pierden sus hojas en la época seca,
por lo que también ha sido denominado 'selva veraniega
decidua'. Este tipo de bosque se presenta en toda la costa
del Pacífico, desde Chihuahua hasta Chiapas, y se continúa
en Centroamérica. También lo podemos encontrar en algunas
regiones de la zona del Golfo en Tamaulipas, en el norte
y centro de Veracruz y en el norte de la Península de
Yucatán.
Prospera
en terrenos que se hallan desde el nivel del mar hasta
los mil quinientos metros de altitud, con temperaturas
calientes, sin heladas. Abarca aproximadamente el 10%
del territorio nacional.
Es
de fácil determinación por el aspecto de su flora, muy
característica. Casi siempre es arbustiva, de poca altura
(de ocho a doce metros), con plantas de corteza brillante
y flores vistosas. En general, esta vegetación es de poco
aprovechamiento en cuanto a madera. A veces, los lugareños
utilizan ésta para la elaboración de artesanías y muebles.
La
especie de este tipo de vegetación que ha sido más aprovechada
por el hombre es el 'henequén yucateco' (Agave fourcroydes),
de enorme importancia en el devenir histórico de la región
por el interés económico que tuvo.
En
la actualidad muchos de estos bosques están siendo talados
y roturados a fin de sembrar forrajes para la alimentación
del ganado y, en menor escala, para el cultivo de maíz,
frijol y otras especies.
Algunos
representantes típicos del bosque caducifolio son el 'copal'
o 'cuajiote' (Bursera sp.), el 'pochote' (Ceiba
aesculifolia), una gran cantidad de especies epífitas,
trepadoras y cactáceas columniformes o candelabriformes.
En
varias regiones el bosque está dominado por árboles y
arbustos de muy alto valor bromatológico para el ganado,
sobre todo por especies de leguminosas ricas en proteínas
como el 'cocuite' (Gliricidia sepium), el 'palo
dulce' (Eysennhardtia polystachia), y varias
Acacia sp., Prosopis sp., Bahunia sp.
('pata de vaca') y Leucaena sp.
Estos
bosques siguen siendo arrasados y en algunas zonas ya
es difícil hallarlos pues se han transformado en matorrales
subtropicales, verdaderos chaparrales donde dominan las
especies Ipomoea sp., Acacia sp. Mimosa
sp. y Opuntia sp.
Vegetación
de las llanuras
En estas
extensas regiones se asientan distintas asociaciones vegetales
dentro de las cuales se destacan: 1) bosque espinoso,
2) pastizal y 3) matorral xerófilo.
Bosque
espinoso
Es un
tipo poco definido, que se integra a veces con el bosque
caducifolio y el matorral xerófilo. Se presenta en altiplanicies
de menos de dos mil metros snm donde hay heladas y el
clima es de semiárido a seco. Ocupa una importante parte
de Sonora y de Sinaloa, llegando hasta el Istmo de Tehuantepec.
Es
la flora original de la región de El Bajío y de la Huasteca
y se observa, en manchones, en toda la parte central del
país. Ocupa aproximadamente el 5% del territorio nacional.
Pastizal, Chihuahua
Como
su nombre lo indica, está compuesto preferentemente por
arbustos espinosos, de cuatro a quince metros de altura,
que se encuentran ya sea en forma densa o abierta, como
en la mayoría de los mezquitales (Prosopis sp.).
Estos arbustos pueden ser caducifolios o siempre verdes,
como el 'palo dulce'. Las variedades de Acacia sp.,
como A. farnesiana, A. berlandieri, A. gregii, A.
schaffneri y A. rigidula, conocidas como 'huizachales',
son muy comunes en este tipo de vegetación, así como Lysiloma
sp. y Cercidium sp. Los mezquitales constituyen
la agrupación más típica y extendida de esta comunidad,
aunque en la actualidad se encuentran muy depredados por
haber sido erradicados para dedicar el terreno a la producción
agrícola. Prosopis laevigata es el mezquite más
extendido, combinado con Acacia farnesiana, el
'huizache'.
Las
zonas ocupadas por esta vegetación son importantes para
la producción ganadera ya sea bovina, caprina, ovina o
de especies combinadas.
Pastizales
El pastizal
o zacatal es característico de las llanuras y cubre aproximadamente
el 12% de la superficie del país. En él dominan diversos
tipos de gramíneas y es el tipo de vegetación natural
para el desarrollo de la ganadería de rumiantes y de equinos.
En
general, los pastizales son más abundantes en regiones
semiáridas y en las de clima templado y fresco, con heladas
poco frecuentes y con altitudes de quinientos hasta dos
mil quinientos metros. Los pastos se desarrollan en llanuras
abiertas, con suelo profundo. La precipitación que requieren
es muy variable, de 300 a 600 mm anuales con varios meses
secos.
Los
suelos de los pastizales, en general, se van degradando
por el exceso de pastoreo y el pisoteo, que conducen a
cambios en el tapiz, disminuyendo las pasturas apreciadas
y apareciendo las malezas y diversidad de plantas venenosas
para el ganado. Las sequías frecuentes y el uso del fuego
para limpiar el terreno son factores de degradación que
llevan a la erosión y desertificación.
Algunas
áreas de pastizales se han usado para la agricultura con
resultados diversos. En general, en terrenos de temporal
son muy pocos los años en los que se obtiene una cosecha
satisfactoria, sea de maíz, frijol u otros cultivos.
Los
principales pastizales se sitúan en la parte norte y central
del país, desde Chihuahua y Durango hasta Jalisco. Todas
estas tierras están dominadas por gramíneas con elementos
leñosos muy escasos, si es que existen. En casi todo el
país tiene gran importancia el género Bouteloa sp.,
muy buena planta forrajera para todo tipo de ganado. Entre
las diversas especies encontramos B. gracilis, B. curtipendula,
B. hirsuta y B. radicosa, pastos conocidos
vulgarmente como 'navajita', 'pasto bandera' u otros nombres
regionales. Además de este género, según la zona, pueden
encontrarse con mayor o menor frecuencia otros como Aristida
sp., Andropogon sp. Erioneriun sp., Mulhebergia sp.
(pasto de grandes alturas) e Hilaria sp. En algunas
regiones aparecen combinados con arbustos como diversas
acacias y el 'tascate' (Juniperus monosperma) en
Durango, con la Acacia schaffneri en Zacatecas,
con Prosopis sp. en Sonora o con Quercus cordifolia
en Zacatecas y Durango. A la pradera acompañan, frecuentemente,
arbolitos de poca talla como agaves, yucas, nopales, encinos
bajos y mezquites.
Las
gramíneas se han adaptado a muchos tipos de suelo y clima,
así que no es raro encontrar pastizales en terrenos altos
de montaña ya sobrepasada la línea arbórea. En estos casos
se trata de pastos gruesos y amacollados que se utilizan
para la ganadería. También hay pastizales particulares
en suelos inundables con mal drenaje, no salinos o salinos,
como los que se encuentran en el lago de Texcoco. Los
pastos adaptados a estas condiciones son, por ejemplo,
Distichlis spicata y el 'pasto toboso' (Hilaria
mutica), muy frecuente en la zona norte, en los suelos
yesosos de Coahuila y San Luis Potosí. Por último, tienen
gran importancia los pastizales de regiones calientes
y húmedas, comunes en el sureste. Se caracterizan por
la mezcla de gramíneas amacolladas, como Paspalum sp.
y Axonopus sp., asociadas a árboles bajos
como el 'tachicón' (Curatella mexicana) y el 'jícaro'
(Crescentia sp.). También son abundantes otras
plantas herbáceas, sobre todo leguminosas y ciperáceas.
El
área ocupada por zacatales se ha visto incrementada por
la acción del hombre, que va talando los bosques para
que aparezcan gramíneas, ya sean naturales o cultivadas,
para usarlas como forraje. Las gramíneas cultivadas más
comunes son, en clima templado, la avena anual, el pasto
'Rye grass' (Lolium sp.), el pasto 'orchard' (Dactylis
glomerata) y el 'festuca' (Festuca sp.), cultivados
solos o en combinación con leguminosas como tréboles o
alfalfa. En clima tropical abundan las gramíneas cultivadas
adaptadas al calor, como el 'pasto guinea' (Panicum
maximum) en sus variedades, el 'pangola' (Digitaria
decumbens) y, en áreas secas, es común observar el
'pasto buffel' (Cenchrus ciliaris).
Matorral
xerófilo
Por último,
como vegetación de grandes llanuras se encuentra el matorral
xerófilo de los climas áridos y semiáridos. Ésta es una
de las regiones vegetales más extensas del país, que cubre
las dos Baja Californias, parte de Sonora y estados interiores
como Chihuahua y Coahuila, llegando hasta el sureste de
San Luis Potosí, Zacatecas e Hidalgo. Se desarrolla en
regiones con temperaturas extremosas, que van desde muy
calurosas hasta muy frías, donde se presentan incluso
nevadas invernales. Son zonas con radiación luminosa muy
intensa, con una precipitación que puede ir desde los
100 a 200 mm, en los climas más secos, hasta los 400 a
500.
El
hombre ha utilizado este tipo de vegetación sobre todo
para la ganadería, aunque el rendimiento es muy malo por
los bajos coeficientes de agostadero (densidad de cabezas
ganaderas por hectárea). En algunas zonas hay altas concentraciones
de ovinos y cabras y se han establecido cultivos de riego,
como es el caso de La Laguna, donde ya no queda nada de
la vegetación natural. En otras zonas, como en el altiplano
potosino-zacatecano, el tapiz ha ido cambiando como consecuencia
del sobrepastoreo y el excesivo pisoteo del suelo por
el ganado. Algunas plantas típicas de este tipo de vegetación
tienen aprovechamiento industrial. Tal es el caso de la
'candelilla' (Euphorbia antisyphilitica), de la
que se extrae cera, el agave 'lechuguilla', que produce
fibras fuertes y algunas yucas o 'palmas locas'. También
se explota la 'jojoba' (Simmondsia chinensis),
cuyas semillas se utilizan extensamente con fines terapéuticos
e industriales. Desde la época precolombina se utilizan
las diversas variedades de Agave sp. para la elaboración
de pulque y tequila. En la Segunda Guerra Mundial se utilizó
mucho el 'guayule' (Parhenium argentatum) como
fuente de caucho.
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Bosque de pinos, Sierra
de Ixtlán, Oaxaca
La
vegetación típica de las zonas áridas tiene en su composición
plantas bien adaptadas a condiciones muy difíciles, como
la 'gobernadora' (Larrea tridentata), una de las
más comunes de todo el altiplano mexicano, quizás la planta
xerófita siempre verde que puede sobrevivir en las condiciones
más extremas. No presenta espinas ni es suculenta, como
las cactáceas, y posee hojas perennes. Se presentan, también,
abundantes especies de asteráceas como Ambrosia sp.,
Zinnia sp., Eupatorium sp., Flourensia sp., Artemisia
sp., Viguiera sp., junto con leguminosas como Prosopis
laevigata y quenopodiáceas como la 'costilla de vaca'
(Atriplex sp.) y, sobre todo, cactáceas que encuentran
aquí su hábitat con las monocotiledóneas de los géneros
Agave y Yuca. Las gramíneas son escasas
en el tapiz y, en general, de baja calidad para el ganado.
Dominan los géneros Andropogon sp., Paspalum sp., Eragrostris
sp. y Bouteloa sp., todos pastos adaptados
a estas duras condiciones.
Vegetación
de montaña
Esta agrupación
vegetal incluye desde los montes de Quercus, los
encinares, de las zonas más bajas que van de 0 a 3000
metros snm de altitud hasta los bosques de pinos y otras
coníferas de regiones de 150 a 4000 metros, así como montes
mixtos de ambas especies.
Bosque
de encinos
Los encinares
o bosques de Quercus son característicos de áreas
montañosas de clima templado y semihúmedo. El género
Quercus -al que pertenecen los encinos, robles y alcornoques
europeos- está representado en México por cerca de 200
especies de gran diversidad morfológica. Muchas veces
se encuentran asociados con coníferas como pinos y abetos,
ya que tienen gran afinidad en su hábitat. Los encinos
se encuentran en toda la Sierra Madre Oriental y no son
raros en la Occidental y en el Eje Volcánico. Se estima
que el 5% de la superficie del país está ocupada por este
tipo de bosque.
Su
valor maderable es mediocre ya que en general son bosques
bajos que se aprovechan localmente para construcción,
para muebles y, sobre todo, como combustible. La devastación
de los encinares es muy grande en todo el país. Se talan
los montes para obtener carbón y tanino de la corteza.
Los frutos o bellotas se usan frecuentemente para la alimentación
de cerdos. Los encinos de regiones más secas, de porte
muy bajo, constituyen chaparrales extensos que en general
son quemados, con lo que se expone a los suelos a fuerte
erosión. El mismo resultado se obtiene con la agricultura
permanente que generalmente se establece luego del desmonte
del bosque. La altura de este tipo de bosque es muy variable
y puede ir de los dos a los treinta metros, aunque encinos
aislados alcanzan alturas tan grandes como de cincuenta
metros. Hay encinos caducifolios y perennifolios.
En
general, estas agrupaciones vegetales son ricas en plantas
epífitas como líquenes, musgos y una gran variedad de
orquidáceas y bromeliáceas. En el piso abundan las plantas
herbáceas, sobre todo asteráceas, gramíneas y leguminosas.
De
acuerdo a la región es el tipo de encino dominante. En
Chihuahua y Sonora abunda el Q. chihuahuensis y
en Durango el Q. cordifolia. En zonas más altas
es común el Q. resinosa (encino roble), en San
Luis Potosí el Q. mexicana y el Q. laeta (encino
prieto). En el sur, principalmente en Oaxaca, hay encinos
de hoja grande, en bosques densos y de distintas alturas.
En los encinares del Golfo domina el Q. oleoides,
especie que se extiende por toda la costa hasta Centroamérica,
ya que es el encino que mejor resiste los incendios.
Bosque
de coníferas
La segunda
agrupación vegetal que priva en las montañas mexicanas
son los bosques de coníferas, que poseen una gran diversidad.
Ocupan aproximadamente el 5% de los bosques del país.
Su extensión ha ido en rápido descenso desde la Colonia
y continúa bajando en virtud de la acelerada depredación
que sufren.
De
las coníferas, más del 90% corresponden al género Pinus
y el resto a pequeñas extensiones de Abies (abetos
u oyameles) y Juniperus (sabinos, enebros, tlaxcales
o tascates). Hay apariciones muy poco extendidas de otras
coníferas como Cupressus, Pseudotsuga y Picea.
México
posee una inmensa riqueza de pinos, con cerca de cuarenta
especies descritas que ocu-pan grandes extensiones del
territorio nacional. Pueden encontrarse solos o combinados
con otros árboles, generalmente con encinos o sabinos.
En
todo el país se pueden encontrar bosques de pinos, con
excepción de la Península de Yucatán. Los hay desde las
costas del Caribe hasta las de Guatemala. Pero la mayoría
de los pinos se desarrollan y llegan a dominar en terrenos
con altitudes que oscilan entre los 1500 y los 3000 metros
snm.
En
la costa del Caribe, en el sur de Quintana Roo y ya presentes
en Belice y parte de Centroamérica, se encuentran grandes
extensiones de bosques de Pinus caribaea, adaptado
a suelos arenosos y a climas calientes y húmedos. Otro
pino de clima caliente es el Pinus oocarpa, común
en Chiapas y Oaxaca.
Pero,
como ya señalamos, la mayor parte de los bosques de pino
se encuentran en la montaña sobrepasando, a veces, alturas
de 3000 metros snm y casi siempre acompañados por pastizales
de altura. Las especies más abundantes son, para las zonas
más lluviosas, el Pinus patula y sus similares
P. estrobus var. chiapensis y P. ayacahuite
y, en las áreas más secas, el P. cembroides (piñonero).
Los pinos casi siempre progresan mejor en terrenos volcánicos.
En general, estos suelos están siempre cubiertos por abundantes
hojas que caen de los pinos y que sirven de caldo de cultivo
a abundantes especies de hongos, entre ellos las mircorrizas
con las que hacen simbiosis.
Otras
especies muy comunes y extendidas que se explotan comercialmente
son el P. montezumae, P. arizonica, P. pseudostrobus,
P. michoacana y P. teocote, que producen más
del 75% del valor de la madera que se utiliza en ebanistería,
como triplay, puntales y durmientes, así como para la
obtención de celulosa y fabricación de papel. Otra explotación
importante es la resina, de la que se extraen brea y aguarrás.
De los pinos piñoneros, cuyas especies más importantes
son P. cembroides, P. edulis y P. pineana, se
obtiene el fruto.
Las
especies que toleran temperaturas más bajas son los de
la especie P. hartwegii, la más común en las zonas
de alta montaña ya que resiste nevadas abundantes.
Juniperus
Los
bosques más extensos de pinos se encuentran en la Sierra
Madre Occidental. En las regiones más secas de Sonora
y Chihuahua dominan el P. arizonica y P. engelmanii
y en las más húmedas de Durango, P. durangensis
y P. cooperi. En el Eje Volcánico la especie más
común es el P. montezumae, que se encuentra generalmente
asociado con Quercus arizonica. En los sitios más
altos, que superan los 3000 metros snm, domina el P.
montezumae, asociado en ocasiones con enebros, con
ailes (Alnus glabrata) y con pastos de Festuca
tolucensis.
Como
ya habíamos señalado, los bosques de pino están sufriendo
una brutal devastación pues son talados, legal o clandestinamente,
o quemados a fin de introducir pasturas para bovinos o,
más comúnmente, para ovinos.
Otros
bosques de coníferas importantes son los de abetos u oyameles,
sobre todo de Abies religiosa, especie de gran
altura y belleza. Estos bosques se presentan en manchones
aislados en el Eje Volcánico Transversal, a alturas de
más de 2500 metros. Igual que los bosques de pinos, están
siendo sometidos a fuerte talado y destrucción por fuego
en terrenos que se utilizan posteriormente para agricultura
o ganadería.
Los
bosques de oyameles constituyen una de las formaciones
forestales más bellas y que exigen mayor protección por
su gran vulnerabilidad. Se encuentran en los sitios de
recreo a los que concurren millones de capitalinos como
El Desierto de los Leones, La Marquesa, las Lagunas de
Zempoala y El Chico, visitados cada se-mana por miles
y miles de personas. La protección es imperiosa, pues
están siendo depredados con gran rapidez, principalmente
en forma clandestina, ya que su madera es apreciada para
la obtención de celulosa, la fabricación de papel y como
arbolitos de navidad.
Formaciones
menores de coníferas son los bosques de Pseudotsuga,
Picea, Juniperus y Cupressus. Los dos primeros
géneros son muy parecidos a los abetos y ocupan el mismo
tipo de hábitat. Los sabinos, tlaxcales o tascates (Juniperus
sp.) están bastante extendidos y, en general, habitan
comunidades abiertas en los pastizales y sirven de sombra
al ganado. Las agrupaciones más frecuentes se encuentran
en el sur de Durango (J. monosperma), Tlaxcala
(J. flaccida) e Hidalgo (J. deppeana). Los
Cupressus están poco representados en México, exceptuando
la isla de Guadalupe, frente a Ensenada, donde domina
el C. guadalupensis.
Bosque
mesófilo de montaña
Se confunde
frecuentemente con los bosques caducifolios. Se conocen
también como 'bosques de selva nublada'. Son bosques de
regiones húmedas, con precipitaciones mayores a los 1000
milímetros anuales y siempre se encuentran en zonas altas.
Cubren menos del 1% del territorio. Son bosques de regiones
de transición entre los climas más calientes y los templados
con heladas. Se desarrollan en suelos ricos, lo que ha
provocado que sus terrenos se dediquen intensamente al
cultivo de maíz y frijol o, en algunas zonas, al café,
usando los propios árboles naturales del monte como sombra
y abrigo del cafeto. La mayor parte de los árboles de
este tipo de bosque pertenecen a los géneros Quercus
(como el 'encino escobillo'), Liquidambar (el 'copalillo'
o 'somerio'), Juglans, Dalbergia, Magnolia, Podocarpus
y Chaetoplea, todos ellos poseedores de buenas
maderas. Son bosques densos y de altura entre 15 y 35
m, formados en su mayor parte por especies caducifolias.
Los helechos arborecentes son huéspedes comunes en estos
montes y muchos poseen un estrato herbáceo siempre verde
con especies como Paspalum sp. y Axonopus sp.
Vegetación
acuática y subacuática
Dentro
de esta flora existe una grandísima diversidad, ya que
incluye la de arrecifes, marismas, zonas lacustres, médanos,
manglares, poales de pantanos, tulares y carrizales, vegetación
flotante, anfibias, palmares, bosques de galería y algunas
vegetaciones de suelos especiales como los halófilos (de
alto contenido salino) o los yesosos.
Las
comunidades acuáticas son muy variadas y cuando ocurre
una desecación desaparecen con gran rapidez. En general
están siendo afectadas por la contaminación provocada
por los desechos industriales y las aguas negras. La vegetación
acuática está dominada por algas. Los litorales del Golfo
y del Pacífico son ricos en algas rodofíceas y en los
arrecifes son abundantes las clorofíceas. En las lagunas
también abundan las algas, ya sean rodofíceas o cianofíceas.
En la costa del Pacífico son dignas de mención las algas
cafés gigantes que llegan a tener más de treinta metros
de altura y que forman verdaderas junglas marinas.
Los
manglares, que sólo se encuentran en clima caliente y
están situados, en general, en desembocaduras de ríos
o al margen de lagunas, están formados por mangles, plantas
leñosas adaptadas a altos niveles de salinidad y a cambios
drásticos en la misma. Tienen hojas perennes y raíces
que sirven de sostén, además de nutrir y respirar. En
México la especie más común es Rhizophora mangle
(mangle colorado), que se ha transformado en el hábitat
de variadas formas de vida como ostras y otros muchos
organismos acuáticos. Los mangles detienen la erosión
al retener el suelo. Su corteza es muy rica en taninos.
Mezquite, flor.
Valles centrales, Oaxaca
La
vegetación de los pantanos o 'popales' se presenta en
tierras de deficiente drenaje de Veracruz, Chiapas y Campeche.
Están poblados por hermosas plantas que sobresalen del
agua como Calathea sp., Thalia geniculata, Heliconia
sp. y otras gramíneas y ciperáceas.
Otras
comunidades acuáticas de cierta importancia son los carrizales
y tulares de hasta tres metros de altura, que forman masas
compactas en las áreas pantanosas y lacustres. Las plantas
dominantes son Typha sp. y Cyperus sp.,
muy utilizadas para la fabricación de diversas artesanías
y que sirven como refugio de aves acuáticas.
Por
último, dentro de la flora acuática posee gran importancia
la vegetación flotante, ya sea fija al fondo o verdaderamente
flotante. Especies de rápida proliferación como Lemna
sp. (chichicastle), Spirodella sp., Wolffia sp.
y otras más pequeñas son causa de un gran disturbio en
lagunas y canales. Otras flotantes de mayor tamaño como
la Pistia sp. (lechuga de agua) y la Eichornia
sp. (lirio acuático) tapizan enormes extensiones de
agua con gran rapidez, causan grandes perjuicios en las
tomas de agua potable, presas para energía eléctrica y
en lagunas de recreo; afectan la navegación y la pesca.
Tenango de las flores,
Puebla
Los
palmares se encuentran, solos o asociados con otras comunidades,
en llanuras de clima casi siempre cálido y en tierras
de baja altitud. Las palmas son plantas que han sido aprovechadas
por el hombre de diversas maneras: por sus frutos y semillas
comestibles (cocos y dátiles), para la extracción de grasas
(de coco y otras), la construcción (principalmente para
techos) y el tejido de sombreros, bolsas y adornos varios.
El 'apachite' (Sabal mexicana) presente en el Golfo,
produce el delicioso palmito comestible. La 'palma
real' (Sabal sp.) es una de las más comunes en
algunas regiones de México como Chiapas y Quintana Roo
y llega a ser un árbol de más de 25 metros de alto. Otras
especies importantes son Brahea sp. (palma de sombrero)
en Oaxaca y Michoacán y, un poco más escasas, Washingtonia
sp. y Paurotis sp. (tasiste) en Yucatán.
Conclusiones
Con esta
contribución finaliza la serie que hemos denominado "El
mundo de las plantas". Deseamos que con ella los maestros
hayan podido acercarse al conocimiento de un reino tan
diverso y tan importante como es el vegetal, hayan podido
conocer, someramente por supuesto, la maravillosa diversidad
florística de nuestro país, así como la necesidad urgente
de conservación de uno de los recursos naturales más importantes
que tenemos.
El
hombre dependió y dependerá siempre de la naturaleza,
pues de ella recibe alimento, vestido, habitación y todo
lo que necesita. El ser humano es capaz de transformar
y crear cosas maravillosas, pero eso no lo vuelve independiente
de su entorno natural. En particular, la vegetación contribuye
a mantener el equilibrio de la atmósfera y del agua, a
prevenir inundaciones, así como la erosión y sus terribles
consecuencias. No es gratuito que desde los albores de
la humanidad el hombre haya adorado a las plantas como
fuente de recursos y por su belleza.
Consideramos
que todo maestro debe resaltar ante sus alumnos la importancia
del recurso florístico, para que ellos sean, a su vez,
los defensores de nuestros bosques y praderas, de la grandísima
diversidad de plantas y que sepan que no hay organismos
inútiles en el universo, aunque el hombre, en su afán
antropocéntrico, clasifique todo de acuerdo con la utilidad
que le brinda a su propia especie. Es importante que maestros,
niños y jóvenes sean soldados en la defensa de toda forma
de vegetación, y de vida, que enseñen que no cuidar los
recursos llevará indefectiblemente al hombre a ser cada
día una población más pobre y marginada.