|
Conceptos
que han probado su utilidad para ordenar las cosas
fácilmente han adquirido tanta autoridad sobre nosotros
que olvidamos su origen terrestre y los aceptamos
como hechos inalterables. Entonces pasan a estar
etiquetados como 'necesidades conceptuales', 'situaciones
a priori', etc. Tales errores obstruyen frecuentemente
y por largos periodos, el camino del progreso científico.
Por tanto no es un juego ocioso ejercer nuestras
habilidades analizando conceptos familiares y mostrando
las condiciones que los justifican y hacen útiles,
y el modo como ellos se desarrollaron, poco a poco.
Albert
Einstein, 1916
|
Esta cita puede parecer exagerada para comenzar un artículo
que tiene un objetivo muy sencillo: explicar con un ejemplo
de uso diario, y sin mayores complicaciones técnicas,
cómo la matemática, sus conceptos y resultados han sido
creados por la humanidad, igual que cualquier objeto científico,
y cómo evolucionan estos conceptos y resultados de acuerdo
con las necesidades de cada sociedad y con los intercambios
culturales.
El concepto al que me refiero es el de los sistemas de representación
de los números. Obsérvese que no hablo del concepto de
número, cuyo surgimiento en la especie humana es muy anterior:
seguramente los 'primeros seres humanos' venían dotados
de algunas formas del pensar cuantitativo directamente
relacionable con el concepto de número.
Sin embargo, la cita no es exagerada, porque las formas de escribir
los números "han adquirido tanta autoridad sobre nosotros
que olvidamos su origen terrestre y los aceptamos como
hechos inalterables". Por lo menos ésa es la actitud que
se puede transmitir a los alumnos si no se sabe con alguna
precisión que el sistema de numeración que usamos es de
reciente data en la parte del mundo en que vivimos y de
cuyas tradiciones científicas nos nutrimos.
Permítanme
comenzar con algunas consideraciones generales que me
han servido de motivación para escribir esta nota.
En
muchos sectores de la sociedad, en particular del cuerpo
docente e intelectual, existe la opinión de que nada hay
por inventar en matemática y que, por tanto, ésta es una
ciencia consolidada que no ha tenido nuevos avances (¿invenciones
o descubrimientos?) en los últimos tiempos. El fin de
los avances matemáticos es fijado en diferentes épocas
dependiendo del grado de desconocimiento de quien eso
piensa: puede ir desde los griegos en el siglo v antes
de nuestra era hasta fines del siglo xix (recordándose
el nombre de algún matemático alemán: Weierstrass, Cantor).
En todo caso, no hay matemática reciente que valga la
pena saber ni enseñar. Hay también quienes exageran en
esa tesitura y opinan que no sólo no hubo nuevos avances
sino que la matemática no merece tenerlos. ¿Para qué?
¿Qué
aporta la matemática al bienestar humano que justifique
el esfuerzo de algunos señores, que obligue a dedicar
alguna cantidad de dinero para comprar libros y equipamientos
y pagar los salarios de esos señores dedicados a realizar
imposibles nuevos descubrimientos en la disciplina? En
todo caso, algunas veces los avances de la matemática
saltan al conocimiento de la opinión pública porque algún
enigma de la antigüedad es resuelto. Éste es el caso de
la reciente resolución del problema de Fermat, planteado
por este matemático francés hace ya más de tres siglos.[1]
Contrariamente
a lo dicho en los párrafos anteriores, todo parece indicar
que la matemática está en medio de una revolución. Gran
parte de los resultados en física, ingeniería y computación
que están entre los avances más importantes de los últimos
100 años (teorías de la relatividad, del campo unificado,
vuelos espaciales, criptografía -para la transmisión secreta
de información-, códigos de corrección de errores, invención
y desarrollo de discos compactos, nuevas generaciones
de programas y de software, inteligencia artificial,
etc.) se basan en progresos de la matemática. Incluso
muchos de los avances en biología y biotecnología se refieren
a buenas formalizaciones matemáticas de sus problemas.
La matemática tiene la forma de un lenguaje y se puede
decir que sin ese lenguaje los grandes avances de la física
o la biología de este siglo hubieran sido inconcebibles.
A pesar de que muchas veces parece que las hazañas de
la matemática son la solución de algún problema famoso,
en realidad, la historia de la matemática muestra que
son su lenguaje, sus métodos y conceptos, los que le dan
valor y uso diario.
Este
artículo se refiere, precisamente, al lenguaje más sencillo
de la matemática que es la representación de los números
naturales, los que permiten contar.
Parece
ser que la denominación de los números está asociada con
las primeras manifestaciones del lenguaje humano. La uniformidad
de las denominaciones y su estabilidad a lo largo de los
tiempos es la muestra del esfuerzo de los hombres por
expresar la diversidad cuantitativa de la naturaleza,
de organizar su vínculo con ella expresando las cantidades
de objetos equivalentes, objetos que cumplían alguna función
semejante en su vida diaria: animales cazados, días transcurridos,
árboles, etc. Expresamente estoy evitando aquí el uso
de la palabra 'iguales', porque es claro que en general
lo que se cuentan no son objetos iguales; por ejemplo,
los árboles no son nunca iguales entre sí. Para no extenderme
mucho con este asunto de los nombres de los números, destaco
solamente que la denominación del número nueve está relacionada
en varias lenguas con la palabra nuevo: novem-novus
(latín), nine-new (inglés), neun-eu (alemán),
nava-navas (sánscrito).
En
verdad la enumeración es una de las primeras formas de
organización, de descripción de la realidad. Ésta es una
manifestación sencilla de que el modo abstracto de definir
sus conceptos, organizarlos y relacionarlos no es una
invención diabólica de los matemáticos y los profesores
de la disciplina sino resultado de necesidades humanas
tan valederas como las que dan origen a los conceptos
de la física, la astronomía o la historia. Este carácter
primitivo de la enumeración también se manifiesta de otra
manera. Trate usted mismo de recordar la similitud que
existe en diversas lenguas entre las palabras que designan
las siguientes acciones: a) pasar dándoles números un
objeto tras otro ("numerar o computar las cosas como
los diccionarios); y b) describir situaciones y acontecimientos,
relatar ("referir un suceso, sea verdadero o fabuloso").
En español hay una misma palabra para ambos actos: contar.
Por estar muy lejos de las lenguas que habitualmente hablamos,
por aquí les recuerdo que en árabe 'cálculo' se dice hishab,
que está construido a partir de las tres consonantes h,
s, b; el verbo contar se dice hasaba; y del cambio
de alguna vocal de esta palabra resulta hasiba
que significa imaginar, creer.
La
aparición de la escritura trajo, entre otras muchas consecuencias,
un inmenso avance en todas las cuestiones de numeración
y conteo. En muchas culturas, en particular la maya (y
quizás antes la Olmeca), el origen de la representación
de los números está asociada con la medición del tiempo.
En el caso de la civilización maya de la época de las
grandes ciudades parece que no se conservan restos arqueológicos
que indiquen el uso de los números para representaciones
diferentes a la evolución del tiempo, para la datación
de acontecimientos, reinados, etc. y para uso adivinatorio
o cabalístico al producirse coincidencias relacionadas
con las diferentes formas de medir los ciclos (año de
260 = 20 por 13, o de 365 = 360 + 5 días).[2] Todas las representaciones numéricas
mayas están referidas en las inscripciones y textos a
fechas o determinaciones calendáricas, al cómputo del
tiempo.
Signos
numéricos y semánticos mesopotámicos
Sin
embargo, se conocen tablas de arcilla con símbolos numéricos
de origen sumerio (Mesopotamia, actual Irak) que datan
de antes del año 3000 antes de nuestra era y en las que
se escribían de manera diversa las cifras según se contaran
volúmenes (diferentes para los distintos tipos de granos),
áreas, longitudes y... ¡el tiempo! Éstas parecen ser las
evidencias más antiguas que se conservan de la representación
de números. Aquí, como en casi todas partes, el origen
de la numeración y la escritura está relacionado con la
actividad de los sectores dominantes, la de los templos
en particular.
Sistema de numeración
egipcio, hierático (sagrado
Hacia 3200 a.C. se había desarrollado un sistema
de escritura de unos 30 signos numéricos y 800 signos
no numéricos que se utilizaban para designar objetos numerados,
nombres de lugares y títulos oficiales.[3]
El
sistema de representación sumerio era aditivo, al igual
que el de los números romanos que todos conocemos. Eso
significa que se utilizan diversos símbolos para algunas
cantidades claves y se van colocando de modo que se suman
al colocarlas en un orden preestablecido: de derecha a
izquierda en la numeración sumeria, de izquierda a derecha
en el sistema romano (obsérvese que en este caso, cuando
un número menor está colocado antes que uno mayor, se
resta. Ejemplos: 9 = IX, 40 =XL).
Recordemos
cómo escribimos ahora los números prácticamente en todas
partes del mundo. El sistema es posicional de base 10.
Esto quiere decir lo siguiente: hay 10 símbolos que llamaremos
dígitos que representan la unidad hasta nueve veces. Esos
símbolos son 1, 2, ..., 9, y luego está el símbolo de
ninguna unidad, que es el cero, 0. Cualquier número se
escribe poniendo esos símbolos unos detrás de otros, de
modo que el número representado es la suma del último
(el que está más a la derecha) dígito, más 10 por el anterior,
más 100 por el que está antes de ése, etcétera. Así:
3027 = 7 + 2 por 10
+ 0 por 100 + 3 por 1000.
Se
dice que es posicional porque el valor de cada símbolo
depende de dónde esté ubicado en la sucesión, y de base
10 porque se multiplica por las potencias de 10: 1, 10,
100 = 10 por 10, 1000 = 10 por 10 por 10, etcétera.
Y
ya que el cero aparece explícitamente, les trasmito una
observación que me ha causado sorpresa. Quienes han descifrado
la escritura y sistema de numeración mayas (la fecha de
culminación del proceso de interpretación fue alrededor
de 1970) consideran que el símbolo interpretado como el
del cero tiene un significado diferente al nuestro. No
es el símbolo de la nada, sino que sirve para indicar
que un ciclo o periodo de tiempo ha culminado; en ese
sentido fue interpretado como el cero del periodo siguiente,
aunque parecía usarse como fin del anterior, por lo que
los arqueólogos lo llaman glifo de cabalidad o
de completamiento. Se puede decir que indica un
periodo de tiempo acabado, completo o 'ajustado a la medida'.
En
este sentido, admitido que el símbolo de cabalidad oficia
como cero, el sistema llamado maya era posicional mixto
(vertical) de base 20, pues un mismo símbolo tenía diferente
valor según la posición en que estuviera colocado, pero
para escribir cada número 'simple' usaban un sistema aditivo.
El número 6, por ejemplo, se representaba con una raya
y un punto (5 + 1) y significaba eso si estaba solo, y
6 por 20 si estaba seguido, en posición vertical descendente,
por otro número. Por ejemplo, nuestro actual número 66
se representaba poniendo tres puntos, y debajo, separándolo
de alguna manera, un punto y una raya. El sistema podía
mover a confusión si la separación no era clara, por no
tener símbolos diferentes para cada uno de los números
'simples'. En el ejemplo, también se podía leer como 4
por 20 y 5, o sea nuestro 85. Eric E. Thomson escribió:
El sistema maya se asemeja al que usamos nosotros,
y sólo se diferencia de él en algunos aspectos: los números
se colocan en sucesión vertical y no horizontal; los signos
ocupan los vacíos en los distintos órdenes de unidades
y los que vienen a ser nuestros ceros sirven para indicar
la cabalidad de las cantidades: normalmente no significan
cero, es decir, no son símbolos de la nada; el sistema
es vigesimal (la unidad básica de progresión es el veinte),
no decimal.[4]
Distintas representaciones
mayas del cero
Puede
ser interesante anotar aquí que entre los antiguos aztecas,
cuya lengua es el náhuatl, los números base del sistema
(1, 20, 400 = 20 por 20; 8000 = 400 por 20) tenían representaciones
diferentes (pequeño círculo o punto, bandera, pluma, bolsa
de maíz) lo cual podría ser tomado como un retroceso en
relación con el sistema puramente posicional de los mayas,
donde sólo hay necesidad de representar los 20 primeros
números del 0 al 19.
Los
sistemas posicionales tienen la gran ventaja de que utilizan
pocos símbolos (la cantidad máxima es el número de la
base). Si los símbolos son todos distintos no hay lugar
a confusión y, lo que quizás sea más importante, simplifican
mucho los cálculos con las operaciones más elementales:
la suma y la multiplicación. Como ejercicio difícil, le
sugiero al lector que trate de hacer sumas y multiplicaciones
con los números romanos y que analice con cuidado cómo
se hacen esas operaciones con nuestro actual sistema;
en el último ejercicio verá que se usa de manera crucial
el carácter posicional del sistema.
Pero,
mantengamos el curso principal de este artículo que trata
de mostrar cómo el progreso de la matemática está íntimamente
vinculado a las etapas del desarrollo cultural de la humanidad,
usando como ejemplo el de la representación de los números
que es el objeto matemático más sencillo. ¿Desde cuándo
nuestra cultura, que se da en llamar occidental, representa
los números como ahora lo hacemos? O sea, partiendo de
que nuestro sistema es terrestre y humano, ¿cuándo surgió?,
¿cómo se extendió? Les recuerdo el epígrafe del artículo:
Conceptos que han probado su utilidad para ordenar las cosas fácilmente
han adquirido tanta autoridad sobre nosotros que olvidamos
su origen terrestre y los aceptamos como hechos inalterables.
Entonces pasan a estar etiquetados como 'necesidades conceptuales',
'situaciones a priori', etcétera.
|
|
Mohammed Ibn Musa Al-Jwarizmi (783-850),
conocido como padre del álgebra |
Empecemos
por lo último, y para no marear mucho las cosas, restrinjámonos
a preguntar ¿cuándo se instauró en Europa el sistema que
ahora usamos? La respuesta es sorprendente. Europa generalizó
la escritura y el cálculo con los actuales números en
el siglo XIII.[5] Leonardo de Pisa (Fibonacci) escribió
en ese siglo una obra crucial (Libro del ábaco),
de contenido muy extenso, que indujo, casi de inmediato,
el uso generalizado del sistema en la actual Italia. La
divulgación se generalizó también a través del poema Carmen
de algorismo del franciscano francés Alexandre de
Villedieu y de la obra Algorismus vulgaris de Juan
de Halifax, también conocido como de Sacrobosco. El empleo
de muchas de las nuevas palabras (algoritmo, álgebra)
indicaba de dónde provenía el nuevo método: el mundo árabe.
Es por ello que se dio en llamar números arábigos a los
que usamos. Pero esta denominación es confusa, como veremos
de inmediato. Para evitar errores que casi cometo yo mismo,
recuérdese que no todas las palabras que comienzan con
letra 'a' son de origen árabe: ábaco y aritmética provienen
del latín y el griego. La aritmética es la vieja 'ciencia
griega de los números', que poco tiene que ver con lo
que estamos analizando. El cero, que era el nuevo símbolo,
a veces era llamado zephirum, 'cifra' en latín
(de sifr, que quiere decir 'vacío' en árabe) y
otras, circulus, 'pequeño círculo'.
Pues
bien, los matemáticos que ahora llamaríamos italianos,
franceses, ingleses, bebían del mundo árabe para aprender
la nueva ciencia de esa numeración y sus operaciones.
Las obras originariamente escritas en árabe eran traducidas
al latín especialmente en España (y aún más especialmente
en Toledo), donde los árabes que habían cruzado el Mediterráneo
dominaban desde antes del año 1000 (fueron -desgraciadamente-
expulsados el mismo año que Colón llegó a nuestras tierras:
1492).
 |
| Cuadro que muestra las correspondencias
entre las letras y los números, una vez establecidas
en Grecia las minúsculas. |
Por
tanto, los nombres de muchas de las palabras usadas en
este ámbito vienen naturalmente del árabe. Álgebra viene
de al- ^yabr, el restablecimiento o la restauración
del orden,[6] y se refiere a la reducción, al pasaje de un
miembro a otro de una igualdad. Algoritmo, procedimiento
de cálculo, proviene de al-Jwarizmi, nombre de
un célebre matemático de Bagdad que en siglo IX escribió
tres obras, una especie de compendio de la matemática
árabe: Libro del álgebra y de al-muqabala,
Libro sobre la suma y la resta y Libro del cálculo
indio.
El
título de esta última obra marca el origen de toda la
historia. En la época de esplendor del mundo árabe centrado
en Bagdad, el califa Al-Ma'mun fundó la Casa de la Sabiduría,
verdadera universidad en que se favorecía el intercambio
cultural con la India y la traducción de manuscritos.
Y de allí provenía el sistema que salvo detalles de los
símbolos era el que ahora usamos.
Este
artículo ya está demasiado largo, por lo que nos restringiremos
ahora a expresar que la formulación actual de la escritura
de los números se ha podido rastrear hasta el siglo VII
de nuestra era. En documentos de esos tiempos ya está
toda la estructura tal cual: posicional, decimal, con
un símbolo para el cero. Y yendo más atrás, se remontan
al siglo III antes de nuestra era las primeras constancias
arqueológicas de escrituras en la India en las que aparecen
símbolos para las nueve unidades, un símbolo completamente
distinto para cada decena, otro para el 100 y otro para
el 1000: el sistema decimal estaba en gestación. En esa
época, y quizás antes, el lugar que luego vino a ocupar
el símbolo del cero se dejaba vacío. Gûnya, que
significa 'vacío', era utilizado para indicar el valor
nulo en alguna posición. Y más atrás en el tiempo, la
escritura bràhmì (siglo III antes de nuestra era) contenía
los gérmenes que luego derivarían hacia nuestra notación
actual.
Una
pregunta puede quedar flotando ¿cómo escribía los números
nuestro mundo occidental y cristiano antes de que aprendiéramos
los actuales, de los árabes e hindúes? La pregunta tiene
respuesta; es interesante, pero escapa al objeto de este
artículo.
Existe
hoy una generalizada pérdida de apreciación de lo que
los matemáticos y la matemática pueden lograr y de la
importancia de la disciplina. Una parte de la culpa la
llevan los matemáticos y los profesores de matemática,
al no explicar su disciplina en un sentido general a sus
estudiantes, al público y a los gobiernos. Otra parte
la lleva la confianza ciega en que las computadoras son
una caja negra que puede dar respuesta a todos los problemas
matemáticos, sin comprender los procesos involucrados
ni los conceptos que se trata de manipular. Así, tanto
los alcances como las limitaciones de las computadoras
dejan de ser entendidos; la base matemática es olvidada
(y quizás deja de ser desarrollada) y las computadoras
podrían ser usadas de modo inapropiado, o simplemente
limitar el diseño de software. Y hay otros 'culpables';
sobre esto escribí en otro artículo de esta misma revista
("La Matemática en la escuela", número 18, noviembre de
1997).
 |
Genealogía de
nuestro sistema de numeración
Necesitamos
un verdadero entendimiento generalizado de las formas
en que la matemática ha jugado y juega un papel en la
sociedad en que vivimos. Este trabajo trata de reivindicar
el contenido cultural de la matemática y la presentación
de ésta como la profunda historia y creación humana que
en realidad es. El profesor debería saber cómo se han
formado las ideas matemáticas para:
. Comprender
las dificultades que tuvo la humanidad para elaborarlas.
. Relacionar
unas ideas con otras, relaciones que muchas veces aparecen
oscurecidas o incomprensibles en su formulación actual.
. Utilizar
estos conocimientos como referencia en sus formas de enseñar.
El papel
de los maestros para lograr impregnar su didáctica de
la matemática de este contenido cultural, de la influencia
de la matemática en la formación de los valores más ricos
de la humanidad, de su profundo carácter histórico y evolutivo,
es fundamental. No quepan dudas de que si ese espíritu
caracteriza la enseñanza, su aprendizaje se facilitará.
[1]
Pierre Fermat vivió entre 1601 y
1665. En 1637 escribió en su copia de un libro de Diofanto
de Alejandría (s. III): "He descubierto una prueba verdaderamente
extraordinaria de este teorema, que no cabe en el pequeño
margen de este libro". Se trataba de la imposibilidad
de resolver con números enteros x, y, z diferentes de
cero, la igualdad x^n + y^n=z^n, para n>2. Una
prueba de este resultado fue dada hace pocos años, utilizando
complicadas herramientas matemáticas. Fermat fue también
abogado y magistrado en Toulouse, e hizo importantes
aportes en física (óptica) ygeometría.