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Correo del Maestro Núm. 57, febrero 2001

Los hongos en la historia de la humanidad

Verónica Bunge Vivier

Contenido
Los hongos como plagas
Los hongos como aliados del hombre

El propósito de este artículo es ofrecer anécdotas interesantes que sirvan de apoyo al curso de taxonomía del reino Fungi que se imparte en el curso de biología correspondiente al tercer grado de secundaria.

Existe una diversidad enorme de hongos; los podemos encontrar en el aire, en el agua, en la tierra e incluso en plantas y animales. Se calcula que existen alrededor de 85 mil especies, de las cuales, algunas son grandes, otras pequeñas y otras más son microscópicas. Sin embargo, su diversidad no se limita a su forma o hábitat, tam-bién abarca sus usos que, en algunos casos, difieren mucho según la cultura a que hagamos referencia. Por ejemplo, lo que para algunos pude ser una plaga para otros constituye un manjar. Si se le preguntara a un francés qué opina del Ustilago zeae, diría que es una plaga peligrosísima que ataca las plantaciones de maíz. Pero si se le preguntara a un mexicano sobre el mismo hongo, éste señalaría que el huitlacoche es delicioso en tacos, quesadillas e incluso en crepas (¡para que aprendan a apreciarlo los franceses!).

            Así, los hongos se consumen en los más deliciosos platillos, se emplean en un sinnúmero de rituales y se utilizan como medicamento. No obstante, también tienen su lado oscuro pues pueden conviertirse en plagas agrícolas o en causantes de alguna enfermedad.

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Los hongos como plagas

Estudios del contenido estomacal en momias humanas de hace 5000 años han mostrado la presencia de esporas de hongos que actualmente se conocen por ser plagas de cesreales. Esto nos hace pensar que ya en el Neolítico el hombre se enfrentaba a las plagas fúngicas de los cultivos.

            Las plagas agrícolas de origen fúngico han tenido un impacto geopolítico importantísimo en nuestra historia. El mismo hongo que se encontró en las momias recién mencionadas jugó un papel relevante en el destino del Imperio Otomano del siglo xviii; ésta es la historia.

            En la primavera de 1722 el tsar de Rusia Pedro el Grande decidió tomar los puertos del Mar Negro para poseer una salida en un mar exento de hielo. El sultán otomano que entonces controlaba el imperio no contaba con un ejército preparado para enfrentar a los rusos. Entonces, el ejército ruso se encaminó hacia el delta del Volga y en Astrakhan, sus hombres robaron harina de centeno para alimentarse y paja para los caballos. El centeno estaba contaminado por Claviceps purpurea, un hongo del grupo de los Ascomycetes que produce una toxina alucinógena capaz de matar en poco tiempo a cualquier animal que la ingiera. El hongo mató a 20 mil soldados y a cientos de caballos; ante esta baja, el tsar tuvo que retirarse y los rusos tardaron otros 50 años en conseguir, con Catalina la Grande, un puerto en el Mar Negro. En cuanto al Imperio Otomano, éste tuvo tiempo de fortalecerse para lograr subsistir 200 años más.

            Otro impacto importantísimo en el devenir histórico de un pueblo lo tuvo Phytophtora infestans, un hongo que provocó la muerte de miles de irlandeses y la emigración de muchos de ellos a Estados Unidos. En el siglo xix, Irlanda era una colonia inglesa y basaba su alimentación en el consumo de papa. Los cereales y otros víveres eran abastecidos exclusivamente por Inglaterra. En 1845, llegó, de Estados Unidos a Europa, Phytophtora infestans, un hongo del grupo de los Oomycetes que parasita los tubérculos y hojas de la planta de papa. Ese mismo año, el hongo alcanzó Irlanda provocando la pérdida del 40% de su producción de papa; por fortuna, los irlandeses contaban con un excedente que les permitió satisfacer el consumo interno. Pero al año siguiente, Phytophtora estaba instalado en la isla, las condiciones ambientales favorecieron su desarrollo y los campesios no cosecharon nada. Murió un millón de personas por inanición y por enfermedades y otro millón más se exilió a los Estados Unidos y a Londres. A raíz de este desastre, el partido conservador inglés perdió simpatizantes y comenzó a gobernar el partido liberal que promovió el mercado libre con el resto de Europa previniendo así, entre otras cosas, que vuelva a ocurrir un problema similar.

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Los hongos como aliados del hombre

Paradójicamente, mientras algunos hongos provocan graves pérdidas en las cosechas agrícolas, otros las salvan al actuar como controladores de plagas. Es el caso del famoso ‘estrangulador’, un hongo microscópico del grupo de los Deuteromycetes que se alimenta de diminutos gusanos llamados nemátodos. El estrangulador, conocido científicamente como Arthrobotrys dactyloides, presenta hifas o células alargadas que forman pequeños aros por los que puede pasar un nemátodo.

Cuando uno de estos roza la superficie interna del aro, las células se hinchan cerrando fuertemente la apertura y secretando enzimas que digieren al infortunado gusano.

            El caso de la penicilina también es un ejemplo positivo de la relación entre el hombre y los hongos. La penicilina es producida por Penicillium, otro Ascomycete, y jugó un papel importantísimo en la Segunda Guerra Mundial al evitar y controlar infecciones en las heridas de los soldados. También ha tenido un fuerte impacto en el control rápido y eficaz de infecciones en vías respiratorias y aparato digestivo, así como en la prevención de infecciones después de una intervención quirúrgica. Sin embargo, su uso indiscriminado ha causado la aparición de resistencia en un gran número de bacterias que antes se mostraban sensibles. Si en 1960 el 91% de las bacterias del género Staphilococci eran sensibles a la penicilina, en 1987 sólo el 13% de ellas lo eran, ¡ahora serán muchísimas menos!

            Estos son sólo algunos ejemplos de la importancia de los hongos en nuestra historia. La hacen y deshacen en el plan político, científico, tecnológico y cultural. Muchas páginas se necesitarían para comentar acerca de otros hongos como las exquisitas trufas o el temible pie de atleta. Pero con estos pocos ejemplos proporcionados se vuelve evidente nuestra vulnerabilidad y dependencia ante los demás organismos que habitan la Tierra. Sólo su estudio y comprensión nos permitirá controlarlos y conservarlos para el beneficio de todos los habitantes del planeta.

 

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