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Correo del Maestro Núm. 63, agosto 2001

La pelota más pesada

Concepción Ruiz-Funes
Juan Manuel Ruisánchez Serra

Ambition, Distraction, Uglification y Derision (ambición, distracción, afeamiento e irrisión) son los nombres que daba Lewis Carroll a las cuatro operaciones básicas de la aritmética: adición, sustracción, multiplicación y división. Ésta es aún la idea que conserva mucha gente, yo entre ellos, del cálculo aritmético de la edad escolar (exceptuando la ‘ambición’, que nunca pareció pertenecer a la lista y que quizá debiéramos sustituir por ‘adicción’). Las razones de esta aversión son, a mi entender, que el cálculo es aburrido, cansado y agobiante. Peor aún, a menudo pone color (o más bien lo quita) a la imagen que la gente tiene de la verdadera matemática. Imaginemos por un momento que el 90% de cada curso de lengua, desde la enseñanza primaria hasta la universidad, se dedicara a estudiar la gramática y a analizar frases. ¿Tendrían los licenciados alguna apreciación por la literatura? O consideremos un conservatorio en el que se dedicara el 90% de los esfuerzos a practicar escalas. ¿Se formaría en los estudiantes una apreciación y una comprensión de la música? La respuesta es no, desde luego, y, sin embargo, con una cierta licencia para la hipérbole, esto es lo que ocurre frecuentemente en nuestras clases de matemáticas. Las matemáticas se identifican con un recitado rutinario de hechos y una ciega aplicación de métodos. Décadas después, este modo robótico de comportarse vuelve siempre que se plantea un problema matemático. Casi todo el mundo siente que si no les dan la respuesta, o por lo menos una receta para encontrarla, nunca lo sabrán resolver. La idea de pensar sobre un problema o de discutirlo con alguien más les resulta completamente nueva. ¿Pensar sobre un problema de mates? ¿Discutirlo?...*

John Allen Paulos**

 

La actividad que presentamos en este número de Correo del Maestro está dirigida a estudiantes de 6° grado de primaria en adelante.

Es recomendable que se trabaje formando equipos y, dependiendo del nivel del grupo, se puede trabajar con balanzas y pelotas de verdad.

Actividad: La pelota más pesada

Se tienen 27 pelotas aparentemente iguales. Sin embargo, sabemos que una de ellas pesa más que las otras. Contamos con una balanza y podemos usarla únicamente tres veces. ¿Cómo podemos descubrir cuál es la pelota que pesa más?

Solución

Separamos las 27 pelotas en tres grupos de 9 cada uno. Ponemos dos de esos grupos en una balaza (uno en cada platillo). Si alguno de los dos tiene la pelota que pesa más, entonces la balanza se inclinará hacia ese lado; en cambio, si la pelota más pesada está en el grupo que dejamos fuera, entonces los platillos permanecerán en equilibrio. De cualquier manera, ya sabremos entre cuáles 9 pelotas está la que buscamos.

A ese grupo lo dividimos en tres, con 3 pelotas cada uno. Volvemos a elegir dos grupos para ponerlos en la balanza y, así, saber en cuál de ellos está la pelota que buscamos.  Al acabar con esta etapa, sólo nos quedarán 3 pelotas entre las cuales decidir cuál es la más pesada.

De las 3 pelotas que tenemos, tomamos 2 y las ponemos en los platillos de la balanza. Si alguna de ellas es la más pesada, la balanza se inclinará hacia ese lado. Si, en cambio, la que quedó fuera es la más pesada, los platillos permanecerán en equilibrio. De cualquier manera, al acabar con nuestras tres oportunidades de utilizar la balanza ya tendremos separada la pelota que estábamos buscando.

  * Paulos, John Allen. Más allá de los números. Tusquets editores. Barcelona, 1993. pp. 38.

** Jonh Allen Paulos es, además de un destacado matemático, uno de los más grandes críticos al sistema tradicional de enseñanza de la matemática. Ha publicado varios libros sobre la importancia de saber matemática.

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