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Correo del Maestro Núm. 63, agosto2001

Los libros del Rincón: su imagen y sus lectores en una Unidad de Medicina Familiar del IMSS

Amílcar Saavedra Rosas

¿Dónde está el carnet?

Tras una noche de calentura y dolor de cabeza, la mamá de Memo hurga infructuosamente en los lugares más seguros de la casa al mismo tiempo que pregunta con voz entrecortada, sin dirigirse a nadie en particular: “¿Han visto un cuadernito blanco con una aguilita..?”, suplica y suspira: “¡El carnet que me llevo al Seguro..!”

Acudir al servicio médico transita, casi irremediablemente, por un proceso de negociación personal no reconocido en el que la dualidad necesidad-negación están presentes. Se accede a un campo semántico que no quisiéramos evocar: el carnet, el expediente, la clínica, la hoja rosa, el consultorio, el médico, la enfermera, la sala de espera, etc. Dejar todo lo que se es, momentáneamente, para dar paso a ser paciente.2

Este lugar, la Unidad de Medicina Familiar (UMF), es transformado simbólicamente por la gente que lo habita. Basta escuchar y observar a hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños; obreros, amas de casa, estudiantes, jubilados y pensionados; médicos, enfermeras, asistentes de consultorio, etc., al usarla, nombrarla, reconocerla como posibilidad de restablecer la salud perdida, incluso, como una oportunidad de manifestación de afectos, temores y emociones en la consulta médica.

Los usuarios y la UMF

A la entrada, del lado izquierdo, regularmente se agrupan las personas de la tercera edad, principalmente hombres. Son parte de su atuendo sombreros, anteojos, bastones, andaderas y ropas de color oscuro; en el caso de las mujeres los mandiles y chales son prendas frecuentes; en ambos, un andar lerdo. Siguiendo el circuito propuesto por la arquitectura del edificio, en la misma primera planta, contrastan las mujeres jóvenes con vientres voluminosos y batas largas o niños en brazos y grandes bolsas; los colores de la vestimenta en éstas son en su gran mayoría claros. El movimiento rápido y zigzagueante del personal de la institución con sobres de color crema en mano, en los cuales números y letras aparecen sin la posibilidad de ser descifrados, contrastan con la ‘meditabundez’ de los usuarios.

En la planta alta se congrega el resto de los derechohabientes. Ahí se localizan nueve consultorios con siete asistentes identificadas por una bata color verde agua. A pesar de ser heterogénea la gente que acude a estas clínicas, creo que siempre hay más mujeres; los niños no son muchos pero se hacen presentes con sus gritos, su llanto, su andar persistente; se percibe un murmullo, que no cesa hasta el mediodía.

El tiempo de espera es asumido de diferentes formas por las personas que asisten a consulta: algunas mujeres adultas muestran una complacencia envidiable, otras tejen parsimoniosamente, alguna joven hojea una revista de moda; los hombres maduros, no sé si es una falsa percepción, se muestran más inquietos, menos dispuestos a la espera, algunos leen el periódico La Prensa o Esto, sin embargo, una gran mayoría no hace nada; en realidad sí, se observan unos a los otros con discreción y cierta solemnidad, hasta que la sala queda vacía.

La UMF-195 opera desde noviembre de 1994, se ubica en el municipio de Chalco, en el Estado de México. Su región de influencia corresponde a las colonias de la periferia de la ciudad de México, algunas colonias y poblaciones de los municipios de Valle de Chalco y Juchitepec, respectivamente; la población adscrita es de 44800 derechohabientes.

Los libros y los lectores

En este lugar nos hemos propuesto poner a disposición de los derechohabientes un acervo de los Libros del Rincón; en dicha acción converge el interés, por un lado, del imss, que tiene como propósito la mejora continua del servicio, para lo cual las Unidades de Medicina Familiar (UMF) promueven algunas acciones; por el otro, de la Unidad de Publicaciones Educativas (UPE-SEP), que desarrolla labores más allá de los muros de la escuela con el propósito de promover la lectura como una actividad placentera.  

En este caso se identifica una oportunidad de propiciar un encuentro entre los libros y los usuarios que acuden a la atención médica en la Unidad de Medicina Familiar. Éstos pueden tener una afección física o emocional que trastoca su vida y, por ende, tienen una visión particular de su entorno, lo cual frecuentemente se manifiesta con un carácter más demandante de atención. Se estima que ser más receptivo de las necesidades del derechohabiente contribuye a mejorar su estado de salud y con ello la calidad del servicio. Pero además, si esta actitud puede ser reforzada con una invitación dirigida a interactuar con un bien material (palpable) como puede ser un libro, el usuario encontrará con mayor facilidad los referentes del reconocimiento de sus necesidades, con lo cual se promueve una atención con calidez y calidad.3

El objetivo del presente trabajo es explorar cómo los derechohabientes de una Unidad de Medicina Familiar perciben la invitación a la lectura en los tiempos de espera para ingresar a consulta médica y si esta invitación es reconocida como un elemento que les brinda calidez y eleva la calidad del servicio que se les ofrece.

Estrategia

Desde hace varios meses la experiencia se lleva a cabo, con el apoyo de la asistente, en 13 consultorios. En cada uno de ellos se dispone de 16 libros de la colección Libros del Rincón (acervo), los cuales se ofrecen a los derechohabientes4 para que los lean durante el tiempo previo al ingreso a la consulta médica.

Asimismo, se han dispuesto hojas para recabar los comentarios de los usuarios sobre la invitación a la lectura; también hemos videograbado la sala de espera con y sin la disposición de los libros, con el propósito de registrar las actitudes y comportamientos de los participantes; en este caso sólo haremos referencia a los testimonios escritos.

Los libros y los lectores

En los comentarios de lo usuarios identificamos cuatro categorías que se ponen en juego para interpretar la invitación a la lectura. A éstas las nombraremos ‘imágenes’, entendiendo por imagen una construcción de un objeto que muestra una representación de él, reconociendo la representación como:

...un sistema de valores, de nociones y de prácticas que tienen una doble vertiente: primero, instalar un orden que dé a los individuos la posibilidad de orientarse en el orden social, material, y dominarlo. Seguidamente, asegurar la comunicación entre los miembros de una comunidad, proponiéndoles un código para sus intercambios y un código para nombrar y clasificar de manera unívoca las partes de su mundo, de su historia individual y colectiva...5

Ésta nos provee de indicios factibles de ordenar para comprender cómo los sujetos se acercan al objeto estudiado, para lo cual proponemos hablar de: ‘imagen de la acción’,  ‘imagen de los libros’, ‘imagen de la lectura’ e ‘imagen de sí mismo’.

Imagen de la acción

La disposición de libros y la invitación a la lectura, como acción, fue bien recibida. Se reconoce como una posibilidad de resignificar el tiempo, “aunque sea porque así se nos hace más corta la espera de la consulta...”6 Las razones son múltiples: “aprovechar el tiempo de espera”, “al proporcionar un libro se hace mas amena la espera y asi no se aburre uno”, “ni posibilidad cabe de desesperarse”; aquellas que van en este sentido fueron las más reiteradas.

En otros casos la valoración se asocia con la posibilidad de aprender: “una forma de poder aprovechar el tiempo aprendiendo de un libro”, “una medida bastante buena pues se distrae uno y a la vez se cultiva”.

La presencia de los libros se reconoce como una oportunidad de distracción para los niños: “que está muy bien que los pongan porque así los niños no se aburren, hasta uno mismo se distrae mientras estamos esperando pasar con el doctor, espero que siempre esten”, “...especialmente a mis niñas (de 4 y 10) se les hace el tiempo muy largo y mas de una ocasión me he tenido que ir sin pasar a consulta, especialmente cuando hay mucha gente”. También se reconoce como posibilidad de aprendizaje en términos escolarizados: “que es una buena idea porque nos entretiene y sobre todo aprenden los niños a leer y a cuidar los libros sobretodo practican su lectura en la espera de su consulta gracias por su idea”. La excusa para no atender la invitación también está presente: “les prometo traer mis lentes y venir más temprano”, que no es una negativa a leer.

Llama la atención la relación que establecieron algunos derechohabientes entre la lectura y los malestares de la enfermedad: “fue muy agradable, me hizo pasar un momento de alegria, risa y risa, hasta se me olvido el dolor”, “me parece una buena forma de distraer el dolor que trae uno...”; otro comentario en este sentido: “genial, se divierte uno leyendo, aprende y se olvida un poco de sus enfermedades... pues francamente nunca le había puesto atención a los trabalenguas... van por buen camino gracias por pedir mi opinión”. La relación terapéutica de la lectura con algunos padecimientos ya ha sido señalada:

Leer/escribir poesía reporta, entre otros beneficios, una reducción del stress, una elevación del ánimo y una disminución de la tristeza propia del duelo; mejora el sueño, reduce el dolor físico.7

Los trabalenguas proponen un diálogo al lector por medio del lenguaje rítmico, de metáforas surrealistas y de juegos de palabras, que lo ubican en otro lugar para interactuar con su entorno, lo cual se desdobla hacia la propia enfermedad.

Asimismo, la acción fue reconocida por algunos usuarios como de fomento a la lectura: “Es muy interesante que hayan libros para leer y asimismo fomentar la lectura...”, “es una muy buena alternativa para fomentar la lectura tanto en las personas adultas como en los niños”. Estos comentarios nos permiten reconocer: primero, que los lectores identifican nuevos espacios como posibles para un encuentro con los libros y la lectura; segundo, que las personas reconocen la acción como de fomento a la lectura, que es el próposito de ofrecer los libros a los derechohabientes.

La disposición de los libros fue entendida como una forma de atención que ofrece la institución a los derechohabientes; los testimonios al respecto son por demás reveladores: “así sabemos que les importamos y están pensando en mejorar”, “...qué bueno que se preocupen por sus pacientes”, “se acordaron de nosotros para distraernos en algo, muy bien”.

Imagen de los libros

La representación de los objetos sociales es reconstruida por los sujetos a través de un ejercicio cultural, entendiendo éste, en el sentido que lo plantea Canclinni, como la reproducción de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de la estructura material, a comprender, reproducir o transformar el sistema social.

En este caso el objeto libro es resignificado, mejor dicho multisignificado por los derechohabientes “porque más que entretener educan”, de tal forma que lo que se les ofrece a los usuarios no es “perder el tiempo” sino mucho más. ¿Qué tanto lo van mencionando ellos en cada comentario? Veamos.

Los libros son vistos polifacéticamente: “son educativos, muy sanos y se puede uno entretener..., el libro es maravilloso para el aprendizaje de uno mismo”; algunos de los usuarios se acercan a partir de alguna característica del libro: “...me pareció bueno porque todo rima y los dibujos son bien hechos”.

Para otros, los libros se circunscriben a su experiencia escolar y así lo mencionan: “me parecen buenos ya que nos hacen recordar tiempos de escuela”. Muy posiblemente estas personas no han encontrado otro escenario para la lectura en su vida, pues sólo tienen la referencia escolar. La extrañeza con el objeto fue manifiesta por un usuario: “no había tenido la oportunidad de leer este tipo de libros...”

Otros más hablan de lo que les aporta el libro: “nos ilustran y educan”; con un juego de palabras, en tercera persona, alguien menciona: “aprende cosas que uno no save”, “descubren cosas nuevas”. Estas propiedades del libro son las que lo hacen significativo para el lector, con estas visiones interactúan con él. En algunos de los casos podemos encontrar respuestas escuetas como “están bonitos”, que corresponde a una condición de respeto hacia el objeto. Muchos más, sin embargo, se sumergen en la experiencia de leer. Veamos.

Los libros, la lectura, abren otros mundos posibles “pues son muy imaginarios...” y se enlazan con la vida cotidiana de los sujetos: “me parese muy bien las ideas que bienen en los libros por que ase que tu imaginación biaje a otros lugares bienen historias muy siertas en la Vida Real”, a tal grado que “ese cuento (libro) es muy creativo para despertar la mente de todos”.

El proceso de interacción con el libro se hace desde los referentes de los lectores: “el niño dice que los dibujos que venian en el libro son su mama y papá, iguales de feo”.

Los testimonios respecto al contenido de los  libros nos dan cuenta de que los textos han resultado significativos para los lectores: “Córrele8 este libro aunque es pequeño tiene grandes cosas para analizar y actuar en contra de la violencia familiar...”, “Aura y sus amigos me gusto por su actuaciones como son sus disparates”; sobre el mismo libro otra persona comentó: “es un libro con mucha imaginación, puesto que hace hablar a los animales...”, “Rolín el ombligo habla de lo que diría a mi ombligo si pudiera hablarle”, “Amapolita es un libro de refranes que nos muestra lo rico en nuestras tradiciones en los diferentes estados de nuestro país”, “No me maravillaría yo que estuvo muy bonito los trabalenguas me aprendi Barios”. Las posibilidades de interacción son diversas, las emociones están presentes: “No me maravillaría yo me parecio divertido porque me tenia riendo”, la cultura escolar permea el discurso de los sujetos: “Yo entendi en mi lectura de comprensión que un hombrecillo encontro una esponja y la esprimio...”

La presencia de los libros en la UMF, como podemos observar en los comentarios de los usuarios, tiene un buen recibimiento en un ámbito distinto al que cotidianamente están adscritos, como podría ser la escuela o la biblioteca. Podemos afirmar que se identifican del lado de los derechohabientes, ya que existe un reconocimiento explícito al que difícilmente se puede anteponer una negativa.

Imagen de la lectura

Los usuarios señalan múltiples significados de la lectura. Sabido es que ésta se asocia con otras habilidades comunicativas como hablar, escuchar y escribir. Los comentarios de los usuarios revelan que participan de este reconocimiento. Así la lectura “...ayuda a desarrollar más rápido el lenguaje”, “es buena para penzar” y “tambien se aprende...” La lectura es reconocida como una posibilidad de movimiento del sujeto: “muy bueno porque agilizo la memoria de mi hijo y la mia”. Una noción de estatus se reconoce en el lector: “ojala que a todos nos gustara leer... para ser mejores”.

Imagen de sí mismo

El acto de la lectura se realiza cuando la mirada del sujeto recorre el texto (con grafías y/o iconos) y logra descubrir y reconstruir el sentido de lo escrito con lo que suscita un encuentro cultural que lo transforma en lector. Buscamos identificar cómo se representa a sí mismo el usuario-lector y cómo ve a los otros usuarios-lectores en el proceso de interacción que se le ha propuesto a través de la disposición de libros en la sala de espera.

La simple presencia de los libros provoca una reflexión: “ya es muy dificil que se lea un libro interesante... no es dificil si no que al ser humano nos pesa cargar hasta un libro...”.

Los imagen de los otros usuarios-lectores está presente, pesa sobre los otros la sospecha: “si pudieramos tener control de alguna forma en los libros ya que en nuestro medio hay de todo y sería triste que desaparecieran en el bolsillo de algún paciente”. Esa persona no está equivocada; éste es uno de los problemas que enfrenta el proyecto, pero reconocemos que en la pérdida del libro está el interés que ha despertado en los usuarios. Hay que trabajar, en todo caso, para generar una cultura social de apropiación sustentada en la lectura: un libro es mío en la medida que lo puedo leer.

Las dificultades para acceder a la lectura no pueden quedar de lado; algunos usuarios comentan:  “bueno algunas palabras son muy dificiles de entender a los niños sobre todo... leer es interesante”; vemos cómo se juega  con la dualidad difícil-interesante: “muy interesante y algo complicado”. Algunos más expresan su relación lacónicamente: “Es muy bonito leer los libros”. Queda la duda si la forma expresiva guarda una condición de satisfacción o de alejamiento.

A manera de diagnóstico

El diagnóstico (para emplear una noción médica), nos da resultados positivos, debido a que los derechohabientes perciben la presencia de los libros y la invitación a la lectura  como una mejora del servicio que ofrece la institución. Debemos mencionar que no se ha registrado ningún comentario en contra; sin embargo, no podemos dejar de señalar que se temió que hubiera una abierta negativa o que se contrapusiera alguna exigencia respecto al resto de los servicios de la UMF.

Ahora entendemos que esto no es así debido a la alta valoración social que existe del libro, la lectura y los lectores. Más aún, el acervo de los Libros del Rincón satisfizo las expectativas de los usuarios por su calidad gráfica, textura de papel, formato; es decir, como objeto, corresponde a una invitación digna.

El contenido de los libros ha resultado de interés para los derechohabientes, asimismo, el tiempo de estancia en la sala de espera se ha resignificado creativamente, esto en relación con lo que proporciona la lectura; en los propios términos de los derechohabientes: imaginación, aprendizaje, enseñanza, nuevos conocimientos, etc., atributos que difícilmente pueden ser asociados con otro objeto cultural.

La experiencia nos permite señalar que la presencia de libros en la sala de espera de la UMF se percibe como una mejora en la calidad y calidez del servicio que se ofrece. Asimismo, la promoción de la lectura en términos cuantitativos es significativa, ya que cada consultorio recibe diariamente 32 usuarios por turno, por lo que estamos ante 416 lectores potenciales cada día, y al comparar dicha cantidad con el número de usuarios de la biblioteca más cercana nos damos cuenta del impacto de esta acción en la región.

No quiero cerrar estos comentarios sin mencionar que la experiencia tiene algunos problemas tales como la pérdida de libros. El principal ha sido que al ser las auxiliares de consultorio las responsables de hacer el préstamo, ellas no tienen plenamente claro lo que representa dicha actividad sobre su responsabilidad principal, que es recibir el carnet, buscar el expediente del derechohabiente y dar seguimiento a la entrada del consultorio, en la que la invitación a leer no encuentra fácil acomodo. Sin embargo, algunas vislumbraron posibilidades y motivos para integrarla a su actividad cotidiana, al grado que una de ellas señaló: “agarrándole el modo los pacientes están más contentos y no con caras largas...” Dicha situación tiene solución por la vía institucional, pero sobre todo promoviendo la lectura entre las mismas auxiliares.

Por otra parte, también quiero señalar que un espacio no explorado es incluir la propuesta en la propia consulta médica. Se sabe de experiencias en que la lectura apoya las condiciones de diálogo y entendimiento entre paciente y médico. Respecto al segundo se ha observado que los residentes que dedicaban 20 minutos diarios a leer poesía antes de pasar a sala tenían mejor interrelación con los miembros del equipo y mostraban sensibilización humanística.9

Conociendo algunos atributos de la lectura es posible señalar que puede enriquecer la forma en que el paciente explica su estado al médico durante la consulta, recrea y detalla los malestares que le aquejan. Recordemos la dificultad para caracterizar las tonalidades de un dolor o sensación, que son los indicios que el médico emplea en la consulta para establecer un diagnóstico inicial, correspondiente a la atención del primer nivel que proporciona el médico general.

Para concluir, no es aventurado señalar que las salas de espera de las Unidades de Medicina Familiar del imss se pueden convertir en un lugar para la lectura placentera, un espacio de encuentro de los libros con las personas que ahora tienen negada la posibilidad de recrear su vida a través de la lectura y que difícilmente podrán acceder a ésta en otro lugar y tiempo.

Los libros y la lectura son un prodigioso bálsamo que muchos derechohabientes aún no han probado y los pocos que ya lo han hecho lo asocian con la calidad y la calidez del servicio que se les puede ofrecer. Un usuario lo señala de manera elocuente: “Es maravilloso que pongan esta clase de libros”.

Citas:

1 La presente experiencia se desarrolló en la Unidad de Medicina Familiar 195 del Instituto Mexicano del Seguro Social, en Chalco, Estado de México, gracias al apoyo del director, doctor Jaime Olalde Álvarez, y de la jefa de enfermeras, Rosario Arévalo Nolasco.

2 La institución identifica a los usuarios del servicio médico como derechohabientes.

3 Saavedra, Amílcar. De una sala de espera a un espacio de lectura en el servicio médico familiar, propuesta de trabajo.

4 Cada consultorio puede atender hasta 32 derechohabientes por turno.

5 S. Moscovisi, citado en Problemas Metodológicos, p. 44.

6 Los testimonios de los derechohabientes aparecen entre comillas, no se citan los nombres de los autores ya que en muy pocas ocasiones fueron proporcionados por ellos. En sus textos se respetó la ortografía original.

7 Philipp R., Robertson Y. Poetry helps healing. Lancet 1995 p. 347.

8 Las cursivas son mías, para identificar el título del libro.

9. H. W. Horowiotz, Poetry on rounds: a model for the integration of humanities into residency training. Lancet, 1996; 346:447-449.

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