Apartir del enamoramiento que produjo en
todo el equipo de Fomento Editorial de la Universidad Pedagógica,
el calendario Un año en el Museo en su versión francesa,
mismo que despertó su creatividad siempre preocupada por
el mejoramiento de la educación, es que surgió la idea de
hacer un calendario, dirigido a los profesores de primaria,
que presentara obras de pintores mexicanos.
Durante el proceso de selección de los cuadros
se fueron delineando los criterios sobre el orden de presentación,
si por temas, si cronológico, qué periodo abarcaría, qué
organización temporal se le daría, por día, semana, cómo
se llamaría, qué decir de cada cuadro, qué preguntas hacer,
etcétera.
Cómo capturaban nuestra atención las pinturas, la capacidad
de sorpresa, casi infantil, que descubríamos en los rostros
de las personas que participaron en el proyecto, ante la
belleza, los colores, el contenido del cuadro, hizo muy
instructivo, divertido y disfrutable el trabajo, y además
nos permitía confiar en que poner en contacto con los maestros
a 53 pintores mexicanos que reflejan la historia y la construcción
de nuestra identidad nacional, cumpliría el objetivo de
poner en sus manos un material muy rico que contribuiría
en su tarea de formar en una disciplina estética de manera
placentera, lúdica, de propiciar su interés por conocer
otras obras de los pintores presentados, de motivar la visita
a los museos y ver los cuadros originales, y en fin, a partir
de esta experiencia, de estimular la creación de espacios,
de posibilidades, de proyectos, de actividades.
De esta manera es que nació, con el gran tino de nuestra
diseñadora Margarita Morales, Viéndola bien, organizado
por semanas, cada una de ellas con un cuadro distinto, en
total 52 pinturas, que van de los siglos XVII al XX, presentadas
cronológicamente. ¿Por qué nos parecía tan buena idea? Porque
el arte refleja los cambios que sufre un país, su sociedad,
a través de los temas e intereses que narra. Así, el calendario
abre con pin-uras del siglo XVII que representan santos
como San Agustín, San Cristóbal, San Francisco Javier; ángeles
como el Arcángel Sealtiel, que es de hecho la primera pintura;
vírgenes como el cuadro Tota Pulchra; personajes bíblicos,
María Magdalena, San José y la Vírgen como mediadores; acontecimientos
histórico-religiosos como La aparición de la Virgen de Ocotlán
a Juan Diego, La profanación de la Santa Cruz de Huatulco;
que en su gran mayoría son pinturas obscuras. La pintura
va abriendo sus temas, para hablarnos de héroes como el
Retrato de Moctezuma, de personajes como Hernán Cortés;
donde también vemos que la atención deja de concentrarse
en temas religiosos y se dirige a retratos de virreyes y
miembros de la aristocracia, es decir de una sociedad centrada
en lo religioso con una idea de poder difuso, pasa a los
reyes, dueños del país y de las personas, con un poder otorgado
directamente vía gracia divina. Esto se encuentra representado
por los retratos de Bernardo de Gálvez, Virrey de la Nueva
España, José María de Ovando, la Condesa de San Matheo de
Valparaíso y otros. En la medida en que van cambiando las
condiciones, la atención se dirige a lo social, con el Siglo
de las Luces vienen los conceptos de ciudadano e individuo.
Es entonces cuando se comienzan a pintar imágenes de lo
cotidiano, estamos en el siglo XVII acercándose al XIX:
y ahora los cuadros hablan de las castas, de escenas populares
como El jarabe, Demostración de la danza de los indios,
Puesto de mercado, Casco de Hacienda, paisajes, etc., donde
también encontramos ideas de igualdad y soberanía del pueblo
y su importancia en la sociedad. En este momento nos narran
también un universo de temas, que otorgan a la pintura un
importante lugar como fuente de información, describen clases
sociales, cómo era la ciudad.
Temas y autores expresan las cuestiones sociales. Después
se presenta a pintores cercanos al pueblo, como Arrieta,
a otros que idealizan situaciones como Entrevista amorosa
o El papelerito, con una visión romántica de la pobreza.
A fines del siglo XIX se manifiesta la corriente nacionalista,
con preocupaciones sociales, de denuncia. Asimismo, encontramos
cuadros más luminosos que los del pasado, el papel de las
personas se diluye y queda abierta la posibilidad para otros
temas que auguran también la modernidad en nuestro país,
surge propiamente una pintura mexicana, que resume todas
las influencias, todos los elementos: es la escuela mexicana
de pintura que reclama su herencia.
Regresando al punto del acercamiento del maestro con 53
autores, con este trabajo le confirmamos que no sólo los
grandes maestros muralistas, como Rivera, Siqueiros y Orozco,
son la pintura mexicana, y con este objeto se seleccionaron
a los más representativos de cada época. Por supuesto, limitados
por la extensión del calendario, dejamos a muchos otros
pintores fuera, pero esperamos que los nombres de Juan Correa,
Cristóbal de Villalpando, Luis Lagarto, Juan Rodríguez Carnero,
José de Alzíbar, Francisco Eduardo Tresguerras, Miguel Cabrera,
Miguel Jerónimo Zendejas, Pelegrin Clavé, Félix Parra, José
María Ibarrarán y Ponce, Manuel Serrano, Atanasio Vargas,
Germán Gedovius, Roberto Montenegro y María Izquierdo, además
de volverse familiares e invitarle a conocer el resto de
su obra, abran la puerta a los pintores no incluidos, que
también tienen mucho que contar.
Para terminar de describir el calendario les diré que
cada semana presenta un cuadro distinto, tiene doble vista
y, como su hermano francés, incluye una pregunta y respuesta
que guía la observación del espectador, lo que también le
da un carácter de juego. Por otro lado conforme avanzábamos
en el trabajo, la experiencia nos dejaba ver que éste era
un primer ejercicio de difusión cultural que abría también
infinitas posibilidades hacia nuevos proyectos, que podrían
contemplar desde rescate de tradiciones hasta acercamiento
a diferentes expresiones culturales Ésta es una forma
de llevar educación estética al aula muy necesaria e importante,
porque la educación estética brinda otras posibilidades
de comunicación por medio del manejo y entendimiento de
otros lenguajes, favorece el pensamiento abstracto, da la
posibilidad de descubrir maneras de representar, recrear,
leer, interpretar la realidad, promueve el desarrollo de
habilidades que benefician directamente la capacidad de
aprendizaje sobre los contenidos académicos porque incide
en el desarrollo del individuo en sus áreas afectiva, cognitiva
y psicosocial.
Este calendario y sus hermanos francés y mexicano,
son también la afirmación de que no necesariamente se debe
ir a escuelas especializadas para aprender a admirar una
pintura sino que se puede hacer de manera informal en el
aula. Con esta experiencia se están creando maneras de acercar
a las artes y, a través de ellas, a los acontecimientos
históricos, a ser testigos y partícipes de la evolución
de la sociedad, de cómo era nuestro país, para entender
porqué y cómo somos, para apreciar a los grandes artistas
que ha producido México, para admirar nuestra cultura. Es
pues también una invitación a los maestros, a los alumnos
y a todo aquel al que llegue a que se dejen inspirar, estimular
tanto como nosotros.
* Las imágenes a color que se encuentran
en las páginas 3,4, 57 y 58 son tan solo una muestra de
Viéndola bien. Calendario 2001. Universidad Pedagógica
Nacional, México