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Correo del Maestro Núm. 53, octubre 2000

Clavijero: exaltación y defensa de América

Blanca E. Sanz Martín

 

Introducción

Francisco Javier Clavijero nació en 1731 y murió desterrado en Bolonia en 1787; las obligaciones de su padre, quien era funcionario, lo llevaron a Oaxaca donde inició su trato con los indios mixtecos; estudió en Puebla con los jesuitas, e ingresó ahí en la Compañía de Jesús en 1748. Gracias a su biógrafo Maneiro, sabemos que sus autores favoritos incluían a Quevedo, Cervantes, Sor Juana y a Feijóo. Desde los años juveniles tuvo vocación por las lenguas (náhuatl, entre otras lenguas indígenas, griego, hebreo, francés, portugués, algo de inglés y alemán). Fue dis-

cípulo importante del jesuita José Rafael Campo, quien lo introdujo a los documentos de Sigüen-

za y Góngora que estaban en el Colegio de San Pedro y San Pablo -donde aprendió a descifrar códices- y a algunos de los filósofos moder-

nos: Descartes, Leibnitz, Franklin, de quienes Clavijero extrajo lo que creía justo. Estudió toda su vida ciencias físicas, naturales y mate-

máticas.

En la sorda lucha académica entre los propios jesuitas mexicanos, que sólo acabó con el destierro común, Clavijero tomó el partido de los reformadores, y en ese sentido puede afirmarse que casi fue un autodidacta, pues los conocimientos que le importaban, así como los métodos y las fuentes, no eran los tradicionales. Desde muy joven tuvo problemas académicos con sus superiores, no a causa de su ortodoxia -su perfecto catolicismo está fuera de duda- sino de su buen juicio, que le hacía concluir que la escolástica había degenerado. Siendo prefecto de estudios en el seminario de San Ildefonso, se dirigió al provincial para solicitarle permiso de introducir reformas metodológicas, didácticas. Éste, instruido en Italia, rechazó su propuesta.

La obra que le daría fama universal a Clavi-

jero fue Historia antigua de México; la compuso en español y él mismo la tradujo al italiano. Storia Antica del Messico apareció en Cedena, en 1780 - 1782, y es esta versión la que se dio a co-

nocer en todo el mundo; fue posible leerla en español sólo por medio de una traducción hecha por José Joaquín Mora (Londres, 1826), hasta que el padre Mariano Cuevas encontró el original y lo hizo publicar en México en 1945.

Las "Disertaciones" -integradas a Historia antigua de México- son la parte más polémica, y en ella se discuten los puntos más debatidos: el origen de la población de América, las particularidades geográficas de México, las instituciones culturales y religiosas de los mexicanos, los aspectos físicos y morales de su raza (en este texto refuta que la sífilis provenga de América), la cronología mexica y su correspon-dencia con la cristiana; el clima, la calidad de la tierra, los animales; la lengua y las leyes de los mexicanos; las carencias de la cultura azteca en relación con la europea: grandes barcos, hierro, pólvora, moneda acuñada, alfabeto, escasez de elementos arquitectónicos como los puentes. Además, organiza en él un diccionario o catálogo de autores europeos y cristianos que han escrito doctrina moral cristiana en lenguas indígenas.

La Historia antigua es una exposición y sistematización. Da noticia de todos los historiadores y fuentes en que se basa, y se ocupa especialmente del pueblo mexica: historia natural, pueblos precursores o pre-decesores de los mexicas, peregrinación desde Aztlán hasta la fundación de México y la división entre tenochcas y tlatelolcas; los reyes aztecas, los sucesos de sus aliados de Tlacopan y Texcoco; la figura y la época de Moctezuma Xocoyotzin; la religión, la educación, las leyes, las instituciones, la economía, el ejército, las guerras, la diplomacia y las comunicaciones; la agricultura, la ganadería, el comercio; la literatura, la música, los entretenimientos y deportes, la escultura y la pintura, la arquitectura, los oficios, la herbolaria, medicina, y finalmente, el calendario, antes de la llegada de los españoles. Concluye con la descendencia de Moctezuma.

Póstumamente apareció, también en italiano (no se ha encontrado el texto original en castellano) su Historia de la Antigua Baja California (1789) que se tradujo al español en 1852. Se divide en cuatro libros. El primero describe la naturaleza californiana y los estilos de vida de sus antiguos pobladores; el segundo habla de las tentativas de Cortés de descubrir California, de la entrada de los jesuitas y las misiones hasta la muerte del Padre Kino en 1711. El libro tercero habla de otras misiones. El libro cuarto incluye el elogio de algunos hombres beneméritos de California y el estado de aquella cristiandad en vísperas de la expulsión de los jesuitas.

Exaltación y defensa de América

Clavijero, como hombre del siglo xviii, ha des-pertado su conciencia de habitante de la Nueva España y como americano al mismo tiempo.

El jesuita da argumentos en los que propone la igualdad humana. Parte de la idea de que la igualdad no tiene nada que ver con la estructura física de un ser humano, sino que es una creación de nuestro espíritu, un valor. Explica que la situación de Europa es distinta por la diferencia de sus condiciones físicas. Lo anterior lo hace a partir de un argumento en contra de las propuestas de Pauw de quien presentó primero  un resumen de su tesis:

Pauw quiere persuadir al mundo de que en América la naturaleza ha degenerado enteramente en los elementos, en las plantas, los animales y los hombres. [...] Todos los propios de América son más pequeños, más deformes y más débiles, más cobardes y más estúpidos que los del Antiguo Mundo, y los que se trasladaron a ella de otra parte, inmediatamente degeneraron, así como todas las plantas de Europa trasplantadas a América.

Los hombres [...] son brutos y débiles y están sujetos a muchas enfermedades extravagantes, causada por el clima insalubre. Pero aún siendo así sus cuerpos, todavía son más imperfectas sus almas. Carecen de memoria [...] no saben reflexionar ni ordenar sus ideas [...] Sus vicios morales corresponden a esos defectos físicos. La embriaguez, la mentira y la sodomía eran comunes [...] Vivían sin leyes. Las pocas artes que conocían eran muy groseras. La agricultura estaba entre ellos enteramente abandonada [...] En todo el Nuevo Mundo no había más que dos ciudades:  Cuzco [...] y México [...]y estas dos no eran más que dos miserables aldeas.#

Clavijero ataca estos argumentos sobre la de-generación de América:

[...] ha recogido todas las inmundicias, esto es, los errores de todos los demás. Si parecen un poco fuertes mis expresiones, es porque no hay que usar dulzura con un hombre que injuria a todo el Nuevo Mundo y a las personas más respetables del Antiguo.#

Además, Clavijero demuestra que los indios son exactamente iguales a los blancos en cuanto a inteligencia, y hasta superan con mucho a pensadores europeos de su tiempo; y no deja de anotar las humillaciones, la servidumbre, la opresión, el desprecio, los maltratos, las inco-

modidades, la miseria, a las que han sido redu-

cidos los indígenas.

José Joaquín Blanco hace notar los mecanis-

mos 'ilustrados' de justificación europeos para someter a América y la postura  que mantiene Clavijero ante estas ideas:

La historia natural ocupa un papel tan im-

portante como la humana, pues si alguna vez se justificó el rapto de un continente con razo-

nes teológicas, ahora se inventaban justifica-

ciones ilustradas, a partir de Bufón; un territo-

rio infantil, apenas surgido de las aguas y toda-

vía con un trópico más acuático que terrestre. Clavijero insiste en la uniformidad del género humano y en el rango ponderado de la natura-

leza: si en América no había caballos, tampoco en Europa proliferaban los elefantes asiáticos o africanos; si acá no había trigo, allí no había maíz [...] Clavijero también, con su propia obra, refuta la falsa historiografía [...] con que oficialmente los españoles y novohispanos ex-

plicaban y justificaban  la conquista, el dominio sobre casi todo el continente y sus políticas, a través de fábulas milagrerías [...] y de encomios heroicos como de novelas de caballerías. Frente a los libros de historia americana publicados hasta entonces en España, se justifican la incredulidad y sarcasmos de los ilustrados extranjeros, que empiezan a preguntárselo todo y a responder especulativamente, pues no había datos empíricos [...] Clavijero se indigna con razón de que los ilustrados no-españoles escriban  sobre lo que no conocen.#

En la Historia antigua de México, Clavijero hace una descripción de las leyes, las costum-

bres, la política, la economía, las ciencias y las artes de los mexicanos para mostrarnos una nación que había alcanzado un grado alto de civilización. Mas fue en las largas páginas que destinó a estudiar la religión de los mexicanos en las cuales mostró que su culto, sus mitos y sus dioses ponían de manifiesto el avanzado estado de esa civilización. En este aspecto fundamental de su obra Clavijero tuvo una visión antropológica más moderna de las culturas pretéritas que sus contemporáneos españoles para quienes los mitos religiosos de los pueblos que habían conquistado sólo eran indicio de una mentalidad primitiva y atrasada si no es que demoníaca. En cambio, para nues-

tro jesuita -como para Vico- la mitología de un pueblo, aunque fuese condenable por sus abominaciones idólatras, era una fuente inva-

luable para conocer las etapas que había reco-

rrido hacia la verdad divina universal.#

Clavijero no se detiene y describe con toda crudeza los rituales religiosos de los mexica-

nos; señala, asimismo, que ya poseían una idea de Dios Supremo que, aunque imperfecta, los había acercado poco a poco a la verdad. Este logro de su cultura los hacía iguales e incluso superiores a los antiguos pueblos del Viejo Continente quienes también habían tenido ceremonias religiosas tan inhumanas como las de los mexicanos, pero cuyos dioses en cambio se caracterizaban por ese cúmulo de "asom-

brosas perversidades" que no existían entre las divinidades mexicanas, las cuales "honraban las virtudes, no los vicios". Su conclusión resulta sorprendente:

Si se compara [...] la religión de los mexicanos con la de los griegos y romanos, se hallará que ésta es más supersticiosa y ridícula; aquélla más bárbara y sanguinaria. Aquellas célebres naciones de la antigua Europa multiplicaban excesiva-

mente sus dioses a causa de la desventajosa idea que tenían de su poder; reducían a estrechos lí-mites su imperio; les atribuían los crímenes más atroces y solemnizaban su culto con execrables impurezas que con justa razón censuraron los padres del cristianismo.#

Vemos así que Clavijero compara las reli-

giones antiguas y sus ritos con la de los me-

xicanos, lo cual no es nada nuevo, ya que Las Casas y Sahagún lo habían hecho; Clavijero es heredero de Las Casas y de Sahagún en la de-

fensa de América contra la cultura extermi-

nadora de Europa. Si antes el pretexto de la conquista y la explotación había sido el Evan-

gelio, ahora lo eran las 'luces'; si los pecados americanos del siglo xvi eran la idolatría y la antropofagia, ahora lo eran el 'oscurantismo español' y 'el salvajismo indígena'. El buen salvaje sólo significaba un animal infantil que había que usar de bestia de carga. #

Para Clavijero todos los hombres son iguales, y únicamente la educación y la injusticia los separan; la cultura indígena era grandiosa y superior a las mediterráneas en sus primeras épocas: una civilización diferente por sus rasgos naturales y humanos propios, no por la in-

vención demoníaca; pero no son inferiores a los europeos; la religión antigua de los indios no fue enteramente diabólica aunque sí idolátrica, el clima, la naturaleza, los animales, los minerales, el paisaje indiano son diferentes (en cuanto a que no se distinguen en México las cuatro estaciones, por ejemplo).

Además, el jesuita vuelve sus ojos hacia su patria y se entrega a la tarea de investigarla científicamente. No necesita muchos esfuerzos para descubrir que su patria es rica en recursos naturales y que se distingue por su belleza, que nada tiene que envidiar al Viejo Mundo.

Por otra parte, Clavijero toma conciencia na-

cional reviviendo el pasado prehispánico, y rehabilitando la personalidad de la población indígena y mestiza de las infames calumnias dirigidas en contra de ella. Incluso, como un factor básico de nacionalismo mexicano, se puede observar en el historiador una negación de España la cual se nota claramente en el aspecto de la religión. Clavijero se remonta a los escritos de Sigüenza y sus afirmaciones de que Quetzalcoatl era el apóstol Santo Tomás "quien predicó el evangelio en esos países". Sobre el particular dice Clavijero:

Muchos escritores de las cosas de México han creído que algunos siglos antes de la llegada de los españoles había sido predicado el Evangelio en América. Fúndase en los códices hallados en diversos sitios y tiempos antes de la llegada de los conquistadores [...],

y termina en forma prudente, sin afirmar, pero tampoco negar estas opiniones:

Yo no he sido nunca de semejante opinión, pero el examen de este punto exige una obra muy distinta de la presente.

#          Además de negar lo español, Clavijero ataca las ideas ilustradas europeas pues, como sabe-

mos, el 'siglo de las luces' fue profundamente racista, europeocentrista y antihumanista. Cla-

vijero lucha contra una ilustración que es el pretexto para sojuzgar a América. Demuestra la ignorancia y el oscurantismo en muchos aspec-

tos de la ilustración europea. Y en sus diserta-

ciones escribe:

[...] escritores modernos, que desprovistos de conocimientos sólidos, se han puesto a escribir sobre la tierra, los animales y los hombres de América. ¿Cuántos, al leer, por ejemplo, las investigaciones de Mr. Pauw, no se llenarán la cabeza de ideas disparatadas y contrarias a lo que yo digo en mi Historia? Aquel escritor es un filósofo a la moda; hombre erudito en ciertas materias en que más le conviene ser ignorante, o callar a lo menos, realza sus discusiones con bufonadas y maledicencia, ridiculizando todo y mordiendo a cuantos se le presentan, sin ningún respeto a la inocencia y a la verdad; deciden francamente, y en tono magistral [...]#

En la época de Clavijero, la ciencia y sus métodos eran como postulados universales.

Pero es justamente este presupuesto univer-

sal el que resulta desequilibrado en su dominio ante la adversidad o las semejanzas que acentúan más las diferencias entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Lo universal, propuesto como tal desde el localismo europeo, tropieza con lo local ame-

ricano que resulta irreductible. En este punto se gesta la batalla. Ése es el fondo de la reacción de Clavijero: los modernos ilustrados y en-

ciclopedistas europeos han erigido sus postu-

lados teóricos como arquetipos a los cuales incluso la realidad americana se debe ajustar. Si la realidad del Nuevo Mundo no se emparejaba a tales postulados, peor para tal realidad.#

En Clavijero que-

da asentada la in-comprensión euro-

pea y, ante su mi-

rada parcial, mues-

tra que lo indígena y lo americano tienen una racionalidad pro-pia. Es decir, pre-

senta a lo indígena como diferente a lo europeo.

A esto hay que añadir que Clavijero descubre, o mejor dicho, redescubre su pasado. Gracias a su desarrollado cono-

cimiento histórico tie-

ne una honda preo-cupación por conser-

var las manifestaciones del pasado como un elemento importante del presente. Hay que conocer y entender este pasado y no permitir su olvido.

Quiero ahora, quejarme amigablemente con los individuos de ese cuerpo, del descuido de nuestros antepasados con respecto a la historia de nuestra patria. Cierto es que hubo hombres dignísimos que se fatigaron en ilustrar la anti-

güedad mexicana y nos dejaron de ella preciosos escritos. También es cierto que hubo en esa Universidad un profesor de las antigüedades encargado de explicar los caracteres y figuras de las pinturas mexicanas por ser tan importante para decidir en los tribunales los pleitos sobre la propiedad de las tierras y sobre la nobleza de algunas familias indias; mas de esto nacen mis quejas. ¿Por qué no se ha conservado aquella cátedra?[...] Yo espero que [...]tratareís de preservar los restos de la antigüedad de nuestra patria, [...]#

Un tema que se repite constantemente es el elogio de los indios. Por las acusaciones de Pauw, hubo necesidad de destacar el esplendor de los indios antes de la Conquista, para afirmar el pleno valor de los de la época. Si se pudiera comprobar un pasado tan glorioso, se llegaría a refutar las calumnias contra los indios en el presente. Clavijero presenta descripciones llenas de entusiasmo de los antiguos indios, su carácter, su educación y su amor a las bellas artes.

¡El estado de cultura en que los españoles hallaron a los mexicanos excede en gran manera al de los mismos españoles cuando fueron conocidos por los griegos, los romanos, los ger-manos y los bretones!

Es notable el uso del atributo 'mexicano', al referirse a las naciones prehispánicas. Refleja en el autor el sentido de identificación de sí mismo con aquellos pueblos. Abundan referencias a la perfección y belleza del 'idioma mexicano'. Destaca su riqueza, su flexibilidad y facilidad "porque dependía de reglas fijas y fáciles, en términos que no creo que exista uno que lo exceda en método y regularidad." Todo este elogio del lenguaje servía para refutar la irracionalidad del indio, especialmente demostrando que su lengua tiene expresiones abstractas.

Lo que el jesuita no podía tolerar ni justificar eran los sacrificios humanos. No obstante, no llega a repudiarlos incondicionalmente sino  que intenta entenderlos y explicarlos mediante la comparación con otros pueblos antiguos.

Para concluir, podemos afirmar que en Francisco Javier Clavijero encontramos que el pasado quedó sólidamente afirmado dentro de una conciencia de mexicanidad y una afirmación del presente por medio del pasado. Las polémicas en las que se levanta contra las calumnias europeas acerca de la inferioridad del Nuevo Continente y de sus habitantes contribuyeron al despertar de la conciencia del historiador como americano, que coincide con la germinación de la conciencia de mexicano.

Bibliografía directa

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Méndez Plancarte, Manuel. Humanistas del siglo XVII. México, unam, "Biblioteca del Estudiante Universitario, 24". 1979.

Bibliografía indirecta

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Gallardo Cabrera, Salvador.  "La disputa por la defensa: acerca de Clavijero, Buffon y la historia natural" en Cuadernos americanos, vol. I, 1997.

Iibarguengoitia, Antonio. Filosofía mexicana en sus hombres y en sus textos. 2da. México, Ed. Porrúa, "Sepan Cuántos..., 78", 1972.

Maneiro, Juan Luis. "Prólogo biográfico" a Introducción de la filosofía moderna en Valladolid de Michoacán, hoy Morelia, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1995.

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Miranda, José, "Clavijero en la Ilustración mexicana" en Cuadernos Americanos, vol. XXVII, fce, México, 1946.

Blanco, J.J., Esplendores y miserias de los criollos. Literatura en la Nueva España/2.

Trabuse Clavijero, Elías. "Historiador de la ilustración mexicana" en Francisco Javier Clavijero en la Ilustración mexicana.

Gallardo Cabrera, Salvador. "La disputa por la diferenciación acerca de Clavijero, Buffon y la historia natural" en Cuadernos americanos.

Pie de Foto: Portada de la edición italiana del libro de Clavijero Historia antigua de México.

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