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Correo del Maestro Núm. 54,noviembre 2000

¿Aguila o sol?

María Concepción Hernández Torres, Marbella del Carmen Pastor García,Flor de Liz Pérez Morales, Lilia Razo Díaz y Aura Leticia Sosa Soberano

 

 

Contenido
Lo mexicano.
La mexicanización.
Los mexicanos.

Un acercamiento a nuestra identidad

La nación mexicana, como cualquier otra, está llena de símbolos, alegorías que sin profundizar en ello evocan cantidades infinitas de significados. Transitan en estas alegorías signos, discursos, lenguajes propios de una identidad colectiva que se fue haciendo transhistórica hasta conformar nuestros mitos actuales. Gilberto Giménez dice que: La nación es una comunidad imaginaria construida simbólicamente según el modelo de familia, de la etnia y de comunidad religiosa; y particularizada por mitos de masa propios y específicos.1

De esta manera, los símbolos pasan a ser objetos incorporados a nosotros, obran como cómplices nuestros, les damos un valor afectivo. ... La impresión que dejan en el recuerdo es evidentemente una estructura compleja de interioridad, en la que los objetos pintan ante nuestros ojos los límites de una configuración llamada morada.2

Más allá de buscar una razón en el proceso de interiorización de la identidad, asumimos solamente lo que se da en las prácticas ejercidas en los diferentes campos3 sociales; la escuela, los medios de comunicación, la familia y la iglesia se constituyen así en el ámbito adecuado para esta introyección. Aquí salen los 'mitos de masa', símbolos que pasan a ser colectivos o nacionales. En Guamúchil nace Pedro Infante, en Jalisco emerge el tequila, en Puebla se configura la china poblana. 

Aquí sienta su base la identidad, en ese colectivo social que la identifica; [...] la originalidad de la nación moderna no radica en la novedad de cada uno de sus aspectos o componentes considerados aisladamente, sino en la manera en que éstos se han combinado y fundido entre sí.4 

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Lo mexicano.

El mito y el símbolo de la identidad 
En la escuela aprendimos que el águila devorando una serpiente simbolizaba a los mexicanos la formación de su cultura; que se allegaba a la fortaleza y altivez, con el beneplácito de los dioses (visión cosmogónica). Es entonces la escuela, el campo que le da sentido al mito, cristaliza en símbolos el discurso del Estado que fue retomado de una cultura particular. 

Transcurrido el tiempo, el mito sobrevive al tiempo y al espacio, de ahí su característica transhistórica, como diría Jean Boudrillard: Conjura el tiempo en el ambiente y en que es vivido como signo... El tiempo del objeto mitológico es el perfecto: es lo que tiene lugar en el presente como si hubiera tenido lugar antaño, y lo que por esa misma razón está fundado en sí mismo es auténtico.5 

Hoy el águila devorando una serpiente es un símbolo de mexicaneidad legitimado en el discurso educativo, pero que tomó su significación en la cultura particular: Llegaron entonces donde se yergue el nopal. Cerca de las piedras vieron con alegría cómo se erguía un águila sobre aquel nopal. Allí estaba comiendo algo, lo desgarraba al comer. Cuando el águila vio a los aztecas, inclinó su cabeza. De lejos estuvieron mirando al águila, su nido de variadas plumas preciosas.

Plumas de pájaro rojo, también estaban allí esparcidas cabezas de diversos pájaros, garras y huesos de pájaros.Crónica Mexicáyotl.6Compartido así, el símbolo es la idea socializada, institucionalizada, le dimos el valor de la escuela, aun cuando su sentido fue adquirido en la significación que le dio una cultura particular; es decir que este elemento de identificación de los mexicanos se representa en el símbolo, pero su valor fue adquirido en la construcción cosmogónica del hecho.  

Familia, etnia y religión7 convergen entonces en la construcción de símbolos valorados; Quetzalcóatl fue formado y es significado en el colectivo, es el dios que sobrevive en el imaginario actual, como han sobrevivido los olmecas y mayas en la cultura del sureste, a través del jaguar, el Popol-Vuh y el Chilam-Balam.Conferimos sentido a muchas cosas, somos sujetos históricos producto de otros sujetos históricos cuyas identidades subyacen el imaginario actual.

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La mexicanización.

La escuela: un espacio de simbolización
La educación ha participado entonces de la homogeneización de una historia nacional, común a todos. La conformación de un estado-nación (1821) dio pie a una identidad institucionalizada que legitimó al mismo. Aquí confluyeron el indigeismo y la conquista; le dimos otro valor: el de todos, no los borramos, simplemente los pedimos prestados; se convirtieron en símbolos de sobrevivencia en el tiempo. Con ellos construimos y reconstruimos  'lugares'.8

En esa reconstrucción de símbolos, la escuela reconstruye también su propia identidad, recurre a sus propios lugares e inviste con ello su propio discurso.  

En su tiempo histórico la educación pasa por la escuela rural mexicana (1917), por la escuela urbana, la normal, la profesionalización de la educación; simboliza y ha sido simbolizada por el Estado mexicano, más aún cuando representa una evocación cultural, nostálgica ...esta escuela mexicana, mitificada en el fondo de nuestras creencias, forma parte de nuestros imaginarios sociales, se convierte en una imagen nostálgica recurrente y termina por permear una nueva mística del magisterio mexicano.9  

Esa historia de la escuela mexicana está incorporada en la práctica académica que hoy ejercemos. Nuestros mitos nacionales fueron sus-traídos de los mitos culturales propios de algún colectivo pequeño, como en el caso de Tabasco: las luchas polémicas de Tomás Garrido Canabal, de Carlos A. Madrazo, los poemas de José Gorostiza o Carlos Pellicer fueron simbolizados en la escuela, adquirieron su valor en ella.  

Nací de olmecas y mayas y gente española de la montaña y el mar, por eso las cosas saben más de mí que yo de ellas.10

La identidad nacional no inicia ni termina en una representación general; a ella se van sumando y restando las identidades locales; confluyen en ella. Aun cuando el tequila tiene una presencia nacional, el pozol tiene presencia regional; ambas son incorporadas a nuestro quehacer social.  

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Los mexicanos.

Los docentes: simbolizan y son simbolizados  
En muchos de nosotros tiene sentido el movimiento del 68 en el d.f.; pero también tiene sentido el movimiento estudiantil del 68 dado en Tabasco. Esto quiere decir que nuestro quehacer se va solidificando en la construcción de nuestros mitos nacionales y regionales. A muchos nos tocó vivir las reformas populistas de Luis Echeverría y su Televisión Rural de México; y a José López Portillo y su crisis financiera que impactó duramente en la educación; mientras que en Tabasco, Mario Trujillo y Leandro Rovirosa apostaban al empuje que daría el petróleo a la economía estatal y por ende a la educación rural. 

Otros más comenzamos nuestra labor en la docencia justo cuando Miguel de la Madrid preparó una política educativa revolucionaria en su Plan Nacional de Desarrollo, en tanto que Enrique González Pedrero en Tabasco buscaba el rescate y fortalecimiento de la cultura estatal a través de sus centros integradores. Muchos de nosotros seguramente iniciamos en la docencia cuando Carlos Salinas de Gortari concebía la Modernización Educativa y paralelamente en Tabasco, Salvador Neme y Manuel Gurría buscaron introducir la tecnología edu-cativa. A otros también nos corresponde haber iniciado el ejercicio docente en el sexenio de Ernesto Zedillo, a la vez que Roberto Madrazo introducía los libros de texto gratuito para secundaria y daba pie a las Universidades Tecnológicas; sustentados ambos en una política de calidad, equidad y pertinencia en la educación.  

Este acercamiento a algunos ángulos de la identidad nos conduce, necesariamente, a concebirla desde una visión meramente particular, explicitada como un lugar histórico común donde coexisten símbolos sociales que son connotados por un colectivo. Se asume en ella un cierto sentido de otredad, es decir, hay en ella la condición de un colectivo nacional mientras exista un colectivo cultural. Se funden en ella ambas situaciones.  

La identidad tiene una historia en la medida en que le damos un sentido propio; de ahí que para Juan su identidad se simboliza con la Revolución Mexicana, al mismo tiempo que entona una canción del Tri. Para el maestro la identidad se da en Hidalgo, Juárez, Vasconcelos y Cárdenas, pero también se inviste de los conflictos magisteriales actuales. La identidad puede ser el águila que ondea en la bandera mexicana, pero también lo es el Sol que adquiere su significación para cada uno de los que conformamos la cultura de Tabasco.

NOTAS:

1Gilberto Giménez. "Apuntes para una teoría de la identidad nacional", en Revista del Departamento de Sociología de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, UAM-Atzcapotzalco. Año 8 No. 21. Enero-Abril 1993. pág. 15.
2Jean Boudrillard. El Sistema de los Objetos. Siglo xxi. 16ª edición, 1999. pág. 14.
3Pierre Bourdieu, Algunas propiedades de los campos. Grijalbo-conaculta. Colección Los Noventa No. 11, México 1990. pág. 136.
4 Giménez, op. cit. pág. 21.
5  Broudillard. op. cit. pág.84.
6   Ilce-conafe-sep. Símbolos patrios.
7   Giménez, op. cit. pág. 15.
8 Marci Augé. De los lugares a los nolugares: espacios del anonimato, Ed. Gedisa, Barcelona. pág. 83.
9   María esther Aguirre. "Maestros y Estado evaluador. Un tránsito forzoso por los vericuetos de la excelencia", en Inventio varia, upn.
10  Carlos Pellicer. Obras. Poesía. Ed. por Luis Mario Schnaider. FCE. Poema "Dos. Esto soy". pág. 541.

Bibilografía complementaria 

Fuentes, Carlos. Tiempo Mexicano. Ed. Cuadernos de Joaquín Martiz. México, 1971.
Gran Enciclopedia Ilustrada. Tomos 12 y 13.
Barthes, Roland. Mitologías. XXI. 5ª edición, 1980.
Quintero, Silvana. Los lugares y los símbolos. Depto. e Instituto de Geografía, Fac. de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires.

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