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Lo mexicano.
La mexicanización.
Los
mexicanos.
Un
acercamiento a nuestra identidad
La nación mexicana, como cualquier otra, está
llena de símbolos, alegorías que sin profundizar en ello
evocan cantidades infinitas de significados. Transitan en
estas alegorías signos, discursos, lenguajes propios de
una identidad colectiva que se fue haciendo transhistórica
hasta conformar nuestros mitos actuales. Gilberto Giménez
dice que: La nación es una comunidad imaginaria construida
simbólicamente según el modelo de familia, de la etnia y
de comunidad religiosa; y particularizada por mitos de masa
propios y específicos.1
De esta manera, los símbolos pasan a ser objetos incorporados
a nosotros, obran como cómplices nuestros, les damos un
valor afectivo. ... La impresión que dejan en el recuerdo
es evidentemente una estructura compleja de interioridad,
en la que los objetos pintan ante nuestros ojos los límites
de una configuración llamada morada.2
Más allá de buscar una razón en el proceso de interiorización
de la identidad, asumimos solamente lo que se da en las
prácticas ejercidas en los diferentes campos3 sociales;
la escuela, los medios de comunicación, la familia y la
iglesia se constituyen así en el ámbito adecuado para esta
introyección. Aquí salen los 'mitos de masa', símbolos que
pasan a ser colectivos o nacionales. En Guamúchil nace Pedro
Infante, en Jalisco emerge el tequila, en Puebla se configura
la china poblana.
Aquí sienta su base la identidad, en ese colectivo social
que la identifica; [...] la originalidad de la nación moderna
no radica en la novedad de cada uno de sus aspectos o componentes
considerados aisladamente, sino en la manera en que éstos
se han combinado y fundido entre sí.4
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Lo
mexicano.
El mito y el símbolo de la identidad
En la escuela aprendimos que el águila devorando una serpiente
simbolizaba a los mexicanos la formación de su cultura;
que se allegaba a la fortaleza y altivez, con el beneplácito
de los dioses (visión cosmogónica). Es entonces la escuela,
el campo que le da sentido al mito, cristaliza en símbolos
el discurso del Estado que fue retomado de una cultura particular.
Transcurrido el tiempo, el mito sobrevive al tiempo y al
espacio, de ahí su característica transhistórica, como diría
Jean Boudrillard: Conjura el tiempo en el ambiente y en
que es vivido como signo... El tiempo del objeto mitológico
es el perfecto: es lo que tiene lugar en el presente como
si hubiera tenido lugar antaño, y lo que por esa misma razón
está fundado en sí mismo es auténtico.5
Hoy el águila devorando una serpiente es un símbolo de
mexicaneidad legitimado en el discurso educativo, pero que
tomó su significación en la cultura particular: Llegaron
entonces donde se yergue el nopal. Cerca de las piedras
vieron con alegría cómo se erguía un águila sobre aquel
nopal. Allí estaba comiendo algo, lo desgarraba al comer.
Cuando el águila vio a los aztecas, inclinó su cabeza. De
lejos estuvieron mirando al águila, su nido de variadas
plumas preciosas.
Plumas de pájaro rojo, también estaban allí esparcidas
cabezas de diversos pájaros, garras y huesos de pájaros.Crónica
Mexicáyotl.6Compartido así, el símbolo es la idea socializada,
institucionalizada, le dimos el valor de la escuela, aun
cuando su sentido fue adquirido en la significación que
le dio una cultura particular; es decir que este elemento
de identificación de los mexicanos se representa en el símbolo,
pero su valor fue adquirido en la construcción cosmogónica
del hecho.
Familia, etnia y religión7 convergen entonces en la construcción
de símbolos valorados; Quetzalcóatl fue formado y es significado
en el colectivo, es el dios que sobrevive en el imaginario
actual, como han sobrevivido los olmecas y mayas en la cultura
del sureste, a través del jaguar, el Popol-Vuh y
el Chilam-Balam.Conferimos sentido a muchas cosas,
somos sujetos históricos producto de otros sujetos históricos
cuyas identidades subyacen el imaginario actual.
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La
mexicanización.
La escuela: un espacio de simbolización
La educación ha participado entonces de la homogeneización
de una historia nacional, común a todos. La conformación
de un estado-nación (1821) dio pie a una identidad institucionalizada
que legitimó al mismo. Aquí confluyeron el indigeismo y
la conquista; le dimos otro valor: el de todos, no los borramos,
simplemente los pedimos prestados; se convirtieron en símbolos
de sobrevivencia en el tiempo. Con ellos construimos y reconstruimos
'lugares'.8
En esa reconstrucción de símbolos, la escuela reconstruye
también su propia identidad, recurre a sus propios lugares
e inviste con ello su propio discurso.
En su tiempo histórico la educación pasa por la escuela
rural mexicana (1917), por la escuela urbana, la normal,
la profesionalización de la educación; simboliza y ha sido
simbolizada por el Estado mexicano, más aún cuando representa
una evocación cultural, nostálgica ...esta escuela mexicana,
mitificada en el fondo de nuestras creencias, forma parte
de nuestros imaginarios sociales, se convierte en una imagen
nostálgica recurrente y termina por permear una nueva mística
del magisterio mexicano.9
Esa historia de la escuela mexicana está incorporada en
la práctica académica que hoy ejercemos. Nuestros mitos
nacionales fueron sus-traídos de los mitos culturales propios
de algún colectivo pequeño, como en el caso de Tabasco:
las luchas polémicas de Tomás Garrido Canabal, de Carlos
A. Madrazo, los poemas de José Gorostiza o Carlos Pellicer
fueron simbolizados en la escuela, adquirieron su valor
en ella.
Nací de olmecas y mayas y gente española de la montaña
y el mar, por eso las cosas saben más de mí que yo de ellas.10
La identidad nacional no inicia ni termina en una representación
general; a ella se van sumando y restando las identidades
locales; confluyen en ella. Aun cuando el tequila tiene
una presencia nacional, el pozol tiene presencia regional;
ambas son incorporadas a nuestro quehacer social.
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Los mexicanos.
Los docentes: simbolizan y son simbolizados
En muchos de nosotros tiene sentido el movimiento del 68
en el d.f.; pero también tiene sentido el movimiento estudiantil
del 68 dado en Tabasco. Esto quiere decir que nuestro quehacer
se va solidificando en la construcción de nuestros mitos
nacionales y regionales. A muchos nos tocó vivir las reformas
populistas de Luis Echeverría y su Televisión Rural de México;
y a José López Portillo y su crisis financiera que impactó
duramente en la educación; mientras que en Tabasco, Mario
Trujillo y Leandro Rovirosa apostaban al empuje que daría
el petróleo a la economía estatal y por ende a la educación
rural.
Otros más comenzamos nuestra labor en la docencia justo
cuando Miguel de la Madrid preparó una política educativa
revolucionaria en su Plan Nacional de Desarrollo, en tanto
que Enrique González Pedrero en Tabasco buscaba el rescate
y fortalecimiento de la cultura estatal a través de sus
centros integradores. Muchos de nosotros seguramente iniciamos
en la docencia cuando Carlos Salinas de Gortari concebía
la Modernización Educativa y paralelamente en Tabasco, Salvador
Neme y Manuel Gurría buscaron introducir la tecnología edu-cativa.
A otros también nos corresponde haber iniciado el ejercicio
docente en el sexenio de Ernesto Zedillo, a la vez que Roberto
Madrazo introducía los libros de texto gratuito para secundaria
y daba pie a las Universidades Tecnológicas; sustentados
ambos en una política de calidad, equidad y pertinencia
en la educación.
Este acercamiento a algunos ángulos de la identidad nos
conduce, necesariamente, a concebirla desde una visión meramente
particular, explicitada como un lugar histórico común donde
coexisten símbolos sociales que son connotados por un colectivo.
Se asume en ella un cierto sentido de otredad, es decir,
hay en ella la condición de un colectivo nacional mientras
exista un colectivo cultural. Se funden en ella ambas situaciones.
La identidad tiene una historia en la medida en que le
damos un sentido propio; de ahí que para Juan su identidad
se simboliza con la Revolución Mexicana, al mismo tiempo
que entona una canción del Tri. Para el maestro la
identidad se da en Hidalgo, Juárez, Vasconcelos y Cárdenas,
pero también se inviste de los conflictos magisteriales
actuales. La identidad puede ser el águila que ondea en
la bandera mexicana, pero también lo es el Sol que adquiere
su significación para cada uno de los que conformamos la
cultura de Tabasco.
NOTAS:
1Gilberto Giménez. "Apuntes para
una teoría de la identidad nacional", en Revista del Departamento
de Sociología de la División de Ciencias Sociales y Humanidades,
UAM-Atzcapotzalco. Año 8 No. 21. Enero-Abril 1993. pág.
15.
2Jean Boudrillard. El Sistema de los Objetos. Siglo xxi.
16ª edición, 1999. pág. 14.
3Pierre Bourdieu, Algunas propiedades de los campos. Grijalbo-conaculta.
Colección Los Noventa No. 11, México 1990. pág. 136.
4 Giménez, op.
cit. pág. 21.
5 Broudillard.
op. cit. pág.84.
6 Ilce-conafe-sep.
Símbolos patrios.
7 Giménez,
op. cit. pág. 15.
8 Marci Augé. De los lugares a
los nolugares: espacios del anonimato, Ed. Gedisa, Barcelona.
pág. 83.
9 María esther Aguirre.
"Maestros y Estado evaluador. Un tránsito forzoso por los
vericuetos de la excelencia", en Inventio varia, upn.
10 Carlos Pellicer. Obras. Poesía.
Ed. por Luis Mario Schnaider. FCE. Poema "Dos. Esto soy".
pág. 541.
Bibilografía
complementaria
Fuentes, Carlos. Tiempo Mexicano. Ed. Cuadernos
de Joaquín Martiz. México, 1971.
Gran Enciclopedia Ilustrada. Tomos 12 y 13.
Barthes, Roland. Mitologías. XXI. 5ª edición, 1980.
Quintero, Silvana. Los lugares y los símbolos. Depto. e
Instituto de Geografía, Fac. de Filosofía y Letras. Universidad
de Buenos Aires.
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