En los últimos números de nuestra revista hemos recordado
algunos eventos que han sido importantes en la formación
de nuestra nación y de nuestra identidad nacional. Hemos
hecho referencia a la época colonial, a la lucha por la
independencia y, en este número, a la Revolución Mexicana.
Como maestros muchas veces 'enseñamos' a los niños estos
hechos como algo que pasó hace tiempo y, por lo tanto, están
estáticos en el pasado. De ellos tenemos que aprender datos,
fechas, nombres de héroes y villanos, y nada más... Sin
embargo, es muy importante que en nuestra labor docente
nos cuestionemos, primero sobre qué es la historia y después
sobre qué historia queremos enseñar. ¿Es la historia ese
cúmulo de hechos lejanos a nosotros que tenemos la obligación
de saber para no considerarnos ignorantes?, ¿o es mucho
más que eso? ¿Hicieron la historia sólo un puñado de hombres
con algunos actos memorables o la hicieron todos y cada
uno de los seres que vivieron día a día, que trabajaron,
que estudiaron, que pasaron miseria o -muy pocos- vivieron
en el lujo, que decidieron, que protestaron, que lucharon,
que fueron traicionados y -algunos- traicionaron y que,
muchas veces, dejaron su vida en la lucha por un ideal?
Los que cuentan en la historia son los hombres, ellos son
los que sufren, los que gozan, los que comprenden, los que
aceptan o rechazan, los que actúan.
Cada día, de acuerdo a nuestras preocupaciones de hoy,
a nuestros intereses, a lo que somos cada día, interrogamos
al pasado, lo interpretamos y lo reinterpretamos. La historia
se construye día a día a partir del hoy, el pasado vive
en nosotros, vemos sus huellas, nos queman sus rescoldos.