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Correo del Maestro Núm.48, mayo 2000

De nombres y ancestros

Alejandra Alvarado

¿Cuál es la utilidad de que tengan nombres —dijo el tábano—, si no contestan cuando se les nombra? Para ellos ninguna —dijo Alicia. Pero es útil para la gente que los nombra, supongo.Lewis Carrol, Alicia a través del espejo

Es posible que un ser vivo tenga más de un nombre común y también que un mismo nombre común se utilice para hablar acerca de diferentes organismos, tal como sucede con “escorpión”, nombre con el que se conoce a diferentes animales que pertenecen a los grupos de reptiles, peces y arácnidos.

      Los nombres comunes de los seres vivos generalmente varían de un lugar a otro. Esto se hace aún más evidente teniendo encuenta la diversidad de lenguas. Afortunadamente, para aquellos que se dedican al estudio de los seres vivos se creó un código de lenguaje que permite precisar de qué organismo se trata, sin importar el lugar del mundo ni el idioma del que se trate.  Desde hace varios siglos, el latín ha sido el lenguaje que sirve de base para designar a las especies.

Linneo (1707-1778), autor de la nomenclatura utilizada para la clasifcación de las especies.

 

 

A mediados del siglo XVIII Carolus Linnaeus (Linneo), médico y botánico suizo propuso el sistema de nomenclatura binomial (bi: dos, nomial: nombre) para nombrar a los seres vivos, sistema que se ha convertido en una herramienta indispensable en ciencia. Tanto, que existen algunas especies, sobre todo de reciente descubrimiento, que carecen de nombre común y sólo ostentan su nombre científico.

El nombre de una especie consta de dos partes. La primera es el nombre del género (de genus, que en latín significa origen), el cual comprende a un grupo de organismos emparentados. El género está, entonces, integrado por grupos de especies similares. Por ejemplo, el gato doméstico se conoce como Felis cattus y el lince como Felis lynx, ambos pertenecen al mismo género: Felis.

El segundo nombre es el nombre específico, es decir, el nombre de la especie  que distingue a un ser vivo de cualquier otro organismo dentro de ese género y de cualquier otro.

El nombre del género es, por lo general, un sustantivo —la primera letra se escribe con mayúscula. El nombre específico, en general, es un adjetivo y debe escribirse con minúsculas, aún cuando se haya tomado del nombre propio de alguna persona o lugar.

Tanto el nombre del género como el específico deben escribirse siempre en itálicas o subrayarse, por ejemplo: Felis  cattus o Felis  cattus.

En general, se puede decir que los nombres binomiales son descriptivos del organismo, o sea que nos pueden indicar dónde se descubrió o las características o hábitos particulares de la especie. En ocasiones, se derivan también del nombre de las personas que los descubrieron o estudiaron por primera vez.

Con respecto al hombre y sus ancestros, los nombres se pueden agrupar en tres categorías que se basan en:

• el lugar de su descubrimiento

• el nombre del descubridor o algún experto del campo de estudio

• la descripción del organismo o de alguna característica de su anatomía.

Así, por ejemplo, tenemos nombres que derivan del lugar en que fueron descubiertos:

Australopithecus africanus: Australopithecus significa “simio del sur”, africanus quiere decir proveniente de África.

Australopithecus afarensis:  afarensis significa “proveniente de la región de Afar”.

Ardipithecus ramidus: ramidus quiere decir “raíz”. En el lenguaje de la región de Etiopía en donde fue encontrado este fósil, “ramid” implica que es la especie de origen de la cual otras especies se originaron.

Homínidos: Se denomina de esta forma a los individuos que reúnen características anatómicas parecidas al hombre actual.

Homo  heidelbergensis: heidelbergensis hace referencia a “proveniente de Heidelberg”, región de Alemania.

Homo neanderthalensis: neanderthalensis,  quiere decir “encontrados en el valle de Neander”,  en Alemania.   

También tenemos nombres que  dan una descripción del organismo o alguna de las características de su anatomía:  

Homo habilis: habilis que significa “hábil”.

Homo erectus: erectus proviene de “erecto”, refiriéndose a su andar bípedo.

Homo sapiens: sapiens quiere decir “sabio, inteligente, pensante”. Se refiere al hombre actual, como primate que pertenece al género Homo por las características de postura bípeda y especiación en la dentición, pero que posee, además, de forma particular, un cerebro de mayor tamaño y zonas cerebrales más complejas que han permitido el perfeccionamiento en el habla, el aprendizaje y la asociación de ideas.

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