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Correo del Maestro Núm.48, mayo 2000

Nuestros orígenes

Ma. Jesús Arbiza

A lo largo de su historia, el hombre se ha preguntado quién es, cómo es y, por supuesto, ineludiblemente unido a esos cuestionamientos, también ha deseado saber cómo ha llegado a ser lo que es, tanto en el contexto biológico como en el conductual y ecológico.

Podemos decir que desde los albores de la teoría evolucionista la visión que sobre sí mismo tiene el hombre ha cambiado radicalmente, aunque, evidentemente, muchos se opusieron a esta nueva forma de comprender al humano como un ser vivo producto de la evolución. Hoy en día, después del arduo trabajo de generaciones de científicos —paleontólogos, arqueólogos, biólogos, antropólogos, etc.— ya casi nadie niega que el hombre es producto de un largo proceso de cambios, igual que todos los demás seres vivos que nos acompañan en nuestro planeta.

En los últimos años ha habido un progresivo aumento del conocimiento sobre la evolución del hombre, en gran parte gracias a los descubrimientos de restos fósiles de homínidos pero tam-bién gracias al perfeccionamiento de las técnicas para su estudio y a los enormes esfuerzos consagrados a la interpretación y comprensión de los hallazgos. Sin embargo, estos importantes progresos no llegan a la población en general con rapidez; por el contrario, el retraso es verdaderamente muy grande. Consideramos que la escuela es el sitio ideal en el que se pueden difundir a la población los nuevos saberes, pero para que ello sea posible es necesario que los maestros tengan un conocimiento actualizado y muy claro sobre el tema además de un desarrollado espíritu crítico. Por este motivo, deseamos recomendar a los docentes un buen  libro en el que se encuentran artículos actualizados e interesantes sobre la filogenia del ser humano: Homo sapiens, en busca de sus orígenes.

Esta obra, editada en México por el Fondo de Cultura Económica, es de origen francés y en ella se incluyen once artículos de actualización escritos por destacados científicos especialistas en este tema. En él encontraremos los más recientes adelantos en las investigaciones sobre la evolución del hombre y, quizás lo más importante,  las últimas interpretaciones, muchas veces en posiciones encontradas pero siempre exponiendo sus fundamentos.Claudine Cohen, quien es autora del primer capítulo, diserta sobre el concepto de raza humana en la historia de las ciencias. Lo hace desde muy diversos puntos de vista —antropológico, sociológico, biológico, etc.— exponiendo una interesante reseña histórica de cómo ha variado este concepto y cómo los debates en torno a él siempre han tenido implicaciones ideológicas. Señala también que la doctrina evolucionista neodarwiniana ha cambiado el terreno de la reflexión desplazando las clasificaciones dadas por la antropología clásica, aunque aún hay serias discusiones sobre el monocentrismo o policentrismo del origen del hombre.

Los artículos siguientes se dedican a las diversas hipótesis sobre el proceso evolutivo de los homínidos. Chris Stringer habla sobre la pertinencia de definir como especie, o simplemente como un estadio evolutivo, al Homo erectus. Philip Rightime, en otro artículo, señala el origen del Homo erectus en África y su posterior desarrollo en el sur y este de Asia; M. Wolpoff, argumenta, contrariamente, que Homo erectus es una especie que manifiesta un gradualismo filético y que no se puede delimitar el punto de origen de esta especie apoyando un origen multirregional. Wu Xinzhi, está de acuerdo con esto último y analiza la evolución de los fósiles humanos en Asia. B. Stringer también dedica su texto al origen y evolución del erectus y en él expone su punto de vista. Como podemos ver, existen discrepancias interpretativas entre los diversos científicos, pero justamente ésa es una de las riquezas de esta obra, pues esa discrepancia es una de las características principales que permiten el avance de las ciencias y favorecen, además, el desarrollo potencial crítico de los lectores, lo que es fundamental en el caso de los maestros que abordan este tema en sus clases, tal como lo señalamos al comienzo de esta breve reseña.

Günter Brauer nos habla en su artículo de las bases paleontológicas y geocronológicas de la hipótesis del origen afroeuropeo del Homo sapiens, resumiendo una interpretación que le ha llevado, a él y a todo un equipo de trabajo, más de diez años de estudio.

En diversos capítulos se explica cómo los científicos no sólo se basan, para crear sus hipótesis, en los descubrimientos paleontológicos sino también cómo echan mano de nuevas ciencias y tecnologías —por ejemplo la biología molecular, la genética, etc.— y se discute también la solidez de las interpretaciones así como la gran dificultad que muchas veces existe para lograr éstas.

Los capítulos VII, VIII y IX incluyen disertaciones de diferentes investigadores sobre el origen y evolución del hombre de Neanderthal, tanto en Cercano Oriente como en Europa. En ellos no encontramos una simple cronología y descripción de los hallazgos fósiles sino también una interpretación que incluye las pautas de comportamiento y culturales de estos homínidos.

El último capítulo, escrito por Pierre Darlu, está dedicado a las investigaciones genéticas sobre el origen del hombre moderno. El autor incluye explicaciones metodológicas útiles para comprender su investigación, para finalmente exponer sus resultados e interpretaciones. Es interesante destacar la honestidad científica del autor ya que él mismo señala los límites de las reconstrucciones para desentrañar el árbol filogenético humano.

En todos los ensayos de este libro, los autores incluyen una extensa bibliografía útil, no sólo para respaldar la información, sino también como marco de referencia para quienes deseen seguir  investigando sobre este tema tan importante. Si bien los autores utilizan un lenguaje científico especializado, esto no hace incomprensible los textos para quienes no nos dedicamos a ese ámbito de investigación, pues es accesible y ameno. Es una excelente obra de consulta que permite no sólo obtener información seria y actualizada y reflexionar sobre ella, sino también darse cuenta del amplísimo campo de investigación que aún queda por trabajar, lo que es muy importante, sobre todo en la escuela, de donde surgirán los futuros investigadores.

·        Reseña del libro Homo sapiens. En busca de sus orígenes. Compilación de artículos coordinada por Jean-Jacques Hublin y Anne-Marie Tillier, editado en español por el Fondo de Cultura Económica, 1999.

Pies de Fotos

Pag. 9.- Las características anatómicas de los organismos son evidencia directa de su morfología, de su aspecto y, por tanto, de parte de sus adaptaciones a un estilo de vida. La colocación del sitio donde se inserta la columna al cráneo (agujero occipital) indica su tipo de locomoción. Si el agujero está en la parte posterior del cráneo significa que la columna se inserta atrás de la cabeza, que el tronco está acomodado en sentido horizontal y, por tanto, que su desplazamiento es en cuatro patas; si el agujero está bajo la cabeza significa que la columna está bajo ésta, acomodada en sentido vertical y por ello su marcha es bípeda.

Pag. 13 (1).- tatterssall, I.  “De África ¿una y otra vez?” Investigación y ciencia, 1997. 249: 20-45. “El chico de Turkana”, un adolescente de Homo ergaster de hace 1.6 millones de años, representa a los primeros homínidos con un esqueleto del cuerpo auténticamente moderno.

(2) leakey, R.  La formación de la humanidad. Vol. 1, Barcelona, España. Ediciones Orbis, S.A.,1985. “Lucy”, una hembra de Australopithecus afarensis que vivió hace tres millones de años junto a un lago, en lo que hoy es Etiopía. Con un cuarenta por ciento de los huesos —formados por más de cien fragmentos del esqueleto recuperado— constituye el ejemplar más completo de todos los homínidos primitivos hallados. La forma del hueso de la pelvis demuestra que era una hembra, y los huesos de las piernas indican que andaba erguida. Su dentadura sugiere que cuando murió tenía unos veinte años de edad.

Pag. 14.- 1.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. El Niño de Taung, cráneo de un australopiteco hallado por Raymond Dart, en 1924. La mayoría de los científicos lo rechazaron, diciendo que no era más que un tipo extinguido de antropomorfo; descubrimientos posteriores demostraron que este cráneo pertenecía a verdaderos homínidos, aunque no nuestros antepasados directos.

2.- leakey, R.  La formación de la humanidad. Vol. 1, Barcelona, España. Ediciones Orbis, S.A.,1985. Mary Leakey examina las pisadas de homínidos halladas en Laetoli, Tanzania.

3.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Homo neanderthalensis. Cráneos de tres individuos hallados en diferentes regiones. Izquierda:  Amud, Israel (45000 años); centro: St. Cesaire, Francia (32-33000 años); derecha: La Chapelle de Saints, Francia (50000 años).

4.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Australopithecus boisei (1.8 millones de años), restos procedentes de Olduvai Gorge, Tanzania.

5.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Herramienta típica y cráneo de Homo erectus de 1.7 millones de años de antigüedad.

6.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Australopithecus robustus (1.6-1.9 millones de años), fósiles hallados en Swartkrans, Sudáfrica.

7.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Homo erectus. Fémur y fragmento superior del cráneo (calota). Java (1-1.5 millones de años).

8.- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Homo habilis, cráneo (antigüedad aprox. 1.9 millones de años) hallado al este de Turkana, Kenya. A la derecha huesos de pies (antigüedad 1.8 millones de años) encontrados en Olduvai Gorge, Tanzania.

9.­- eldredge, N.  Fossils, the evolution and extintion. Nueva York, E. U.A., Harry and Abrams Inc., 1991. Homo heidelbergensis. Cráneo de Steinheim, Alemania. Representa la forma antecesora del hombre de Neanderthal (225 000 años).

Pag.17.- Homo habilis Homo heidelbergensis Homo neanderthalensis

En sus orígenes, Homo fue otro homínido más de las sabanas arboladas del este de África, pero la habilidad de elaborar herramientas le permitió ampliar sus opciones de vida y ser más adaptable. Homo habilis fue un carroñero que trituraba huesos, al estilo de hienas y chacales; sus descendientes, a partir de Homo ergaster, fueron buenos cazadores y muy versátiles en sus hábitos y estilos de vida, lo cual les permitió abandonar África y diseminarse por todo el planeta.

Pag. 20.- Características ecológicas básicas de las diferentes especies de homínidos conocidas.

Pag. 22.- Clave:

Ar. r.: Ardipithecus ramidus         H. ha.:          Homo habilis

A. an.: Australopithecus anamensis         H. e.: Homo ergaster

A. af.: Australopithecus afarensis H. er.: Homo erectus

A. afr.:          Australopithecus africanus H.h.:   Homo heidelbergensis A. b.: Australopithecus boisei      H. s.: Homo sapiens

A. r.:   Australopithecus robustus

Las diferentes especies de homínidos evolucionaron a partir de sus adaptaciones a diversos modos de vida. En Ardipithecus y Australopitecus la adaptación dependió principalmente de sus atribuciones biológicas, en Homo el uso de instrumentos se convirtió en el factor principal.

Pag. 25.- J.C. Fuhlrott (izquierda), profesor alemán de ciencias, reconoció que los fósiles hallados en una cantera cercana a su casa, eran los de un hombre no moderno, al cual llamó “Hombre de Neanderthal”. Mientras que Eugène Dubois (derecha), descubrió un cráneo y un hueso de la pierna de un ejemplar homínido, al que denominó “Hombre de Java”, mismo que en la actualidad es reconocido como el primer ejemplar de Homo erectus.

Pag. 35.- A la izquierda, el controvertido Robert Broom muestra el ejemplar de Paranthropus que descubrió en Kromdraai, Sudáfrica, el cual es considerado como un australopiteco robusto, descendiente del A. africanus. A la derecha, Raimond Dart, con el cráneo del que es reconocido, en la actualidad, como el primer Australophitecus africanus del cual se han encontrado muchos más en diferentes excavaciones antropológicas.

Pag. 36.- Louis Seymour Leakey (1903-1972). A pesar de su avanzada edad, no dejaba de recorrer los diferentes centros de excavación en los cuales participaba activamente con su esposa.

Pag. 38.- Simios Australopitécidos Homo Homínidos intermedios entre simios y australopitécidos Ancestros de simios y homínidos

 Homo habilis      Homo ergaster      Homo heidelbergensis              Homo sapiens

Fig. 1. Ejemplo de un esquema que muestra de manera tradicional la evolución de los homínidos (Jones, 1992; Howell,1988). La conclusión necesaria, en ambos casos, es que el proceso se realizó de manera gradual, continua, involucrando a todos los miembros de la especie.

Pag. 39.- Figura 2. Ejemplo de especiación por a) gradualismo

Especie de individuos

en continuo cambio

Especie en proceso

de cambio

Nueva especie

b) aislamiento geográfico

Especie de rangos de distribución fluctuantes

Una población queda aislada

La población aislada sufre modificaciones genéticas

La población aislada se continúa diferenciando y poco a poco aumenta el número de individuos

La antigua población aislada se mezcla con la especie ancestral. La ausencia de cruzas implica que ya se formó una nueva especie

Pag. 41.- Relación filogenética entre dos especies fósiles del género Australophitecus, relación de su abundancia con el registro fósil de cada una y la interpretación de su evolución bajo los esquemas gradualistas y el equilibrio puntual.

A. Australophitecus africanus.

B) Australophitecus robustus.

C. Momento en que Australophitecus robustus se origina a partir de una población aislada de Australophitecus africanus.

D. Época de convivencia y competencia entre las dos especies. El resultado es la disminución progresiva de la abundancia de Australophitecus africanus y una cada vez mayor abundancia de Australophitecus robustus.

E. Época en la que las dos especies son poco numerosas, lo cual limita la posibilidad de que se fosilicen sus restos

F. Registro fósil de Australophitecus africanus.

G. Registro fósil de Australophitecus robustus.

H. Reconstrucción del proceso bajo la visión gradualista. De acuerdo con ella, todos los individuos de Australophitecus africanus fueron evolucionando hasta convertirse en Australophitecus africanus. La ausencia de fósiles es algo casual.

I. Reconstrucción del proceso de acuerdo con la teo-ría del equilibrio puntual. Australophitecus robustus se derivó de una póblación aislada de Australophitecus africanus. La franja vertical con gris claro es la época en que se dieron los cambios en la población (de Australophitecus africanus) y se formó la nueva especie (Australophitecus robustus). La ausencia de fósiles del momento de transición se debe a que todo el proceso se dio dentro de una pequeña población.

Pag. 46.- giedion, Sigfried. El presente eterno: los comienzos del arte. Madrid, España, Ed. Alianza Forma, 1988. El gran bisonte y el símbolo rojo, pintura rupestre hallada en Altamira, España.

Pag 47.- crosbi, Harry. The cave paintings of Baja California. Sunbelt Publications, San Diego, California, 1997. Cueva de la Natividad, en Baja California. En este sitio se han encontrado diversas pinturas rupestres y es, probablemente, el refugio rocoso más grande pintado en esta zona. En un gran espacio los pintores plasmaron enormes figuras de venados con un estilo muy homogéneo. También, en esta cueva, se encuentran pinturas más antiguas pero más deterioradas y fragmentadas. Ellas ocupan espacios más pequeños y tienen motivos y estilos más variados.

Pag. 48.- crosbi, Harry. The cave paintings of Baja California. Sunbelt Publications, San Diego, California, 1997.

Cueva de las flechas, Baja California. En esta pintura la figura central está empalada y atravesada por flechas, uno de los muchos enigmas del vocabulario simbólico de estas pinturas. La imagen de animales atravesados por flechas era común en la sierra de San Francisco, pero las figuras humanas en esa situación eran raras. Sin embargo, en las sierras de Guadalupe y de San Borja ambas representaciones eran comunes. Aún no se ha podido descifrar su significado.

Pag. 49.- giedion, Sigfried. El presente eterno: los comienzos del arte. Madrid, España, Ed. Alianza Forma, 1988. El bisonte recostado de la derecha.  Altamira, España.

Pag. 52.- Linneo (1707-1778), autor de la nomenclatura utilizada para la clasificación de las especies.

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