Correo del Maestro Núm. 45,febrero 2000

Inventio varia*

Valentina Cantón Arjona Mario Aguirre Beltrán (coordinadores)

Textos de, desde y para la historia de la educación en México

 

Presentación

Inventio varia procede del latín inventio, formado por el sustantivo compuesto in, que implica dirección, y por ventio que significa ir o venir. Inventio también puede entenderse como lugar de encuentro —incluso accidental—. De ahí que inventio se traduz-ca como invención, descubrimiento, encuentro, búsqueda y hallazgo.1 Variae, variae en plural, hace referencia a lo vario, lo variado, lo matizado, lo diverso, lo diversificado y, por extensión en español, también lo divertido. Una inventio varia puede traducirse, entonces, como un lugar de búsquedas y descubrimientos, de caminos de ida y vuelta, de encuentros —a veces fortuitos y otras veces no—, y de invenciones divertidas por diversas, por diversificadas. Esto es lo que deseamos presentar a nuestros lectores, de ahí el título que hemos dado a este libro que fue coordinado y organizado a partir de la idea de dar unidad a lo diverso.

Vale ahora aclarar el uso del singular. Por tratarse de varias invenciones o caminos sería más adecuado el título de inventiones variae, sin embargo decidimos utilizar el singular a pesar de la pluralidad, se trata de un singular bajo el cual agrupar nuestras acciones y reflexiones como una sola. Un singular que evoque la unidad de miras y esfuerzos dirigidos hacia la construcción de una historia definida como el territorio de una elaboración que toma como pretexto el pasado, y se realiza desde y para el presente y hacia el futuro. Se trata de un singular que nos permita acercarnos al universo de lo educativo con una visión más amplia y comprensiva de los tiempos, hechos y prácticas que le caracterizan. También decidimos mantener el singular para denotar, en la permanente búsqueda de sentido histórico que nos define como sujetos, la intención última de una práctica social expresada, en este caso, como construcción histórica; pues pensamos que educación e historia no son sino presentaciones diferentes de una misma cosa: la conservación, transmisión y recreación de la cultura.

Podría argumentarse que no existe una unidad metodológica entre los materiales aquí presentados y, efectivamente, así es. Sabemos que el abordaje de un objeto de trabajo se determina, fundamentalmente, por la naturaleza de éste; así, cada investigación es, en diversas medidas y con diversos matices, siempre una acción inaugural en términos metodológicos. No obstante, y a pesar del reconocimiento de la diferencia dictada por el propio objeto, sabemos, también, que cada investigador supone (al menos durante el tiempo que se ocupa del asunto, generalmente tiempo de pasión), que su método, su objeto y su tratamiento son los mejores, de ahí que se esfuerce por conquistar a aquellos a quienes se dirige mediante el dispositivo propio de la seducción intelectual: el rigor, al que definimos como: respeto a la pregunta de investigación, al objeto que ésta recorta, a las fuentes que se utilizan, a los saberes ¿disciplinarios? y a la obligación de construir, en nuestro caso, “un sentido” útil para lo educativo. Desde su particular aproximación y temática, cada autor de los que aquí se presentan desearía que su lector se viera impelido a realizar  un acto de elección, de preferencia hacia su trabajo y sus mecanismos de construcción. Se trata, pues, en cada uno de los textos, de realizar una oferta en la que escribir es un acto amoroso que, aun sin reconocerlo, exige del lector exclusividad.

Nuestros autores no provienen sólo del campo de la historia, se trata de un canon a múltiples voces que nos permite experimentar la riqueza de la transdisciplinariedad o, preferimos, la que se deriva de saber que la historia es un campo de construcción y reflexión sobre los actos humanos y su ubicación en tiempo y espacio que trasciende, con mucho, la visión disciplinaria —sus miserias  y rivalidades— y los escasos resultados que ésta produce cuando se propone abordar los acontecimientos (siempre sociales, siempre complejos) de la vida de los sujetos. Por otra parte, si afirmamos que la constitución de sujetos es el fin último del quehacer educativo y que tal fin se objetiva como un hecho cultural que, como tal, es historizable; y si llevamos esta afirmación hasta sus últimas consecuencias, podemos concluir que la educación —acción en el presente que es siempre transmisión de un proyecto realizado y de la imaginarización de un proyecto por realizar— es un quehacer que ha de inscribirse en el campo (¿unidisciplinario?) de la construcción histórica.

En los textos que presentamos se tocan varios asuntos que pueden ser agrupados de la siguiente manera:

Aquellos de naturaleza historiográfica que ofrecen una reflexión acerca de la historia y su relación con lo educativo, de las características que ha de tener la historización de los actos pedagógicos y su uso en la construcción de la teoría pedagógica, y de la función del Estado en la realización de tal acción. Dentro de este grupo se encuentran los siguientes textos:

Historiografía y ficciones, Boris Berenzon Gorn.

Los caminos de Clío.Perspectivas y debates de la historiografía contemporánea, Belinda Arteaga Castillo.

La corriente de los Annales y la historia social de la educación, Luz Elena Galván Lafarga

¿Antropología o historia? Notas para un acercamiento a los estudios regionales de la educación, Mario Aguirre Beltrán.

Aquellos que se refieren, específicamente, a los distintos niveles y tipos de educación, así como a corrientes pedagógicas y sus ejes articuladores. Se incluyen en este grupo:

Maestros y Estado evaluador: un tránsito forzoso por los vericuetos de la excelencia, María Esher Aguirre Lora.

Educación, sexualidad y matrimonio en la época prehispánica, Adriana Corona Vargas.

Educación, evangelización y traducción en el México colonial del siglo XVI, María Soledad Pérez.

El catecismo de Ripalda como texto escolar, María Adelina Arredondo López.

Las escuelas lancasterianas en México, Manuel Medina Carballo.

Aquellos que se ocupan de dar cuenta de la vida y obra de personajes y maestros a los que podríamos llamar actores protagonistas. Este grupo lo forman:

Altamirano, ideólogo del magisterio mexicano, Concepción Jiménez Alarcón.

El nacionalismo en la novela de Ignacio Manuel Altamirano, María del Carmen Pérez Hernández.

Educación técnica durante el Porfiriato: el caso de las escuelas regionales de agricultura, Lucía Martínez Moctezuma.

Las políticas integracionistas de la población indígena en el siglo XX, Felipe Bonilla Castillo.

El pensamiento pedagógico “reformista” de José Vasconcelos, Itziar Reckalde Rodríguez.

El profesor José Mancisidor Ortiz, Álvaro Marín Marín.

El exilio español y la escuela popular mexicana. Un apunte del maestro Antonio Ballesteros Usano, Valentina Cantón Arjona.

Los profesores exiliados en Ciudad del Carmen, José Ignacio Cruz.

Racionalismo y educación en México, Javier Blanco González.

Por último y sin incluirlo en ninguna de los grupos anteriores:

Preliminares para un catálogo de libros de texto de historia, civismo y moral, Rosalinda Villalobos Guerrero.

* Este texto ha sido tomado íntegramente de la presentación del libro: Inventio varia, Textos de, desde y para la historia de la educación en México, colección textos, coordinado por Mario Aguirre Beltrán y Valentina Cantón Arjona, UPN, México, 1999. págs. 9, 10 y 11, tomo I.

1Entendiendo, con O’Gorman, que en sentido estricto todo “descubrimiento” o “hallazgo” constituye una invención.