Correo del Maestro Núm. 40,septiembre 1999

Formación cívica y ética para la educación secundaria: una propuesta republicana.

Valentina Cantón Arjona Mario Aguirre Beltrán

Introducción

Durante los últimos días del mes de enero la sep presentó el nuevo programa de la materia Formación Cívica y Ética I, II y III para la escuela secundaria. Se trata de un programa en tres tiempos, por lo que para fines de trabajo nos referiremos a los programas (en plural) de formación cívica y ética. Esta propuesta curricular sustituirá los programas de Civismo y Orientación Educativa de 1°, 2° y 3° grados respectivamente. Los programas de 1° y 2° se han implantado a partir del ciclo escolar en curso, mientras que el de 3° se implantará en el ciclo 2000-2001. De ahí la gran premura para la elaboración de los libros de texto que servirán de apoyo para el trabajo en el aula que iniciamos este mes.

Más allá de cualquier consideración acerca de las formas seguidas para la definición y construcción de estos programas, es importante conocerlos para rescatar de ellos lo que nos parece su virtud principal: la intención inequívoca de plantearse la formación de los ciudadanos y ciudadanas como una tarea que trasciende a la mera información cívica apoyada en principios del derecho y la sitúa como un asunto esencialmente ético. Es decir: se aspira a la formación de sujetos éticos capaces de expresarse como ciudadanos y ciudadanas abiertos, tolerantes, justos, libres, respetuosos, solidarios, responsables, conscientes de su deuda social, y capaces de reconocerse —desde su identidad, individualidad y dignidad personales— como parte de la humanidad (pasando por el reconocimiento de su familia, entorno inmediato, nación, ambiente ecológico y relación con la Patria-Tierra). Sujetos, en suma, capaces de construir proyectos para lograr una convivencia armónica y mejor vida para y con los y las demás.

     Las preguntas que surgen entre los maestros y las maestras así como entre otros miembros de la sociedad son: ¿por qué hoy se presenta una nueva propuesta para la formación cívica y ética? Para encontrar respuestas a estas preguntas es necesario conocer al menos algunos antecedentes de la educación cívica y ética, también llamada moral, en nuestro país y, después, reconocer los términos y el enfoque en que la nueva propuesta se sostiene. Veamos.1

Antecedentes históricos

Durante los últimos 40 años del siglo XIX, con la restauración de la República se produjo en Méssxico un gran cambio de lo que entonces se llamaba la instrucción moral (moral y urbanidad) de los niños y las niñas, jóvenes y, también, de los maestros y maestras. Este cambio obedecía a una idea: para tener una Nación libre y soberana y cuidar del más alto bien común, la República, los ciudadanos debían aprender los hábitos y las costumbres morales necesarios y convivir en un orden político de libertades y de respeto.

Así, para finales del siglo XIX la escuela dejó de ser el lugar donde se aprendían religión, letras y aritmética para transformarse en una “ciudad escolar”, una “república escolar”, en la que cualquiera podía ser electo para desempeñar cargos de “gobierno”, de “juez” o de “policía”: los valores cívicos y las prácticas democráticas se enseñaron a través de juegos y de la imitación de las formas republicanas de gobierno (basadas en que cada individuo tendría iguales derechos y obligaciones ante la sociedad). Fue entonces cuando comenzaron algunas de las ceremonias cívicas que hoy se realizan en la escuela: la conmemoración de la Independencia, el saludo a la bandera y la entonación del Himno Nacional, por ejemplo.

A finales del siglo XIX se hicieron los primeros libros de texto de moral cívica o moral para la patria. Estos libros hablaban de una moral republicana que —inspirada en el pensamiento liberal de la Revolución francesa que sostenía los valores de libertad, igualdad y fraternidad, así como tolerancia—, sería la base para la fundación del Estado Nacional en el que hoy vivimos. Formar hombres y mujeres morales era una necesidad política, como políticas y laicas (independientes de cualquier creencia religiosa) eran las virtudes a enseñar. Por primera vez se pensó que los y las jóvenes eran los cimientos del nuevo proyecto de Nación. Por eso, cuidarlos, cuidar de su educación y sus costumbres llegó a significar lo mismo que cuidar de la Patria.

Poco a poco, a lo largo del siglo XX, la idea fue cambiando: el espacio dedicado antes a la moral cívica fue, primero, puesto al servicio de las ideas sociales de la Revolución como la justicia social, o bien a las de los momentos políticos específicos: el Código de Moralidad en los años veinte durante la Guerra Cristera, o las Prácticas e informaciones socialistas durante los treinta. Al mismo tiempo que la instrucción cívica se acercaba a la historia nacional —los contenidos de la materia y los libros de texto cambiaron a Historia y civismo se reconocía que para amar a la Patria era indispensable conocer los acontecimientos y a los protagonistas de su historia.

     Después, la enseñanza del civismo volvió a cambiar enfatizándose el conocimiento de la organización de la forma de gobierno y de las instituciones, así como de los principios del derecho y las leyes que rigen nuestro país, por ejemplo, la Constitución y otros reglamentos como los de derechos humanos. Entonces, los libros de texto fueron de educación cívica o, simplemente, civismo. El conocimiento de las instituciones, las leyes y las normas que rigen la convivencia eran lo más importante para la instrucción de los buenos ciudadanos, quienes debían estar informados y conocer su relación como individuos frente al Estado.

Hoy nos enfrentamos a una nueva transformación tanto mundial como nacional que nos obliga a reconocer que los conocimientos de moral cívica y la educación cívica basados en el conocimiento del Estado, las formas de gobierno y las leyes son necesarios pero insuficientes para formar a los ciudadanos y ciudadanas del futuro. El mundo ha cambiado, es cada vez más complejo, más amplio y muestra relaciones más ricas. La aparición de las mujeres en todos los escenarios, los pueblos indígenas, los perseguidos políticos y exiliados por las guerras, los enfermos y necesitados de condiciones especiales de vida, así como el rechazo a cualquier tipo de discriminación sea por sexo, origen étnico, o condición física, mental o social, y la conciencia de que es necesario cuidar el planeta (nuestra Tierra-Patria) hacen la vida más plural, pero también más compleja. Así mismo, obligan a reconocer la identidad, individualidad y dignidad de cada persona, hombre o mujer, de todos y todas y cada uno y una en su particularidad.

Formación cívica y ética: definición de términos

En la actualidad se reconoce que cada ciudadano y ciudadana de una Nación lo es, también, de todo el mundo y tiene responsabilidad no sólo con todos sus semejantes, los demás individuos de la especie humana, sino también con el planeta, con sus recursos y con todo lo que lo habita. Por eso, lo que hoy se necesita es una formación cívica y ética de la que es preciso definir los términos.

Formación

La educación es algo más que una instrucción en hábitos y costumbres o en leyes e instituciones. Es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y trasmite sus características físicas y espirituales. La educación es formativa ya que se ocupa de manera integral de los valores, actitudes, destrezas y costumbres, hábitos y prácticas sociales, así como del conocimiento acerca de nosotros mismos y los procesos y circunstancias que han intervenido o que intervienen en el desarrollo de nuestra personalidad y acción.

Cívica

La formación cívica no es una propiedad individual sino un bien colectivo. Es el camino que nos pone en contacto con la comunidad (la más inmediata o la más lejana) para que la entendamos, cuidemos, sirvamos y conservemos para los que vengan después de nosotros, pues es patrimonio de todos. Es cívica pues se refiere a la formación y orientación que debemos dar y recibir para actuar como ciudadanos y ciudadanas libres y responsables capaces de vivir en una democracia y promover los valores en que ésta se funda.

Ética

Para vivir de manera libre y responsable con los demás deben desarrollarse virtudes, comporta-mientos y prácticas morales de acuerdo a valores como la honestidad, la honradez, austeridad, amor a la verdad y libertad, tolerancia, respeto, justicia y responsabilidad, entre otros.

Este crecimiento personal así como el conocimiento, la conservación y el mejoramiento de los bienes culturales sólo pueden alcanzarse a partir del uso consciente e individual de la razón. Por eso, la verdadera formación es siempre ética, pues ayuda a comprender a cada hombre y cada mujer, uno a uno y una a una, cuál es la imagen e idea, de lo qué es o de lo qué puede ser para sí mismo o para sí misma y para su comunidad, y las acciones que debe cumplir para alcanzar esa idea. Es decir, le ayuda a saber cómo llegar a ser un verdadero ser humano coherente con su historia y contexto.

Las y los jóvenes deben comprender que son parte de la humanidad. Por tal motivo deben saber qué es el ser humano y qué tipo de ser humano es cada uno y cada una. Pero, sobre todo, necesita convencerse de que la vida de niñas y niños, jóvenes, mujeres y hombres, de todas las naciones, pobres o ricas, puede ser mejor —mucho mejor— de lo que es hoy. Esto será más fácil de conseguir si cada uno de nosotros sabe su historia, conoce los principios a partir de los cuales se organiza su sociedad, entiende qué es, qué quiere, a qué aspira, y qué es capaz de transformar en su medio para hacer que su vida y la de los demás sea mejor, más justa y más participativa.

Objetivo de la asignatura

De acuerdo a estas definiciones y preocupaciones, el programa de la asignatura de Formación cívica y ética I, II y III tiene como objetivo:

Proporcionar elementos conceptuales y de juicio para que los jóvenes desarrollen la capacidad de análisis y discusión necesaria para tomar decisiones personales y colectivas que contribuyan al mejoramiento de su desempeño en la sociedad. Se busca que los alumnos y las alumnas aprendan a considerar y asumir su entorno social como un ambiente propicio para el ejercicio de actitudes comunitarias y cívicas.

¿Cómo se plantea la propuesta alcanzar este objetivo?

Panorama de la asignatura en los tres grados

Primer grado: terriotorios interiores

En el primer año se busca que el alumno dé respuesta a las siguientes preguntas: ¿quién es y cómo es su vida hoy?, ¿cómo piensa que puede ser su vida con los demás?, ¿de qué manera puede participar junto a ellos?, ¿qué ofrece y qué le exige vivir en sociedad?

Estas preguntas le conducirán a:

1. Reflexionar acerca de la naturaleza humana y

los valores en que se constituye.

2. Reconocer sus derechos y obligaciones como estudiante.

3. Conocer de manera responsable su cuerpo y el cuidado de su salud.

4. Identificar los principales elementos con los    que puede construir un proyecto de desa-   rrollo personal que le permita desplegar sus      intereses y potencialidades.

5. Reconocer las condiciones, valores, normas y posibilidades que le ofrece la vida en sociedad, entendida ésta como un proceso histórico y cultural.

Todo esto le brindará elementos para establecer las bases de una escala de valores que, aun siendo personal, sea congruente con los principios de la vida democrática.

Segundo grado: territorios intermedios

En el segundo año las preguntas a las que el alumno deber responder son: ¿qué quiere?, ¿qué desea construir con las y los otros?, ¿cómo puede alcanzarlo?, ¿qué necesita para vivir en armonía con los demás?, ¿qué valores comparte con ellos? y ¿cómo participa en los grupos y los espacios de los que forma parte?

Estas preguntas le conducirán a:

1. Reconocer a la sociedad como una organización que permite alcanzar objetivos tanto individuales como colectivos.

2. Identificar cuáles son los valores y disposiciones individuales y los valores cívicos que      hacen posible la convivencia.

3. Definir qué es y en qué consiste la democracia.

4. Describir y analizar los distintos ámbitos de relación en que se desarrolla —familia, amigos, escuela, entorno social, nación y, finalmente, medio ambiente— y su historia y, en su caso, la legislación que les rige.

5. Reconocer su responsabilidad y posibilidad de transformación en cada uno de estos ám bitos

Tercer grado: territorios exteriores

Para el tercer año las preguntas a responder por el alumno serán: ¿qué es la ley?, ¿para qué sirven las leyes?, ¿cuáles son las responsabilidades de los gobiernos?, ¿cuáles los derechos y las obligaciones de los ciudadanos?, ¿qué decisiones debe tomar cada uno y cada una para actuar responsablemente y cuidar de sí y de las y los otros?, ¿para qué estudiar?, ¿para qué trabajar?, ¿cómo puede cada uno y cada una mejorar su entorno?, ¿cuáles son sus problemas y qué soluciones puede proponer?

Estas preguntas le conducirán a:

1. Conocer las funciones y relaciones de las leyes, el gobierno y la participación ciudadana.

2. Comprender las características del Estado mexicano como República soberana, representa tiva y federal.

3. Indagar acerca de los atributos y responsabilidades de la autoridad así como de la partici pación ciudadana en los asuntos públicos.

4. Reconocer los límites y la responsabilidad que  se derivan del ejercicio de la libertad en las decisiones que atañen al uso y cuidado de su cuer po, y las implicaciones sociales que tal ejercicio conlleva.

5. Las condiciones y posibilidades de desarrollo que le pueden ofrecer el estudio y el trabajo,       así como los derechos de los trabajadores me nores de edad.

6. Valorar su participación en la toma de decisiones que afectan a su comunidad.

Manera de abordar la materia: enfoque

El abordaje de la asignatura se funda, primero, en el Artículo 3° de nuestra Constitución que rige la educación y ofrece las pautas para establecer tanto las líneas generales de los contenidos a aprender como el tipo de actividades de aprendizaje a desarrollar. Así, la educación se plantea desde un enfoque formativo, laico, democratizador, nacionalista, universal, preventivo y comunicativo.

Formativo: se busca el desarrollo de los valores, prácticas sociales y actitudes, destrezas sociales y facultades.

Laico: mantiene la educación ajena a cualquier tipo de doctrina religiosa garantizando, así, el respeto a la libertad de creencias que existe en nuestro país y fomentando la tolerancia y el respeto a la diversidad.

Democratizador: propone el diálogo, participación, respeto, equidad y tolerancia como las condiciones indispensables para llegar a los acuerdos y decisiones comunitarias que facilitan la vida social.

Nacionalista: busca desarrollar y fortalecer el sentido de pertenencia a la Nación (lo cual implica derechos y obligaciones), de reconocimiento a la pluralidad cultural en la que se funda nuestra identidad nacional, y aprecio a nuestros recursos, su cuidado y la preservación de nuestra soberanía como Nación. En síntesis: el orgullo de ser mexicano.

Universal: permite desarrollar el sentimiento de pertenencia a la humanidad y la responsabilidad que tiene con el ambiente. Pertenencia y responsabilidad que sólo puede alcanzar fomentando el respeto, la colaboración y la reciprocidad entre los individuos y entre las naciones.

Preventivo: ofrece que cada alumno y alumna cuente con la información suficiente y útil para que anticipen las consecuencias de sus actos y pueda proyectar y elegir una vida armónica y sana, con confianza en sí mismo y respeto hacia nuestro estado de derecho.

Comunicativo: sugiere reconocer en el diálogo —y el desarrollo de las actitudes y habilidades que éste requiere, fundamentalmente saber escuchar— la mejor herramienta para el planteamiento y la discusión de los problemas, la solución de los dilemas y, en su caso, la construcción de los consensos. Asuntos todos indispensables para el desarrollo de la vida democrática.

Estos son los fundamentos en los que se asienta la nueva propuesta de formación cívica y ética, que nosotros leemos como una recuperación de la moral republicana, de ahí que nos parezca acertada, necesaria y oportuna para nuestro momento político, social y cultural en que nos empeñamos en abrir los espacios de tolerancia a la diversidad, realizar una transición pacífica hacia la democracia y construir un país incluyente en que haya lugar para todos y todas. Invitamos a los maestros y maestras a acercarse  al programa, discutirlo, reconocer sus virtudes. Y, también, a recordar lo escrito por el poeta y educador Jaime Torres Bodet en 1959, siendo secretario de Educación, acerca de la escuela secundaria y la educación cívica en México. En La revisión de los  planes educativos2 dice:

Para centrar la educación secundaria en su más importante función —la formación de la adolescencia— procede completar la revisión del plan de estudios, de los programas y de los métodos pedagógicos, robusteciendo algunas “constantes”: el conocimiento de las matemáticas, que enseñan a pensar con lógica y precisión; el de nuestro idioma, que asegura la claridad y la firmeza de la expresión oral y escrita; el adiestramiento práctico que sólo se obtiene mediante el trabajo directo en los laboratorios y en los talleres; la educación física, que vigoriza el cuerpo; y, como base y coronamiento a la vez de toda la estructura, la educación cívica, que esclarece la voluntad de una participación justa en los deberes de la solidaridad humana, nacional e internacional. A mi juicio, esta última —la educación cívica— ha de ser el triunfo mayor de la escuela entera, ya que, aunque expresada necesariamente en horas de lección o de actividad, no puede quedar circunscrita a las clases de “civismo”, y, mucho menos en ellas a explicaciones verbales, más o menos elocuentes; porque son hechos y no palabras los que atestiguan la calidad de nuestra conducta y porque, en realidad, toda la enseñanza impartida en la escuela ha de conducir al alumno a la comprensión de su responsabilidad cívica ante la vida.