Introducción
Durante
los últimos días del mes de enero la sep presentó el nuevo
programa de la materia Formación Cívica y Ética I, II
y III para la escuela secundaria. Se trata de un programa
en tres tiempos, por lo que para fines de trabajo nos
referiremos a los programas (en plural) de formación cívica
y ética. Esta propuesta curricular sustituirá los programas
de Civismo y Orientación Educativa de 1°, 2° y 3° grados
respectivamente. Los programas de 1° y 2° se han implantado
a partir del ciclo escolar en curso, mientras que el de
3° se implantará en el ciclo 2000-2001. De ahí la gran
premura para la elaboración de los libros de texto que
servirán de apoyo para el trabajo en el aula que iniciamos
este mes.
Más allá
de cualquier consideración acerca de las formas seguidas
para la definición y construcción de estos programas,
es importante conocerlos para rescatar de ellos lo que
nos parece su virtud principal: la intención inequívoca
de plantearse la formación de los ciudadanos y ciudadanas
como una tarea que trasciende a la mera información cívica
apoyada en principios del derecho y la sitúa como un asunto
esencialmente ético. Es decir: se aspira a la formación
de sujetos éticos capaces de expresarse como ciudadanos
y ciudadanas abiertos, tolerantes, justos, libres, respetuosos,
solidarios, responsables, conscientes de su deuda social,
y capaces de reconocerse desde su identidad, individualidad
y dignidad personales como parte de la humanidad
(pasando por el reconocimiento de su familia, entorno
inmediato, nación, ambiente ecológico y relación con la
Patria-Tierra). Sujetos, en suma, capaces de construir
proyectos para lograr una convivencia armónica y mejor
vida para y con los y las demás.
Las
preguntas que surgen entre los maestros y las maestras
así como entre otros miembros de la sociedad son: ¿por
qué hoy se presenta una nueva propuesta para la formación
cívica y ética? Para encontrar respuestas a estas preguntas
es necesario conocer al menos algunos antecedentes de
la educación cívica y ética, también llamada moral, en
nuestro país y, después, reconocer los términos y el enfoque
en que la nueva propuesta se sostiene. Veamos.1
Antecedentes
históricos
Durante
los últimos 40 años del siglo XIX, con la restauración
de la República se produjo en Méssxico un gran cambio
de lo que entonces se llamaba la instrucción moral
(moral y urbanidad) de los niños y las niñas, jóvenes
y, también, de los maestros y maestras. Este cambio obedecía
a una idea: para tener una Nación libre y soberana y cuidar
del más alto bien común, la República, los ciudadanos
debían aprender los hábitos y las costumbres morales
necesarios y convivir en un orden político de libertades
y de respeto.
Así, para
finales del siglo XIX la escuela dejó de ser el lugar
donde se aprendían religión, letras y aritmética para
transformarse en una ciudad escolar, una república
escolar, en la que cualquiera podía ser electo para
desempeñar cargos de gobierno, de juez
o de policía: los valores cívicos y las prácticas
democráticas se enseñaron a través de juegos y de la imitación
de las formas republicanas de gobierno (basadas en que
cada individuo tendría iguales derechos y obligaciones
ante la sociedad). Fue entonces cuando comenzaron algunas
de las ceremonias cívicas que hoy se realizan en la escuela:
la conmemoración de la Independencia, el saludo a la bandera
y la entonación del Himno Nacional, por ejemplo.
A finales
del siglo XIX se hicieron los primeros libros de texto
de moral cívica o moral para la patria.
Estos libros hablaban de una moral republicana que inspirada
en el pensamiento liberal de la Revolución francesa que
sostenía los valores de libertad, igualdad y fraternidad,
así como tolerancia, sería la base para la
fundación del Estado Nacional en el que hoy vivimos. Formar
hombres y mujeres morales era una necesidad política,
como políticas y laicas (independientes de cualquier creencia
religiosa) eran las virtudes a enseñar. Por primera vez
se pensó que los y las jóvenes eran los cimientos del
nuevo proyecto de Nación. Por eso, cuidarlos, cuidar de
su educación y sus costumbres llegó a significar lo mismo
que cuidar de la Patria.
Poco a
poco, a lo largo del siglo XX, la idea fue cambiando:
el espacio dedicado antes a la moral cívica
fue, primero, puesto al servicio de las ideas sociales
de la Revolución como la justicia social, o bien a las
de los momentos políticos específicos: el Código de
Moralidad en los años veinte durante la Guerra Cristera,
o las Prácticas e informaciones socialistas durante
los treinta. Al mismo tiempo que la instrucción cívica
se acercaba a la historia nacional los contenidos
de la materia y los libros de texto cambiaron a Historia
y civismo se reconocía que para amar
a la Patria era indispensable conocer los acontecimientos
y a los protagonistas de su historia.
Después,
la enseñanza del civismo volvió a cambiar enfatizándose
el conocimiento de la organización de la forma de gobierno
y de las instituciones, así como de los principios del
derecho y las leyes que rigen nuestro país, por ejemplo,
la Constitución y otros reglamentos como los de derechos
humanos. Entonces, los libros de texto fueron de educación
cívica o, simplemente, civismo. El conocimiento
de las instituciones, las leyes y las normas que rigen
la convivencia eran lo más importante para la instrucción
de los buenos ciudadanos, quienes debían estar informados
y conocer su relación como individuos frente al Estado.
Hoy nos
enfrentamos a una nueva transformación tanto mundial como
nacional que nos obliga a reconocer que los conocimientos
de moral cívica y la educación cívica
basados en el conocimiento del Estado, las formas de gobierno
y las leyes son necesarios pero insuficientes para formar
a los ciudadanos y ciudadanas del futuro. El mundo ha
cambiado, es cada vez más complejo, más amplio y muestra
relaciones más ricas. La aparición de las mujeres en todos
los escenarios, los pueblos indígenas, los perseguidos
políticos y exiliados por las guerras, los enfermos y
necesitados de condiciones especiales de vida, así como
el rechazo a cualquier tipo de discriminación sea por
sexo, origen étnico, o condición física, mental o social,
y la conciencia de que es necesario cuidar el planeta
(nuestra Tierra-Patria) hacen la vida más plural, pero
también más compleja. Así mismo, obligan a reconocer la
identidad, individualidad y dignidad de cada persona,
hombre o mujer, de todos y todas y cada uno y una en su
particularidad.
Formación
cívica y ética: definición de términos
En la
actualidad se reconoce que cada ciudadano y ciudadana
de una Nación lo es, también, de todo el mundo y tiene
responsabilidad no sólo con todos sus semejantes, los
demás individuos de la especie humana, sino también con
el planeta, con sus recursos y con todo lo que lo habita.
Por eso, lo que hoy se necesita es una formación cívica
y ética de la que es preciso definir los términos.
Formación
La educación
es algo más que una instrucción en hábitos y costumbres
o en leyes e instituciones. Es el principio mediante el
cual la comunidad humana conserva y trasmite sus características
físicas y espirituales. La educación es formativa
ya que se ocupa de manera integral de los valores,
actitudes, destrezas y costumbres, hábitos y prácticas
sociales, así como del conocimiento acerca de nosotros
mismos y los procesos y circunstancias que han intervenido
o que intervienen en el desarrollo de nuestra personalidad
y acción.
Cívica
La formación
cívica no es una propiedad individual sino un bien
colectivo. Es el camino que nos pone en contacto con
la comunidad (la más inmediata o la más lejana) para que
la entendamos, cuidemos, sirvamos y conservemos para los
que vengan después de nosotros, pues es patrimonio de
todos. Es cívica pues se refiere a la formación
y orientación que debemos dar y recibir para actuar como
ciudadanos y ciudadanas libres y responsables capaces
de vivir en una democracia y promover los valores
en que ésta se funda.
Ética
Para vivir
de manera libre y responsable con los demás deben desarrollarse
virtudes, comporta-mientos y prácticas morales de acuerdo
a valores como la honestidad, la honradez, austeridad,
amor a la verdad y libertad, tolerancia, respeto, justicia
y responsabilidad, entre otros.
Este crecimiento
personal así como el conocimiento, la conservación y el
mejoramiento de los bienes culturales sólo pueden
alcanzarse a partir del uso consciente e individual de
la razón. Por eso, la verdadera formación es siempre ética,
pues ayuda a comprender a cada hombre y cada mujer, uno
a uno y una a una, cuál es la imagen e idea, de lo qué
es o de lo qué puede ser para sí mismo o para sí misma
y para su comunidad, y las acciones que debe cumplir para
alcanzar esa idea. Es decir, le ayuda a saber cómo llegar
a ser un verdadero ser humano coherente con su historia
y contexto.
Las y
los jóvenes deben comprender que son parte de la humanidad.
Por tal motivo deben saber qué es el ser humano y qué
tipo de ser humano es cada uno y cada una. Pero, sobre
todo, necesita convencerse de que la vida de niñas y niños,
jóvenes, mujeres y hombres, de todas las naciones, pobres
o ricas, puede ser mejor mucho mejor de lo
que es hoy. Esto será más fácil de conseguir si cada uno
de nosotros sabe su historia, conoce los principios a
partir de los cuales se organiza su sociedad, entiende
qué es, qué quiere, a qué aspira, y qué es capaz de transformar
en su medio para hacer que su vida y la de los demás sea
mejor, más justa y más participativa.
Objetivo
de la asignatura
De acuerdo
a estas definiciones y preocupaciones, el programa de
la asignatura de Formación cívica y ética I,
II y III tiene como objetivo:
Proporcionar
elementos conceptuales y de juicio para que los jóvenes
desarrollen la capacidad de análisis y discusión necesaria
para tomar decisiones personales y colectivas que contribuyan
al mejoramiento de su desempeño en la sociedad. Se busca
que los alumnos y las alumnas aprendan a considerar y
asumir su entorno social como un ambiente propicio para
el ejercicio de actitudes comunitarias y cívicas.
¿Cómo
se plantea la propuesta alcanzar este objetivo?
Panorama
de la asignatura en los tres grados
Primer
grado: terriotorios interiores
En el
primer año se busca que el alumno dé respuesta a las siguientes
preguntas: ¿quién es y cómo es su vida hoy?, ¿cómo piensa
que puede ser su vida con los demás?, ¿de qué manera puede
participar junto a ellos?, ¿qué ofrece y qué le exige
vivir en sociedad?
Estas
preguntas le conducirán a:
1. Reflexionar
acerca de la naturaleza humana y
los valores
en que se constituye.
2. Reconocer
sus derechos y obligaciones como estudiante.
3. Conocer
de manera responsable su cuerpo y el cuidado de su salud.
4. Identificar
los principales elementos con los que puede construir
un proyecto de desa- rrollo personal que le permita
desplegar sus intereses y potencialidades.
5. Reconocer
las condiciones, valores, normas y posibilidades que le
ofrece la vida en sociedad, entendida ésta como un proceso
histórico y cultural.
Todo
esto le brindará elementos para establecer las bases de
una escala de valores que, aun siendo personal, sea congruente
con los principios de la vida democrática.
Segundo
grado: territorios intermedios
En el
segundo año las preguntas a las que el alumno deber responder
son: ¿qué quiere?, ¿qué desea construir con las
y los otros?, ¿cómo puede alcanzarlo?, ¿qué necesita para
vivir en armonía con los demás?, ¿qué valores comparte
con ellos? y ¿cómo participa en los grupos y los espacios
de los que forma parte?
Estas
preguntas le conducirán a:
1. Reconocer
a la sociedad como una organización que permite alcanzar
objetivos tanto individuales como colectivos.
2. Identificar
cuáles son los valores y disposiciones individuales y
los valores cívicos que hacen posible la convivencia.
3. Definir
qué es y en qué consiste la democracia.
4. Describir
y analizar los distintos ámbitos de relación en que se
desarrolla familia, amigos, escuela, entorno social,
nación y, finalmente, medio ambiente y su historia
y, en su caso, la legislación que les rige.
5. Reconocer
su responsabilidad y posibilidad de transformación en
cada uno de estos ám bitos
Tercer
grado: territorios exteriores
Para el
tercer año las preguntas a responder por el alumno serán:
¿qué es la ley?, ¿para qué sirven las leyes?, ¿cuáles
son las responsabilidades de los gobiernos?, ¿cuáles los
derechos y las obligaciones de los ciudadanos?, ¿qué decisiones
debe tomar cada uno y cada una para actuar responsablemente
y cuidar de sí y de las y los otros?, ¿para qué estudiar?,
¿para qué trabajar?, ¿cómo puede cada uno y cada una mejorar
su entorno?, ¿cuáles son sus problemas y qué soluciones
puede proponer?
Estas
preguntas le conducirán a:
1. Conocer
las funciones y relaciones de las leyes, el gobierno y
la participación ciudadana.
2. Comprender
las características del Estado mexicano como República
soberana, representa tiva y federal.
3. Indagar
acerca de los atributos y responsabilidades de la autoridad
así como de la partici pación ciudadana en los asuntos
públicos.
4. Reconocer
los límites y la responsabilidad que se derivan del ejercicio
de la libertad en las decisiones que atañen al uso y cuidado
de su cuer po, y las implicaciones sociales que tal ejercicio
conlleva.
5. Las
condiciones y posibilidades de desarrollo que le pueden
ofrecer el estudio y el trabajo, así como los derechos
de los trabajadores me nores de edad.
6. Valorar
su participación en la toma de decisiones que afectan
a su comunidad.
Manera
de abordar la materia: enfoque
El abordaje
de la asignatura se funda, primero, en el Artículo 3°
de nuestra Constitución que rige la educación y ofrece
las pautas para establecer tanto las líneas generales
de los contenidos a aprender como el tipo de actividades
de aprendizaje a desarrollar. Así, la educación se plantea
desde un enfoque formativo, laico, democratizador, nacionalista,
universal, preventivo y comunicativo.
Formativo:
se busca el desarrollo de los valores, prácticas sociales
y actitudes, destrezas sociales y facultades.
Laico:
mantiene la educación ajena a cualquier tipo de doctrina
religiosa garantizando, así, el respeto a la libertad
de creencias que existe en nuestro país y fomentando la
tolerancia y el respeto a la diversidad.
Democratizador:
propone el diálogo, participación, respeto, equidad y
tolerancia como las condiciones indispensables para llegar
a los acuerdos y decisiones comunitarias que facilitan
la vida social.
Nacionalista:
busca desarrollar y fortalecer el sentido de pertenencia
a la Nación (lo cual implica derechos y obligaciones),
de reconocimiento a la pluralidad cultural en la que se
funda nuestra identidad nacional, y aprecio a nuestros
recursos, su cuidado y la preservación de nuestra soberanía
como Nación. En síntesis: el orgullo de ser mexicano.
Universal:
permite desarrollar el sentimiento de pertenencia
a la humanidad y la responsabilidad que tiene con el ambiente.
Pertenencia y responsabilidad que sólo puede alcanzar
fomentando el respeto, la colaboración y la reciprocidad
entre los individuos y entre las naciones.
Preventivo:
ofrece que cada alumno y alumna cuente con la información
suficiente y útil para que anticipen las consecuencias
de sus actos y pueda proyectar y elegir una vida armónica
y sana, con confianza en sí mismo y respeto hacia nuestro
estado de derecho.
Comunicativo:
sugiere reconocer en el diálogo y el
desarrollo de las actitudes y habilidades que éste requiere,
fundamentalmente saber escuchar la mejor
herramienta para el planteamiento y la discusión de los
problemas, la solución de los dilemas y, en su
caso, la construcción de los consensos. Asuntos
todos indispensables para el desarrollo de la vida democrática.
Estos
son los fundamentos en los que se asienta la nueva propuesta
de formación cívica y ética, que nosotros leemos como
una recuperación de la moral republicana, de ahí que nos
parezca acertada, necesaria y oportuna para nuestro momento
político, social y cultural en que nos empeñamos en abrir
los espacios de tolerancia a la diversidad, realizar una
transición pacífica hacia la democracia y construir un
país incluyente en que haya lugar para todos y todas.
Invitamos a los maestros y maestras a acercarse al programa,
discutirlo, reconocer sus virtudes. Y, también, a recordar
lo escrito por el poeta y educador Jaime Torres Bodet
en 1959, siendo secretario de Educación, acerca de la
escuela secundaria y la educación cívica en México. En
La revisión de los planes educativos2 dice:
Para centrar
la educación secundaria en su más importante función la
formación de la adolescencia procede completar la
revisión del plan de estudios, de los programas y de los
métodos pedagógicos, robusteciendo algunas constantes:
el conocimiento de las matemáticas, que enseñan a pensar
con lógica y precisión; el de nuestro idioma, que asegura
la claridad y la firmeza de la expresión oral y escrita;
el adiestramiento práctico que sólo se obtiene mediante
el trabajo directo en los laboratorios y en los talleres;
la educación física, que vigoriza el cuerpo; y, como base
y coronamiento a la vez de toda la estructura, la educación
cívica, que esclarece la voluntad de una participación
justa en los deberes de la solidaridad humana, nacional
e internacional. A mi juicio, esta última la educación
cívica ha de ser el triunfo mayor de la escuela
entera, ya que, aunque expresada necesariamente en horas
de lección o de actividad, no puede quedar circunscrita
a las clases de civismo, y, mucho menos en
ellas a explicaciones verbales, más o menos elocuentes;
porque son hechos y no palabras los que atestiguan la
calidad de nuestra conducta y porque, en realidad, toda
la enseñanza impartida en la escuela ha de conducir al
alumno a la comprensión de su responsabilidad cívica ante
la vida.