Una gran parte de nuestro quehacer educativo como profesores
de enseñanza básica consiste -entre otras cosas y sin importar
el grado en que nos desempeñemos o la materia que impartamos-
en enseñar a nuestros alumnos a pensar. Este número
del Correo contiene diversas propuestas que pueden
ayudarnos mucho en tal sentido. Sin embargo, debemos tener
presente que, todas las formas de pensamiento que podamos
considerar y todas las habilidades que éstas implican, tienen
-todas ellas- una misma finalidad: el pensar para la
vida, para ser más humanos, para ordenar nuestras
ideas, para ser más claros y precisos, para reflexionar
y discernir, para entender -los puntos de vista propios
y de los otros-, para dialogar, para establecer relaciones:
entre palabras, circunstancias, contextos, espacios, tiempos,
historias...