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Correo del Maestro Núm. 43, diciembre 1999

Editorial

Virginia Ferrari

De los rasgos inherentes a nuestra especie, pocos hay tan inefables como el juego de los niños y la creación artística. Podríamos decir, de ambos, que son expresiones del espíritu, de lo más íntimo de cada uno, búsquedas de comunicación, formas de socialización o, incluso, lenguajes. Sin embargo, aun reuniendo todas estas posibilidades y haciendo uso de todos nuestros recursos lingüísticos, no podríamos lograr expresar, aunque sea de manera cercana, la extraordinaria  riqueza y gama de emociones, sentimientos, vivencias, tradiciones, sentidos y significados implicados en estas manifestaciones humanas.  

Por nuestra tarea como educadores sabemos de la importancia del juego y la creatividad en la educación y de la necesidad de insistir en su conocimiento y su integración a la vida escolar. Si deseamos ser formadores para la vida, he aquí un ejemplo a seguir: el de los niños y los artistas; esto es, pensar y vivir la vida como un hermoso juego en el que el amor, la libertad, el reconocimiento y respeto de las diferencias y de lo que otros nos han legado, han de facilitar el despliegue de nuestra creatividad.

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