|
Para A. Díaz y P. Garland
|
|
Silvestre Revueltas, hacia 1920.
|
A lo largo
de 1999 se ha celebrado el primer centenario del nacimiento
de los dos compositores mexicanos más importantes del siglo
XX: Carlos Chávez y Silvestre Revueltas. El tiempo, las
circunstancias gremiales y los imponderables han creado
una pugna entre ambos, pugna que sobre todo han alimentado
adeptos y detractores (chavistas y revueltianos); se ha
querido oponer a dos personalidades, precisamente por sus
notorios contrastes. Aunque la distancia del tiempo ha permitido,
por otro lado, situar la cabal estatura de uno y otro, sobre
todo a partir de la obra que cada uno legó más que por la
leyenda negra que cargan como un fardo del cual todavía
no podemos despojarnos a casi sesenta años de que ellos
se encontraran por última vez. Esas imágenes hechas de vaguedades
e infundios están más cercanas a la ficción literaria que
al recuento histórico, menos aún de la revisión, análisis
y audición de estos dos creadores que, junto con Manuel
M. Ponce (1886-1948), son los compositores de quienes existen
más grabaciones en la música mexicana de concierto.
Con el
siguiente itinerario por el devenir de ambos compositores
se describirán algunos momentos y hechos significativos
de su vida y su obra; a partir de esa suma el lector podrá
acentuar o atenuar, profundizar o diluir los trazos aquí
delineados.
La Escuela
Mexicana de Composición nació en la segunda década de este
siglo. Para la investigadora Yolanda Moreno Rivas, el nacionalismo
mexicano es una búsqueda de identidad sonora que en su trayecto
se transformó y amplió las posibilidades expresivas y técnicas
de su arte. De este modo entró la música mexicana a la contemporaneidad,
posibilitando, asimismo, otras rutas para generaciones por
venir de compositores. Sin duda, la figura que cohesiona
y articula este movimiento es Carlos Chávez (Cd. de México,
13 de junio de 1899; Cd. de México, 2 de agosto de 1978).
Él parece encarnar parte de los ideales de José Vasconcelos
(1882-1959) quien desde la rectoría de la Universidad y
luego como Secretario de Educación toma la tradición del
nacionalismo y organiza lo que José Joaquín Blanco llamó
"una mística cultural de redención de la patria que habría
de prevalecer, en lo esencial, durante los siguientes cincuenta
años (el proyecto educativo de José Vasconcelos como programa
político)". Parte de esa mística reside en la suprema importancia
como "triple redentor": instructor; texto viviente; artista
(que enseña con el ejemplo la vida superior a que debe llegar
el pueblo: "el arte purifica transformando en creación la
crueldad y la maldad públicas a que llevan las sociedades
tiránicas").
Chávez
es una de las figuras más importantes de la cultura mexicana
en este siglo; promotor cultural que impulsó actividades
como los trabajos del Teatro Ulises -con Salvador Novo y
Xavier Villaurrutia. Establece la escuela de danza, convertida
en el Departamento de Danza (1950), y la ópera de Bellas
Artes (1948); de este modo fortalece la correlación entre
las artes a la vez que confiere un carácter esencialmente
mexicano al favorecer el trabajo de los bailarines, cantantes
y compositores nacionales. Fue creador de la Orquesta Sinfónica
de Mexico (osm, 1928)[1]
que dirige durante dos décadas; guía del nacionalismo (sobre
todo del Grupo de Los Cuatro: Daniel Ayala, Blas Galindo,
José Pablo Moncayo y Salvador Moreno), Chávez ocupó cargos
administrativos como la dirección del Conservatorio Nacional
(1928-1933) y la jefatura del Departamento de Bellas Artes
(1933-34). Fue, además, el creador del Instituto Nacional
de Bellas Artes y su director de 1947 a 1952. En 1930 José
Gorostiza lo observa así:
... Carlos Chávez día a día, minuto a minuto, no sólo como director de
la orquesta sinfónica cuya sola existencia en México es
casi un milagro, sino al frente del Conservatorio Nacional
celebra acuerdos, contesta correspondencia, dirige ensayos,
publica una revista, da conferencias, escribe artículos,
ataca, se defiende, coordina, arrastra y atropella...[2]
José Antonio
Alcaraz señala que más que una escuela, Chávez creó un movimiento,
el Nacionalista, que conformó a músicos que no necesariamente
estuvieron bajo su tutela. Como maestro condujo el Grupo
de los Cuatro y a la llamada Generación del Taller (integrada
en 1960, entre otros compositores, por Mario Lavista, Héctor
Quintanar, Eduardo Mata, Julio Estrada y Humberto Hernández
Medrano). "Había que enseñar la música no como teoría, sino
en la práctica -opinaba el autor de Tambuco-; soy
un renacentista y creo más en el taller que en la escuela".
Sin dejar
de ser director invitado de las orquestas más importantes
de Estados Unidos y Europa, mantiene su trabajo como compositor;
aun más, fue asesor del Secretario de Educación (1973) y
del Presidente de la República (1977).
Chávez
tenía una idea muy clara de la universalización del arte
mexicano manteniendo la propia esencialidad:
Arte propio no quiere decir arte cerrado. Que se busque la expresión
propia no quiere decir que se niegue la expresión ajena,
si es buena y bella; pero que la expresión ajena no impida,
no inhiba o frustre la propia. El Estado es la función nacionalista
por excelencia. En materia del arte, el Estado tiene que
perseguir: I. El desarrollo del desarrollo propio. II. El
conocimiento del arte universal. III. La protección del
arte nacional.[3]
La figura
del funcionario se funde con la del músico: Carlos Chávez,
el administrador influyente y el compositor cuyo catálogo
rebasa las ochenta obras y quien recibiera un Homenaje
Nacional a unas semanas de su muerte. La discografía
sobre su obra alcanza el centenar de discos. Estricto, metódico,
para algunos intolerante y dogmático, Chávez fue poseedor
de un rigor y una disciplina inusuales. Juan Vicente Melo
anotó al inicio de los 60: "El único compositor mexicano
que tiene los pies en la tierra es Carlos Chávez, el único
que es músico, el único que tiene una obra, el único que
no se ha desvinculado de lo que es y debe ser un músico
mexicano".[4]
A casi
tres décadas de distancia la situación ha cambiado mucho,
muchos compositores son más profesionales que artistas.
Uno de los aspectos que más se le criticaron a Chávez fue
la utilización de su posición como funcionario para promover
su propia obra (ahora ésta es una moneda corriente que nadie
discute, aunque tampoco se acepte abiertamente entre los
creadores que ocupan cargos administrativos). Al referirse
a la educación musical en México el director de orquesta
Sergio Cárdenas refiere una conversación con el célebre
Sergio Celibidache, "Mira, Sergio, si el gobierno mexicano
hubiera destinado a la educación musical el dinero que le
dio a Chávez para que se promoviera él mismo, México sería
hoy en día el principal exportador (surtidor) de música
del mundo".[5] Esta afirmación que parece excesiva, para el
crítico José Antonio Alcaraz -quien ha escrito cientos de
páginas sobre el autor de la Sinfonía India- no lo
es porque "depende de qué tipo de educación musical queremos"."Además
-añade Alcaraz- Chávez no era ningún tonto; él le contestó
a Antonio Rodríguez bastante bien: si a Diego Rivera le
dan los muros de Palacio Nacional para pintar no va a llamar
a José Clemente Orozco para que lo haga".
Yolanda
Moreno Rivas señala que fue Chávez quien comprendió como
nadie que una nueva visión del arte mexicano requería de
la transformación total en su vida cultural. Mostró que
los obreros podían oír a Stravinski con entusiasmo. Este
logro fue para Chávez "un paso del renacimiento cultural
que avanzaba en todos los frentes desde 1921".[6]
El repertorio
de Chávez, como director, se inclinó más por los compositores
impresionistas y, en general, a los contemporáneos. "En
sus 21 temporadas la osm ha tocado 93 obras distintas de
33 compositores mexicanos, de las cuales 14 fueron presentadas
por primera vez en México y 62 tuvieron su estreno mundial".[7]
Pero tampoco dejó de programar a compositores no afines
a él, como Bartok o Schoenberg. Chávez -que fundó con Rodolfo
Halffter la revista Nueva Música (1946-1952)- sostenía
que "al público no hay que darle lo que pida, hay que enseñarle
a pedir".
 |
José Antonio
Alcaraz señala que entre las aportaciones de Chávez se cuentan
su negación al sentimentalismo, "en un país cuya canción
popular es lacrimosa y cuya supuesta poesía popular también
es lacrimosa -o lacrimógena-, tanto como su cine de consumo.
Y administrativamente vivimos de lo que él dejó". Y en su
propia obra, el crítico destaca dos tendencias, en apariencia
contradictorias, que pudo hacer convivir: una es "el respeto
y renovación de las grandes formas clásicas, ahí están sus
sinfonías, las sonatinas, los conciertos para probarlo.
La otra es la idea tan suya de la no repetición; es decir,
de que cada material lleve -en una especie de espiral enorme-
a la invención del siguiente material, que no haya un desarrollo
a la manera clásica y que tampoco haya esa manipulación
temática habitual en todos los compositores".[8] Es evidente que la posición estética
formal de Chávez cambió al paso del tiempo; en los últimos
años la modernidad es un imperativo. En Pirámides,
por ejemplo, utiliza cinta magnética. El autor de la Sinfonía
India comprendió la dificultad de un arte basado en
el mito. Y si en los años veinte y treinta el nacionalismo
había cumplido una función con significado, hacia los cuarenta
"se acercaba peligrosamente -en palabras de Yolanda Moreno-
a la invocación vacía, al exotismo, o al despliegue virtuosístico".
En Carlos
Chávez, 1899-1978, Iconografía (cnca/inba, 1994, 167
pp.), asimismo, se puede observar la convivencia que el
compositor tuvo con los artistas más importantes de su tiempo;
de no pocos de ellos tuvo el reconocimiento; Darius Milhaud
anotó en su libro Notas sin música:
Carlos Chávez ha formado una orquesta flexible y disciplinada, sorprendentemente
capacitada para tocar música contemporánea, ¿Qué asociación
musical daría, como lo hace ésta, en seis semanas festivales,
Stravinsky, Hindemit, Milhaud, bajo la dirección de sus
autores?[9]
Ningún
compositor mexicano ha alcanzado los honores y los tributos
oficiales que él ha merecido; ni siquiera Silvestre Revueltas.[10]
"El caso de Revueltas es único. Él es acaso, el compositor con más talento
que ha nacido en México. Y si no fuéramos tan cobardes nos
atreveríamos a asegurar que es el único compositor de genio
entre nosotros.[11]
Para Silvestre
Revueltas (Santiago de Papasquiaro, Durango, 31 de diciembre
de 1899 ; Ciudad de México, 5 de octubre de 1940) los años
de estudio son arduos. Desde la adolescencia vive alejado
de su familia; después de tres años en la Ciudad de México,
seguirá el Saint Edward's College, en Austin (1916-1918),
y el Chicago Musical College en distintos periodos
entre 1920 y 1924. Sabía del alcance de su obra. Visionario,
se esfuerza por precisar la música con distintos medios
a su alcance; entre 1917 y 1920 imagina "...una música para
cuya transcripción no existen caracteres gráficos, pues
los conocidos no alcanzan a decirla, a escribirla. Sueño
con una música que es color, escultura y movimiento".
Nací [...] creo que en un lugar cercano a las montañas, pues el recuerdo
más lejano y vivo de mi infancia me ilumina un viaje por
la sierra, amarrado a una mula -era muy pequeño-, durmiendo
el sueño bajo tiendas de campaña y sobre el suelo, cazando
pajarillos con rifle de salón, recogiendo frutas en la madrugada,
oyendo los lobos en la noche. Desde entonces me quedó un
aromático y tendido amor por los pinos, las montañas y los
horizontes.
.Era muy pequeño -tres años me cuenta ella [su madre]- cuando por primera
vez oí música. Era una orquestita de pueblo que tocaba la
serenata en la plaza. Yo estuve de pie escuchando largo
tiempo y seguramente con una atención desmedida, pues me
quedé bizco. Y bizco estuve por tres o cuatro días. [.]
De niño (¿también de hombre?) preferí siempre dar tamborazos
en una tina de baño.
.Y seguí soñando con música y países remotos. Recuerdo dolorosamente
el solfeo. [.] Mis lágrimas cayeron sobre el 'Eslava'. Leí
libros de viajes con lágrimas y 'do, mi, do, mi, sol'. Tenía
seis años. Quería ser misionero en remotos lugares, predicador
y músico. Me gustaron las vidas de los santos y de los bandidos.
Después toqué el violín. Empecé a estudiarlo allá por Colima, por Ocotlán,
por Guadalajara. Mi pobre padre, que era un poeta de vida
humilde, nos llevaba de un lado para otro, porque sus negocios
comerciales andaban de capa caída. Amaba el arte y la poesía.
A él le debo lo mejor de mi vida interior y mi mejor amor
por los hombres. [.] Hice mi primera aparición en público
cuando tenía once años, en el Teatro Degollado de Guadalajara.
[.] Mi padre, que tenía un vago temor de que la música no
me diera para comer, me hizo estudiar teneduría de libros,
taquigrafía, aritmética y ciencias ocultas, sin ningún resultado.[12]
Revueltas
también escribió el Diario en el sanatorio (1939),
rodeado de mujeres dementes; él, único hombre, palpa los
delirios y se interpone a su violencia. En cada rostro encontrará,
sin embargo, un dejo de ternura, que él esperó cada día.
La soledad fue su compañía más frecuente. Ese desencanto
lo acompañó desde su infancia y fue una sombra de añoranza
durante su viaje a España.[13] Así lo revela el diario escrito a su tercera
esposa Ángela Acevedo. Vivirá con el conflicto insuperable
entre una emotividad desbordada frente a la realidad y sus
brutalidades.
Su hablar
acerbo no es gratuito. Los cuestionamientos hechos a la
crítica siguen vigentes: "El mundo del arte es una perpetua
pugna partidista, y no por ideas, que sería loable, sino
por personas. Los ejercitantes de la crítica de arte, provocadores
de estas pugnas, escriben por inspiración divina [...] y
divinamente eluden toda seria responsabilidad". Señala que
para que la crítica sea trascendente y benéfica debe contener
claridad, honradez, conocimiento y justeza.
Mañana va a ser un mes que salimos de México...Tu única carta a Nueva
York me causó tanta felicidad. Casi a diario la leo...como
esas cartas de novia que guardamos cuando ya se ha acabado
el amor...Ya no diré nada. Cada quien vive su dolor o su
vida solo. Lo que pasa es que queremos imponerles a los
demás una serie de calamidades que sólo a nosotros concierne...
De todas maneras, a vuestros pies, madame./ Silvestre. (París,
12 de julio, 1937).
Mi amor: Hoy regresaron Guillén y Pellicer de España para concurrir
a la clausura del congreso (en defensa de la cultura), Mancisidor
y Paz se quedaron en Barcelona, en vista de lo cual decidí
que Chávez Morado y yo saliéramos esta misma noche para
Barcelona... Por favor mi amor escribe siempre a la embajada.
Hasta ahora nada se ha recibido directamente de México.
Fíjate que nuestros viáticos no han llegado... Hasta luego
mi amor. Querida Angelucha./ Silvestre. (15 de julio, París).
...No se vive solamente de amor y es ridículo quejarse, cuando hay tanta
queja en el mundo y cuando hay muchos más serios problemas...
(Pero me siento desamparado)... Para ti, mi amor, ya sabes,
ya no tengo palabras, ni tinta; y además no mereces nada,
te detesto (y te quiero mucho)./Silvestre. (22 de agosto).
Hoy se estrena Redes, hoy, hoy, hoy he recibido dos cartas tuyas.
Angelucha. Hoy ha sido pues, día de fiesta... Si para fines
de esta semana no hemos tenido noticias de Moscú, entonces
emprenderemos el viaje de regreso, pues no es fácil sostenerse
aquí con nuestros recursos. (Octubre. París).[14]
Noche desesperada y sola, mi amor[...]. Deja que la noche caiga sobre
nosotros, apretados, locos de placer, henchidos de vida,
de amor. Estréchate más a mí, y duerme en mi corazón [...].
Duerme, Ángela eterna [...]. Noche desesperada y sola [...].
Silvestre.[15]
Del mismo
modo que en la imagen memorable de Carlos Chávez están los
rasgos del cacique de la cultura oficial, calculador e influyente
músico, amigo de la élite de los grandes músicos de su tiempo;
así Revueltas carga la imagen -vuelta petrificada vestimenta-
como el gran inspirado, bohemio, falto de técnica (aunque
él afirma lo contrario: "soy un músico con técnica y sin
inspiración"). Es "la antítesis del rigor, del orden, de
la disciplina; una especie de gota de mal, de vacuna que
inmuniza y nos previene, que nos cura en salud, que nos
conduce al baño aséptico, purificador de la obra `profesional´
de los autores oficiales". Habrá que matizar la cita anterior,
de Juan Vicente Melo;[16]
la obra de Revueltas (junto con la de Ponce y Chávez) es
una de las más ejecutadas y grabadas del repertorio mexicano.
Entre los directores extranjeros que han grabado su obra
se cuentan Carlos Surinach, Erich Kleiber, David Atherton,
Leonard Bernstein, y muy recientemente Esa Pekka Salonen
y la Filarmónica de los Ángeles.[17]
Pero no
deja de ser cierto, en la afirmación de Melo, que Revueltas,
aún hoy, no es un compositor oficial; para sus adeptos ésta
es una virtud. "Los Revueltas son incómodos, molestos al
sistema porque son socialistas, críticos del mismo sistema;
son antihéroes. Nunca guardaron la compostura ante las formas
institucionales, que en México son muy serviles".[18]
Revueltas
escribe la mayor parte de su obra, cerca de 50 opúsculos,
en la última década de su vida; "su gran actividad creativa
se alternaba con crisis depresivas en las que bebía hasta
la locura: el sanatorio, el infierno de la terapia antialcóholica
y otra vez el renovado impulso creador".[19]
La sociedad está poblada de gentes que aúllan, gritan, gesticulan. Llueve
con esa ignominiosa lluvia, que no se sabe si son lágrimas
o agua. Yo sé que nunca llegarán las cosas cuando se las
espera. Ha dejado de llover, pero nadie viene, no faltan
pretextos. ¿Si apareciera alguien? ¿Qué sé yo? Alguien.
Creo que casi lloraría. Pero nada. Sólo el infinito silencio
del jardín y el quejarse de los enfermos... Quien esperaba
vino. Yo la había insultado tanto, la había pisoteado en
mi pensamiento, mancillado, escarnecido, todo. Pero cuando
la vi, como es mi vida, no le pude hacer nada y sólo pude
cogerle las manos, verle los ojos, verla a ella.
Siempre a cada nueva caída, es la misma aspiración. ¿De qué sirve tanta
palabra vana? Hay que callar y morir.
La impaciencia es vida. Sólo la atonía es muerte. Noches sin horas.
Sólo el horario del dolor es guía. Sólo la sombra marca
los minutos. Silencio. Sólo el silencio oye latir un corazón
que grita sin sonido.[Del Diario escrito en el sanatorio
del doctor Falcón (1939), donde estuvo debido a una crisis
alcohólica].[20]
Eugenia
Revueltas recuerda que la fama de músico genial e indisciplinado
surge entre 1933 y 1934, la cual se contradice con la rigurosa
formación que tuvo el autor de Sensemayá en Estados
Unidos y más tarde con una serie de actividades como intérprete,
y añade que fue entonces que se inició la relación con Chávez,
que siendo director del Conservatorio le ofrece a Revueltas,
en 1928, dar clases en el Conservatorio Nacional de Música.
Un año después llega a México definitivamente y se presenta
con la recién formada osm e interpreta el Concierto en
Si menor de Mozart, bajo la dirección de Chávez. En
ese tiempo trabaja como profesor de violín y de música de
cámara en el Conservatorio y hasta octubre de 1935, ocupa
el puesto de subdirector de la Orquesta Sinfónica.
Chávez
y Revueltas fueron presentados por el arquitecto Ricardo
Ortega, esposo de Guadalupe Medina, en 1924; Chávez evocó
unas semanas antes de su muerte -ante José Antonio Alcaraz-
a su amigo de la juventud:
Era un muchacho de una enorme simpatía. Inmediatamente se inició una
relación de afecto y comunicación. Por esas épocas él sólo
estaba por unos cuantos días en México. Tocaba en un cine
en Chicago y traía su violín. Era un gran violinista.[21]
Juntos
emprendieron una lucha contra el conservadurismo, la cursilería
y la mediocridad que imperaban en el medio musical. Sobre
esa época Revueltas escribió:
México musical tiene apenas nueve años. Carlos Chávez músico de hierro
-así lo llamaba yo desde aquel tiempo en que trabajamos
juntos- organizó la actividad y la producción musical de
México.
Fuimos un grupo reducido, con un mismo impulso y con una buena energía
destructora: José Pomar, Luis Sandi. Eduardo Hernández Moncada,
Francisco Agea, Ricardo Ortega, Candelario Huízar. [...]
Cada día un público más despierto, más voluntarioso, con menos prejuicios,
asistió en mayor número y se fue familiarizando con las
nuevas expresiones musicales y apreciando el esfuerzo de
mejores ejecuciones.
Se inauguraron los conciertos para niños y para obreros.
Hoy existen dos orquestas sinfónicas: la de México, bajo la dirección
de Chávez, y la Nacional, bajo mi dirección. Las dos son
un mismo camino y un mismo anhelo: camino de futuro y anhelo
de mejoramiento. El trabajo de estas dos orquestas ha estimulado
la creación musical.[22]
Revueltas
fue un crítico feroz del sistema, lo cual le creó no pocas
enemistades de los conservadores y seguidores entre los
más radicales. Es célebre su texto "Sombras de sombras":
Van las sombras tras las sombras, tras las sombras, tras las sombras.
Nuestro medio musical son sombras que caminan tocando el
violón, tocando el violón. Sombras sin ton ni son ... Esto
que parece muy oscuro es bastante oscuro en la realidad
de nuestra vida musical, pero bastante claro para mis ojos
nuevos....[23]
Las fricciones
entre ambos nacieron por "celos profesionales" y según señala
su hija Eugenia Revueltas, su padre tuvo más seguidores
que Chávez. Es evidente que los rumores de terceros -chavistas
y revueltianos- fueron muy importantes, si bien hubo otros
factores que deteminaron el distanciamiento entre los compositores,
y podrían sintetizarse, esquemáticamente, así: el choque
de sus temperamentos personales y estéticos y en lo profesional
la indisciplina de Revueltas y las exigencias de Chávez;
la orquesta efímera que Estanislao Mejía fundó -supuestamente-
para competir con Chávez y en cuya dirección se puso a Revueltas
-llamada a la sazón, Orquesta Sinfónica Nacional (1936)-;
el incidente del encargo de Paul Strand para su película
Pescados, que inicialmente fue hecho a Chávez y que
compuso Revueltas (la película se llamó finalmente Redes).
Anecdóticamente la ruptura se produjo cuando Revueltas tenía
que presentarse como solista en la osm, pero "ni apareció
ni mandó decir palabra. [...]; unas semanas más tarde vi
grandes carteles en las calles anunciando a Revueltas como
director de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Que él
encabezara las fuerzas de nuestros llamados ´enemigos´ no
era para mi un asunto de lealtad o de deslealtad. [...]
Tampoco era una cuestión de rivalidad."[24]
El mismo
Chávez recordaría su trabajo juntos entre 1928 y 1935 y
su distanciamiento, que "empezó a gestarse desde mi salida
del Conservatorio. A todos los llamados 'amigos' no los
volví a ver [...] empezaron a alabar a Silvestre, lo ponían
por encima de las nubes. [...] En cambio yo le insistía
mucho en que tratara de pulir sus composiciones porque siempre
me encontraba con las mismas cosas, muy bonitas pero poco
interesantes".[25]
Esta rivalidad
ha creado una leyenda; Chávez desmiente rumores, por ejemplo
que por envidia él obligaba a beber a Revueltas; "al contrario,
yo traté, hasta donde pude, de apartarlo de la bebida. Y
debo decir que aunque sí... tomaba, como tenía que ser solista,
especialmente, lo hacía en forma más moderada. Mejía y sus
amigos vivían halagándolo". Y recuerda el último encuentro
con Revueltas, en el estreno de La madrugada del panadero
de Rodolfo Halffter (9 de enero de 1940): el autor de La
coronela caminaba bamboleándose por los pasillos del
Teatro Fábregas. Al ver a Chávez le dijo: "¡ Me he portado
como un cabrón contigo ! Soy un hijo de la chingada. Pero
te quiero mucho. Te voy a buscar. Vamos a vernos." Ese momento
nunca llegó. "Lo abracé conmovido[...] en mí nunca hubo
hacia él sino ríos de cariño."Chávez añade: "No me gusta
toda su música, pero hay obras magníficas".[26]
 |
La polémica
Chávez-Revueltas tiene una larga historia. Apenas unas semanas
después de la muerte de Silvestre Revueltas, Chávez contestó
un artículo publicado por Goddard Lieberson en el New
York Herald Tribune, negando esa pugna, ["su -la de
Revueltas- colaboración con Chávez terminó en una disputa
personal."]. Al describir la relación amistosa y laboral,
Chávez sostiene que Revueltas "no se consideraba compositor,
pese a estudios anteriores. Incluso anuncié una ejecución
pública de un trabajo suyo (1929) cuando no había compuesto
nada para orquesta ni tenía intención de hacerlo. No fue
sino hasta finales de 1931 cuando Revueltas presentó su
primera composición orquestal. El año siguiente, 1932, escribió
lo que para mi gusto son sus mejores partituras: Colorines
y El renacuajo paseador".
Al final
de esta misiva Chávez concluye con aparente neutralidad:
"Como amigo sólo deploré que no hubiera sido abierto y franco
conmigo. Pero nunca hice problema del asunto. Por su parte,
no creo que Revueltas se haya sentido contento acerca del
asunto todo. Nunca me volvió a buscar.
Nos encontramos
ocasionalmente y nos daba gusto vernos, pero para mí tampoco
había razón para buscarlo [Revueltas] tenía una orquesta
propia, tenía todo el [apoyo del] poder oficial, se había
acomodado". Chavéz es contundente: "Revueltas y yo nunca
tuvimos una disputa personal...".[27]
Ciertamente, si alguien estuvo lejos de tener todo el [apoyo
del] poder oficial fue Revueltas.
Las imágenes
no se crean solas; más, los creadores no lo son sólo
por su talento y la calidad de sus obras, sino por los movimientos
y estrategias de un medio cultural local y exterior que
predetermina, consigna, edifica prestigios o los niega.
Hay que añadir las circunstancias sociohistóricas. El proceso
que rodea el prestigio de todo creador es complejo. Aspectos
formales tan sencillos como la conformación de un archivo
personal pueden determinar el prestigio de un creador. El
musicólogo estadounidense Robert Stevenson precisa al respecto:
En México, solamente Chávez tuvo la oportunidad de organizar su archivo
personal y profesional (hoy en el Archivo General de la
Nación) en una manera tan magnífica que, para el siglo que
viene, él va a surgir como el único genio musical verdaderamente
universal de su país. En un sentido palpable, Chávez ha
salido triunfante en los foros internacionales y ha dejado
en rincones oscuros a sus compatriotas compositores.[28]
El tiempo
es el mejor aliado de los artistas, cuya obra -lo más significativo-
permanecerá por encima de las instituciones. Claro, los
cánones soy muy importantes y éstos -que normalmente preservan
una tradición- están enraizados con la visiones del mundo
de épocas y seres humanos. Las obras de Chávez y Revueltas
-esto es, la audición de su música- ahora nos podrán 'hablar'
de la estatura de cada uno por encima de anecdotarios
y testimonios en torno a ellos.
Como parte
de la celebración de este doble centenario se puso en circulación
comercial una edición conmemorativa; se trata de respectivos
álbumes de los dos compositores que reúnen obras que la
rca Victor grabó de ellos. De Chávez se presenta -en seis
discos- toda su obra para piano, interpretada por María
Teresa Rodríguez (grabada entre 1980 y 1982), incluyendo
una versión para dos pianos de Caballos de vapor
(HP); el segundo piano lo interpreta Tonatiuh de la Sierra.
De Revueltas se incluyen -en dos discos- 16 obras; siete
de las grabaciones contenidas en este álbum fueron primeras
grabaciones mundiales. Y hay dos versiones de Sensemayá,
la ya conocida del desaparecido director Eduardo Mata con
la New Philharmonic Orchestra (1975) y una interpretación
inédita hasta ahora: la de Leopold Stokowski and his
Symphony Orchestra, grabada en diciembre de 1947. Sensemayá,
basada en un poema de Nicolás Guillén, es la partitura más
grabada de Revueltas; hasta el momento hay 18 versiones.
Además de los intérpretes mencionados este álbum doble contiene
interpretaciones de la London Sinfonietta, dirigida
por David Athertton y la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo
la dirección de Luis Herrera de la Fuente.
|
1936.
Octubre. Con sus hijos Anita, Agustín y Juanita en
el estudio de la casa de la abuela Juvencia en las
calles de San Luis Potosí 188.
Carlos
Chávez, el violinista norteamericano Samuel Dushkin,
solista de la osm, y el compositor Rodolfo Halffter,
1942.
A
la salida de un ensayo, 1937. De izquierda a derecha,
Francisco Contreras, Aaron Copland y Silvestre.
Silvestre
Revueltas. Con su tercera esposa, Ángela Acevedo y
sus hijas Eugenia y Alejandra en México, 1936.
En
San Antonio, Texas, hacia 1920.
*
Las fotografías que ilustran este artículo se encuentran
a color en las páginas 5, 6, 55 y 56 de esta revista.
Ross,
Stewart. Greek Theatre, Ancient Greece. United
States, Peter Bedrick Books, 1999.
Bajorrelieve
de máscaras teatrales de la tragedia y la comedia,
del siglo II d.C.
|
[3]
Carlos Chávez, Premio a Dos años y medio del INBA,
inba, México, 1950, p. 18, citado por Gloria Carmona en
"Carlos Chávez, 1899-1978", México en el Arte,
No 24, Invierno de 1989, p. 30.
[5]
Véase, Sergio Cárdenas "Sinfonía Patética, comentarios
sobre la educación musical en México", en Estaciones
en la música, conaculta, 1999 p. 127.
[9]Darius
Milhaud citado por Gloria Carmona, Op.cit. p. 30.
[10]En 1990 con motivo de los cincuenta años de la
desaparición del compositor duranguense, lo más natural
habría sido, por fin, que se le rindiera un homenaje nacional;
más allá del anecdotario personal, casi mitológico, y
la leyenda, es inexplicable que ese homenaje nunca se
realizara.
[11]
Véase, Juan Vicente Melo, Notas sin música, fce,
1990, p. 256-257.
[12]
Véase, Silvestre Revueltas por él mismo, Ediciones
Era, Recopilación de Rosaura Revueltas, 1989 pp. 27 y
28. En este texto se trazan bocetos autobiográficos con
una prosa punzante; en su sencillez no se excluye el análisis.
El compositor es pesimista; los eufemismos son falsos
en él; muestra franqueza y claridad e incluso irreverencia
al observar la problemática de la educación musical en
México. Tenía poco aprecio por los títulos y demás formalidades.
Sobre la misma música señaló: "me gusta toda clase de
música. Puedo soportar hasta algunos clásicos y algunas
de mis propias obras, pero prefiero la música de mi pueblo
que se oye en la provincia".
[16]Véase,
Juan Vicente Melo, Op. cit., p. 35-36.
[19]Véase
"De Santiago al Universo", en José Revueltas en
el banquillo de los acusados y otros ensayos, Eugenia
Revueltas, unam, México, 1988.
[22]
Véase, Silvestre Revueltas por él mismo, Ediciones
Era, 1990, p.198-199.
[25]
Véase, José Antonio Alcaraz, "El testimonio de Carlos
Chávez sobre Silvestre Revueltas" en Carlos Chávez,
un constante renacer, inba, cenidim, 1996, p. 50-52.
[28]Robert
Stevenson, La presencia de Chávez y Revueltas en Enciclopedias
Internacionales, ponencia leída dentro del Coloquio
Internacional "Centenario de Carlos Chávez y Silvestre
Revueltas" realizado del 7 al 11 de septiembre de 1999
en la Cd. De México.