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Correo del Maestro Núm. 43, diciembre 1999

Carlos Chávez y Silvestre Revueltas,la leyenda de una pugna

Roberto García Bonilla

Para A. Díaz y P. Garland

Silvestre Revueltas, hacia 1920.

A lo largo de 1999 se ha celebrado el primer centenario del nacimiento de los dos compositores mexicanos más importantes del siglo XX: Carlos Chávez y Silvestre Revueltas. El tiempo, las circunstancias gremiales y los imponderables han creado una pugna entre ambos, pugna que sobre todo han alimentado adeptos y detractores (chavistas y revueltianos); se ha querido oponer a dos personalidades, precisamente por sus notorios contrastes. Aunque la distancia del tiempo ha permitido, por otro lado, situar la cabal estatura de uno y otro, sobre todo a partir de la obra que cada uno legó más que por la leyenda negra que cargan como un fardo del cual todavía no podemos despojarnos a casi sesenta años de que ellos se encontraran por última vez. Esas imágenes hechas de vaguedades e infundios están más cercanas a la ficción literaria que al recuento histórico, menos aún de la revisión, análisis y audición de estos dos creadores que, junto con Manuel M. Ponce (1886-1948), son los compositores de quienes existen más grabaciones en la música mexicana de concierto.

Con el siguiente itinerario por el devenir de ambos compositores se describirán algunos momentos y hechos significativos de su vida y su obra; a partir de esa suma el lector podrá acentuar o atenuar, profundizar o diluir los trazos aquí delineados.

La Escuela Mexicana de Composición nació en la segunda década de este siglo. Para la investigadora Yolanda Moreno Rivas, el nacionalismo mexicano es una búsqueda de identidad sonora que en su trayecto se transformó y amplió las posibilidades expresivas y técnicas de su arte. De este modo entró la música mexicana a la contemporaneidad, posibilitando, asimismo, otras rutas para generaciones por venir de compositores. Sin duda, la figura que cohesiona y articula este movimiento es Carlos Chávez (Cd. de México, 13 de junio de 1899; Cd. de México, 2 de agosto de 1978). Él parece encarnar parte de los ideales de José Vasconcelos (1882-1959) quien desde la rectoría de la Universidad y luego como Secretario de Educación toma la tradición del nacionalismo y organiza lo que José Joaquín Blanco llamó "una mística cultural de redención de la patria que habría de prevalecer, en lo esencial, durante los siguientes cincuenta años (el proyecto educativo de José Vasconcelos como programa político)". Parte de esa mística reside en la suprema importancia como "triple redentor": instructor; texto viviente; artista (que enseña con el ejemplo la vida superior a que debe llegar el pueblo: "el arte purifica transformando en creación la crueldad y la maldad públicas a que llevan las sociedades tiránicas").

Chávez es una de las figuras más importantes de la cultura mexicana en este siglo; promotor cultural que impulsó actividades como los trabajos del Teatro Ulises -con Salvador Novo y Xavier Villaurrutia. Establece la escuela de danza, convertida en el Departamento de Danza (1950), y la ópera de Bellas Artes (1948); de este modo fortalece la correlación entre las artes a la vez que confiere un carácter esencialmente mexicano al favorecer el trabajo de los bailarines, cantantes y compositores nacionales. Fue creador de la Orquesta Sinfónica de Mexico (osm, 1928)[1] que dirige durante dos décadas; guía del nacionalismo (sobre todo del Grupo de Los Cuatro: Daniel Ayala, Blas Galindo, José Pablo Moncayo y Salvador Moreno), Chávez ocupó cargos administrativos como la dirección del Conservatorio Nacional (1928-1933) y la jefatura del Departamento de Bellas Artes (1933-34). Fue, además, el creador del Instituto Nacional de Bellas Artes y su director de 1947 a 1952. En 1930 José Gorostiza lo observa así:

... Carlos Chávez día a día, minuto a minuto, no sólo como director de la orquesta sinfónica cuya sola existencia en México es casi un milagro, sino al frente del Conservatorio Nacional celebra acuerdos, contesta correspondencia, dirige ensayos, publica una revista, da conferencias, escribe artículos, ataca, se defiende, coordina, arrastra y atropella...[2]

José Antonio Alcaraz señala que más que una escuela, Chávez creó un movimiento, el Nacionalista, que conformó a músicos que no necesariamente estuvieron bajo su tutela. Como maestro condujo el Grupo de los Cuatro y a la llamada Generación del Taller (integrada en 1960, entre otros compositores, por Mario Lavista, Héctor Quintanar, Eduardo Mata, Julio Estrada y Humberto Hernández Medrano). "Había que enseñar la música no como teoría, sino en la práctica -opinaba el autor de Tambuco-; soy un renacentista y creo más en el taller que en la escuela".

Sin dejar de ser director invitado de las orquestas más importantes de Estados Unidos y Europa, mantiene su trabajo como compositor; aun más, fue asesor del Secretario de Educación (1973) y del Presidente de la República (1977).

Chávez tenía una idea muy clara de la universalización del arte mexicano manteniendo la propia esencialidad:

Arte propio no quiere decir arte cerrado. Que se busque la expresión propia no quiere decir que se niegue la expresión ajena, si es buena y bella; pero que la expresión ajena no impida, no inhiba o frustre la propia. El Estado es la función nacionalista por excelencia. En materia del arte, el Estado tiene que perseguir: I. El desarrollo del desarrollo propio. II. El conocimiento del arte universal. III. La protección del arte nacional.[3]

La figura del funcionario se funde con la del músico: Carlos Chávez, el administrador influyente y el compositor cuyo catálogo rebasa las ochenta obras y quien recibiera un Homenaje Nacional a unas semanas de su muerte. La discografía sobre su obra alcanza el centenar de discos. Estricto, metódico, para algunos intolerante y dogmático, Chávez fue poseedor de un rigor y una disciplina inusuales. Juan Vicente Melo anotó al inicio de los 60: "El único compositor mexicano que tiene los pies en la tierra es Carlos Chávez, el único que es músico, el único que tiene una obra, el único que no se ha desvinculado de lo que es y debe ser un músico mexicano".[4]

A casi tres décadas de distancia la situación ha cambiado mucho, muchos compositores son más profesionales que artistas. Uno de los aspectos que más se le criticaron a Chávez fue la utilización de su posición como funcionario para promover su propia obra (ahora ésta es una moneda corriente que nadie discute, aunque tampoco se acepte abiertamente entre los creadores que ocupan cargos administrativos). Al referirse a la educación musical en México el director de orquesta Sergio Cárdenas refiere una conversación con el célebre Sergio Celibidache, "Mira, Sergio, si el gobierno mexicano hubiera destinado a la educación musical el dinero que le dio a Chávez para que se promoviera él mismo, México sería hoy en día el principal exportador (surtidor) de música del mundo".[5] Esta afirmación que parece excesiva, para el crítico José Antonio Alcaraz -quien ha escrito cientos de páginas sobre el autor de la Sinfonía India- no lo es porque "depende de qué tipo de educación musical queremos"."Además -añade Alcaraz- Chávez no era ningún tonto; él le contestó a Antonio Rodríguez bastante bien: si a Diego Rivera le dan los muros de Palacio Nacional para pintar no va a llamar a José Clemente Orozco para que lo haga".

Yolanda Moreno Rivas señala que fue Chávez quien comprendió como nadie que una nueva visión del arte mexicano requería de la transformación total en su vida cultural. Mostró que los obreros podían oír a Stravinski con entusiasmo. Este logro fue para Chávez "un paso del renacimiento cultural que avanzaba en todos los frentes desde 1921".[6]

El repertorio de Chávez, como director, se inclinó más por los compositores impresionistas y, en general, a los contemporáneos. "En sus 21 temporadas la osm ha tocado 93 obras distintas de 33 compositores mexicanos, de las cuales 14 fueron presentadas por primera vez en México y 62 tuvieron su estreno mundial".[7] Pero tampoco dejó de programar a compositores no afines a él, como Bartok o Schoenberg. Chávez -que fundó con Rodolfo Halffter la revista Nueva Música (1946-1952)- sostenía que "al público no hay que darle lo que pida, hay que enseñarle a pedir".

José Antonio Alcaraz señala que entre las aportaciones de Chávez se cuentan su negación al sentimentalismo, "en un país cuya canción popular es lacrimosa y cuya supuesta poesía popular también es lacrimosa -o lacrimógena-, tanto como su cine de consumo. Y administrativamente vivimos de lo que él dejó". Y en su propia obra, el crítico destaca dos tendencias, en apariencia contradictorias, que pudo hacer convivir: una es "el respeto y renovación de las grandes formas clásicas, ahí están sus sinfonías, las sonatinas, los conciertos para probarlo. La otra es la idea tan suya de la no repetición; es decir, de que cada material lleve -en una especie de espiral enorme- a la invención del siguiente material, que no haya un desarrollo a la manera clásica y que tampoco haya esa manipulación temática habitual en todos los compositores".[8] Es evidente que la posición estética formal de Chávez cambió al paso del tiempo; en los últimos años la modernidad es un imperativo. En Pirámides, por ejemplo, utiliza cinta magnética. El autor de la Sinfonía India comprendió la dificultad de un arte basado en el mito. Y si en los años veinte y treinta el nacionalismo había cumplido una función con significado, hacia los cuarenta "se acercaba peligrosamente -en palabras de Yolanda Moreno- a la invocación vacía, al exotismo, o al despliegue virtuosístico".

En Carlos Chávez, 1899-1978, Iconografía (cnca/inba, 1994, 167 pp.), asimismo, se puede observar la convivencia que el compositor tuvo con los artistas más importantes de su tiempo; de no pocos de ellos tuvo el reconocimiento; Darius Milhaud anotó en su libro Notas sin música:

Carlos Chávez ha formado una orquesta flexible y disciplinada, sorprendentemente capacitada para tocar música contemporánea, ¿Qué asociación musical daría, como lo hace ésta, en seis semanas festivales, Stravinsky, Hindemit, Milhaud, bajo la dirección de sus autores?[9]

Ningún compositor mexicano ha alcanzado los honores y los tributos oficiales que él ha merecido; ni siquiera Silvestre Revueltas.[10]

"El caso de Revueltas es único. Él es acaso, el compositor con más talento que ha nacido en México. Y si no fuéramos tan cobardes nos atreveríamos a asegurar que es el único compositor de genio entre nosotros.[11]

Para Silvestre Revueltas (Santiago de Papasquiaro, Durango, 31 de diciembre de 1899 ; Ciudad de México, 5 de octubre de 1940) los años de estudio son arduos. Desde la adolescencia vive alejado de su familia; después de tres años en la Ciudad de México, seguirá el Saint Edward's College, en Austin (1916-1918), y el Chicago Musical College en distintos periodos entre 1920 y 1924. Sabía del alcance de su obra. Visionario, se esfuerza por precisar la música con distintos medios a su alcance; entre 1917 y 1920 imagina "...una música para cuya transcripción no existen caracteres gráficos, pues los conocidos no alcanzan a decirla, a escribirla. Sueño con una música que es color, escultura y movimiento".

Nací [...] creo que en un lugar cercano a las montañas, pues el recuerdo más lejano y vivo de mi infancia me ilumina un viaje por la sierra, amarrado a una mula -era muy pequeño-, durmiendo el sueño bajo tiendas de campaña y sobre el suelo, cazando pajarillos con rifle de salón, recogiendo frutas en la madrugada, oyendo los lobos en la noche. Desde entonces me quedó un aromático y tendido amor por los pinos, las montañas y los horizontes.

.Era muy pequeño -tres años me cuenta ella [su madre]- cuando por primera vez oí música. Era una orquestita de pueblo que tocaba la serenata en la plaza. Yo estuve de pie escuchando largo tiempo y seguramente con una atención desmedida, pues me quedé bizco. Y bizco estuve por tres o cuatro días. [.] De niño (¿también de hombre?) preferí siempre dar tamborazos en una tina de baño.

.Y seguí soñando con música y países remotos. Recuerdo dolorosamente el solfeo. [.] Mis lágrimas cayeron sobre el 'Eslava'. Leí libros de viajes con lágrimas y 'do, mi, do, mi, sol'. Tenía seis años. Quería ser misionero en remotos lugares, predicador y músico. Me gustaron las vidas de los santos y de los bandidos.

Después toqué el violín. Empecé a estudiarlo allá por Colima, por Ocotlán, por Guadalajara. Mi pobre padre, que era un poeta de vida humilde, nos llevaba de un lado para otro, porque sus negocios comerciales andaban de capa caída. Amaba el arte y la poesía. A él le debo lo mejor de mi vida interior y mi mejor amor por los hombres. [.] Hice mi primera aparición en público cuando tenía once años, en el Teatro Degollado de Guadalajara. [.] Mi padre, que tenía un vago temor de que la música no me diera para comer, me hizo estudiar teneduría de libros, taquigrafía, aritmética y ciencias ocultas, sin ningún resultado.[12]

Revueltas también escribió el Diario en el sanatorio (1939), rodeado de mujeres dementes; él, único hombre, palpa los delirios y se interpone a su violencia. En cada rostro encontrará, sin embargo, un dejo de ternura, que él esperó cada día. La soledad fue su compañía más frecuente. Ese desencanto lo acompañó desde su infancia y fue una sombra de añoranza durante su viaje a España.[13] Así lo revela el diario escrito a su tercera esposa Ángela Acevedo. Vivirá con el conflicto insuperable entre una emotividad desbordada frente a la realidad y sus brutalidades.

Su hablar acerbo no es gratuito. Los cuestionamientos hechos a la crítica siguen vigentes: "El mundo del arte es una perpetua pugna partidista, y no por ideas, que sería loable, sino por personas. Los ejercitantes de la crítica de arte, provocadores de estas pugnas, escriben por inspiración divina [...] y divinamente eluden toda seria responsabilidad". Señala que para que la crítica sea trascendente y benéfica debe contener claridad, honradez, conocimiento y justeza.

Mañana va a ser un mes que salimos de México...Tu única carta a Nueva York me causó tanta felicidad. Casi a diario la leo...como esas cartas de novia que guardamos cuando ya se ha acabado el amor...Ya no diré nada. Cada quien vive su dolor o su vida solo. Lo que pasa es que queremos imponerles a los demás una serie de calamidades que sólo a nosotros concierne... De todas maneras, a vuestros pies, madame./ Silvestre. (París, 12 de julio, 1937).

Mi amor: Hoy regresaron Guillén y Pellicer de España para concurrir a la clausura del congreso (en defensa de la cultura), Mancisidor y Paz se quedaron en Barcelona, en vista de lo cual decidí que Chávez Morado y yo saliéramos esta misma noche para Barcelona... Por favor mi amor escribe siempre a la embajada. Hasta ahora nada se ha recibido directamente de México. Fíjate que nuestros viáticos no han llegado... Hasta luego mi amor. Querida Angelucha./ Silvestre. (15 de julio, París).

...No se vive solamente de amor y es ridículo quejarse, cuando hay tanta queja en el mundo y cuando hay muchos más serios problemas... (Pero me siento desamparado)... Para ti, mi amor, ya sabes, ya no tengo palabras, ni tinta; y además no mereces nada, te detesto (y te quiero mucho)./Silvestre. (22 de agosto).

Hoy se estrena Redes, hoy, hoy, hoy he recibido dos cartas tuyas. Angelucha. Hoy ha sido pues, día de fiesta... Si para fines de esta semana no hemos tenido noticias de Moscú, entonces emprenderemos el viaje de regreso, pues no es fácil sostenerse aquí con nuestros recursos. (Octubre. París).[14]

Noche desesperada y sola, mi amor[...]. Deja que la noche caiga sobre nosotros, apretados, locos de placer, henchidos de vida, de amor. Estréchate más a mí, y duerme en mi corazón [...]. Duerme, Ángela eterna [...]. Noche desesperada y sola [...]. Silvestre.[15]

Del mismo modo que en la imagen memorable de Carlos Chávez están los rasgos del cacique de la cultura oficial, calculador e influyente músico, amigo de la élite de los grandes músicos de su tiempo; así Revueltas carga la imagen -vuelta petrificada vestimenta- como el gran inspirado, bohemio, falto de técnica (aunque él afirma lo contrario: "soy un músico con técnica y sin inspiración"). Es "la antítesis del rigor, del orden, de la disciplina; una especie de gota de mal, de vacuna que inmuniza y nos previene, que nos cura en salud, que nos conduce al baño aséptico, purificador de la obra `profesional´ de los autores oficiales". Habrá que matizar la cita anterior, de Juan Vicente Melo;[16] la obra de Revueltas (junto con la de Ponce y Chávez) es una de las más ejecutadas y grabadas del repertorio mexicano. Entre los directores extranjeros que han grabado su obra se cuentan Carlos Surinach, Erich Kleiber, David Atherton, Leonard Bernstein, y muy recientemente Esa Pekka Salonen y la Filarmónica de los Ángeles.[17]

Pero no deja de ser cierto, en la afirmación de Melo, que Revueltas, aún hoy, no es un compositor oficial; para sus adeptos ésta es una virtud. "Los Revueltas son incómodos, molestos al sistema porque son socialistas, críticos del mismo sistema; son antihéroes. Nunca guardaron la compostura ante las formas institucionales, que en México son muy serviles".[18]

Revueltas escribe la mayor parte de su obra, cerca de 50 opúsculos, en la última década de su vida; "su gran actividad creativa se alternaba con crisis depresivas en las que bebía hasta la locura: el sanatorio, el infierno de la terapia antialcóholica y otra vez el renovado impulso creador".[19]

La sociedad está poblada de gentes que aúllan, gritan, gesticulan. Llueve con esa ignominiosa lluvia, que no se sabe si son lágrimas o agua. Yo sé que nunca llegarán las cosas cuando se las espera. Ha dejado de llover, pero nadie viene, no faltan pretextos. ¿Si apareciera alguien? ¿Qué sé yo? Alguien. Creo que casi lloraría. Pero nada. Sólo el infinito silencio del jardín y el quejarse de los enfermos... Quien esperaba vino. Yo la había insultado tanto, la había pisoteado en mi pensamiento, mancillado, escarnecido, todo. Pero cuando la vi, como es mi vida, no le pude hacer nada y sólo pude cogerle las manos, verle los ojos, verla a ella.

Siempre a cada nueva caída, es la misma aspiración. ¿De qué sirve tanta palabra vana? Hay que callar y morir.

La impaciencia es vida. Sólo la atonía es muerte. Noches sin horas. Sólo el horario del dolor es guía. Sólo la sombra marca los minutos. Silencio. Sólo el silencio oye latir un corazón que grita sin sonido.[Del Diario escrito en el sanatorio del doctor Falcón (1939), donde estuvo debido a una crisis alcohólica].[20]

Eugenia Revueltas recuerda que la fama de músico genial e indisciplinado surge entre 1933 y 1934, la cual se contradice con la rigurosa formación que tuvo el autor de Sensemayá en Estados Unidos y más tarde con una serie de actividades como intérprete, y añade que fue entonces que se inició la relación con Chávez, que siendo director del Conservatorio le ofrece a Revueltas, en 1928, dar clases en el Conservatorio Nacional de Música. Un año después llega a México definitivamente y se presenta con la recién formada osm e interpreta el Concierto en Si menor de Mozart, bajo la dirección de Chávez. En ese tiempo trabaja como profesor de violín y de música de cámara en el Conservatorio y hasta octubre de 1935, ocupa el puesto de subdirector de la Orquesta Sinfónica.

Chávez y Revueltas fueron presentados por el arquitecto Ricardo Ortega, esposo de Guadalupe Medina, en 1924; Chávez evocó unas semanas antes de su muerte -ante José Antonio Alcaraz- a su amigo de la juventud:

Era un muchacho de una enorme simpatía. Inmediatamente se inició una relación de afecto y comunicación. Por esas épocas él sólo estaba por unos cuantos días en México. Tocaba en un cine en Chicago y traía su violín. Era un gran violinista.[21]

Juntos emprendieron una lucha contra el conservadurismo, la cursilería y la mediocridad que imperaban en el medio musical. Sobre esa época Revueltas escribió:

México musical tiene apenas nueve años. Carlos Chávez músico de hierro -así lo llamaba yo desde aquel tiempo en que trabajamos juntos- organizó la actividad y la producción musical de México.

Fuimos un grupo reducido, con un mismo impulso y con una buena energía destructora: José Pomar, Luis Sandi. Eduardo Hernández Moncada, Francisco Agea, Ricardo Ortega, Candelario Huízar. [...]

Cada día un público más despierto, más voluntarioso, con menos prejuicios, asistió en mayor número y se fue familiarizando con las nuevas expresiones musicales y apreciando el esfuerzo de mejores ejecuciones.

Se inauguraron los conciertos para niños y para obreros.

Hoy existen dos orquestas sinfónicas: la de México, bajo la dirección de Chávez, y la Nacional, bajo mi dirección. Las dos son un mismo camino y un mismo anhelo: camino de futuro y anhelo de mejoramiento. El trabajo de estas dos orquestas ha estimulado la creación musical.[22]

Revueltas fue un crítico feroz del sistema, lo cual le creó no pocas enemistades de los conservadores y seguidores entre los más radicales. Es célebre su texto "Sombras de sombras":

Van las sombras tras las sombras, tras las sombras, tras las sombras. Nuestro medio musical son sombras que caminan tocando el violón, tocando el violón. Sombras sin ton ni son ... Esto que parece muy oscuro es bastante oscuro en la realidad de nuestra vida musical, pero bastante claro para mis ojos nuevos....[23]

Las fricciones entre ambos nacieron por "celos profesionales" y según señala su hija Eugenia Revueltas, su padre tuvo más seguidores que Chávez. Es evidente que los rumores de terceros -chavistas y revueltianos- fueron muy importantes, si bien hubo otros factores que deteminaron el distanciamiento entre los compositores, y podrían sintetizarse, esquemáticamente, así: el choque de sus temperamentos personales y estéticos y en lo profesional la indisciplina de Revueltas y las exigencias de Chávez; la orquesta efímera que Estanislao Mejía fundó -supuestamente- para competir con Chávez y en cuya dirección se puso a Revueltas -llamada a la sazón, Orquesta Sinfónica Nacional (1936)-; el incidente del encargo de Paul Strand para su película Pescados, que inicialmente fue hecho a Chávez y que compuso Revueltas (la película se llamó finalmente Redes). Anecdóticamente la ruptura se produjo cuando Revueltas tenía que presentarse como solista en la osm, pero "ni apareció ni mandó decir palabra. [...]; unas semanas más tarde vi grandes carteles en las calles anunciando a Revueltas como director de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Que él encabezara las fuerzas de nuestros llamados ´enemigos´ no era para mi un asunto de lealtad o de deslealtad. [...] Tampoco era una cuestión de rivalidad."[24]

El mismo Chávez recordaría su trabajo juntos entre 1928 y 1935 y su distanciamiento, que "empezó a gestarse desde mi salida del Conservatorio. A todos los llamados 'amigos' no los volví a ver [...] empezaron a alabar a Silvestre, lo ponían por encima de las nubes. [...] En cambio yo le insistía mucho en que tratara de pulir sus composiciones porque siempre me encontraba con las mismas cosas, muy bonitas pero poco interesantes".[25]

Esta rivalidad ha creado una leyenda; Chávez desmiente rumores, por ejemplo que por envidia él obligaba a beber a Revueltas; "al contrario, yo traté, hasta donde pude, de apartarlo de la bebida. Y debo decir que aunque sí... tomaba, como tenía que ser solista, especialmente, lo hacía en forma más moderada. Mejía y sus amigos vivían halagándolo". Y recuerda el último encuentro con Revueltas, en el estreno de La madrugada del panadero de Rodolfo Halffter (9 de enero de 1940): el autor de La coronela caminaba bamboleándose por los pasillos del Teatro Fábregas. Al ver a Chávez le dijo: "¡ Me he portado como un cabrón contigo ! Soy un hijo de la chingada. Pero te quiero mucho. Te voy a buscar. Vamos a vernos." Ese momento nunca llegó. "Lo abracé conmovido[...] en mí nunca hubo hacia él sino ríos de cariño."Chávez añade: "No me gusta toda su música, pero hay obras magníficas".[26]

La polémica Chávez-Revueltas tiene una larga historia. Apenas unas semanas después de la muerte de Silvestre Revueltas, Chávez contestó un artículo publicado por Goddard Lieberson en el New York Herald Tribune, negando esa pugna, ["su -la de Revueltas- colaboración con Chávez terminó en una disputa personal."]. Al describir la relación amistosa y laboral, Chávez sostiene que Revueltas "no se consideraba compositor, pese a estudios anteriores. Incluso anuncié una ejecución pública de un trabajo suyo (1929) cuando no había compuesto nada para orquesta ni tenía intención de hacerlo. No fue sino hasta finales de 1931 cuando Revueltas presentó su primera composición orquestal. El año siguiente, 1932, escribió lo que para mi gusto son sus mejores partituras: Colorines y El renacuajo paseador".

Al final de esta misiva Chávez concluye con aparente neutralidad: "Como amigo sólo deploré que no hubiera sido abierto y franco conmigo. Pero nunca hice problema del asunto. Por su parte, no creo que Revueltas se haya sentido contento acerca del asunto todo. Nunca me volvió a buscar.

Nos encontramos ocasionalmente y nos daba gusto vernos, pero para mí tampoco había razón para buscarlo [Revueltas] tenía una orquesta propia, tenía todo el [apoyo del] poder oficial, se había acomodado". Chavéz es contundente: "Revueltas y yo nunca tuvimos una disputa personal...".[27] Ciertamente, si alguien estuvo lejos de tener todo el [apoyo del] poder oficial fue Revueltas.

Las imágenes no se crean solas; más, los creadores no lo son sólo por su talento y la calidad de sus obras, sino por los movimientos y estrategias de un medio cultural local y exterior que predetermina, consigna, edifica prestigios o los niega. Hay que añadir las circunstancias sociohistóricas. El proceso que rodea el prestigio de todo creador es complejo. Aspectos formales tan sencillos como la conformación de un archivo personal pueden determinar el prestigio de un creador. El musicólogo estadounidense Robert Stevenson precisa al respecto:

 

En México, solamente Chávez tuvo la oportunidad de organizar su archivo personal y profesional (hoy en el Archivo General de la Nación) en una manera tan magnífica que, para el siglo que viene, él va a surgir como el único genio musical verdaderamente universal de su país. En un sentido palpable, Chávez ha salido triunfante en los foros internacionales y ha dejado en rincones oscuros a sus compatriotas compositores.[28]

 

El tiempo es el mejor aliado de los artistas, cuya obra -lo más significativo- permanecerá por encima de las instituciones. Claro, los cánones soy muy importantes y éstos -que normalmente preservan una tradición- están enraizados con la visiones del mundo de épocas y seres humanos. Las obras de Chávez y Revueltas -esto es, la audición de su música- ahora nos podrán 'hablar' de la estatura de cada uno por encima de anecdotarios y testimonios en torno a ellos.

Como parte de la celebración de este doble centenario se puso en circulación comercial una edición conmemorativa; se trata de respectivos álbumes de los dos compositores que reúnen obras que la rca Victor grabó de ellos. De Chávez se presenta -en seis discos- toda su obra para piano, interpretada por María Teresa Rodríguez (grabada entre 1980 y 1982), incluyendo una versión para dos pianos de Caballos de vapor (HP); el segundo piano lo interpreta Tonatiuh de la Sierra. De Revueltas se incluyen -en dos discos- 16 obras; siete de las grabaciones contenidas en este álbum fueron primeras grabaciones mundiales. Y hay dos versiones de Sensemayá, la ya conocida del desaparecido director Eduardo Mata con la New Philharmonic Orchestra (1975) y una interpretación inédita hasta ahora: la de Leopold Stokowski and his Symphony Orchestra, grabada en diciembre de 1947. Sensemayá, basada en un poema de Nicolás Guillén, es la partitura más grabada de Revueltas; hasta el momento hay 18 versiones. Además de los intérpretes mencionados este álbum doble contiene interpretaciones de la London Sinfonietta, dirigida por David Athertton y la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de Luis Herrera de la Fuente.

1936. Octubre. Con sus hijos Anita, Agustín y Juanita en el estudio de la casa de la abuela Juvencia en las calles de San Luis Potosí 188.

Carlos Chávez, el violinista norteamericano Samuel Dushkin, solista de la osm, y el compositor Rodolfo Halffter, 1942.

A la salida de un ensayo, 1937. De izquierda a derecha, Francisco Contreras, Aaron Copland y Silvestre.

Silvestre Revueltas. Con su tercera esposa, Ángela Acevedo y sus hijas Eugenia y Alejandra en México, 1936.

En San Antonio, Texas, hacia 1920.

* Las fotografías que ilustran este artículo se encuentran a color en las páginas 5, 6, 55 y 56 de esta revista.

Ross, Stewart. Greek Theatre, Ancient Greece. United States, Peter Bedrick Books, 1999.

Bajorrelieve de máscaras teatrales de la tragedia y la comedia, del siglo II d.C.


[1] El nombre original de la Orquesta Sinfónica de México (osm) fue Orquesta Sinfónica Mexicana; de 1929 a 1949 mantuvo el nombre de osm. Fue a partir del decreto del 23 de abril de 1949 que el conjunto orquestal adquirió el nombre que ahora tiene: Orquesta Sinfónica Nacional.

[2] Véase, Yolanda Moreno Rivas, Rostros del Nacionalismo en la música mexicana, Escuela Nacional de Música, unam, 1995, p. 141.

[3] Carlos Chávez, Premio a Dos años y medio del INBA, inba, México, 1950, p. 18, citado por Gloria Carmona en "Carlos Chávez, 1899-1978", México en el Arte, No 24, Invierno de 1989, p. 30.

[4] Véase, Juan Vicente Melo, "Eduardo Mata", en Notas sin música. fce, 1990, p. 137.

[5] Véase, Sergio Cárdenas "Sinfonía Patética, comentarios sobre la educación musical en México", en Estaciones en la música, conaculta, 1999 p. 127.

[6] Véase, Yolanda Moreno Rivas, Op. cit. p. 139.

[7] Francisco Agea citado por José Antonio Alcaráz en carlos chávez, un constante renacer, inba, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical, 1996, p. 72.

[8] R. García Bonilla, "De la crítica como impugnación al estilo de un crítico", entrevista con J. Antonio Alcaraz, Ovaciones en la cultura, 3 de octubre de 1999, pp. 4-5.

[9]Darius Milhaud citado por Gloria Carmona, Op.cit. p. 30.

[10]En 1990 con motivo de los cincuenta años de la desaparición del compositor duranguense, lo más natural habría sido, por fin, que se le rindiera un homenaje nacional; más allá del anecdotario personal, casi mitológico, y la leyenda, es inexplicable que ese homenaje nunca se realizara.

[11] Véase, Juan Vicente Melo, Notas sin música, fce, 1990, p. 256-257.

[12] Véase, Silvestre Revueltas por él mismo, Ediciones Era, Recopilación de Rosaura Revueltas, 1989 pp. 27 y 28. En este texto se trazan bocetos autobiográficos con una prosa punzante; en su sencillez no se excluye el análisis. El compositor es pesimista; los eufemismos son falsos en él; muestra franqueza y claridad e incluso irreverencia al observar la problemática de la educación musical en México. Tenía poco aprecio por los títulos y demás formalidades. Sobre la misma música señaló: "me gusta toda clase de música. Puedo soportar hasta algunos clásicos y algunas de mis propias obras, pero prefiero la música de mi pueblo que se oye en la provincia".

[13] Revueltas asistió al II Congreso de Escritores Antifascistas, como Secretario General de la delegación de la LEAR, que estuvo integrada, además, por Octavio Paz, José Chávez Morado, Elena Garro, María Luisa Vera, Fernando y Susana Gamboa, Juan de la Cabada y José Mancisidor. Realizó varios conciertos en Valencia, Barcelona y Madrid, dirigiendo Janitzio, Colorines, Caminos, El renacuajo paseador, Redes y El homenaje a García Lorca. Véase, Silvestre Revueltas, Catálogo de sus obras (Compilación y notas, Roberto Kolb), UNAM, 1998, p. 106.

[14] Fragmentos de cartas de Silvestre Revueltas a su esposa, tomadas de: Silvestre Revueltas por él mismo.

[15] "Esta carta, sin fecha, no fue enviada a su destinataria. Revueltas llegó a México en diciembre de 1937 junto con Carlos Pellicer. Una vez en la capital, se enteró, irónicamente, que unos amigos de la Secretaría. de Gobernación le acababan de girar a la embajada de México en París el dinero necesario para realizar su viaje a Moscú". Cfr., Silvestre Revueltas por él mismo, p. 145.

[16]Véase, Juan Vicente Melo, Op. cit., p. 35-36.

[17] Eduardo Contreras Soto establece una discografía de Revueltas en el citado texto de Ediciones Era (p. 252-260).

[18] Véase, R. García Bonilla, "Silvestre Revueltas, mitos y realidades", entrevista con Eugenia Revueltas, Los Universitarios, Difusión Cultural, unam, Octubre de 1996.

[19]Véase "De Santiago al Universo", en José Revueltas en el banquillo de los acusados y otros ensayos, Eugenia Revueltas, unam, México, 1988.

[20] Véase, Silvestre Revueltas por él mismo, Ediciones Era, México. 1989, p. 150-157.

[21] Carlos Chávez citado por Luis Ignacio Helguera, "Fábula del Dictador y del Bohemio", Letras Libres, julio, 1999, No 7, p. 33

[22] Véase, Silvestre Revueltas por él mismo, Ediciones Era, 1990, p.198-199.

[23] ______ p. 182-183.

[24] Véase Epistolario selecto de Carlos Chávez (selección, introducción, notas y bibliografía de Gloria Carmona), fce, México, 1989, p. 307.

[25] Véase, José Antonio Alcaraz, "El testimonio de Carlos Chávez sobre Silvestre Revueltas" en Carlos Chávez, un constante renacer, inba, cenidim, 1996, p. 50-52.

[26] Ibid. p. 52.

[27] Cfr. Gloria Carmona, Op. cit. p. 305-308. (Esta misiva es la misma citada párrafos arriba).

[28]Robert Stevenson, La presencia de Chávez y Revueltas en Enciclopedias Internacionales, ponencia leída dentro del Coloquio Internacional "Centenario de Carlos Chávez y Silvestre Revueltas" realizado del 7 al 11 de septiembre de 1999 en la Cd. De México.

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