Crónica de una novedosa y grata experiencia para los futuros
profesores de educación básica
La oportunidad que ha tenido el que ahora escribe de
haber estado inmerso durante las dos últimas décadas en
los dos espacios -el ámbito de la docencia y el de la
vida payasa- permite que hoy se emitan y abran algunas
reflexiones en torno a esas dos actividades.
Inicialmente,
los que me escucharon, docentes y payasos, sintieron descabellada
la idea de buscar vinculaciones entre ambos trabajos. Yo
mismo dudé, pero haber seguido perseverando en la idea me
da ahora varios elementos, surgidos de la experiencia, de
observaciones y de algunos planteamientos teóricos, para
seguir trabajando en ello.
Me
atrevo ahora a afirmar que el payaso debe imaginar, idear
y construir diversas formas para acercarse al niño, conociendo
previamente sus características y comportamientos. El docente
de educación básica, principalmente estableciendo un diálogo
sincero entre esos niños y él, debe crear condiciones propicias
de confianza, camaradería y organización para facilitar
las actividades de enseñanza-aprendizaje. Estas reflexiones
producen la necesidad de incursionar en una primera y obligada
interrogante:
¿Cómo
formar adecuadamente a los docentes y a los payasos?
Desde el
sentido común existen varias creencias en relación a las
características que deben poseer los sujetos que se dedican
a la docencia y a ser payasos. Desde la investigación teórica
se ha escrito abundantemente en relación a lo primero pero
lo segundo ha sido descuidado. Lo cierto es que ambas profesiones
requieren de elementos teóricos, técnicos, psicológicos
y pedagógicos que les faciliten el conocimiento del material
humano con el que trabajan y que les permitan la organización
idónea de las actividades que se propongan realizar.
En
un inicio como aficionado y luego como aprendiz de payaso,
me di a la tarea de buscar, aquí y allá, algunos textos
o documentos en los que pudiera apoyarme teóricamente para
emprender esa fascinante aventura, los materiales bibliográficos
son escasos, pero, pese a eso, algunos he encontrado.
En
las últimas décadas ha crecido el gremio de payasos (por
variadas circunstancias que de momento no analizaré) lo
que ha provocado la preocupación por ese oficio, arte o
profesión. Los maestros siguen formándose en las escuelas,
sin embargo, sigue habiendo escasos profesionales en los
dos terrenos, sujetos apasionados por su trabajo y entregados
a él, que busquen la manera de formarse constantemente y
actualizarse. Hay muchos de los otros, los desilusionados,
cansados, que rutinariamente tan sólo repiten y no saben
ni lo qué. Trabajan, si es que a eso puede llamársele trabajar,
únicamente por cobrar y subsistir, cumplen por cumplir pero
no convierten su trabajo en un proyecto de vida, en su pasión.
Ambas actividades son tomadas en varias ocasiones como las
formas de conseguir el sustento familiar cotidiano.
Tanto
el docente como el payaso, en general, en los casos en
que hay preocupación por su formación, buscan textos y documentos
de carácter técnico, que les indiquen qué hacer; los manuales,
sobre todo aquellos que rayan en lo tecnológico-instrumental,
son los preferidos.
De estas reflexiones surgen las interrogantes: ¿todos pueden
ser docentes y todos pueden ser payasos?; ¿la docencia y
la payasística son actividades para ciertas personas que
reúnan determinadas cualidades?
Yo
creo que tanto la docencia como el arte de ser payaso pueden
ser accesibles a todos los sujetos que realmente deseen
incursionar en esos terrenos y decidan hacer de su trabajo
su pasión.
"Para
ser docente o payaso debe uno sentirse a gusto con lo que
hace, sentir la vibra" nos diría un joven de 24 años que
está a punto de titularse como Licenciado en Educación Primaria
y ha incursionado en el mundo de los payasos en los últimos
tiempos, es payaso y pronto será docente.
Las
dos figuras, tanto la del docente como la del payaso, han
sido a veces valorizadas en exceso, desprestigiadas en otras
ocasiones, atacadas y elogiadas, pero al fin son personajes
sociales en nuestras vidas, surgidos desde hace mucho tiempo.
Reitero
que en un inicio, al ocurrírseme la comparación entre los
payasos y los docentes, a muchos les pareció una irreverencia:
¿cómo comparar al docente con el payaso?, pero, ¿por qué
no? Ambos personajes son humanos que laboran con afectos,
emociones y sentimientos. Conviviendo entre payasos y docentes
he percibido que a ambos, en muchos momentos les emociona
y les gusta su labor, más cuando reciben respuestas gratificantes
como pudieran ser los avances en el aprendizaje de sus pupilos
en el primer caso y los aplausos o la cara de felicidad
de su público en el segundo. Ambos profesionales se desilusionan
constantemente cuando se les presentan obstáculos que impiden
la adecuada marcha de su labor; hay reacciones en el aula
de clase impredecibles, como también las hay en los públicos
con los que se desenvuelve el payaso. Hay personas que en
nuestra modernidad difícilmente ríen, así como hay desilusiones
entre los escolares, lo que dificulta el entusiasmo y la
entrega en el trabajo académico.
Los
docentes deben considerar que los payasos aglutinan fácilmente
a su público infantil y ellos no, se asiste a la escuela
por obligación sabiendo de antemano que habrá poco o nulo
placer, la vida escolar no es divertida. Pero, ¿qué sucedería
si en la escuela se rescataran el regocijo y el placer?,
¿si los niños buscaran y rodearan al maestro como lo hacen
con el payaso? A Socrátes lo buscaban y seguían sus discípulos.
Los seres humanos tenemos la tendencia de buscar a las personas
que nos divierten, que nos hacen reír y a las que nos saben
enseñar algo.
La
producción de la risa, las repercusiones del uso del chiste
es algo que debe ser abordado, necesariamente, por los docentes
y los payasos.
Anteriormente
ya señalé la necesidad de que el docente reflexione en relación
a los recursos de que se vale el payaso para resignificar
algunos de ellos y utilizarlos en su labor como educador.
Tanto
los docentes como los payasos son profesionales, ambos viven
de su trabajo, realizan una actividad especializada que
requiere responsabilidad, honestidad e imparcialidad.
Los
docentes y los payasos trabajan, juegan y conviven en sus
profesiones con seres humanos; ellos son humanos y el manejo
de los afectos, las emociones y los sentimientos son fundamentales
en su labor. Ambos profesionales se desesperan o se ilusionan
con su actividad, los ánimos y los desánimos se observan
variando de acuerdo a circunstancias; en sus labores, cotidianamente,
se les presentan situaciones complejas e irrepetibles puesto
que los procesos áulicos como los momentos del espectáculo
de los payasos son impredecibles, aunque pudiera darse en
ellos lo rutinario y la mediocridad.
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He
escuchado frecuentemente, en voces de docentes y de payasos,
expresiones que ejemplifican lo señalado. Cuando a un docente
en su grupo, en su labor cotidiana, le salen bien las cosas,
sus alumnos responden como él se lo esperaba, quiere y desea
seguir siendo maestro; sin embargo, para el docente existen
los grupos difíciles, los que le provocan conflictos y que
le hacen pensar e idear alternativas de solución.
De
similar manera, la vida payasa también presenta sus altibajos;
sin embargo, en las dos profesiones hay presencia o ausencia
de pasión por lo que se hace.
Independientemente
de los grados de pasión o desdén, los niños rodean y buscan
más al payaso que al docente. Entonces, ¿por qué el docente
no busca poseer ese encanto atrayente del payaso para hacer
más efectiva su actividad de facilitador de aprendizajes
y construcciones intelectuales?
Todos
somos payasos por naturaleza, se ha escuchado decir a los
payasos, y por parte de algunos docentes se reconoce la
necesidad de ello en su profesión.
El
docente se ha abrogado una actividad que debería ser de
todos, esa actividad es la de enseñar. Todos enseñamos o
deberíamos de hacerlo, pero se ha difundido la creencia
de que solamente el maestro es el que enseña.
Sorprendido
quedé al escuchar a Marco Antonio Vega Segundo (Chistín)
que en una de sus conferencias señalaba las características
de un payaso y decía:
El payaso debe creer en sí mismo, ser optimista, vibrar más arriba de
la demás gente que lo ve; el payaso debe ponerse a la altura
del niño haciéndose amigo de él. El payaso debe ser alegre
para poder dar alegría. Somos actores de nuestra propia
vida, el payaso debe pensar, analizar y hacer, debe crear
y ser original. Cada payaso debe ser diferente a los demás.[1]
Yo,
al estar con grupos de jóvenes que pronto serán docentes
de educación básica, insisto en lineamientos semejantes
a los citados por un payaso:
Ustedes pronto serán profesores de educación primaria y lo que menos
se debe pretender es el querer ser iguales, cada maestro
será diferente y es necesario impulsar la creatividad, la
imaginación, la reflexión y el pensar constantemente.
Adentrándonos
en los dos mundos señalados pueden realizarse infinidad
de observaciones y lecturas. Los payasos organizan sus congresos
locales, nacionales e internacionales con la intención de
mejorar, de aprender; organizan cursos, talleres, conferencias,
socializan experiencias, promueven y realizan concursos.
Los docentes también efectúan algo semejante, ahora en nuestros
días están de moda los cursos y talleres de actualización,
donde también se intenta socializar experiencias y formarse.
Se
percibe que en los dos terrenos hace falta mayor creación
intelectual; en el primero, si a concursos se refiere, muchos
expertos opinan que los payasos participan con lo mismo,
lo que presentan son fusiles, copias de los trabajos cómicos
ya existentes, les hace falta idear y mostrar producciones
novedosas.
En
el segundo caso, el de los docentes, también escuchamos
expresiones como: "Ese curso es lo mismo de siempre, me
aburro y poco aprendo". Los maestros dicen ser constructivistas
y democráticos en esos eventos pero al retornar a sus grupos
de trabajo con los niños son dictadores en doble sentido
porque siguen dictando apuntes como en la época medieval
y porque son dictadores que, aprovechándose del poder que
les otorga la escuela, ordenan, deciden, sin importarles
las opiniones, intereses y necesidades de sus alumnos. ¿Dónde
queda la construcción de aprendizajes significativos?, y,
¿dónde está la democracia, el consenso y la tolerancia?
Pero
podemos continuar buscando semejanzas y vinculaciones entre
la docencia y la payasística; en ambas actividades con frecuencia
se presenta el fantasma de la rutina pues, por diversas
causas, es más fácil andar los caminos conocidos que buscar
otros nuevos que pueden ser mejores. Los docentes y los
payasos lamentablemente prefieren lo conocido, lo probado,
lo que les ha dado resultado porque eso implica menos angustias,
les evita pensar y conflictuarse y les asegura obtener éxitos
ya probados. Eso también ocasiona lo repetitivo y la rutina.
Crónica
de una novedosa y grata experiencia
Con el ánimo
y el deseo persistente de oponernos a lo rutinario e incursionar
por caminos poco andados en nuestra Escuela Normal,[2]
localizada a 4.5 km de la ciudad de Tenancingo, al sur del
Estado de México, decidimos desde hace ya algún tiempo conformar
lo que ahora se conoce como el grupo de payasística Imaginación.
Los inquietos e interesados en la vida payasa, unidos por
el hecho de ser docentes, futuros profesores de educación
primaria, nos dimos a la tarea de incursionar más directamente
en esa faceta que tiene que ver con el placer, el goce,
la diversión, las bellas artes y los aprendizajes significativos.
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En
este contexto decidimos organizar en nuestra institución
lo que titulamos "Primer encuentro nacional de payasística,
Tenancingo 98", lo que nos permitió reunir durante dos días,
en nuestra institución, a un centenar de profesionales del
humor provenientes de diferentes partes de nuestro país:
de Ciudad de México, Veracruz, Morelos, Estado de México,
etc. Dicho encuentro involucró a toda nuestra comunidad
normalista y a los habitantes de las poblaciones circunvecinas
de la escuela. Se destacó la participación y apoyo de las
autoridades civiles y educativas.
El
día 15 de noviembre 1998, en el lugar más céntrico y conocido
de la ciudad de Tenancingo, el Jardín Morelos, nos dimos
cita espectadores de muchas partes, payasos, profesores,
autoridades y algunos medios de comunicación como Radio
y Televisión Mexiquense. Nos acompañaron también personalidades
prestigiadas dentro de la farándula cómica. Estuvieron con
nosotros los payasos: Timmy Bond que también se desempeña
como profesor de educación física y es reconocido como un
gran artista mexicano en los Estados Unidos de Norteamérica;
Tito, el payaso más simpático y carismático del encuentro;
Chistín, payaso innato y polifacético; El Mago
Margarito, internacionalmente desconocido; Chiquilín,
el payaso de las alturas que sostiene la idea de que los
payasos no tienen sexo; Palmetto, el mercader de
la magia; Frijolieto, el cohetero de Tultepec; Estrellita,
la payasa más gordita del Distrito Federal; Chapotín,
docente de educación primaria; Chispita, la payasa
más popular de Poza Rica; Pelusita, la más bella
payasa asistente; Kay, payaso veterano, entusiasta
y simpático, con varias preseas en su haber dentro de la
vida payasa; Tachuelón, el grosero de voz estereofónica;
Roxxy Pop, la de Neza, integrante de La Coladera[3]
y destacada por su originalidad al participar en el concurso
de actuación, vinculando el folclore mexicano con la actuación
cómica; Plomito, el enojón de siempre; Tibiri,
el vaquerito de Naucalpan, prófugo de La Coladera;
Pachuquín, el payaso más representativo; Berrinchín,
el que sigue siendo el mismo; Chocho-Chochito, el
empresario ejecutivo; Arroyito, el voluntarioso y
buena onda de Chimalhuacán; Anny Bond, prestigiada
por el apellido que lleva; Chabelina, la que se estrenó
con las multitudes; Pandorín, el payaso atleta intelectual;
Charly, el payaso delicado y fino de la élite; Gasper,
el globero de Toluca; Pistachín y Copetito Trampitas,
los "profes" hermanos que no olvidan su Normal; Carcachín,
de Toluca; Chicharrín y Chambitas, ambos de
Tenancingo; Dany-Dany, el joven más payaso de Imaginación;
Humpo, el de bonito maquillaje de los grumepac[4];
Dey, la niña fresa de Poza Rica; Globis, el
globero; Richi, el de los muñecos y que además es
docente de educación primaria; Yerrisitas; Pancholín;
Tokotín; Nicotín; Tamagochi; Pichicuas; Pascualillo
y muchos, pero muchos, más.
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Durante
esos días surgieron experiencias inigualables, ocurrencias
no imaginadas que mueven a risa como aquella de querer establecer
en nuestra Normal la asignatura de Payasología y Educación
dentro del currículum existente; se buscaron constantemente
las vinculaciones entre la docencia y la payasística. En
las conferencias y en los talleres la comunidad normalista
percibía e ideaba formas de aprovechar en sus prácticas
pedagógicas lo aprendido de los payasos.
No
faltaron las exhibiciones didácticas de los payasos como
aquéllas en las que a través de la globoflexia enseñaban
las vocales, los números e infinidad de cosas a su público.
La actividad lúdica también se destacó; la música y otras
bellas artes, así como el deporte, estuvieron presentes.
La organización de la primer Payaso-Olimpiada, el desfile
por las principales calles de la ciudad de Tenancingo, el
concurso de actuación en el jardín central del mismo lugar,
los materiales audio y vídeo grabados, los escritos, las
ideas surgidas para diseñar proyectos de investigación,
el fortalecimiento del propio grupo organizador, el encuentro
de nuevos y viejos amigos, el placer y la diversión irrumpieron
y rompieron con la cotidianeidad acostumbrada dejándonos
posibilidades abiertas para imaginar, crear, escribir, investigar,
construir y mediar.
A raíz
del contundente éxito obtenido, la comunidad normalista
se entusiasmó y ya se ha realizado el "Segundo Encuentro
Nacional de Payasística, Tenancingo 99"que abrió nuevos
retos y otras expectativas.
Sabiendo
que han quedado infinidad de aspectos por comentar, adquiero
el compromiso de abordar proximamente esta temática.
"Pelusita",
en su mejor pose para el concurso de maquillaje .
En el patio
central de la Normal, posando Profesores - Payasos.
[4]
Grupo Metropolitano de Payasos Asociación Civil, con sede
en Ciudad de México, agrupación pionera en la organización
y superación de los payasos como artistas y trabajadores.