En un salón de clases se escucha la voz del maestro, quien
plantea un problema a sus alumnos:
En
una parada subieron a un autobús 17 personas. Al arrancar
éste, van 5 personas más que antes de que parara. ¿cuántas
personas bajaron del autobús en esa parada?
La respuesta
de niños y niñas se bifurcan en dos posibles resultados:
22 y 12 personas.
¿Cuál es
la respuesta correcta?
Como maestros,
ésta es una vivencia cotidiana, la cual frecuentemente discurre
por una toma de posición por el resultado correcto, sólo
ocasionalmente consideramos la respuesta incorrecta, como
motivo de aprendizaje.
Sin embargo,
en este libro la maestra Alicia Ávila nos propone transitar
por los procesos de construcción y conceptualización matemática
en los niños de educación primaria. Al escarbar los procesos
de resolución de problemas matemáticos, encontramos que
los gustos, afectos, preferencias y creencias son un aspecto
integral de éstos, así, podemos comprender a Reyna, una
niña de educación primaria, la cual concluye que sólo se
pueden realizar 11 combinaciones ante el problema que se
les ha planteado: Gloria tiene 3 blusas y 4 faldas
¿de cuántas maneras distintas se puede vestir?
Al escuchar
las razones, cuando uno de sus compañeros la cuestiona,
éstas son contundentes:
Julio: ¿Y
por qué? si salen 12.
Reyna: Es
que negro con café no se ve bien.
Julio (y
sus compañeros de equipo): ¡Buh! ¡Ah las viejas! ¡Uh!
La maestra
Ávila despliega ante nuestros ojos el arsenal de estrategias
desarrolladas por los niños y las niñas para resolver problemas
matemáticos, donde se emplea la división, la resta y la
multiplicación, asimismo, nos invita a reflexionar sobre
aquellos aspectos que pueden apoyar en los alumnos el aprendizaje
de estos conceptos matemáticos. Así descubrimos la diversidad
de rutas que emplean los chicos para encontrar una respuesta,
e incluso nos lleva a comprender por qué los alumnos son
capaces de solucionar problemas que aún no se les han enseñado.
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Al leer
el libro, los maestros podemos reconocer con qué frecuencia
los conocimientos matemáticos que tienen los alumnos no
son tomados en cuenta en la clase, ésta sería una llamada
de atención, ya que estos saberes se pueden potenciar en
la medida que se amplíen, enriquezcan y formalicen como
conocimiento matemático a partir de considerar tres elementos:
un buen problema, alumnos que expresan libremente sus conceptualizaciones
y un docente que escucha y comprende a sus alumnos.
¡Ah!, ¿cuál
es el resultado del problema planteado inicialmente?
Para dialogar
la respuesta, corre al Rincón de Lectura o al Centro de
maestros y busca este interesante libro.
* Reseña
del libro de Alicia Ávila, Los niños también cuentan de
la Colección Cuadernos de Aula de los Libros
del Rincón, sep, México , 1994, 86 p.