Introducción
Entre las
actividades desarrolladas por Correo del Maestro
se encuentra la realización de talleres en algunas
ocasiones dirigidos a niños y en otras a maestros
en los que se presentan algunas de las propuestas publicadas
en la revista.
Entre ellas,
El laberinto y otros juegos o Ambientes laberínticos
ha sido una de las más solicitadas para trabajar en
espacios distintos como ferias del libro, jornadas pedagógicos-culturales
o la sala de matemáticas del Universum. Parte del
éxito de esta actividad radica en que permite jugar y aprender,
en un mismo tiempo y espacio, a niños de diversas edades
y distinto grado de desarrollo, a la vez que integrar materias
que en la escuela suelen abordarse por separado, como son
las matemáticas, la expresión oral y escrita, la historia,
el civismo, las ciencias naturales, etcétera.
Nos interesa, pues, compartir algunos de los desarrollos que hemos realizado
a partir de la experiencia con diversos profesores y grupos
de niños, así como las propuestas realizadas por Alejandra
García, Ramón Hernández, Claudia Hernández y Guillermo García,
jóvenes matemáticos del Museo de Ciencias de la unam con
quienes durante el mes de marzo pasado tuvimos la oportunidad
de poner en práctica estas actividades y a quienes agradecemos
sus aportes, entusiasmo y creatividad.
Dada la heterogeneidad de los grupos con los que, por lo general, hemos
trabajado en estos talleres niños muy pequeñitos de
maternal, hasta grandes de secundaria
las actividades que hemos realizado son muchas y muy variadas
por lo que en este texto y con el propósito de ofrecer la
mayor claridad posible, las expondremos en un orden creciente
de edad, haciendo hincapié en aquellas que tienen que ver
con el desarrollo de nociones matemáticas, para luego sugerir
cómo vincularlas con otras disciplinas. Con el mismo fin,
daremos una explicación de cómo emplear el material de acuerdo
a la edad de los niños, los objetivos específicos de la
actividad, el tiempo y el espacio disponible, etcétera.
Hemos transcrito, además, algunos breves textos de investigadores en
el área de la matemática educativa, dirigidos a los padres
de familia que llevan a sus niños a estos talleres en los
cuales pueden observar mucho juego y diversión sin apreciar,
en ocasiones, las nociones matemáticas básicas que los chicos
están desarrollando mediante estas experiencias.
El laberinto
y otros juegos
Los Ambientes
laberínticos son parte de una propuesta más amplia para
la enseñanza de la geometría desde el jardín de niños
a la educación media, que se basa en una perspectiva
cultural de la educación matemática. Una primera contribución
en este sentido apareció en el número 18 de Correo
del Maestro (noviembre de 1997), bajo el título:
La continuidad en geometría: localizar, del profesor
e investigador italiano Umberto Cattabrini. (Parte de dicho
artículo aparece transcrito en el recuadro gris de esta
página)
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Ambientes
laberínticos
Un
juego con un resultado discreto consiste en construir,
empleando pequeñas cajas de empaque, un espacio integrado
por diversos ambientes (ver figura 2). Como cajas,
son ideales las de los refrigeradores altos que aproximadamente
miden 150 cm de alto y 65 de ancho, pero también aquéllas
más bajas de los aparatos eléctricos para el hogar
se pueden hacer más altas utilizando las partes replegadas
de las dos bases y uniéndolas con cinta adhesiva para
empacar.
Como
puede observarse en la figura, las diversas cajas
se mantienen juntas sostenidas por fuertes pinzas
para ropa o bien por fuertes broches que se emplean
para sostener los papeles. A dichas cajas previamente
se les hacen aperturas en los cuatro lados y se cubren
con un lienzo. Las paredes interiores se preparan
con diversas escenas dibujadas por los niños: el bosque,
el mar, las casas, la escuela, el circo, etc., aunque
también puede ser un castillo con diversas estancias,
un jardín, o simplemente una casa. Naturalmente se
puede preparar un mayor número de cajas que el que
se ilustra en la figura y su disposición puede cambiarse
continuamente cada vez que se juega. ¿Cuáles son los
juegos que podemos llevar a cabo?
Cada
niño entra por donde quiere y sale también por donde
quiere; después le cuenta a sus compañeritos la historia
de su viaje. - Dos niños que entran por
lados opuestos, deben tratar de encontrarse en un
mismo ambiente.
Cada
niño, siguiendo los rastros de una historia que le
narraron, debe atravesar determinados ambientes en
ese orden y no otros.
Cada
niño debe hacer un recorrido con base en un plano
o mapa, por ejemplo el mapa del tesoro, previamente
preparado por el maestro.
Grupos
de tres o cuatro niños juegan ahí a su gusto.
Dentro
de algunas cajitas se colocan señales de peligros
(un disco negro que representa un profundo pozo, o
uno rojo para el fuego, por dar algunos ejemplos)
que les impiden atravesarlas. De este modo se pueden
construir laberintos propiamente dichos.
Es
indudable que la experiencia será capaz de sugerir
numerosas situaciones diversas a las aquí señaladas.
Las
cajas de empaque, que podemos conseguirlas con un
revendedor de artículos eléctricos para el hogar,
aunque también comprarlas -cuestan poco-, constituyen
un buen soporte para el dibujo, crean situaciones
que les gustan mucho a los niños, se pueden volver
a plegar fácilmente cuando no se utilizan, y a la
vez que ocupan un espacio reducido, nos ofrecen la
posibilidad de crear recorridos y situaciones diferentes
cada vez.
Umbreto
Cattabrini, La continuidad en geometría: localizar
en Correo del Maestro, Año 2, Núm. 18, Noviembre,
1997, p.18
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Cómo
construir el laberinto
Material:
cajas y puertas
La situación ideal para esta actividad es la de trabajar
en la escuela, construyendo de a poco, y conjuntamente con
nuestros alumnos, cada ambiente del laberinto. Esto implica,
en primer lugar, conseguir las cajas , lo cual se puede
hacer por medio de los padres de familia o en los comercios
cercanos a la escuela, y luego decidir con los niños qué
ambientes estarán presentes en el laberinto, para que ellos
mismos los ilustren. En nuestro caso, nosotros construimos
cada caja del laberinto con planchas de cartón (ver dibujos
y fotografías) y luego elaboramos los dibujos básicos de
las paredes, a partir de los cuales los niños han coloreado
y agregado los suyos de acuerdo a los siguientes ambientes
(uno por caja).
La estancia de una casa
La ciudad
La feria
El bosque
Las pirámides
El fondo del mar
Un castillo medieval
Una granja
El espacio interpla-
netario
Parque Jurásico
El zoológico
La escuela
Un cumpleaños
Seres voladores (un dragón, Superman,, Pegaso, Aladino)
Máquinas voladoras
La selva siempre verde
El mercado
La playa
Dadas las variaciones que realizamos, preparamos dos tipos de puertas
en manta: puertas blancas y puertas rojas
de 60cm por 45cm cada una. Cualquier puerta puede ser sustituida
con facilidad, debido a que cada una se sujeta con velcro
a la pared de la caja.
¿Un
laberinto?
¿Has
estado en un laberinto?
¿Qué es un laberinto?
¿Quién quiere decir algo acerca de los laberintos?
¿Qué hay en los laberintos?
¿Qué crees que vas a encontrar en este laberinto?
Por lo general, todos los niños tienen respuestas a estas
preguntas y, frecuentemente, pueden explicar en sus palabras
lo que es un laberinto: un lugar muy entreverado, un lugar
que no tiene salida, una cueva de la que no se puede salir,
un lugar en el que te pierdes y tienes que recorrer varias
veces el mismo camino...
¿Conoces algún laberinto? Hubo uno muy famoso en la isla
de Creta que perteneció al rey....
¿Les gustaría entrar a este laberinto?
Con la breve confirmación de que, efectivamente, un laberinto es, un
lugar en donde hay muchos caminos que se entrecruzan,
de modo que es muy difícil orientarse para salir de él,
(Moliner, 1999) y la invitación a entrar en uno,
inmediatamente todos los niños quedan atrapados. Atrapados
en la emoción de lo que pueden anticipar: caminos desconocidos,
dificultosas salidas, insospechados peligros, hallazgos
sorpresivos, en fin... ¡aventura! El laberinto resulta,
pues, ser un excelente medio para adquirir, mediante el
juego, algunas nociones geométricas, a la vez que abre la
posiblidad de dar vuelo a la imaginación y a la creatividad
en la construcción de muchísimas historias posibles
o imposibles, reales o ficticias, individuales o colectivas,
orales o escritas.
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¿Desarrollan
matemáticas todas las culturas?... he optado por presentar
seis actividades para su estudio [el autor considera
que algunas actividades y procesos de la gran
diversidad que se practican en las diferentes culturas
favorecen el desarrollo de los conceptos matemáticos].
No creo que este número en particular sea importante,
pero lo que más me interesaba al hacer la elección
era la manera en que conceptualizaban y definían el
campo de estudio. Las dos candidatas más evidentes
eran contar y medir. Las dos se ocupan
de ideas relacionadas con el número, aunque se trata
de ideas bastante diferentes. El aspecto discreto
de contar es su característica esencial y contrasta
notablemente con la continuidad de los fenómenos a
los que imponemos sistemas de medición. No sólo el
concepto es distinto: todo el contexto social para
el desarrollo de estos dos conjuntos de ideas parecía
ser significativamente diferente y, en consecuencia,
era conveniente separarlos.
La
estructuración espacial también ha sido muy importante
en el desarrollo de ideas matemáticas y de nuevo he
optado por separar dos tipos muy diferenes de estructuración
que dan origen a tipos distintos de ideas geométricas.
Llamo a estas actividades localizar que
destaca los aspectos topográficos y cartográficos
del entorno y diseñar que trata
de las conceptualizaciones de objetos y artefactos
y conduce a la idea fundamental de forma.
Sin
embargo, dado que la cultura no se limita a vincularnos
con nuestro entorno físico, como nos recuerda White,
necesitamos definir algunas actividades más orientadas
a que nos relacionemos unos con otros, vinculándonos
como individuos con nuestro entorno social. Las dos
actividades que presentaré como matemáticamente muy
importantes para este fin son jugar y explicar.
Jugar se refiere a las reglas y los procedimientos
sociales para la actuación y también estimula el aspecto
como si de la conducta imaginada e hipotética.
Explicar es la última actividad que hay que describir
y su función es indicar los diversos aspectos cognitivos
de investigar y conceptualizar el entorno y de compartir
estas conceptualizaciones.
Alan
Bishop. Enculturación matemática. La educación
matemática desde una perspectiva cultural. México,
Paidós, 1999, p. 42.
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Antes que nada, las reglas del juego
Antes de comenzar la actividad establecemos, como en cualquier juego,
las reglas:
1a. regla. Sólo se puede pasar, esto es, entrar o salir, por las
cortinas blancas. Por las cortinas rojas no se puede entrar
ni salir.
2a. regla. Cada uno se va a detener en cada caja y va a observar
el ambiente en el que está.
3a. regla. (En el caso de que sean muchos los niños que van a
entrar al laberinto). Siempre debemos avanzar hacia adelante,
no intentar regresarnos, para no chocar con los compañeros
que vienen detrás.
Actividades
Como dijimos,
las actividades pueden ser muchas y muy variadas. Aquí únicamente
expondremos algunas de las que hemos propuesto en los talleres.
Lógicamente, el poder trabajar de manera regular y sistemática
en una escuela ha de enriquecer muchísimo esta experiencia.
1)
Para preescolar (o aún más pequeñitos), primero y segundo.
Para
comenzar
Es conveniente,
al trabajar con niños pequeños, ir construyendo el laberinto
de a poco para que, de esta manera, se familiaricen con
cada uno de los ambientes.
Se puede comenzar poniendo en fila 3 cajas, con una puerta blanca de
entrada, otra de salida y puertas rojas a los lados (también
colocaremos puertas blancas en el pasillo interior). De
esta manera, los niños seguirán un camino recto, muy sencillo
y fácil de recordar.
Una vez que lo hayan recorrido cuantas veces quieran, podemos pasar a
un segundo momento de la actividad y formularles preguntas
tales como: ¿se divirtieron?, ¿qué vieron?, ¿cuál ambiente
les gustó más?, etc. Las preguntas y los comentarios se
pueden multiplicar y multiplicar de acuerdo a las respuestas
de los niños y dependiendo de nuestros objetivos específicos.
Podemos detenernos en un ambiente, describirlo y profundizar
en su conocimiento apoyándonos en el acervo cultural de
los niños, o también podemos ampliar la información con
relatos breves o aportando imágenes, o también podemos relacionar
lugares: campo, playa, ciudad; casa y escuela; casa y mercado;
cumpleaños y feria; zoológico y selva; bosque y selva; mar
y tierra; Tierra y universo; personajes reales y personajes
ficticios...
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Los primeros contactos que tiene el
niño con el medio que lo rodea, son de origen sensorial,
particularmente centrados en la vista y el tacto.
Toca los objetos, los arroja, los sigue con su mirada
y ve como desaparecen y aparecen nuevamente. Empieza
así a construir diferentes espacios que están ligados
a lo que percibe con cada uno de los sentidos. En
la medida en que realice actividades motoras por
medio de la exploración activa y de los desplazamientos
irá convirtiendo todos esos espacios en un espacio
único, el espacio real. Dice Benlloch que los
preescolares necesitan de la acción y que para que
un aprendizaje se convierta en un conocimiento, debe
ser contextuado y compartido en un marco de interacciones,
donde el lenguaje juega un papel muy importante
M.E. Duhalde y M.T.González
Cuberes. Encuentros cercanos con la matemática.
Bs. As., Aique, 1997.p.71.
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Por ello es importante no tener prisa, ir despacio, para que los niños
poco a poco vayan observando los detalles y puedan ir estableciendo
relaciones: de semejanzas y diferencias, de proximidad o
lejanía, de pertenencia o no pertenencia, de derecha-izquierda,
arriba-abajo, etc. A la vez que, en distintas ocasiones,
a partir de distintos ambientes, pueden ir aprendiendo algo
de historia, geografía, biología, educación ambiental, reglas
de convivencia.... En fin, lo que los niños, el profesor
y la situación educativa indiquen.
Una actividad interesante, a la que no todos los niños pequeños pueden
responder en las primeras ocasiones, es solicitarles que
indiquen o tracen, con la mano, cómo era el camino que recorrieron.
Esto es, si era derechito o si doblaron (giraron) en alguna
parte del recorrido.
Resulta sorprendente el sentido de orientación de algunos niños, quienes
son capaces de explicar que el camino era derechito porque
las cortinas blancas están una detrás de la otra. O la lógica
de otros que pueden afirmar que no se pierden en el laberinto
porque siguen las cortinas blancas. Respuestas posibles
gracias al respeto que los pequeños tienen de las reglas:
ellos no se pasan las señales rojas.
Otros
juegos
Además de
las actividades señaladas, podemos proponer otros juegos
de localización muy importantes. Para ello necesitamos fotografías,
dibujos y una gran variedad de juguetes: camiones, carritos,
aviones, peces, dinosaurios, plantas, mesas, sillas, recámaras,
cazuelitas de barro, escobas, cajas de alimentos... en fin,
en los mercados suelen venderlos para rellenar piñatas y
son muy económicos.
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Conviene
anticipar una clara distinción entre el espacio como
percepción y el espacio como representación.
A la temprana edad de seis meses un niño normal puede
distinguir entre un círculo y un triángulo cuando
le son presentados ante su vista. Pero sólo mucho
más tarde podrá el niño representarse mentalmente
estas figuras, es decir, habrá alcanzado su concepto.
El desenvolvimiento de estos conceptos exige maduración
y experiencia y sólo cuando las alcanza puede comunicar
a los demás sus conocimientos empleando símbolos,
signos gráficos y dibujos. Parece que este desenvolvimiento
depende también de las actividades que realice. Pero
a medida que tiene cierta capacidad para representarse
mentalmente relaciones espaciales puede iniciar la
realización de ciertas acciones, que necesitan tener
en cuenta relaciones espaciales observables directamente.
Piaget demostró que llega un momento en que un niño
dará la vuelta para buscar detrás de una pantalla,
por ejemplo, una pelota que se haya perdido detrás
de ella. Esta conducta indica que puede representarse
mentalmente la relación espacial entre la pelota y
la pantalla, así como los movimientos de su propio
cuerpo en relación con ambos objetos.
K.
Lovell, Didáctica de las matemáticas. Sus bases psicológicas.
Madrid, Morata, 1962, p. 99.
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Presentados de manera organizada, en pequeños cestos, cada niño escoge
una lámina o un objeto y lo lleva al ambiente que le corresponde.
Puede llevar cuantos quiera, lo importante es que lo ubique
correctamente. En caso de que alguien haya puesto un barco
en medio de la sala, se le puede solicitar que nos relate
la historia de las peripecias por las que tuvo que pasar
la nave para llegar ahí. Puede suceder que el niño simplemente
explique que su hermano estaba jugando con él y se le quedó
olvidado.
Después de un tiempo
Una vez que los niños se siente familiarizados con los ambientes y las
reglas del juego, podemos agregar más cajas. Recomendamos
agregar una en cada extremo y continuar trabajando con cortinas
rojas y blancas para indicar un camino, tal como muestran
estos planos.
Un tiempo después agregamos nuevamente dos, y más adelante otras dos
(hasta completar 9), disponiendo las cajas según el criterio
de cada profesor. Tan sólo recomendamos que, durante un
buen tiempo, el recorrido tenga únicamente una entrada y
una salida.
Más adelante, podemos agregar otra entrada y otra salida, con lo que
se incorpora la posiblidad de crear caminos propios, distintos
a los establecidos por el maestro.
Finalmente, llegaremos a la disposición más compleja para los pequeños:
las nueve cajas dispuestas en un cuadro de tres por tres
en las que todas las puertas son blancas y en las que las
posibilidades de caminos son tantas como niños en el grupo.
Recomendamos seguir con todos los juegos que se proponen
en el recuadro de la página 10.
Otras
propuestas
Trabajar
colores. Tapizando las paredes de cada caja con papel lustre
de un color.
Trabajar
ecosistemas de México: en cada caja uno distinto.
Trabajar
semáforos y el uso de señales.
Trabajar
eras geológicas.
2)
De tercer grado en adelante
Las siguientes
actividades pueden trabajarse a partir de tercer grado,
sin embargo es el profesor quien debe graduarlas y ajustarlas
de acuerdo al grado de avance de su grupo.
|
..
las relaciones espaciales pueden identificarse a medida
se desarrollan los conceptos asociados con el espacio.
Los niños, quienes perciben el mundo desde una perspectiva
topológica, están desarrollando la comprensión de
cuatro relaciones básicas:
1.
Está cerca de o está lejos de
2. Es una parte de o no es una parte de
3. Viene antes de o viene después de
4. Está dentro de, está fuera de, o está sobre...
Cruikshank
& Sheffield,Teaching and learning elementary and
middle school mathematics, Macmillan Publishing Company,
1992. p. 255
|
Al trabajar con los niños de estos grados, podemos realizar actividades
muy similares a las anteriores en lo que se refiere a la
integración de diversas materias a través de diversos juegos,
si bien, no es necesario comenzar por un laberinto tan simple
como el de tres cajas. Podemos partir del laberinto de nueve
cajas e ir realizando las variaciones de ruta ya indicadas,
cambiando las cajas de posición o jugando con el cambio
de cortinas rojas y blancas. Podemos, también aumentar al
número de cajas (en el caso de los talleres, hemos llegado
a trabajar con laberintos de 16 ambientes).
Orientación
Una actividad
inicial puede ser orientarnos. Con una brújula, localizamos
los puntos cardinales en el salón en el que estamos trabajando.
De esta manera, en el momento en que haya varias entradas
y salidas, podremos hablar de la entrada norte, o la salida
sudeste, etcétera.
La maqueta
A partir
de tercer grado podemos comenzar a incorporar otras actividades
del área de matemáticas. Así, por ejemplo, podemos proponer
la construción de una maqueta, es decir, de un laberinto
a escala. Para ello necesitaremos cartulina o más
cartón y trabajar en equipo, teniendo a la vista, como modelo,
una de las cajas del laberinto abierta, desplegada. Dependiendo
del grado en el que estemos trabajando, podemos decirle
a los niños que la altura de la caja a cortar será 10 veces
más chica y que por lo tanto ha de medir 0.15m en tanto
que el ancho va a ser de 0.07m, o indicar que la escala
a emplear es de 1 a 10. Las puertas también van a sufrir
una disminución proporcional, por lo que los alumnos de
los grados superiores pueden hacer el cálculo por sí mismos,
en tanto que con los de tercero y cuarto se puede calcular
con ellos la medida.
Es posible que a los alumnos de los grados intermedios que aún
tienen poca habilidad en el trazado de figuras geométricas
se les dificulte el trazado de una caja desplegada. A ellos
se les puede entregar el modelo para que lo calquen y luego
lo plieguen.
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[Piaget
e Inhelder] estiman que los primeros conceptos infantiles
sobre el espacio son de carácter topológico. Es decir,
las primeras relaciones espaciales que pueden representarse
mentalmente son aquellas que se refieren a características
de la realidad circundante, tales como:
1.
Proximidad o acercamiento. El niño de cuatro-cinco
años será capaz de representarse mentalmente la proximidad
antes que la semejanza, por ejemplo.
2. Separación.
3. Orden o sucesión espacial.
4. Encerramiento (o clausura). Se cree que el niño
adquiere la idea de interior y exterior antes que
las nociones relativas a la medida del espacio acotado.
5. Continuidad de líneas y superficies.
[...] Los dos investigadores estiman que desde la
edad de los seis años aproximadamente, los conceptos
topológicos van transformándose lentamente en conceptos
proyectivos y euclídeos. En el espacio proyectivo,
como se recordará, los objetos están situados uno
en relación a otro, aunque no se efectúe medición.[...]
aseguran que el espacio proyectivo aparece, psicológicamente,
cuando un objeto empieza a ser mentalmente considerado,
no es aislamiento, sino en relación a un punto
de vista. Esto es, el niño empieza a apreciar
cómo se presentan los objetos cuando son contemplados
desde diferentes posiciones.
[En
el espacio euclidiano] los objetos son localizados
por medio de ejes de referencia (largo, ancho, alto)
y el niño va desarrollando ideas métricas. Así puede
dibujar una figura euclidiana (un rectángulo, por
ejemplo) y medir sus lados.
K.
Lovell, Didáctica de las matemáticas. Sus bases
psicológicas. Madrid, Morata, 1962, pp. 105-106.
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De esta forma, los niños estarán trabajando con planos y armando cuerpos
geo-métricos, sin necesidad de hacer referencia a los términos
matemáticos. Únicamente estamos haciendo un laberinto chiquito,
de juguete, para poder verlo desde arriba o
para que sea más fácil inventar nuevos caminos o, tan sólo,
para llevarlo a casa y contarle a la familia cómo jugaron
en la escuela.
Sin lugar a duda, la realización de esta maqueta despertará
el deseo de construir otras: la del salón, la recámara,
la casa, la escuela.
Otro paso hacia la abstracción
Hasta ahora, hemos trabajado con objetos, con cuerpos grandes y
pequeños a los que hemos armado, desarmado
y vuelto a armar. Podemos pasar, sin decirlo
a los niños, a otro nivel de abstracción: a la representación
en el plano.
¿Qué tal si, para no tener que estar construyendo cada habitación de
la maqueta, trabajamos únicamente, con el piso de ella?
(Podríamos también trabajar con el techo, pero entonces
no sabríamos dónde están ubicadas las puertas) ¿Cómo podemos
hacer para dibujar únicamente el piso? Podemos levantar
la maqueta y mirándola desde abajo ir dibujándola
poco a poco, teniendo en cuenta los espacios en blanco de
las puertas. O también, podemos levantar la maqueta y apoyarla
sobre pintura para luego volverla a apoyar (estamparla)
sobre un papel, como si fuera un sello. ¿Cómo sería el dibujo
que obtendríamos?
Por lo general, los niños de los grados superiores no necesitan que esta
operación se realice de manera concreta. Ellos fácilmente
pueden imaginarla y realizar el dibujo, que ha de quedar
como el de la figura.
Otras
propuestas
Mapas
y más mapas. Una vez hecho el dibujo (a los niños de
tercero y cuarto les podemos facilitar fotocopias), tendremos
el plano del laberinto. Ahora son muchos los juegos que
podemos crear en equipo: trazar, en color, el último camino
recorrido, sin olvidar indicar las puertas rojas y las blancas;
inventar nuevos caminos y luego cambiar las cortinas rojas
y blancas de acuerdo al plano propuesto; esconder un tesoro,
y hacer el mapa correspondiente para llegar a él, de tal
manera que nunca se pase dos veces por el mismo ambiente.
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Desarrollar
la intuición geométrica es un objetivo clave en la
enseñanza de la geometría, dado que las intuiciones,
es decir, el darse cuenta de relaciones entre elementos,
el visualizar un camino de solución, el anticipar
una respuesta aun imposible de demostrar como correcta,
son la puerta de entrada a la habitación donde con
esfuerzo y a largo plazo se elaborarán las demostraciones.
[...]La
construcción de conceptos y relaciones geométricas
que en una primera instancia aparecen como fruto de
las acciones sobre lo concreto, los chispazos intuitivos,
el gozo del descubrimiento deberán ser posteriormente
sistematizados y sometidos a prueba con métodos formalmente
más rigurosos. El alumno alcanzará este logro cuando
cuente con un desarrollo adecuado de sus estructuras
inteletuales que le permitan, apoyado por el docente,
elaborar demostraciones de tipo deductivo.
M.
Riveros y P. Zanocco, Geometría: aprendizaje y juego,
Santiago, Ed. Universidad Católica de Chile, 1992.
pp. 15 y 16.
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Áreas
y perímetros. Podemos cambiar las cajas de lugar y armar
muy distintas maquetas a partir de las cuales obtener diversos
planos. Una vez logrados, podemos compararlos y observar
las variaciones del área en relación al perímetro. O también
resulta muy fácil el comportamiento del volumen.
Construcción
de rompecabezas laberínticos. A los niños les fascinan.
Éstos pueden ser construidos comenzando con un simple cuadro
que tenga una puerta de entrada y una de salida, como en
la figura a.
Para completar
el laberinto, dibujamos líneas desde cualquier pared. La
única regla es que ninguna línea debe conectar una pared
con otra. Los pasos a, b, c y d
de la figura muestran cómo fue construido un rompecabezas
laberíntico (Cruikshank y Sheffield, 1992).
* Agradecemos a Lorena Camacho,
Amalia Estrada, Mauricio Salas, Flavio Ponce de León y Christian
Silva, quienes en ocasión de la XXVIII Feria Metropolitana
del Libro, nos brindaron su total apoyo para el desarrollo
del taller El laberinto y otros juegos presentado
por Correo del Maestro.