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Correo del Maestro Núm. 39,agosto 1999

Tres cartas al profesor Juan*

Yolanda Sassoonz

 

Cuetzalan, Pue. a 18 de febrero de 1995

Hola Juan,

Estoy contenta de trabajar en esta escuela. Me gusta el lugar, los niños y me llevo muy bien con mis compañeros. Mi único problema es el director. Es un hombre muy amargado y rígido. Cuando lo veo, como por arte de magia, pierdo la alegría y quisiera pedir mi cambio cuanto antes. Yo misma me tengo que dar ánimo y me digo: “ Calma, Elisita, no todo en la vida es miel con hojuelas”.

El director nos dice que nosotros, los maestros, debemos enseñar a los niños “la esencia de las cosas”. En la última reunión del Consejo Técnico lo repitió unas cinco veces. A la tercera, le pregunté en que consistía esa “esencia”, pero no atinó a responderme, y mejor cambió de tema.

Ayer se me aclaró un poco lo que tiene en mente. Estaba mirando unas colecciones de libros. Cuando hojeó y miró algunos párrafos de los libros de historia, dijo: “Mire nomás, estos libros, casi no mencionan fechas importantes”. Después, tocó el turno a los de ciencias naturales y dijo “Estos libros parecen cuentos, no dicen cómo nacen los alacranes, los grillos y los escarabajos...”

¿Te das cuenta, Juan? Supongo ahora que para él “la esencia de las cosas” son datos aislados para que los alumnos puedan memorizarlos con relativa facilidad. Tal vez me equivoque, pero al parecer nuestro director es de aquellos docentes que piensan que la mente de los niños está vacía y es nuestro deber llenarla de información.Quizá él espera que cada libro sea un tratado exhaustivo que cuente con gran cantidad de datos; quizás quiera que los libros sean para formar eruditos en cada materia como aquellos que se presentan en los programas de televisión.

¿Será este director una excepción entre los demás? Temo que no.Conozco a otros maestros que suponen que la lectura solamente sirve para encontrar respuestas. Por eso les gustan tanto las enciclopedias y los diccionarios. Pero entonces, ¿en qué lugar quedan las preguntas? ¿Por qué no leer para que surjan cada vez más inquietudes, más cuestionamientos sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea? Creo que los niños no deben leer solamente para responderle al maestro. ¿No sería mejor que leyeran para preguntarnos, para preguntarse también entre ellos mismos?

En fin, ya veremos que pasa con el director. Insisto, me gustaría que fuera más flexible, menos superficial.

Termino porque me estoy helando. Desde ayer llegó por acá una onda fría y mis manos ya se entumieron. Dejo entonces de escribirte. Me voy a meter a la cama con una cobija más.

Afectuosamente,

Elisa.

Cuetzalan, Pue. a 22 de mayo de 1995

Recordado Juan,

Hace tiempo que conozco a la profesora Lucía pero no sabía nada de sus artimañas.Verás, el lunes pasado, después de que escuché el timbre de salida, entré al salón para esperarla. Era urgente ponernos de acuerdo para realizar una actividad conjunta. Al darle las últimas instrucciones a los niños, la oí decirles:

 “ De tarea van a leer tres lecciones. Tengo una bola de cristal en mi casa y desde ahí puedo ver a los niños que leen y a quienes se ponen a hacer otra cosa. Desde allí puedo ver a los que no leyeron.”

Después de decir eso, dio por terminada la sesión con los niños. Salimos caminando juntas y comenzó a conversar conmigo sobre su estrategia:“ Ellos mismos se delatan al decirme: Yo si leí maestra, pero usted no me vio”.

No hablamos más del asunto y llegamos a un acuerdo respecto a la actividad que teníamos pendiente. Después me despedí de ella y me dirigí a mi casa. En el camino, iba pensando en Lucía, de quien no conocía sus dotes de vidente.

No sabía que muy pronto encontraría la contraparte de ella... Esto sucedió días después, cuando estaba a punto de salir de la escuela. Cerca del extremo de la barda, casi en la reja de salida, se me cayeron varios papeles. Mientras los recogía escuché una plática desde el otro lado.

Una voz dijo:“Ora sí, ya te agarró de bajada la maestra”. Otra respondió: “ Sí, todo el tiempo me está preguntando cosas”. La otra voz dijo despacio, como para que quedara bien claro:“ Pues hazle como yo, memoriza algunos renglones del libro y cuando te empiece a preguntar, se los dices. Ella va a creer que entendiste la lección y te va a dejar en paz”. El otro niño contestó con tono emocionado: “¡Ah sí!, ¿verdá?”

Sentí muchísima curiosidad por saber quiénes eran. ¡Eran dos alumnos de Lucía! ¿Qué piensas Juan? ¡El cazador resultó cazado, pues los niños tenían también artimañas propias con las cuales responderle! Al principio se me hizo gracioso el incidente, pero después el asunto me pareció muy grave.

¿No es una pena que haya maestros que usen trucos en la enseñanza en lugar de entenderse con los niños con la sinceridad que se merecen?

Por favor escribe pronto,

Elisa.

Cuetzalan, Pue. a 30 de junio de 1995

Estimado Juan,

Me da la impresión de que el tiempo se encoge. Realizo varias actividades en la escuela y, sin embargo, otras tantas quedan relegadas. Vivo esta situación muy a mi pesar, pues me doy cuenta que hay prioridades.

Hace un mes llegó el último paquete de los libros de Rincones de Lectura y no he podido leer ninguno. Solamente los he hojeado y parecen interesantes. Algunos alumnos me los han solicitado en préstamo y lo he postergado. Me siento muy apenada con ellos. Quisiera que los niños y yo aprovecháramos al máximo estos libros, ya que muchos de ellos son material de apoyo para las materias que debemos impartir, pero, ¿qué puedo hacer? No tengo tiempo.

En ocasiones me desespero por las enormes cargas de trabajo que tenemos todos los maestros. Te enumeraré lo que hice esta semana además de impartir los contenidos del programa: hice un informe para el director, tuve una reunión con los padres de familia, organicé un concurso de matemáticas, asistí a una reunión sindical, organicé una comitiva para mejorar la limpieza de los salones. ¡Ah! y también asistí hoy viernes a la reunión de Consejo Técnico. Si uno descuidara estas actividades la escuela se vendría abajo, pero entonces, ¿cómo tener tiempo para leer? Obviamente, en la casa es lo mismo, solamente que la lista de actividades cambia. Si hacerlo es tan importante, me hace recordar a un viejo maestro que decía:“ Leer nos abre las entendederas”.

Hoy es viernes. Estoy terriblemente cansada y siento que mi cabeza no da para más. Mañana en la tarde sacaré mi silla al patio y me sentaré unas horas a tejer en mi lugar preferido, bajo el árbol frondoso. Seguramente me reanimará el aroma de las madreselvas que ya están floreciendo. ¡Espero que el lunes esté tan despejada que me sea posible volver a la escuela con ánimos renovados!

Saludos

Elisa

¿Por qué se escribieron estas cartas?

A finales de 1992, varios promotores/investigadores de la Unidad de Publicaciones Educativas, sep, desarrollaron estudios de campo durante seis meses en veintiún escuelas primarias del país, en su mayoría rurales e indígenas, con el objetivo de conocer las condicionantes y las posibilidades del uso del acervo de Rincones de Lectura. Sabíamos por reportes e indicaciones no sistematizados que los materiales del Rincón eran bien valorados en las escuelas, pero que el uso de los libros distaba mucho de ser permanente. Desconocíamos a qué se debía esta situación. Por eso decidimos hacer un estudio a profundidad que no violentara los ritmos y las dinámicas escolares y que, simultáneamente, fuera un proyecto de acción, es decir, que promoviera e impulsara el uso de los acervos.

Como metodología usamos la investigación-acción-participativa, aunada a los planteamientos de Jurgen Habermas respecto a la acción comunicativa. Se escribieron registros detallados que se centraron en los actos de habla, enfatizando razonamientos y argumentos de lo que sucedía en el aula.

Interactuamos con las razones de directores, maestros, alumnos y padres de familia.

Con los registros ya en la mano, decidimos devolver un producto dirigido principalmente a los profesores de educación elemental. Una manera ágil de presentarles este material fue en forma de un conjunto de cartas ficticias que escribimos Pedro Gerardo Rodríguez y Yolanda Sassoon basadas en materiales verdaderos. Al conjunto lo llamamos Cartas al profesor Juan.

Las tres cartas aquí presentadas, firmadas con el seúdonimo de Elisa, fueron escritas por Yolanda Sassoon, basadas en registros de Gildardo Rodríguez, Laura Aguirre y Estela Santana. Originalmente, y de manera consecutiva, las cartas se llaman: La esencia de las cosas, Artimañas y El tiempo se encoge.

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