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Correo del Maestro Núm. 39,agosto 1999

Rufino Tamayo: poeta del espacio, las formas y el color

Rosa Elena González

Lo fundamental es que soy un hombre igual a los otros hombres, dotado igual que ellos, con las mismas aspiraciones y preocupaciones. Uno más entre los hombres de este mundo dividido por prejuicios y nacionalismos, pero unido por la participación común en una misma cultura, la cultura humana, cualesquiera que sean las formas locales e históricas que adopte.**

Rufino Tamayo

 

Autorretrato, dibujo a lápiz, 1948

Rufino del Carmen Arellanes Tamayo nació la tarde de un viernes 26 de agosto de 1899 en un pequeño pueblo de la Mixteca Alta, en el estado de Oaxaca. Su madre, Florentina Tamayo, de veinticuatro años, se dedicaba a la costura y su padre, Manuel Ignacio de Jesús Arellanes Saavedra, de veintiséis años, ejercía el oficio de zapatero. Rufino fue el único hijo del matrimonio Arellanes Tamayo, ya que pocos años después se separaron. Desde muy temprana edad empezó a mostrar aptitudes musicales, gracias a su tono de voz formó parte del coro de la parroquia que frecuentaban sus abuelos maternos. Alguna vez pensó en ser músico pero su verdadera vocación la descubriría años más tarde. Cuando apenas tenía ocho años murió su madre y quedó bajo el cuidado de una tía materna; con ella se trasladó a la ciudad de México. La belleza de la gran metrópoli transformó su vida y su visión del mundo. A partir de aquel momento le gustaron las grandes ciudades.

El niño Rufino tuvo su primer acercamiento a la pintura cuando empezó a coleccionar unas postales que reproducían obras de pintores conocidos, su intención era copiarlas en sus ratos libres mientra ayudaba a atender el puesto de frutas que su famila tenía en las bodegas de La Merced. Cuando tenía trece o catorce años ingresó, por insistencia de sus parientes, a una escuela de contabilidad, sin embargo, su vocación de artista lo impulsó a tomar clases de dibujo sin que ellos se enteraran.

En 1917 inicia de manera formal los cursos de la Academia de San Carlos, mismos que abandona poco tiempo después decepcionado de la enseñanza que recibe. En 1921, bajo el gobierno de Álvaro Obregón, el ministro de Educación José Vasconcelos lo ayuda recomendándolo para conseguir empleo en el Museo de Antropología, en el departamento de dibujos etnográficos. Este empleo le permite estudiar de manera sistemática los objetos del arte prehispánico, sus formas, contornos, colores y texturas; influencia que va a proyectar tiempo después en sus primeras obras de caballete. En 1926 Tamayo organiza su primera exposición, cuando aún no existían las galerías de arte. En este mismo año hace su primer viaje a Nueva York con la intención de conocer, experimentar y entrar en contacto con las tendencias artísticas del arte europeo contemporáneo. Estudió la obra de Paul Cézanne, Georges Bracque, Henry Matisse, Juan Gris, Joan Miró y, en especial, la obra de Pablo Picasso, quien habría de influir notablemente en el artista. Tamayo trabaja arduamente, expone en Nueva York; entre trabajo, visitas a museos y descubrimientos transcurren dos años.

 

Rufino y Olga Tamayo con Siqueiros, Orozco, Berdecio. Angélica y Luis Arenal, Jesús Bracho y Antonio Pujol, cuando Tamayo acudió como delegado de la LEAR al Congreso de Artistas Americanos.

Regresa a México en 1928, es nombrado profesor de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes, dirigida por Diego Rivera. Siendo maestro en esta escuela conoce a María Izquierdo con quien, a pesar de vivir juntos durante cuatro años, no llega a formalizar su relación. En 1930 viaja nuevamente a Nueva York y participa en dos exposiciones colectivas. Un año más tarde monta en esta ciudad una exposición individual de gran trascendencia en su vida pues gracias a ella conoce al dueño de una de las más importantes galerías de Nueva York. Decide regresar a México; a causa del intenso trabajo su salud se ha deteriorado y sus recursos monetarios son pocos, pese a las excelentes críticas que recibe su obra. A su regreso es designado profesor de dibujo y trabajos manuales para escuelas primarias del departamento de Bellas Artes. Sin descanso participa en distintos proyectos culturales al mismo tiempo que ejerce su oficio de pintor.

En 1933 pinta en el edificio que ocupaba el Conservatorio Nacional de Música su primer mural El canto y la música. En esta escuela conoce a Olga Flores Rivas, quien cursaba la carrera de concertista en piano. Olga tenía venticinco años, la atracción entre ellos fue rotunda. A los tres meses de conocerse quedaron comprometidos y en febrero de 1934 se casaron. A partir de entonces Olga se convirtió en su entrañable compañera y en su más entusiasta promotora. Los jóvenes esposos viajaron a Nueva York y se quedaron a vivir ahí por un lapso de catorce años, aunque viajaban constantemente a México a pasar los veranos.

En 1950, junto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, Tamayo representó a México en la xxv Bienal de Venecia. De su obra en Il Corriere del Popolo de Milán se comentó:

De los cuatro pintores mexicanos que concurrieron a la Bienal de Venecia, Tamayo es el que está más en consonancia con las corrientes actuales. Tamayo es el pintor más actual, el menos político y el que más recuerda, en sus obras de caballete, las esculturas precolombinas de su patria.

Los Tamayo en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, 1957

Colorista poderoso, ávido de gamas de rojo sangre y rojo amapola, Tamayo, sin forzar el trazo y sin impetuosidades cromáticas torrenciales, llega a expresar en síntesis exactas el alucinante e imponderable espectáculo del México Plástico.1

 Su pasión por la originalidad

Dotado de un talento excepcional, Rufino Tamayo se convirtió en uno de los más prolíficos e importantes artistas del arte mexicano moderno. Los temas de que se ocupó son varios y reiterativos; en el trabajo artístico de su primera etapa se destaca por la amplia producción de óleos y gouaches, naturalezas muertas, retratos, figuras femeninas y escenas costumbristas. Al respecto Raquel Tibol escribió:

[...] en sus cuadros los seres y las cosas, fijos en el espectro de su inercia dinámica, olvidan para siempre su rigidez; sus imágenes están hechas de danza, vuelo, articulaciones, temblores, palpitación; ahí no hay contornos, términos, planos definidos [...]

[...] los colores cálidos violentos y delicadísimos, los chispeantes y sutiles juegos monocromos, los contrastes insospechados que se ven en los merca-dos indígenas de todo el país, se transfiguran en su paleta adquiriendo una dimensión plástica diferente pero no adulterada [...]2

Apasionado de la música y del cosmos, su obra se ocupa también de las temas donde las aves, los animales, son el motivo principal.

Un muralista diferente

Bocetando el mural Homenaje a la raza india, 1952

En el mismo contexto donde el muralismo mexicano proclama la exaltación de la función social y renovadora del arte y la cultura, Tamayo abrió la brecha a un arte lleno de subjetividad e introspección, de originalidad y universalidad en todos los temas que desarrolló. Después de su primer mural La música y el canto (1993), realiza en 1938 su segundo mural Revolución en el antiguo edificio del Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México, hoy Museo de las Culturas. A partir de que el artista se estableció en Nueva York en 1943, se le encargó un mural para la Biblioteca de Arte Hillyer del Smith College de Northampton, Massachusetts: La naturaleza y el artista - la obra de arte y el espectador. A mediados de los años cuarenta Tamayo consolidó su fama y reputación en México y en el extranjero. En 1951, el compositor Carlos Chávez, director del inba en ese entonces, le encargó la realización de dos murales para el Palacio de Bellas Artes. En septiembre de 1952, Tamayo finalizó el primero de ellos: Nacimiento de nuestra nacionalidad. El segundo mural: México hoy, lo concluyó en 1953. A lo largo de su vida realizó diecisiete obras murales .

El legado del artista

La naturaleza y el artista-la obra de arte y el espectador, 1943. Colección Smith College Museum of Art, Northampton, Massachusetts

Durante más de sesenta años Rufino Tamayo trabajó ininterrumpidamente, exponiendo en diversos países y en las mejores galerías de Nueva York y Europa. Su vasta obra no se limitó a la pintura de caballete; además de su obra mural, incursionó en la gráfica con diversas técnicas: xilografía, aguafuerte, litografía, serigrafía y mixografía; y en el campo de la escultura con varias esculturas: Homenaje al sol (1980), Germen y La conquista del espacio (1983), esta última para el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de San Francisco. Todas ellas son estructuras metálicas de grandes dimensiones, con una concepción abstracta. Tamayo fue un artista sumamente completo, su obra fue reconocida y galardonada en nuestro país y en países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, Israel, República Dominicana y Tokio.

En 1974 se inauguró El Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo en la ciudad de Oaxaca cuyo acervo lo constituyen 1,300 piezas de arte precolombino donadas por el artista.

En 1981 se inauguró, en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México, el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo. El acervo se conforma con la donación de más de trescientas obras que el pintor y su esposa reunieron a lo largo de su vida.

En 1990 concluyó El muchacho del violón, su última obra. El 4 de abril de 1991 se inauguró en la ciudad de Oaxaca la Casa Asilo para Ancianos “Los Tamayo”.

El 24 de junio de 1991, murió Rufino Tamayo en la Ciudad de México, sus restos descansan en el museo que fundó en esta ciudad. Casi dos años y medio después, el 23 de enero de 1994, murió su esposa Olga en la ciudad de Cuernavaca. Sus cenizas permanecen junto a las del maestro.

A cien años de su natalicio, invitamos a nuestros lectores a disfrutar —junto con sus alumnos— de la obra de este gran artista, en la exposición Tamayo, su idea de hombre.

Notas

1  Martha Sánchez. Rufino Tamayo, cronología. Museo Rufino Tamayo,INBA.
2  Raquel Tibol. Historia general del arte mexicano. Época moderna y contemporánea. Tomo ii, México, Ed. Hermes, 1969. pp. 320-321.

 

* Agradecemos a la Fundación Olga y Rufino Tamayo, A.C. y al Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo las facilidades para reproducir la obra del maestro Rufino Tamayo. Las imágenes de este artículo y de las páginas centrales fueron tomadas de: Tamayo. Museo Rufino Tamayo / Grupo Financiero Bital / Américo Arte Editores, Mexico,1998, y de Octavio Paz, Jacques Lassaigne. Rufino Tamayo. Ed. Patria, México, 1994, a quienes también damos nuestro agradecimiento.

**  Texto tomado de: Rufino Tamayo 1899-1991. Folleto editado por el Museo Rufino Tamayo, México, inba y Fundación Olga y Rufino Tamayo,1993. p. 4.

Rufino y Olga Tamayo con Siqueiros, Orozco, Berdecio. Angélica y Luis Arenal, Jesús Bracho y Antonio Pujol, cuando Tamayo acudió como delegado de la lear al Congreso de Artistas Americanos.

Tamayo, su idea de hombre se exhibe en el Museo Rufino Tamayo, Paseo de la Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec, del 27 de agosto al 31 de octubre, de martes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. Entrada gratuita. Tel. 52 86 65 19.

 

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