Sobre la
República
Cicerón
La cosa pública (la res publica) es cosa del pueblo,
considerando por tal no a todos los hombres reunidos de
cualquier forma, sino a la reunión que tiene su fundamento
en el consentimiento jurídico y en la utilidad común.
Ahora bien; la primera causa de esta agregación de
unos hombres a otros es menos su debilidad que su instinto
de sociabilidad, innato en todos los hombres; la especie
humana no ha nacido para el aislamiento y la vida errante,
sino con una disposición, que aún en la abundancia
de todos los bienes, le lleva a buscar el apoyo común.
Los significados
de las palabras, producciones artísticas, expresiones corporales
pueden ser móviles, cambiantes, a veces hasta escurridizos.
Se nos escapan de las manos sin darnos cuenta, y cuando
los seguimos tienen la virtud de abrirnos territorios de
los otros siempre desconocidos.
Es así
porque los significados no nos han sido dados, los hemos
construido. Como en todo progreso material, cultural y moral
también en esto hemos sido creadores. Unos creadores que
nunca actúan en solitario, siempre son parte de algo, de
un colectivo, de una cosa que trasciende lo privado pues
se vuelve cosa pública.
Porque
eso es el lenguaje: una cosa pública que nos sirve
para pensar el mundo, a nosotros mismos y nuestra relación
con los y las demás, pues no existe pensamiento sin lenguaje,
sin cosa pública. El más interno, íntimo y privado de nuestros
sentimientos incluye siempre a las y los otros, nos saca
siempre de nuestra piel, nos lleva con los demás. Por eso,
el lenguaje, los lenguajes, son un bien común al que todos
debemos tener acceso. No hemos construido bien mayor ni
que signifique mayor lazo social que éste.
Y, como
ocurre siempre, parece que lo dicho hasta aquí nos puede
llevar, por el significado de una de las expresiones usadas,
hasta otro lugar. Nos referimos a la expresión: cosa pública.
Cosa pública,
es una expresión que viene del latín res publica que
significa lo que es de todos y todas y a todos y todas atañe.
Lo que siendo individuos nos enlaza, compromete, obliga
y regala con los y las demás. Lo que nos permite ser para
ellos, con ellos y orientarnos hacia ellos, pues nos da
sentido de pertenencia y ubicación cultural, moral, emocional
y política como individuos parte de una comunidad.
La res
publica, la cosa pública, es esto que Cicerón, un siglo
antes de Cristo, recreó cuando nos habló del mejor modo
de vida, más participativo y libre, cuando hizo de la res
publica la república. La república, nos dice,
es el espacio y la forma de vida de los ciudadanos libres,
pues no hay república con esclavos y amo, aún cuando éste
sea bueno; y en ella el poder y el gobierno no se heredan
ni se adquieren por derecho de sangre, sino que se ejercen
por unos en representación y por mandato de los otros. Por
eso, la república es cosa pública, porque es cosa de todos
y en ella todos debemos y podemos intervenir. La república
es la forma de organización política orientada a que los
individuos y sus comunidades se orienten a la producción
y conservación del bien público, común. Esto nos conduce
a buscar nuevos significados.
El bien
común puede entenderse como el bienestar general. En
este contexto, bien se entiende como el cúmulo de
valores humanos de una sociedad determinada; común
es aquello a lo que un individuo sólo puede acceder si está
integrado en un cuerpo social. Bien común es el cúmulo
de valores humanos de una sociedad que pueden, o deben,
ser compartidos por todos los miembros de esa sociedad.
Para que
todos los individuos puedan acceder al bien común se requieren
de determinadas condiciones sociales y políticas que promuevan
y faciliten dicho acceso siendo la democracia, la forma
de vida republicana, la que más posibilidades ofrece para
que así ocurra. Una aspiración de la vida democrática es
que todos los miembros de la sociedad, sin distinción alguna,
puedan acceder al bien común.
Entre los
valores, bienes comunes, más apreciados por los individuos
y las comunidades se cuenta la libertad, y debemos hacernos
cargo de su significado para entender lo que es la cosa
pública. La república sólo es cuando está constituida por
hombres y mujeres libres, que se saben libres y actúan como
tales. La libertad es el valor supremo de la vida republicana
que, haciendo valor que hace referencia al individuo, es
la facultad del hombre para elegir su propia línea de conducta
de la que, por tanto, es responsable. Es la facultad de
obrar o no obrar, el estado del hombre que no es esclavo.
La elección
de la línea de conducta no puede deberse a un capricho o
ser una elección arbitraria o debida al azar; detrás de
cada elección debe haber un motivo, una causa en la que
se funde la decisión de actuar de un modo u otro reconociendo
que cada acto tiene un efecto, directo o indirecto, en los
demás. De ahí que, el ejercicio de la libertad siempre debe
tener una causa, obedecer a un motivo, a una necesidad y
un reconocimiento de que todos nuestros actos pueden producir
consecuencias en los y las demás, es decir, no se puede
ser libres sin ser responsables.
La libertad
es, como todos los valores, un bien construido que ha ido
extendiéndose y aceptándose como valor universal para todos
los hombres y mujeres en la medida en que las sociedades
progresan material y moralmente. Pues, aunque se trate de
un valor que se refiere a lo individual, puesto que los
individuos no viven aislados sino en sociedad, la libertad
de los individuos se ha transformado en la medida en que
se han transformado las sociedades.
La libertad,
como la república, se construye, desarrolla y vive, no es,
tampoco, una cosa dada sino producida por el hombre, y no
está al margen de la historia o del desarrollo de la sociedad.
Al contrario, es un valor en movimiento hacia mejores formas
para todos, formas en las que todos gocemos
de las mismas oportunidades; hacia más y mejores significados
para todas y cada una de las vidas que componen el cuerpo
social.
Quede pues
dicho que la cosa pública, el bien común, los valores y,
entre ellos la libertad, no son sino significaciones que
revelan nuestras necesidades y aspiraciones, significaciones
en las que todos y todas participamos y de las que todos
y todas somos creadores y responsables de evitar que, por
no entender del todo sus sentidos, éstos se nos escapen
de las manos.