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Correo del Maestro Núm. 37, junio 1999

De bienes y cosas públicas, entre ellas la libertad

Mario Aguirre Beltrán

Sobre la República
Cicerón
La cosa pública (la res publica) es cosa del pueblo, considerando por tal no a todos los hombres reunidos de cualquier forma, sino a la reunión que tiene su fundamento en el consentimiento jurídico y en la utilidad común. Ahora bien; la primera causa de esta agregación de unos hombres a otros es menos su debilidad que su instinto de sociabilidad, innato en todos los hombres; la especie humana no ha nacido para el aislamiento y la vida errante, sino con una disposición, que aún en la abundancia de todos los bienes, le lleva a buscar el apoyo común.

Los significados de las palabras, producciones artísticas, expresiones corporales pueden ser móviles, cambiantes, a veces hasta escurridizos. Se nos escapan de las manos sin darnos cuenta, y cuando los seguimos tienen la virtud de abrirnos territorios de los otros siempre desconocidos.

Es así porque los significados no nos han sido dados, los hemos construido. Como en todo progreso material, cultural y moral también en esto hemos sido creadores. Unos creadores que nunca actúan en solitario, siempre son parte de algo, de un colectivo, de una cosa que trasciende lo privado pues se vuelve cosa pública.

Porque eso es el lenguaje: una cosa pública que nos sirve para pensar el mundo, a nosotros mismos y nuestra relación con los y las demás, pues no existe pensamiento sin lenguaje, sin cosa pública. El más interno, íntimo y privado de nuestros sentimientos incluye siempre a las y los otros, nos saca siempre de nuestra piel, nos lleva con los demás. Por eso, el lenguaje, los lenguajes, son un bien común al que todos debemos tener acceso. No hemos construido bien mayor ni que signifique mayor lazo social que éste.

Y, como ocurre siempre, parece que lo dicho hasta aquí nos puede llevar, por el significado de una de las expresiones usadas, hasta otro lugar. Nos referimos a la expresión: cosa pública.

Cosa pública, es una expresión que viene del latín res publica que significa lo que es de todos y todas y a todos y todas atañe. Lo que siendo individuos nos enlaza, compromete, obliga y regala con los y las demás. Lo que nos permite ser para ellos, con ellos y orientarnos hacia ellos, pues nos da sentido de pertenencia y ubicación cultural, moral, emocional y política como individuos parte de una comunidad.

La res publica, la cosa pública, es esto que Cicerón, un siglo antes de Cristo, recreó cuando nos habló del mejor modo de vida, más participativo y libre, cuando hizo de la res publica la república. La república, nos dice, es el espacio y la forma de vida de los ciudadanos libres, pues no hay república con esclavos y amo, aún cuando éste sea bueno; y en ella el poder y el gobierno no se heredan ni se adquieren por derecho de sangre, sino que se ejercen por unos en representación y por mandato de los otros. Por eso, la república es cosa pública, porque es cosa de todos y en ella todos debemos y podemos intervenir. La república es la forma de organización política orientada a que los individuos y sus comunidades se orienten a la producción y conservación del bien público, común. Esto nos conduce a buscar nuevos significados.

El bien común puede entenderse como el bienestar general. En este contexto, bien se entiende como el cúmulo de valores humanos de una sociedad determinada; común es aquello a lo que un individuo sólo puede acceder si está integrado en un cuerpo social. Bien común es el cúmulo de valores humanos de una sociedad que pueden, o deben, ser compartidos por todos los miembros de esa sociedad.

Para que todos los individuos puedan acceder al bien común se requieren de determinadas condiciones sociales y políticas que promuevan y faciliten dicho acceso siendo la democracia, la forma de vida republicana, la que más posibilidades ofrece para que así ocurra. Una aspiración de la vida democrática es que todos los miembros de la sociedad, sin distinción alguna, puedan acceder al bien común.

Entre los valores, bienes comunes, más apreciados por los individuos y las comunidades se cuenta la libertad, y debemos hacernos cargo de su significado para entender lo que es la cosa pública. La república sólo es cuando está constituida por hombres y mujeres libres, que se saben libres y actúan como tales. La libertad es el valor supremo de la vida republicana que, haciendo valor que hace referencia al individuo, es la facultad del hombre para elegir su propia línea de conducta de la que, por tanto, es responsable. Es la facultad de obrar o no obrar, el estado del hombre que no es esclavo.

La elección de la línea de conducta no puede deberse a un capricho o ser una elección arbitraria o debida al azar; detrás de cada elección debe haber un motivo, una causa en la que se funde la decisión de actuar de un modo u otro reconociendo que cada acto tiene un efecto, directo o indirecto, en los demás. De ahí que, el ejercicio de la libertad siempre debe tener una causa, obedecer a un motivo, a una necesidad y un reconocimiento de que todos nuestros actos pueden producir consecuencias en los y las demás, es decir, no se puede ser libres sin ser responsables.

La libertad es, como todos los valores, un bien construido que ha ido extendiéndose y aceptándose como valor universal para todos los hombres y mujeres en la medida en que las sociedades progresan material y moralmente. Pues, aunque se trate de un valor que se refiere a lo individual, puesto que los individuos no viven aislados sino en sociedad, la libertad de los individuos se ha transformado en la medida en que se han transformado las sociedades.

La libertad, como la república, se construye, desarrolla y vive, no es, tampoco, una cosa dada sino producida por el hombre, y no está al margen de la historia o del desarrollo de la sociedad. Al contrario, es un valor en movimiento hacia mejores formas para todos, formas en las que todos gocemos de las mismas oportunidades; hacia más y mejores significados para todas y cada una de las vidas que componen el cuerpo social.

Quede pues dicho que la cosa pública, el bien común, los valores y, entre ellos la libertad, no son sino significaciones que revelan nuestras necesidades y aspiraciones, significaciones en las que todos y todas participamos y de las que todos y todas somos creadores y responsables de evitar que, por no entender del todo sus sentidos, éstos se nos escapen de las manos.

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