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Correo del Maestro Núm. 37, junio1999

El deseo de los exiliados españoles o la permanente lucha por la libertad

María Teresa Yurén Camarena

Comentario presentado en el Ateneo Español el 15 de noviembre de 1995, en torno a la obra de Valentina Cantón (comp.): Educación y Cultura. Revista de los maestros españoles en el exilio (1940)

 

La estructura y contenidos de la obra

El trabajo Educación y Cultura. Revista de los maestros españoles en el exilio (1940) es sólo unapequeña parte de los productos que se derivan de la tarea asumida por Valentina Cantón como historiadora de la educación y constructora de una pedagogía; pero no por ello es poco significativo. Uno de los principales méritos de esta obra consiste en poner al alcance del lector, interesado en los temas educativos, una producción intelectual cuya consulta —por razones que son comprensibles— está restringida a los investigadores entrenados en el manejo de acervo histórico.

Sin embargo, éste no es el mayor de sus méritos, pues queda rebasado por el sentido didáctico de la obra en su conjunto que constituye, por una parte, una lección sobre cómo apreciar una obra editorial como la revista Eduación y Cultura y, por otra, una peculiar exposición del tema de la República Española y de su proyecto educativo, que adquiere la forma de una invitación a profundizar en dicho tema.

La obra que comentamos está estructurada de la siguiente manera: se inicia con una introducción que pone al lector al tanto de lo que significó la revista Educación y Cultura como medio para hacer llegar la voz de los exiliados españoles a los educadores mexicanos; también se describen los temas que se trabajaron, las distintas secciones que le dieron cuerpo a la revista, y se da cuenta de los responsables de su edición y de los colaboradores de la publicación, entre los que se contaban figuras egregias de la pedagogía como Wallon, Claparede y Decroly.

A la introducción le sigue una presentación de lo que fue la España Republicana, interpretada como un proyecto cultural que para hacerse efectivo hubo de convertirse en un proyecto político y revolucionario.

Una vez concluida la presentación, se accede a los textos que llevan la firma de distinguidos intelectuales españoles como Joaquín Xirau, María Elías de Ballesteros, Manuel B. Cossío, Juan Roura-Parella, Florentino M. Torner, Antonio Ballesteros y José Gaos. Intercaladas en los textos, aparecen algunas páginas y portadas de la revista, tan hábilmente seleccionadas que dicen mucho al lector del sentido que quisieron darle sus fundadores, y permiten valorar la calidad y utilidad de esta aportación cultural.

Para cerrar la obra, Valentina Cantón presenta las notas biográficas de los autores de los textos y un índice biblio-hemerográfico que responde a la intención de proporcionar una guía para los interesados en el tema. Estos dos apartados están precedidos de algunas conclusiones que rematan con una idea en la que se sintetiza la razón de ser de la revista Educación y Cultura:

Apareció y desapareció como la República: con una gran esperanza y dejando tras de sí una huella legible y recuperable aún ahora: la huella de la utopía     que señala la relación —inevitable— entre la democracia, la cultura y la educación.1

De los textos seleccionados por la maestra Cantón, dos se ocupan de comentar la obra pedagógica de Luis Vives con motivo de los 400 años de su muerte. Otros dos se dedican a la memoria de los intelectuales, cuyas ideas y obras constituyeron las bases más sólidas del proyecto educativo y cultural de la República Española: Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío. Los siguientes tres textos abordan temas propiamente pedagógicos: la figura y la función del maestro, la función de la escuela, la caracterización del proceso formativo, los fines educativos y los métodos pedagógicos. Los cuatro últimos presentan, en su conjunto, un panorama de lo que fue la magnífica obra educativo-cultural de la República Española: en ellos el lector puede identificar los ejes en torno a los cuales se desarrolló el proyecto educativo republicano y sus logros; entre estos ejes se destaca el impulso a la educación primaria con carácter laico y popular, la estrategia para la formación de maestros comprometidos con el proyecto republicano, una nueva forma de entender y practicar la inspección escolar y las originales reformas curriculares realizadas en el ámbito de la educación superior.

La voz de los exiliados

La revista Educación y Cultura tuvo, pues, el significado de un hallazgo que ofrece nuevas pistas para la investigación. Ese hallazgo lo hemos podido compartir en virtud de que la maestra Cantón se abocó a seleccionar textos y a reconstruir el contexto que facilita su interpretación, y gracias, también, a que la Universidad Pedagógica Nacional pone esta obra al alcance del público en general, en una edición de muy buena calidad. Tenemos así la oportunidad de ir del texto al contexto para escuchar la “voz de los exiliados” —como querían aquellos que asumieron la empresa cultural de iniciar y sostener la revista durante casi un año.

Los textos han de ser revisados con el procedimiento metodológico que propone la autora en algunos otros de sus trabajos. Habrá que analizarlos con la sutileza que se requiere para descubrir huellas, rastros, indicios que permitan entender lo que se dijo y comprender por qué se dijo. Esa forma de lectura-escucha nos revela no sólo la voz de los exiliados, sino también aquello que nos quiso decir quien seleccionó los textos y reconstruyó para nosotros el contexto.

Pero, puesto que el escucha tiene su propia historia y una situación peculiar, no puede esperarse una interpretación generalizable. Mucho me dijeron estos textos y mucho también podrán decirles a otros. Lo que me pareció más significativo, lo comparto a continuación.

La voz de los maestros exiliados nos hace ver que todo proyecto político de carácter emancipatorio tiene que ser, al mismo tiempo, un proyecto cultural y educativo. Este último ha de fundarse en principios y finalidades acordes con el ideal emancipatorio y materializarse en obras y acciones. Entre los fines de la educación no debe dejar de destacarse, como el primero y fundamental, la dignificación del ser humano; en segundo lugar y como condición necesaria para lograr el anterior, se pueden apuntar: la libertad de conciencia, la formación de sujetos morales y el pleno desarrollo del ser humano. Entre los principios que han de organizar una obra cultural y educativa como lo fue la republicana, hay que anotar: la libertad de cátedra; la educación para todos; el igual derecho de acceder a la cultura (lo cual obliga a la búsqueda de desiguales estrategias educativas); la imposibilidad de homogeneizar los métodos si se atiende a la individualidad del educando y a la peculiaridad de cada relación pedagógica; la enseñanza centrada en el interés y actividad del educando y en el conocimiento del mismo (lo cual significa una sólida formación para el maestro de educación básica, que de ninguna manera ha de ser inferior en calidad y en complejidad que la que requiere el maestro de educación superior).

No extraña entonces que los principios y finalidades que inspiraron las obras educativas de la República Española hayan sido simiente que aún se esfuerza por germinar y ser fructífera en otros tiempos y espacios. En efecto, la Institución Libre de Enseñanza, las Misiones Pedagógicas, las Colonias escolares de vacaciones, el Instituto de Investigaciones Científicas, la Escuela Superior del Magisterio, el Museo Pedagógico Nacional y la reforma curricular de la Facultad de Filosofía significaron, en los hechos, una revaloración que adopta hoy en día la forma de reivindicaciones y esfuerzos cotidianos de transformación. Se trata de una revaloración de la educación, cuando la entendemos como un auténtico proceso formativo que deja atrás las viejas prácticas de adoctrinamiento y sometimiento; de una revaloración —que es al mismo tiempo dignificación— del trabajo del maestro en las dimensiones social, académica, profesional y económica y, finalmente, una revaloración del alumno al que deja de verse como recipiente acrítico para ver en él al sujeto en formación porque —en palabras de Roura-Parella—

la vida del hombre está disparada hacia el futuro [y, desde la perspectiva] del educador el proceso de formación de la vida aparece como un camino que el individuo tiene que recorrer para llegar a la   plenitud, para llegar a sí mismo.2

Si bien es cierto que muchos de estos principios y finalidades estuvieron presentes de una u otra forma en nuestra historia antes de acoger a los intelectuales españoles, también es cierto que su trabajo vino a reavivar el deseo de educar para la libertad, evitando los errores que son contrarios al proceso formativo y entre los que se apuntan el autoritarismo, el dogmatismo y el enciclopedismo. La obra de estos maestros nos recuerda que la educación debe estar orientada por la idea de que hay que “conquistar todos los días la libertad y la vida”, pues —como dice Joaquín Xirau—

Sólo siendo en verdad uno mismo es posible ponerse al servicio de algo, realizar una misión personal y   adquirir, por tanto, un sentido y un valor universal, único e intransferible.3

La obstinación y el deseo

Algo más me dicen los textos, la selección y organización de los mismos. Los exiliados españoles trajeron consigo su deseo. Eso que en lenguaje hegeliano significa movimiento que tiende hacia la vida. Desear vivir no es otra cosa que desear ser sí mismo; pero un sujeto sólo es sí mismo en su obra, en sus objetivaciones; y sólo es verdaderamente sí mismo mediante el reconocimiento de los otros. Además, ese reconocimiento implica, paradójicamente, el riesgo de la muerte. Si usamos el símil de una llama, el deseo se extingue (aunque se conserve la vida) con el viento de la servidumbre y se reanima sólo al contacto con la muerte, pues sólo se libera de la servidumbre quien pone en riesgo su vida. Se trata de una dialéctica que implica que el sujeto ha de hacerse objeto para ser verdadero sujeto; que para ser sí mismo (autoconciencia), ha de ser reconocido por los otros y reconocer a los otros; que para vivir libre ha de arriesgar la vida y tocar el no ser, la muerte. El deseo es, pues, movimiento hacia la vida que sólo puede mantenerse si se convierte en el deseo del deseo; es decir, si es movimiento hacia la libertad que no se satisface más que con la libertad, porque sólo la libertad que lucha por la libertad es infinita.

Los exiliados trajeron consigo su deseo y su terco empeño por la libertad. El deseo se convirtió por momentos en obstinación (término también empleado por Hegel), cuando el afán de libertad cedió su lugar al afán de volver al terruño. Pero la llama se mantuvo viva por el efecto de otra forma de muerte, la del exilio; ésa que Sánchez Vázquez describe como muerte lenta que recuerda su presencia cada vez que se arranca la hoja del calendario en el que está   inscrito el sueño de la vuelta.4

Esa muerte lenta toca también la infinitud cuando el exiliado se percata de que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser exiliado, que el fin del exilio no es sino un exilio sin fin. En esa certidumbre —nos hace ver Sánchez Vázquez— el exiliado comprende que lo decisivo es ser fiel —aquí o allí— a aquello por lo que un día se vio arrojado al exilio.5

Ese momento en el que esto se comprende y se asume, no es otro que la vuelta al deseo, el volverse a asir a una libertad que no ceja en su empeño de alcanzar la libertad.

En los textos de los exiliados en el año de 1940, podemos percatarnos de que aún no se aceptaba esa muerte lenta; por ello, el deseo se fue trocando en obstinación, pero afortunadamente sin extinguirse. Al paso del tiempo, el deseo se mantuvo y tuvo como frutos una obra rica y variada, en la que los intelectuales españoles pudieron prolongar su proyecto educativo y cultural. No fue una renuncia a su proyecto, no fue un abandono a su deseo, sino una forma de concreción distinta. Más de 50 años después puede asegurarse que predominó el deseo sobre la obstinación, y que los mexicanos tenemos en gran aprecio el trabajo y la obra de quienes trajeron consigo su deseo. A la maestra Cantón habrá que reconocerle otro mérito: el hacernos reflexionar sobre ello.

Notas:

1 Valentina Cantón Arjona (comp.). Educación y Cultura. Revista de los maestros españoles en el exilio (1940). México, Universidad Pedagógica Nacional, 1995, (Col. Textos, núm. 2), 127 p.

2 Juan Roura-Parella. “Método de eduación y estructura horizontal de la vida psíquica”. Ibidem, p. 67.

3 Joaquín Xirau. “Libertad y vocación”Ibidem, p.65

4 Adolfo Sánchez Vázquez. “Fin del exilio y exilio sin fin”, en Ensayos marxistas sobre historia política. México, Océano, 1985, p. 165, 207 p.

5 Ibidem, p. 167.

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