| Comentario presentado en el Ateneo Español
el 15 de noviembre de 1995, en torno a la obra de Valentina
Cantón (comp.): Educación y Cultura. Revista
de los maestros españoles en el exilio (1940) |
La estructura
y contenidos de la obra
El trabajo
Educación y Cultura. Revista de los maestros españoles
en el exilio (1940) es sólo unapequeña parte de los
productos que se derivan de la tarea asumida por Valentina
Cantón como historiadora de la educación y constructora
de una pedagogía; pero no por ello es poco significativo.
Uno de los principales méritos de esta obra consiste en
poner al alcance del lector, interesado en los temas educativos,
una producción intelectual cuya consulta por razones
que son comprensibles está restringida a los investigadores
entrenados en el manejo de acervo histórico.
Sin embargo,
éste no es el mayor de sus méritos, pues queda rebasado
por el sentido didáctico de la obra en su conjunto que constituye,
por una parte, una lección sobre cómo apreciar una obra
editorial como la revista Eduación y Cultura y, por
otra, una peculiar exposición del tema de la República Española
y de su proyecto educativo, que adquiere la forma de una
invitación a profundizar en dicho tema.
La obra
que comentamos está estructurada de la siguiente manera:
se inicia con una introducción que pone al lector al tanto
de lo que significó la revista Educación y Cultura
como medio para hacer llegar la voz de los exiliados españoles
a los educadores mexicanos; también se describen los temas
que se trabajaron, las distintas secciones que le dieron
cuerpo a la revista, y se da cuenta de los responsables
de su edición y de los colaboradores de la publicación,
entre los que se contaban figuras egregias de la pedagogía
como Wallon, Claparede y Decroly.
A la introducción
le sigue una presentación de lo que fue la España Republicana,
interpretada como un proyecto cultural que para hacerse
efectivo hubo de convertirse en un proyecto político y revolucionario.
Una vez
concluida la presentación, se accede a los textos que llevan
la firma de distinguidos intelectuales españoles como Joaquín
Xirau, María Elías de Ballesteros, Manuel B. Cossío, Juan
Roura-Parella, Florentino M. Torner, Antonio Ballesteros
y José Gaos. Intercaladas en los textos, aparecen algunas
páginas y portadas de la revista, tan hábilmente seleccionadas
que dicen mucho al lector del sentido que quisieron darle
sus fundadores, y permiten valorar la calidad y utilidad
de esta aportación cultural.
Para cerrar
la obra, Valentina Cantón presenta las notas biográficas
de los autores de los textos y un índice biblio-hemerográfico
que responde a la intención de proporcionar una guía para
los interesados en el tema. Estos dos apartados están precedidos
de algunas conclusiones que rematan con una idea en la que
se sintetiza la razón de ser de la revista Educación
y Cultura:
Apareció
y desapareció como la República: con una gran esperanza
y dejando tras de sí una huella legible y recuperable aún
ahora: la huella de la utopía que señala la relación
inevitable entre la democracia, la cultura y
la educación.1
De los
textos seleccionados por la maestra Cantón, dos se ocupan
de comentar la obra pedagógica de Luis Vives con motivo
de los 400 años de su muerte. Otros dos se dedican a la
memoria de los intelectuales, cuyas ideas y obras constituyeron
las bases más sólidas del proyecto educativo y cultural
de la República Española: Francisco Giner de los Ríos y
Manuel Bartolomé Cossío. Los siguientes tres textos abordan
temas propiamente pedagógicos: la figura y la función del
maestro, la función de la escuela, la caracterización del
proceso formativo, los fines educativos y los métodos pedagógicos.
Los cuatro últimos presentan, en su conjunto, un panorama
de lo que fue la magnífica obra educativo-cultural de la
República Española: en ellos el lector puede identificar
los ejes en torno a los cuales se desarrolló el proyecto
educativo republicano y sus logros; entre estos ejes se
destaca el impulso a la educación primaria con carácter
laico y popular, la estrategia para la formación de maestros
comprometidos con el proyecto republicano, una nueva forma
de entender y practicar la inspección escolar y las originales
reformas curriculares realizadas en el ámbito de la educación
superior.
La voz
de los exiliados
La revista
Educación y Cultura tuvo, pues, el significado de
un hallazgo que ofrece nuevas pistas para la investigación.
Ese hallazgo lo hemos podido compartir en virtud de que
la maestra Cantón se abocó a seleccionar textos y a reconstruir
el contexto que facilita su interpretación, y gracias, también,
a que la Universidad Pedagógica Nacional pone esta obra
al alcance del público en general, en una edición de muy
buena calidad. Tenemos así la oportunidad de ir del texto
al contexto para escuchar la voz de los exiliados
como querían aquellos que asumieron la empresa cultural
de iniciar y sostener la revista durante casi un año.
Los textos
han de ser revisados con el procedimiento metodológico que
propone la autora en algunos otros de sus trabajos. Habrá
que analizarlos con la sutileza que se requiere para descubrir
huellas, rastros, indicios que permitan entender lo que
se dijo y comprender por qué se dijo. Esa forma de lectura-escucha
nos revela no sólo la voz de los exiliados, sino también
aquello que nos quiso decir quien seleccionó los textos
y reconstruyó para nosotros el contexto.
Pero, puesto
que el escucha tiene su propia historia y una situación
peculiar, no puede esperarse una interpretación generalizable.
Mucho me dijeron estos textos y mucho también podrán decirles
a otros. Lo que me pareció más significativo, lo comparto
a continuación.
La voz
de los maestros exiliados nos hace ver que todo proyecto
político de carácter emancipatorio tiene que ser, al mismo
tiempo, un proyecto cultural y educativo. Este último ha
de fundarse en principios y finalidades acordes con el ideal
emancipatorio y materializarse en obras y acciones. Entre
los fines de la educación no debe dejar de destacarse, como
el primero y fundamental, la dignificación del ser humano;
en segundo lugar y como condición necesaria para lograr
el anterior, se pueden apuntar: la libertad de conciencia,
la formación de sujetos morales y el pleno desarrollo del
ser humano. Entre los principios que han de organizar una
obra cultural y educativa como lo fue la republicana, hay
que anotar: la libertad de cátedra; la educación para todos;
el igual derecho de acceder a la cultura (lo cual obliga
a la búsqueda de desiguales estrategias educativas); la
imposibilidad de homogeneizar los métodos si se atiende
a la individualidad del educando y a la peculiaridad de
cada relación pedagógica; la enseñanza centrada en el interés
y actividad del educando y en el conocimiento del mismo
(lo cual significa una sólida formación para el maestro
de educación básica, que de ninguna manera ha de ser inferior
en calidad y en complejidad que la que requiere el maestro
de educación superior).
No extraña
entonces que los principios y finalidades que inspiraron
las obras educativas de la República Española hayan sido
simiente que aún se esfuerza por germinar y ser fructífera
en otros tiempos y espacios. En efecto, la Institución Libre
de Enseñanza, las Misiones Pedagógicas, las Colonias escolares
de vacaciones, el Instituto de Investigaciones Científicas,
la Escuela Superior del Magisterio, el Museo Pedagógico
Nacional y la reforma curricular de la Facultad de Filosofía
significaron, en los hechos, una revaloración que adopta
hoy en día la forma de reivindicaciones y esfuerzos cotidianos
de transformación. Se trata de una revaloración de la educación,
cuando la entendemos como un auténtico proceso formativo
que deja atrás las viejas prácticas de adoctrinamiento y
sometimiento; de una revaloración que es al mismo
tiempo dignificación del trabajo del maestro en las
dimensiones social, académica, profesional y económica y,
finalmente, una revaloración del alumno al que deja de verse
como recipiente acrítico para ver en él al sujeto en formación
porque en palabras de Roura-Parella
la vida
del hombre está disparada hacia el futuro [y, desde la perspectiva]
del educador el proceso de formación de la vida aparece
como un camino que el individuo tiene que recorrer para
llegar a la plenitud, para llegar a sí mismo.2
Si bien
es cierto que muchos de estos principios y finalidades estuvieron
presentes de una u otra forma en nuestra historia antes
de acoger a los intelectuales españoles, también es cierto
que su trabajo vino a reavivar el deseo de educar para la
libertad, evitando los errores que son contrarios al proceso
formativo y entre los que se apuntan el autoritarismo, el
dogmatismo y el enciclopedismo. La obra de estos maestros
nos recuerda que la educación debe estar orientada por la
idea de que hay que conquistar todos los días la libertad
y la vida, pues como dice Joaquín Xirau
Sólo siendo
en verdad uno mismo es posible ponerse al servicio de algo,
realizar una misión personal y adquirir, por tanto, un
sentido y un valor universal, único e intransferible.3
La obstinación
y el deseo
Algo más
me dicen los textos, la selección y organización de los
mismos. Los exiliados españoles trajeron consigo su deseo.
Eso que en lenguaje hegeliano significa movimiento que tiende
hacia la vida. Desear vivir no es otra cosa que desear ser
sí mismo; pero un sujeto sólo es sí mismo en su obra, en
sus objetivaciones; y sólo es verdaderamente sí mismo mediante
el reconocimiento de los otros. Además, ese reconocimiento
implica, paradójicamente, el riesgo de la muerte. Si usamos
el símil de una llama, el deseo se extingue (aunque se conserve
la vida) con el viento de la servidumbre y se reanima sólo
al contacto con la muerte, pues sólo se libera de la servidumbre
quien pone en riesgo su vida. Se trata de una dialéctica
que implica que el sujeto ha de hacerse objeto para ser
verdadero sujeto; que para ser sí mismo (autoconciencia),
ha de ser reconocido por los otros y reconocer a los otros;
que para vivir libre ha de arriesgar la vida y tocar el
no ser, la muerte. El deseo es, pues, movimiento hacia la
vida que sólo puede mantenerse si se convierte en el deseo
del deseo; es decir, si es movimiento hacia la libertad
que no se satisface más que con la libertad, porque sólo
la libertad que lucha por la libertad es infinita.
Los exiliados
trajeron consigo su deseo y su terco empeño por la libertad.
El deseo se convirtió por momentos en obstinación (término
también empleado por Hegel), cuando el afán de libertad
cedió su lugar al afán de volver al terruño. Pero la llama
se mantuvo viva por el efecto de otra forma de muerte, la
del exilio; ésa que Sánchez Vázquez describe como muerte
lenta que recuerda su presencia cada vez que se arranca
la hoja del calendario en el que está inscrito el sueño
de la vuelta.4
Esa muerte
lenta toca también la infinitud cuando el exiliado se percata
de que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás
dejará de ser exiliado, que el fin del exilio
no es sino un exilio sin fin. En esa certidumbre
nos hace ver Sánchez Vázquez el exiliado comprende
que lo decisivo es ser fiel aquí o allí a
aquello por lo que un día se vio arrojado al exilio.5
Ese momento
en el que esto se comprende y se asume, no es otro que la
vuelta al deseo, el volverse a asir a una libertad que no
ceja en su empeño de alcanzar la libertad.
En los
textos de los exiliados en el año de 1940, podemos percatarnos
de que aún no se aceptaba esa muerte lenta; por ello, el
deseo se fue trocando en obstinación, pero afortunadamente
sin extinguirse. Al paso del tiempo, el deseo se mantuvo
y tuvo como frutos una obra rica y variada, en la que los
intelectuales españoles pudieron prolongar su proyecto educativo
y cultural. No fue una renuncia a su proyecto, no fue un
abandono a su deseo, sino una forma de concreción distinta.
Más de 50 años después puede asegurarse que predominó el
deseo sobre la obstinación, y que los mexicanos tenemos
en gran aprecio el trabajo y la obra de quienes trajeron
consigo su deseo. A la maestra Cantón habrá que reconocerle
otro mérito: el hacernos reflexionar sobre ello.
Notas:
1 Valentina
Cantón Arjona (comp.). Educación y Cultura. Revista de
los maestros españoles en el exilio (1940). México,
Universidad Pedagógica Nacional, 1995, (Col. Textos, núm.
2), 127 p.
2
Juan Roura-Parella. Método de eduación y estructura
horizontal de la vida psíquica. Ibidem, p.
67.
3
Joaquín Xirau. Libertad y vocaciónIbidem,
p.65
4
Adolfo Sánchez Vázquez. Fin del exilio y exilio sin
fin, en Ensayos marxistas sobre historia política.
México, Océano, 1985, p. 165, 207 p.
5
Ibidem, p. 167.