Un mismo proyecto educativo
El 14 de abril de 1931, a raíz de un plebiscito, se proclamó
en España la Segunda República que habría de iniciar una
serie de cambios cruciales en torno a la educación, la religión,
al problema del campo, del desempleo, al papel del ejército.
Los gobiernos republicanos que se suceden durante cinco
años ponen en marcha la reforma agraria, la reorganización
de la jurisdicción del trabajo, la democratización de la
enseñanza elemental, media y superior, la concesión de una
aministía general que libera a los presos políticos, la
difusión de la cultura en los pueblos más alejados de las
capitales; en fin, una serie de cambios en beneficio del
pueblo que provocan una división entre los grupos moderados
y radicales republicanos que se alternaban en el poder,
situación que fue aprovechada por los grupos falangistas
para llevar a cabo un alzamiento contra la República.
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| Salón de clases del Colegio
Madrid, principios de la década de los 40. |
El 18 de
julio de 1936 un grupo de generales fascistas, encabezados
por Francisco Franco, se sublevaron contra el gobierno democrático
repu-blicano, apoyados por la mayoría de las guarniciones
militares de todo el país. El pronunciamien-to se logró
técnicamente, pues privó al gobierno legal de casi todos
sus cuadros militares, pero política e ideológicamente fracasó
en las zonas principales del país, donde el ejército fue
desarmado por la población. Si inició así la guerra civil,
una lucha que dependió de condiciones militares y sociales
españolas e internacionales. Los fascistas apoyados por
la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler lograron
la ocupación de prácticamente toda España a lo largo de
tres años de una lucha cruenta y fraticida. La República
había sido abandonada por las democracias europeas, recibiendo
sólo el apoyo de una gran cantidad de hombres y mujeres
que organizados en las Brigadas Internacionales lucharon
en España en defensa de la libertad, la justicia y la democracia
y la ayuda oficial de los gobiernos de la Unión Soviética
y de México.
En febrero
de 1939, la República española es derrotada. Casi medio
millón de españoles, mujeres, hombres, ancianos y niños,
atraviesan la frontera hacia Francia, donde son concentrados
en campos, chozas, caserones y establos de distintos puntos
del país.
El gobierno
de México, presidido por Lázaro Cárdenas, desde el estallamiento
de la guerra civil proporcionó a la República gran apoyo
político en los foros internacionales y también ayuda material
con el envío de armas y voluntarios internacionalistas.
Al ver perdida la causa republicana emitió un decreto otorgando
el derecho de asilo a todos los refugiados que quisieran
salir de Francia. El ministro plenipotenciario de México
en Francia, Narciso Bassols, recibió del presidente Lázaro
Cárdenas amplios poderes para organizar la evacuación de
los refugiados hacia México. En el transcurso de 1939, llegan
a nuestro país veintisiete barcos en los que viajaban, aproximadamente,
cinco mil exiliados. A lo largo de cuatro años siguieron
llegando exiliados republicanos, ya por otras vías. Se calcula
que para 1945 había en México aproximadamente viente mil
refugiados españoles.
El grupo
de exiliados que llega a México tiene una composición social,
política y geográfica heterogénea. Anarquistas, comunistas
republicanos, socialistas, nacionalistas vascos y catalanes,
jóvenes, viejos, maestros, intelectuales, profesionistas,
políticos. Sin embargo, al llegar a México, a pesar de estas
diferencias, a todos los une el exilio. Un exilio que significó
para todos los españoles un salir sin querer, un huir para
salvar la vida y la pérdida de familiares, espacios y objetos.
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| Festivsl de fin de curso de la Academia
Hispano Mexicana, noviembre de 1951. |
Este grupo
de exiliados políticos, que no tiene precedente en México,
llegó en un momento propicio para su incorporación a la
vida nacional. El gobierno mexicano los admite y acoge con
hospitalidad y todo tipo de facilidades legales, protegiéndolos
mediante un Acuerdo, emitido por el presidente Cárdenas,
bajo el cual tienen todas las facilidades para radicar en
el país por tiempo indefinido sin necesidad de renovar su
forma migratoria, para nacionalizarse, si así lo desean,
para dedicarse a actividades remuneradas o lucrativas e
intervenir en todo acto de comercio, con excepción de cantinas,
cabarets y similares.
Las facilidades
proporcionadas por el gobierno mexicano se extienden a la
autorización para la fundación de dos organismos de ayuda
a los exiliados bajo la responsabilidad y la subvención
económica de los propios españoles, con el compromiso de
que facilitaran el acomodo de los refugiados para que este
grupo no fuera gravoso económicamente para el gobierno de
México.
Así, en
1939, se creó el Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos
Españoles, cuyo financiamiento corrió a cargo del gobierno
de la República en el exilio y que proporcionó ayuda económica
individual y creó una serie de empresas que facilitaron
la incorporación laboral de una gran cantidad de refugiados.
En 1940 se fundó la Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles,
también con recursos propios del gobierno en el exilio,
manejada por socialistas, cuya política no fue de subsidios
sino que estableció un sistema de socorro que incluía pensiones,
ayuda médica, viajes, etc. y la creación de empresas.
Muchos de
los refugiados españoles inician su asentamiento en la ciudad
de México con el respaldo de estos dos organismos. Los exiliados
habían perdido una guerra y con ella su país, su ciudad,
sus calles, sus familias. Al llegar a México, si bien pensaron
que su destierro era provisional, les preocupó buscar espacios
que sustituyeran, aunque fuera en poca medida, lo perdido.
Se limitaron todos ellos a unas cuantas zonas de la ciudad
que rodeaban el centro, colonias de clase media muy cercanas
entre sí que fueron sus fronteras durante largos años. Y
aquí, impusieron en los mercados hábitos alimenticios, hicieron
tertulias en los cafés, buscaron casa para los partidos
políticos y los centros culturales y fundaron colegios.
En estos espacios se diluyeron sus diferencias sociales
y preservaron sus costumbres, se aglutinaron y fueron, a
partir de entonces, y para el mundo que los rodeaba, refugiados
españoles. Los definieron algunas señas de identidad
que compartieron todos: la comida, la forma de vestir, la
forma de hablar, una ideología liberal y republicana
independientemente del partido al que pertenecieran,
la educación que dieron a los hijos. Todo ello al fin, una
serie de manifestaciones culturales que había que preservar,
pues pensaban que el regreso sería al terminar la contienda
mundial. Si bien la conservación de estas manifestaciones
culturales se enseña y afianza en los espacios privados,
también es cierto que se extiende a los colegios, como continuación
de la casa, donde se refuerza.
Los refugiados
españoles, decíamos antes, llegan a México en un momento
muy propicio para su desempeño laboral y profesional. La
mayoría de ellos recibe la ayuda económica de los organismos
españoles creados para este fin, lo cual les permite buscar
un trabajo fijo con un mínimo de desahogo. Intelectuales
y profesionistas se incorporan de inmediato a instituciones
oficiales de enseñanza superior y de investigación. Pero
además, los organismos de refugiados patrocinan la creación
de escuelas, lo cual da fuentes de trabajo y proporciona
un espacio para los hijos de los exiliados que les permitirá
continuar sus estudios en un ambiente conocido y no ser
una carga para el gobierno mexicano que ofrecía sus escuelas
públicas ya saturadas.
Durante
el mandato del presidente Lázaro Cárdenas se realizan en
México cambios muy importantes en la educación. Se plantea
como gran objetivo el carácter nacional de la enseñanza,
la cual debía abarcar a toda la población. Se realiza una
reforma al Artículo Tercero, propuesta por Cárdenas, por
medio de la cual se le da a la educación una orientación
socialista. Se inicia así un proyecto educativo cuya finalidad
fundamental es un cambio social en el que se logre que el
interés general de la población esté por encima de los intereses
individuales. Este nuevo enfoque de la educación ayudará
a fortalecer la democracia y favorecer el racionalismo,
entendido como una corriente que impulsa la relación de
la escuela con la vida. Se crean en todo el país internados,
becas y comedores que posibiliten el estudio a las clases
más desprotegidas, se realizan importantes campañas de alfabetización,
se da un impulso sin precedentes a la enseñanza técnica,
agrícola y rural y se favorece la formación en la ciudades
de escuelas privadas laicas. En cuanto a la educación superior,
se funda el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto
Nacional de Antropología e Historia y la Casa de España
en México que posteriormente será el Colegio de México.
Sin embargo, al llegar a la presidencia Manuel Ávila Camacho,
en 1940, se vuelven a transformar los planes educativos,
eliminando del Artículo Tercero constitucional la denominación
de socialista de la enseñanza, con lo cual se borra todo
el énfasis del anticlericalismo precedente y la educación
rural deja de tener prioridad.
Se fomenta,
al igual que en el periodo anterior, la creación de escuelas
privadas, pero dándole énfasis especial a los colegios religiosos.
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| Festivales de fin de curso, Academia
Hispano Mexicana, 1951. |
Los exiliados
españoles fundaron tres escuelas: el Instituto Luis Vives,
la Academia Hispano Mexicana y el Colegio Madrid, que iniciaron
y siguieron durante muchos años practicando el concepto
de educación promovido por el gobierno de Lázaro Cárdenas,
que al fin tenía muchas coincidencias con la reforma educativa
que había llevado a cabo en España el gobierno de la República.
Con algunas diferencias, los tres colegios se propusieron
formar a los alumnos a través de una enseñanza de corte
liberal y laica, en la que la relación del aprendizaje con
la vida es necesaria y donde el maestro debe conducir al
alumno a descubrir la verdad sin dogmas ni posiciones políticas,
en un ambiente de respeto y tolerancia al otro. Este proyecto
no sólo intenta recuperar el modelo educativo que había
iniciado la República, respetando y ejerciendo las normas
de la Secretaría de Educación, sino que además permite crear
una cantidad considerable de fuentes de trabajo para maestras
y maestros exiliados, para personal de administración e
intendencia y también crear un espacio en el que los hijos
e hijas de los exiliados encontraran una continuación de
la educación que recibían en casa.
A pesar
de seguir al pie de la letra los programas de la Secretaría
de Educación, en estos colegios, durante los primeros años
de exilio, siempre hubo tiempo para transmitir, de muy diversas
maneras, la cultura de los exiliados. Hay que resaltar que
todo el profesorado era español republicano y si había alumnos
mexicanos, que los hubo, procedían todos ellos de un sector
liberal de la sociedad mexicana. Se hablaba de la Guerra
Civil Española, se cantaban las canciones de las Brigadas
Internacionales, se seguía con atención el desarrollo de
la Guerra Mundial, ya que la esperanza del retorno de los
refugiados dependía de que los aliados, una vez ganada la
guerra, no permitieran la permanencia del franquismo. Pero
sobre todo, los alumnos, que pasaban la mayor parte del
día en la escuela, absorbían el estado de ánimo de los maestros:
el ser exiliados. Durante muchos años para todos los que
habían perdido la guerra el exilio fue su razón de vivir.
Los refugiados
vivieron entre dos realidades, la que dejaron y la que encontraron,
pero siempre, y fundamentalmente durante los diez primeros
años, aferrados al regreso. Así buscan y encuentran una
identidad integradora del grupo que ligue relaciones que
se darán a través de experiencias pasadas, presentes y futuras.
Es un actuar consciente o inconsciente que surge en un momento
histórico y en un espacio geográfico que no era el suyo,
era una necesidad.
Los primeros
años de escuela de los niños y niñas refugiados fueron,
como la de todos los niños de esa edad, de socialización,
dentro de un ambiente de valores que sólo reciben, no cuestionan,
no critican. Y en este ambiente los maestros y maestras
refugiados tuvieron el mismo rol que los padres en las casas,
los niños los identificaron. Aprendieron historia de México,
pero también historia de España, el Himno Nacional Mexicano,
pero también el de la República, cantaron corridos de la
Revolución, pero también canciones de la guerra. Y así,
las primeras generaciones egresadas de estos colegios quedaron
marcadas por una identidad ambivalente entre el ser refugiado
español y al mismo tiempo ser mexicano.
Festival
de fin de curso de la Academia Hispano Mexicana, noviembre
de 1951.
Lázaro Cárdenas y los republicanos españoles
1 En relación
a las causales, evolución, resolución del conflicto es especialmente
pertinente el texto de Gabriel Jackson La República Española
y la guerra civil, 1931-1939. Ed. Grijalbo, México,
1967, 449 pp.
2 Este número
está tomado de Creación de organismos, mutualidades,
centros de reunión, instituciones académicas de Teresa
Mejía y Alfonso Maya (redactor), en: El exilio Español
en México 1939-1982. Ed. Salvat y fce. México, 1982.
pp. 101, cuyos autores señalan como
Los maestros
Antonio Ballesteros Usano y Emilia Elías de Ballesteros,
1939.