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Correo del Maestro Núm. 23, abril 1998

El tiempo y sus relaciones

Ma. de Lourdes Santiago

El concepto de tiempo está estrechamente relacionado con el concepto mismo de la existencia, pues ésta se concibe como una sucesión de acontecimientos y, por eso, si queremos interpretar la realidad, debemos considerar el tiempo como un elemento esencial de dicha interpretación. Esta idea de sucesión de acontecimientos llevó a los filósofos antiguos a relacionar el tiempo con el movimiento y con otros elementos como el espacio y la eternidad; la eternidad es una característica divina, mientras que el tiempo es una característica humana.

La concepción del tiempo ha sido un problema abordado desde la Antigüedad por la mayoría de los filósofos; no obstante, se puede considerar a Aristóteles como el precursor de las modernas discusiones al respecto; él definía el tiempo como una “medida del movimiento”, con sede en el alma, pues sólo desde la “subjetividad” del hombre adquieren significado las nociones de pasado, presente y futuro. Con esta definición, Aristóteles negaba la idea del tiempo como una entidad absoluta. En cambio, Isaac Newton sí defendía la existencia del tiempo como entidad absoluta y afirmaba que éste podía fluir por sí mismo y sin relación alguna con el exterior, que, en este sentido, el tiempo debería entenderse como la “duración”. Para otros importantes filósofos, como Kant y Hegel, el tiempo era una representación intelectual.

Una importantísima teoría que también contribuyó a eliminar la idea del tiempo absoluto, fue la teoría de la relatividad, en donde la doctrina fundamental es la de “espacio-tiempo”, según la cual el espacio y el tiempo son dos sistemas inseparables de relación que constituyen un continuum cuatridimensional: las tres dimensiones espaciales más la dimensión temporal.

Desde siempre el hombre ha querido medir el tiempo y ha utilizado para ello diversos criterios; en un principio éstos fueron meramente astronómicos, es decir, tomaron como base para la medición los movimientos del Sol, de la Luna y de la Tierra.

Actualmente la unidad fundamental de medida, establecida en la Conferencia General de Pesos y Medidas, en 1956, es el segundo, y de él derivan, conforme a una base sexagesimal, los múltiplos: minuto y hora. Los sistemas científicos de medición del tiempo, el cronómetro y el reloj, utilizan estas unidades de medida; en cambio, el tiempo civil continúa siendo más flexible y basado en la duración de los sucesos astronómicos.

Veamos ahora el origen etimológico de algunas palabras comúnmente relacionadas con el tiempo:

Tiempo, del latín tempus: “tiempo”, “intervalo”, “duración”.

Intervalo, del latín intervallum: “espacio entre dos empalizadas”; derivado de inter: “entre” y vallum: “empalizada”. Literalmente un intervalo era una medida de espacio, determinaba el espacio entre dos objetos, y, a partir de esta idea, adquirió el significado de “espacio entre dos momentos”.

Cronos, nombre griego del dios Saturno, hijo de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra). Era el dios del tiempo y la personificación misma del tiempo.

Cronómetro deriva de las palabras griegas (Chrónos):“tiempo” y (métron): “medida”. Se trata, como su origen indica, de un aparato utilizado para medir el tiempo.

Período, del latín tardío periodus: “intervalo”, “espacio de tiempo”, y éste del latín clásico periodus: “conjunto de oraciones de un texto”; deriva del griego (períodos): “período”, “intervalo de tiempo”, “oración”, vocablo formado a partir de la preposición griega (perí): “alrededor” y del sustantivo (hodós): “camino”. Etimológicamente significa “camino que circunda o rodea”, es decir, “circuito”. Se trata de un espacio o intervalo de tiempo que incluye toda la duración de algo.

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