El concepto de tiempo está estrechamente relacionado con
el concepto mismo de la existencia, pues ésta se concibe
como una sucesión de acontecimientos y, por eso, si queremos
interpretar la realidad, debemos considerar el tiempo como
un elemento esencial de dicha interpretación. Esta idea
de sucesión de acontecimientos llevó a los filósofos antiguos
a relacionar el tiempo con el movimiento y con otros elementos
como el espacio y la eternidad; la eternidad es una característica
divina, mientras que el tiempo es una característica humana.
La concepción
del tiempo ha sido un problema abordado desde la Antigüedad
por la mayoría de los filósofos; no obstante, se puede considerar
a Aristóteles como el precursor de las modernas discusiones
al respecto; él definía el tiempo como una medida
del movimiento, con sede en el alma, pues sólo desde
la subjetividad del hombre adquieren significado
las nociones de pasado, presente y futuro. Con esta definición,
Aristóteles negaba la idea del tiempo como una entidad absoluta.
En cambio, Isaac Newton sí defendía la existencia del tiempo
como entidad absoluta y afirmaba que éste podía fluir por
sí mismo y sin relación alguna con el exterior, que, en
este sentido, el tiempo debería entenderse como la duración.
Para otros importantes filósofos, como Kant y Hegel, el
tiempo era una representación intelectual.
Una importantísima
teoría que también contribuyó a eliminar la idea del tiempo
absoluto, fue la teoría de la relatividad, en donde la doctrina
fundamental es la de espacio-tiempo, según la
cual el espacio y el tiempo son dos sistemas inseparables
de relación que constituyen un continuum cuatridimensional:
las tres dimensiones espaciales más la dimensión temporal.
Desde siempre el hombre ha
querido medir el tiempo y ha utilizado para ello diversos
criterios; en un principio éstos fueron meramente astronómicos,
es decir, tomaron como base para la medición los movimientos
del Sol, de la Luna y de la Tierra.
Actualmente
la unidad fundamental de medida, establecida en la Conferencia
General de Pesos y Medidas, en 1956, es el segundo, y de
él derivan, conforme a una base sexagesimal, los múltiplos:
minuto y hora. Los sistemas científicos de medición del
tiempo, el cronómetro y el reloj, utilizan estas unidades
de medida; en cambio, el tiempo civil continúa siendo más
flexible y basado en la duración de los sucesos astronómicos.
Veamos ahora
el origen etimológico de algunas palabras comúnmente relacionadas
con el tiempo:
Tiempo,
del latín tempus: tiempo, intervalo,
duración.
Intervalo,
del latín intervallum: espacio entre dos empalizadas;
derivado de inter: entre y vallum:
empalizada. Literalmente un intervalo era una
medida de espacio, determinaba el espacio entre dos objetos,
y, a partir de esta idea, adquirió el significado de espacio
entre dos momentos.
Cronos,
nombre griego del dios Saturno, hijo de Urano (el Cielo)
y de Gea (la Tierra). Era el dios del tiempo y la personificación
misma del tiempo.
Cronómetro
deriva de las palabras griegas
(Chrónos):tiempo y
(métron): medida. Se trata, como su origen indica,
de un aparato utilizado para medir el tiempo.
Período,
del latín tardío periodus: intervalo,
espacio de tiempo, y éste del latín clásico
periodus: conjunto de oraciones de un texto;
deriva del griego
(períodos): período, intervalo de tiempo,
oración, vocablo formado a partir de la preposición
griega
(perí): alrededor y del sustantivo
(hodós): camino. Etimológicamente significa
camino que circunda o rodea, es decir, circuito.
Se trata de un espacio o intervalo de tiempo que incluye
toda la duración de algo.